Marginación: la rabadilla del comportamiento humano

Es curioso cómo en el ser humano han quedado elementos, tanto físicos como de comportamiento, que por su desigual evolución no se corresponden a la realidad del momento. En un primer punto, no es que tengan gran relevancia: a pocos les molesta tener un pequeño apéndice en el intestino grueso o un hueso saliente capaz de provocar tremendo dolor agudo al caerse de culo. El problema suele nacer cuando lo vestigial pasa a estar en la mente, y en el comportamiento. Como por ejemplo con la marginación.

No existe cultura humana conocida en la que no se haya visto en modo alguno este proceso. El fuerte parece llevar dentro el instinto de someter al débil mediante desprecios, aislamientos o sumisiones forzadas. Ya sea mediante la inteligencia, la fuerza bruta, la capacidad locuaz o el propio respeto del grupo, resulta complicado no toparse con este tipo de comportamientos en agrupaciones de cierto tamaño.

La cultura del abuso está poco menos que considerada patrimonio cultural del ser humano

La persona del marginado y el grupo como marginador

Los tipos de marginados son muy variados, y en general se basan en una diferencia (salvo escasas excepciones considerada negativa) con respecto al perfil medio del grupo. Si bien los marginados por la sociedad suelen estar representados por comportamientos alternativos, falta de capacidad social, gustos fuera de la norma o choques con la cultura y las normas del entorno, la marginación en pequeños grupos suelen darse por componentes más personales, como el físico, la falta de autoestima, de inteligencia, de carácter, personalidad o, al igual que en el general, de habilidades sociales.

Si bien podríamos considerar los diferentes puntos que generan al marginador, defenderé aquí la opinión de que no hay que enfocar en una sola persona o un par ese perfil, sino que es el propio grupo el que genera la marginación, ya sea mediante el comportamiento acosador, el “pasar del tema” o el no contribuir a evitarla.

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En la mayor parte de casos de acoso existe tolerancia por parte del grupo. El pacto mutuo entre los neutrales sería capaz de tumbar la actuación del escaso número de marginadores en la práctica totalidad de ellos.

Y es que aquí he de aportar que, a lo largo de mi trayectoria en grupos, he podido comprobar que ante la debilidad de un miembro no tiene por qué haber un perfil definido del líder del acoso, sino que ante la ausencia de dotados para esta función cualquiera con un mínimo de carácter o poder en el equipo surgirá como tal cuando la debilidad se muestre, si no en el corto, al final sí en plazo más largo.

Pero en fin, el sentido que para mí tiene este post no es reflejar unas evidencias, sino el ayudar a entender que, a día de hoy y en la mayor parte de casos, el marginar ha perdido sentido.

¿Por qué la marginación ha quedado obsoleta?

Pues porque, a día de hoy, su fin no se cumple. ¿Cuál es la base del acoso? Su sentido parece obedecer a un fin claro: acabar con la debilidad para fortalecer la calidad de los miembros del grupo o, en todo caso y muy secundario, dar al acosador poder ante el resto. De hecho, no cuesta imaginar que, en épocas prehistóricas previas al Homo actual, este tipo de comportamientos acababan con el débil para fomentar la evolución del más “válido”, tal y como se da en buena parte de las especies. Sin embargo, este tipo de funcionalidad está actualmente, casi por completo, obsoleta.

Las marginaciones en los tipos de grupos estables actuales, como pueden ser clases o equipos de trabajo, generan un cáncer de capacidades en el receptor en forma de depresiones, baja autoestima o ineficiencia, que suele derivar en un malestar grupal en torno al individuo; malestar que solo desaparecería con el adiós de este miembro, lo cual, a día de hoy es poco factible: la estabilidad de estas asociaciones (familia, trabajo, educación) impide que en la mayor parte de casos haya posibilidad de salida del afectado, lo cual vuelve el proceso altamente ineficiente: el grupo encuentra incomodidad en ese miembro, pero no puede deshacerse de él, lo cual produce un fastidio creciente que acaba dando fuertes problemas internos.

Dylan Klebold, coartífice de la masacre de Columbine en 1999. Junto al diagnosticado psicópata Eric Harris, mató a 13 personas e hirió a otras 24 tras años de acoso escolar. Caso real poco frecuente de resultados de la marginación sin escape a largo plazo.

En definitiva, en grupos estables el acoso no es útil. Marginar hoy sacia el apetito instintivo de la persona, pero a cambio produce malestar grupal y frustración personal a largo plazo. No compensa.

Simplemente, es un tipo de comportamiento vestigial de épocas remotas, una rabadilla que no sirve para nada más que hacerte daño cuando, dejándote llevar por el instinto, te caes de culo en la inteligencia social.

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5 comentarios en “Marginación: la rabadilla del comportamiento humano

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