Las pequeñas cosas (“Bring Your Own Balls”)

Cruzaba hoy un conocido parque de mi ciudad cuando un niño golpeó una pelota ante mí. Como un crío y como siempre, no pude evitar querer que uno llegase a mis pies. Metros adelante, otro chaval chutó desde una grada sobre las cabezas de cuatro o cinco compañeros de juego. Antes de que el más cercano me pidiese que se lo tirase, ya supe que el balón iba directo a mis pies. Lo controlé —no sin cierta dificultad ante sus endemoniados botes— y se la devolví con un pase antes de seguir caminando. No pude evitar verme dar gracias a sabe dios quién.

Y, al momento, casi me emociono.

Visto así —al menos desde el punto de vista mecánico y objetivista de la sociedad que hemos creado— me resulta un poco… ¿ridículo? A eso nos han obligado. Las pequeñas cosas han muerto hace tiempo, o se han quedado como ligeras cicatrices a olvidar en alguna película de Benigni.

No digo que antaño fuese más fácil emocionarse en lo diario, pero no dudo de que si pusiésemos una de las melodramáticas películas actuales a alguien hace 50 años, Venecia se vería inundada por la estrepitosa subida del nivel de mar a base de lágrimas. Hoy día, nos dejan espeluznados por razones bien distintas: estamos tan aburridos de tenerlo todo que la parte insana de nuestra ambición nos pide lo idílico para darnos una media sonrisa.

Y eso sí es ridículo.

¿Cuándo fue la última vez que te dejaste iluminar por una tontería? ¿Cuándo la última en que pensaste “con qué poco estoy pasándomelo genial”?

Si me respondes “mucho”, corre, no seas idiota. Queda con esa colega con la que hace siglos que no te tomas un café. Monta en tu coche con lo puesto y vete a cien kilómetros a dar un paseo. Lee, o escribe, o dibuja, o canta, o baila o vive. Abraza a alguien, que no pasa nada.

Vuelve a ver La vida es bella.

Enamórate de nuevo de las pequeñas cosas y dile a la perfección que te ha estado mintiendo: ella no es un horizonte que nunca podremos tocar, tan solo está tan cerca de nosotros que nos hemos olvidado de jugar con ella.

Así que juega. Juega. Juega. Tráete tus propias pelotas hechas de ilusiones ha tiempo olvidadas y pégale fuerte.

Rompe tus prejuicios como si fuesen redes en Oliver y Benji.

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3 comentarios en “Las pequeñas cosas (“Bring Your Own Balls”)

  1. Pingback: ¡¡¡Cumplimos un año!!! | oscargonzalezsoto

  2. Comparto la teoría de: “Las pequeñas cosas” De hecho, con uno de mis mejores amigos (sino es que el mejor) siempre que algo nos hacía disfrutar a lo grande, siendo tan sencillo o pequeño, decíamos al unísono: “Las pequeñas cosas” con una sonrisa (#NoHomo). En otra ocasión, hablando con otro de mis mejores amigos, y sobre lo amargados que nos habíamos vuelto, el contestó con algo que nunca voy a olvidar: “Uno se amarga solo cuando ha perdido las pequeñas cosas que lo hacían feliz” Pues eso, parafraseo lo que has dicho desde mi punto de vista: Dejemos de buscar cosas extraordinarias en nuestra vida, y empecemos a disfrutar, lo endemoniadamente extraordinario que puede llegar a ser algo ordinario.

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  3. Pingback: Pasajeros de complicadas moralejas | oscargonzalezsoto

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