El individuo y el grupo según las redes sociales

“Recuerdo que hubo un tiempo en el que no eras nadie sin Facebook ni Tuenti. Recuerdo que hubo un tiempo en que, según ello, no existí. Y en mi soledad fui libre por un momento.”

La precoz obsolescencia que el modelo de sociedad actual genera encuentra perfecta bandera en las redes sociales. Dado que todos conocemos el típico gráfico de “tiempo en lograr alcanzar los 50 millones de usuarios”, obviaré el ponerlo, pero no dudo de que sería interesante el ver cómo el del tiempo en desaparecer tendría exactamente el dibujo contrario. Si bien Zuckerberg encumbró su gran primera idea en tiempo récord, por mucho que sus esfuerzos por alargarle la vida hayan sido poco menos que de novela de terror clásica es de sobra conocida la decadencia destructiva que Facebook está sufriendo a manos de Instagrams, Snapchats o, por supuesto, Twitters. Y lo está haciendo porque esa sociedad ultraconectada con aspecto de colosal tejido celular se está volviendo una de creación de imagen individual en la que no es el grupo el eje, sino la propia persona, de la que vemos como las ramas y grupos salen como si de una instantánea de Mentionmapp se tratase.

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Relaciones del usuario @Twitter según MentionApp a 6 de abril de 2015. Representa los máximos de interacción en un momento determinado y a la vez los de sus interaccionados.

De la sociedad al individuo

Como aduje desde un primer momento, lo de las redes sociales no deja de ser un reflejo de una realidad social. El ritmo de evolución de las sociedades se ha ido incrementando de forma exponencial desde los albores de nuestra raza, lo cual —tras edades antiguas de larguísima duración— nos presenta un desarrollo rampante e imparable, origen de una obsolescencia precoz que deja atrás a quien no desde un primer (o al menos segundo) momento se suma. Caso similar se da en el modelo de comportamiento social, el cual se ha ido tipificando hasta un momento actual en el que el individuo ha adquirido un protagonismo muy por encima del grupo, personalizándose desde movimientos políticos (Pablo Iglesias-Podemos) hasta programas más o menos informativos (Los Manolos-Deportes Cuatro).

Las redes sociales son otro de los grandes estandartes de esta singularización. Una y otra vez se ha comprobado que lo personal o individual (incluso lo privado) vapulea en popularidad al concepto de marca o grupo, más impersonal. Las empresas recurren una y otra vez asesores de redes, alzando nuevos oficios como el community manager a los cielos de los más demandados, con la esperanza de que ellos puedan lograr una mayor aceptación en su público. Realmente y en la mayor parte de casos, la verdadera clave para conseguirlo es tan simple como humanizarlo y darle una personalidad de la que muchos carecen. Desde la original cuenta oficial de la Policía española en Twitter a los perfiles de políticos y deportistas individuales, la realidad nos está diciendo que más allá de las marcas más potentes el ser un “uno” más y no un ente no humano es el principal  acceso a la vía del éxito. Pero con ser un humano no basta.

Captura Twitter de la policía nacional española a 7 de abril del 2015. Con más de millón y medio de seguidores, su

Captura Twitter de la policía nacional española (@policia) a 7 de abril del 2015. Con más de millón y medio de seguidores, su personal y “enrollado” carácter lo convierte en uno de los más mediáticos

La nueva edad dorada del carisma

He aquí el principal cambio social de toda esta época. Se acabó lo de que las jerarquías, el dinero y el esfuerzo con fuertes dosis de fortuna sean la única vía a la cima social: uno de los principales elementos de éxito a día de hoy, sin duda, es la personalidad.

Si bien el peloteo, el tirar de chequera y (por supuesto) la imagen adquirida siguen siendo todo un seguro, el carisma, la originalidad, la labia y la opinión sólida están creando nuevos pilares, haciendo despuntar como líderes a perfectos desconocidos, en ocasiones anónimos, capaces de mover masas con su simple opinión y crédito adquirido con ella. Barbijaputa, Norcoreano, Yisuscraist o Llourinho son algunos ejemplos de estos últimos, tal y como Dani Rovira, Berto Romero o Jordi Évole pueden serlo de carismáticos famosos televisivos, pero —sin ser tan generalistas— no nos debería resultar difícil pensar en casos personales de gente con miles de seguidores pese a su falta de medios, los cuales con su sola visión o palabras son capaces de arrastrarnos a todos ellos.

Y es que en la época de WhatsApp, del Twitter, de los Me gusta y los retuits, en la época de la constante microlectura y el estímulo visual, en la época de la instantaneidad y el contenido rápido de usar y tirar, a nadie debería extrañar que el verdadero poder en este aspecto esté en el ser capaz de generar cual churrería contenidos variados, interesantes y de calidad uno tras otro, sin caer en el tedio para un público que, más que nunca, tiene una variedad de ocio rayana a la inmensidad. Ese poder que, por sí solo, solo el carismático puede emanar, a la sombra de la envidia del resto de poderosos.

Imagen de perfil de Barbijaputa, anónima cuenta caracterizada por su habitual esfuerzo en la denuncia de injusticias sociales.

Por otro lado… ¿estamos ante la muerte del grupo?

Pregunta digna de debate.

En un primer “a mi entender”, diré que no, sino que cambia el concepto clásico (número reducido de grupos por persona, por lo general muy estables) por uno nuevo al que por resumir denominaré “libertad de grupo”: el tener numerosos grupos de estructura voluble en torno a un tema de interés, cuyos miembros entran y salen sin perjuicio en la mayor parte de casos. (Lamento aquí la sonora repetición de la palabra grupo, usada a fin de no generar confusiones de términos.)

Este tipo de agrupaciones son muy habituales en grandes redes como Twitter o LinkedIn, suponiendo un avance en lo que a libertad de progreso individual, variedad y entretenimiento se refiere, enriqueciendo mucho a la persona por el poder debatir con personas de diferentes culturas y opiniones en torno a un tema del que puede tener desde desconocimiento hasta bagaje de experto, pudiendo ir y venir sin comparables represalias a las del grupo tradicional. Mientras que para muchos esto supondrá un atentado a la idea de lealtad, fidelidad y trayectoria temporal de este último, lo cierto es que el único gran problema que despunta, más allá del poco posible riesgo de relaciones con gente de características tóxicas, es la vacuidad de amistades que puedas ganar: el que la falta de estabilidad del grupo te haga perder con alta frecuencia a personas que puedas considerar como potenciales amigos; lo cual en la mayor parte de casos se puede solucionar con un poco de esfuerzo mutuo.

Por otro lado, el que las redes hayan favorecido este tipo de idílico escenario no implica (he aquí mi segundo “A mi entender”) que el grupo clásico se vea abocado a la desaparición, al menos por el momento. Si bien puede que sí se estén dando más comportamientos de falta de fidelidad que antaño, no creo que su “evolución” al nuevo modelo vaya a producirse por completo en campos como la familia o el lugar de trabajo físico.

La libertad de grupo es frecuente en las grandes redes sociales públicas, siendo base en el funcionamiento de minoritarias, como Ask.fm o el actual My Space

En resumen…

…, hubo un tiempo en que no eras nadie sin redes sociales, si al conocer a alguien no aparecías al buscarte en Facebook, si tus amigos no te etiquetaban en Tuenti. A día de hoy, puedes ser alguien con o sin ello, ya que se ha dejado de depender de los que te rodean en persona para hacerlo de ti mismo, de lo que seas capaz de aportar y de lo bien que elijas los ambientes en los te mueves por la red. La variedad de entretenimiento, de libertad de grupo y de explotación del potencial individual se está haciendo más y más infinita si cabe día a día, y esta vez sí, parece que se está democratizando.

Pero ¡ojo!: esto no se para. Las redes sociales han cambiado el mundo en apenas 10 años, nadie sabe en qué momento la exponencial progresión del avance va a decir basta por no poder ir más rápido. Hasta entonces, no te sorprendas si mañana el mundo ha cambiado: lo estamos haciendo a diario.

El grupo tradicional y la

El grupo tradicional y la “libertad de grupo” frente a frente, actual realidad.

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3 comentarios en “El individuo y el grupo según las redes sociales

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