La sociedad del título o el tiempo libre según los cursos con ordenadores

Recuerdo que semanas atrás, a punto de empezar un curso de lunes a viernes, pensé que mi tiempo libre decía basta en medio de una explosión de sillas incómodas, teclados gastados y ratones con la vida de sus homónimos animales. Afortunado inocente: no precisé de más de una decena de sesiones para caer en la cuenta de que no solo la cantidad mi tiempo libre había permanecido estable, sino que su calidad… ¡se había multiplicado! ¿Magia? Tal vez. Yo me inclino por atribuírselo al nefasto aprovechamiento del tiempo en los cursos con ordenadores.

Mark Zuckerberg tras descubrir la realidad tras el curso de ordenadores que ha empezado la semana pasada

El destiempo

Arranca la clase. “Seguid los pasos como yo os digo”. Pinchas aquí, pinchas allá, escribes aquí, insertas allá y ¡paf!: el primer señor de 53 años tuerce el cuello, mira al o la docente y arguye “No me va”. “Qué mala suerte”, piensas, cándido. Al cabo de tres semanas, esa frase dará automático inicio al cambio de pestaña, la apertura del WordPress y la escritura de este seudoartículo antes de que el profesor rompa su completa atención a la irresoluble minucia y la clase sea retomada. In other words, tu tiempo libre será tuyo, y será más grande que nunca.

Y es que —si bien en casa te pueden surgir distracciones multitarea como combinar Youtube, Spotify, Facebook, Twitter y las búsquedas web—, en medio de un curso no dispones de oportunidad multitaskera, teniendo que centrarte en un par de cosas y eliminando el tiempo de cambio de chip, entre los 3 y los 37 segundos, según las estimaciones del VADAA (“Vamos a decir algo aleatorio”).

Pero… ¿dónde se encuentran las verdaderas causas de este pésimo aprovechamiento de las inacabables horas del programa?

Número medio de pestañas abiertas por ordenador en un curso de formación

¿Mala gestión del tiempo o desperdicio premeditado?

Si bien en un primer momento, la inocencia y mi buen pensar me puede al confiar en que los docentes de cursos de segundo nivel sufren de un desorden preocupante en lo que a gestión de tiempo y planificación se refiere, no son pocas las principescas voces que besándome en mi urna de cristal han despertado en mí la sensación de que el waste of time podría ser (pausa de efecto, alias “puntos suspensivos”)… premeditada (“ohhhhh”s en la grada).

El año pasado asistí a un curso de 80 horas de un tema que domino; no me hubiese llevado ni 15 dar lo que nos dio. Las siete páginas de apuntes que en este en el que ahora escribo he tomado (70 horas) pueden ser aplicadas por un novato en apenas 3 días (9), mientras que en alguno que otro la clase empieza con 20 minutos de retraso y acaba 5 o 10 minutos antes, media hora después de la también media hora de descanso.

Pero lo peor, a mi entender, no está en la sensación de que un elegante tutorial de YouTube sería más eficaz y barato, sino en el hecho de que no solo aquel que cobra por horas al organismo promotor está satisfecho con la situación, sino (otra vez) que un gran porcentaje del alumnado firma encantado el que el café con los compañeros sea el momento de más aprendizaje de la mañana.

Encontrar plaza en la cafetería para los, de media, 15 asistentes a cursos de formación se convierte en uno de los mayores desafíos para la práctica totalidad de los alumnos.

La nueva era dorada del título ante el conocimiento

Prototipo de currículo actual: licenciado en X, nivel alto de inglés, cursos por valor de mil horas, experiencia Y, Z o inexistente. Parecido con la realidad del candidato: nulo.

A día de hoy, la adquisición de conocimientos y experiencias del trabajador en la época del internet global está muy lejos de encontrar cobijo en lo que un CV nos propone más allá de los trabajos: papel, papel y papel. Muchas veces me quejo de la falta de oportunidades que a los que no tenemos experiencia se nos da; viendo lo que ocurre en los tipos de cursos protagonistas de este post, le daría un abrazo al empleador por su coherencia. Que los CV llenos de diplomas y vacíos de conocimientos laterales sean la gran vía de oportunidad de entrevista actual roza el absurdo en cuanto a realidad actual.

No me resulta complicado poner como ejemplo al 50 por ciento de mis compañeros (en general, no hablo de curso en particular), o a mí mismo. Si bien algunos—obviamente favorecidos por haber crecido en el instintivo entorno digital y no por la calidad de la formación— salimos con unos conocimientos aceptables para los humildes objetivos del curso, la gran mayoría hace brillar falta de actitud y capacidad de aprendizaje, logrando como resultado un diplomita tan precioso como el de aquellos que durante las horas a su lado nos dedicamos a hacer nuestro trabajo, ayudar a quien lo necesite y, con lo que sobra, redactamos artículos de crítica social. Por otro lado, ¿aparece esta disposición a la ayuda al colega, este multitasking, este instinto, esta capacidad de aprendizaje, de esfuerzo, de espíritu de mejora en el papel en el que nos jugamos acceder al mercado laboral? Si lo hace, a nadie importa. Importa la elección de carrera que siendo un niño te obligaron a tomar.

Así nos va.

Así tenemos al talento sin explotar, desperdigado por mil países ajenos o parado en medio de cursos absurdos en los que lo único que importa son las veinte firmas que indiquen que sabes lo que podrías aprender con veinte tutoriales gratuitos en el ordenador de casa, aunque ni seas capaz de abrir el programa fuera del aula.

Viva el título. El conocimiento ha muerto.

Posible futuro de la “sociedad del título”

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4 comentarios en “La sociedad del título o el tiempo libre según los cursos con ordenadores

  1. Bueno, al menos en mi país se hacen exámenes de conocimientos a los postulantes para un puesto. Aunque siempre, por supuesto, el primer filtro es un CV aceptable (Aclaro, esto es muy aplicable en el área de la informática, para otras áreas hacer un examen sería algo complicado…). Sin embargo, hay algo que si es muy cierto, y es que lo que te paguen vendrá en función de los títulos que tengas. Podrías ser el más talentoso del departamento pero no tener ningún estudio, y el gilipollas con dos Masters que usa la calculadora para saber cuanto es 8*7, gana muchísimo más. Pienso que este tema se puede profundizar desde muchos puntos de vista, pero al final, se resume en lo que has dicho: “Viva el título. El conocimiento ha muerto.” Que por cierto, me llevaré (con tu permiso) a mi cajón de frases memorables 🙂

    ¡Saludos!

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