La profecía del acople aceptado

En la actualidad, el acople es uno de los principales resultados de la “sociedad conectada”

En la época de internet, la clasificación entre relaciones individuales y de grupo ha sufrido una especie de colapso poco aceptado por el instinto. A pocos escapa que las interacciones han pasado a ser —en la mayor parte de casos— individuales, o lanzadas al aire al estilo tweet o post de Facebook. Una crisis ataca pues al grupo clásico, que solo el de WhatsApp hace sobrevivir virtualmente, aun con los intentos de integrarlos en los nuevos de Twitter, LinkedIn o Facebook. Aun así, se marcan en ellos evidentes diferencias con las de un grupo real: el nivel de interacción es mucho más extremo —hay quien habla constantemente y quien podría pasar por no estar—, así como los perfiles suelen ser bastante distintos a los de la vida real —el físico, tono de voz y similares pierden fuelle frente a la capacidad comunicativa y de oportunismo de la escrita—. Además, la cantidad de grupos generales que nacen es impensable para lo que hace años se trataba, donde un grupo de amigos, la familia y en todo caso el del trabajo o de un hobby era la aspiración máxima para el ciudadano medio.

Surge pues en este aspecto y combinando los diferentes factores, una tendencia al éxodo del grupo tradicional por parte del individuo, en una suerte de libertad individual de moverse entre colectivos diferentes en la búsqueda de su satisfacción. Si bien muchos están aceptando con facilidad este hecho antes restringido a apátridas sin grupo claro ni necesidad de él, es en el seno de los grupos más tradicionales y cerrados —o en la mente de quienes destacan en ellos— donde aparece un claro rechazo hacia este tipo de nomadismo, generando nuevos huecos de castigo para quienes practican lo que, en el ámbito nocturno, es denominado “acople”.

El acoplado

El antiguo perfil de acoplado solía disponer de numerosas técnicas antiabandono

Difícil hallar joven botellonero contemporáneo que no conozca a la perfección el término. La definición de acoplado es la de aquel individuo (excepcionalmente más de uno) que, sin invitación previa, se une a un grupo más grande en la realización de una actividad lúdica, en especial, el ocio nocturno. Este perfil obedece con claridad a la realidad actual de las sociedades internetizadas: en la búsqueda de la satisfacción personal, el acoplado se descuelga temporalmente de su grupo base para tratar de enriquecerse de la satisfacción de uno nuevo. Por lo general, la tendencia a día de hoy es que —dada la interacción previa a través de redes sociales y la buena capacidad social del nuevo perfil de acoplado— la integración sea rápida y bastante bien aceptada por buena parte del grupo mientras se reduzca a la compañía por tiempo limitado. Sin embargo, solo hay que ver cuál es la obsoleta opinión general del acoplado clásico a través de su entrada en la Frikipedia para darse cuenta de que no siempre ha sido así.

Este tipo de opinión ofensiva hacia quien practica este comportamiento se basa en el antiguo concepto de grupo sólido y cerrado prerredes sociales. La práctica ausencia de modos de contacto con grupos ajenos, hacía que los grupos fuesen más rígidos y herméticos, dándose altísimos grados de importancia a la constante presencia en él, al mantenimiento del rol de la persona dentro del grupo (el líder, el apaciguador, el sociable) o a la fidelidad, haciendo surgir con muchísima frecuencia problemas evitables y malsanos, como la caza de traidores o la marginación. Las RRSS han ganado aquí una batalla contra sus detractores, ya que uno de los puntos más positivos en lo social de estas herramientas es, precisamente, el que hayan encontrado una alternativa a este grupo rígido y destinado al malestar interno de muchas de sus partes: la apertura y posibilidad de cambio de grupo en aras de la satisfacción personal permite tanto el mantenimiento de un grupo básico más sano y abierto de miras, como la oportunidad de hacer nuevos en caso de destrucción de esa mole o de simple disgusto en ella.

El acople —como previamente comentaba, antes practicado por rechazados, solitarios o apátridas— es ahora una vía de oxigenación de los grupos sólidos, a la hora de producirse intercambios de miembros entre ellos a gran escala que generan satisfacción general para todos ellos.

Sin embargo, hay a quien no interesa este tipo de medios.

El antiacople

Hay gente que mira muy mal a sus compañeros de pasarse a lo que ellos consideran el lado oscuro

Varios son los colectivos a los que no favorece el nuevo modelo de libertad de grupos:

  • Los poderosos. El primero al que molesta el que miembros de su grupo entren y salgan cuando les parezca es al que tiene una posición de dominio en el grupo. El crecimiento individual de los miembros, la entrada de nuevos o la pérdida de alguno podría hacer que, ante un fallo de liderazgo, perdiese sus privilegios. Lo estático suele realzar su posición de poder, ya que la tradición es uno de los principales factores para conservarla.
  • Los faltos de personalidad. Cuando una persona no tiene una personalidad atractiva, difícilmente el acople le va a salir bien. El tener algo que aportar al nuevo grupo, aunque sea solo temporal, es clave para el buen funcionamiento del acople. Dado que no vas a poder tirar de experiencias pasadas con él, no tener una personalidad social o unas capacidades seguramente conduzca al desastre en la integración, con lo cual se está más cómodo en la incomodidad (oh, qué paradoja) del equipo clásico.
  • Los “no me acoplo”. La gente visceral que sigue su instinto simiesco de que la persona que practica el acoplamiento merece castigo social. Es curioso lo sólidos que pueden ser los valores de la gente aun cuando van en contra de su propia satisfacción.
  • Los alérgicos al cambio. Engloba a varios e incluye a más, ya que la cantidad de titulares de esta tendencia a no evolucionar es inmensa. De hecho, muchos de los que se encuentran mal en el grupo, incluyendo marginados puros, son los primeros que se niegan a un cambio de situación.
  • Los atecnológicos. Por último, y quizás es el menos visible, aquellos que no están integrados en el concepto de redes sociales. Dado que el nuevo modelo de acoplado deviene de la masificación de estos recursos, quien no tenga acceso a distintos grupos en una pantalla difícilmente lo tendrá al acople, tendiendo —como se ha tendido toda la vida— a preservar los valores del grupo cerrado clásico.

He de decir que la suma de todos estos aún supone un alto porcentaje de población. Por desgracia (o mejor dicho, fortuna para ellos), la manzana se les acabará cayendo en la cabeza, siendo lo más probable que el comportamiento cerrado de los grupos se reduzca en grandes números con el paso de los años.

La alta libertad de movimiento entre grupos es solo cuestión de tiempo.

Lo que Google entiende por “acoplado” (01/07/2014)

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