El tren contra el destino

tren contra destino

Un pensamiento típico dice que la vida está hecha de momentos. Sin embargo, ¿cada cosa tiene el suyo o si algo es lo suficientemente grande vuelve a surgir en cuanto tiene oportunidad?

La decisión de L

L tiene una duda existencial. Le acaban de ofrecer una beca de investigación en una importante universidad (americana, por supuesto) que la dejará al borde de una carrera prometedora en la que alcanzará cotas reservadas a unos pocos elegidos, valga el lugar común; sin embargo y cual dramón romántico (americano, por supuesto), la aceptación de su éxito profesional la llevaría a alejarse durante meses, quizás años, de Pepe, su norteño novio desde los quince, dejando entrever altísimas probabilidades de un enfriamiento de la relación con visos de desencadenar una ruptura que nadie en esta película desea.

He aquí uno de los típicos ejemplos en cuanto a este tema: si ella es lo suficientemente buena, ¿con el tiempo le surgirá una nueva oportunidad de alcanzar el éxito profesional por otra vía o la oportunidad es única? ¿Está renunciando a su meta de ser una gran investigadora por Pepe o simplemente está aplazando el momento?

Por otro lado, es extrapolable a mil campos más: si uno tiene como sueño ir a París, ¿debe renunciar a gastos superfluos durante meses para ir al momento o es mejor esperar a tener una vida más cómoda para ir, ya que será lo mismo? ¿Debe un jugador prometedor fichar por un club grande en cuanto le llame (Illarramendi, Canales) o debe madurar en equipos pequeños, ya que la oportunidad volverá? ¿Será lo mismo tener una relación en el momento en el que empezáis a gustaros con dudas que meses o años más tarde cuando ya caiga de madura?

Algunos dicen que da igual, que el momento aparecerá una y otra vez si realmente algo tiene que pasar, que da igual que renuncies a él, pues una especie de destino hará que se te vuelva a presentar la oportunidad; en el otro extremo, se vuelve evidente que la dificultad para que algo suceda del mismo modo tomando la oportunidad en diferentes momentos es complicado, que el tren solo pasa una vez, al menos del mismo modo.

Dos posturas, cero certeza de cuál es la más acertada y mil situaciones para cada una de ellas. Trenes contra destino, observémoslo con mayor profundidad.

Cuando lo grande se vuelve destino

La postura A es un clasicazo, como puede serlo El amor en los tiempos del cólera: tanto da que pases toda tu vida viendo pasar oportunidades de que un momento encaje con un deseo, al final, una nueva de diferentes colores y bajo diferente disfraz se presentará una vez tras otra hasta que la puedas cumplir, en una suerte de destino antifatal que —cual ángel de la guarda— protege la opción a que ese instante brille. Se trata de una creencia muy romántica, con a priori dos puntos claros para sus defensores.

El primero es que es aplicable a contados casos, especiales en general: las cosas banales tienden a tener un momento determinado. Un ejemplo claro es la moda. Una prenda que te enamora la primera vez que la ves, seguramente no te resulte tan atractiva una vez puedas permitírtela en rebajas, así como no la comprarías ni de broma un par de temporadas más tarde. Sin embargo, un amor verdadero, según esta creencia, siempre va a tener oportunidad de surgir de nuevo.

El segundo punto para ellos es que si de verdad surgen tantas oportunidades y el resultado de tomar una es bueno, suele dar más beneficios que de haber tomado la primera. El viaje a París es más satisfactorio si no tienes que pasar penurias para pagarlo. El futbolista tendrá más oportunidades de triunfar en el club grande si ya tiene una experiencia. El amor que ha pasado dificultades para al fin triunfar es más grande.

El tren que solo pasa una vez

tren abandonado

En el extremo opuesto, un clasicazo en la opinión sobre este tema es el de creer que las cosas solo tienen un verdadero momento álgido que si desaprovechas no podrás volver a recuperar.

Se trata de un pensamiento de corte más realista, aunque también tendente al pesimismo y a la precipitación. Acabar por no irse a París podría hacer pensar que de ir más tarde ya no sería lo mismo, cuando tal vez sí lo sea; el Illarra de la vida podría haber madurado un año más en la Real Sociedad en vez de ver su carrera truncada de tanto calentar banquillo madridista.

Por otro lado, también es una postura muy motivadora a la hora de arriesgar, la cual te lleva a intentar cosas por miedo a no volver a tener esa oportunidad. ¿Cuántas parejas habrán sido felices por haber arriesgado? ¿Cuántas fotos con Pluto se hubiesen perdido de no haberle echado narices y haber comprado esos billetes a Disneylandia?

A veces, el tren solo pasa una vez, y arrepentirse no es una opción.

El tren que llega a su destino

tren abandonado 2

Por un lado, el romanticismo; por el otro, el realismo. La pregunta, la de siempre, ¿tú de qué lado estás?

Mi opinión no puede ser distinta al estar en contra de ella. Y es, que no te engañen: no tienes por qué escoger bando.

En ocasiones, vas a saber que arriesgar te va a dar más, que te apetece hacer algo y te vais a arrepentir de no hacerlo: escoge la postura tren, piensa que es tu última oportunidad, y tómala. En otras, esa oportunidad se te va a escapar por razones ajenas a tu voluntad: sé romántico aunque seas realista, y piensa que si de nuevo se te presenta es porque algo grande hay detrás, y que va a ser aún mejor que la vez anterior, porque ahora eres más maduro, más grande, más sabio.

El que haya dos posturas contrapuestas solo es un problema cuando no podemos elegir entre ellas. No es el caso. No tienes por qué quedaros con lo que os diga la gente, escoge tu postura según te convenga.

Si L quiere irse, que se vaya: tal vez Pepe vuelva con los años; si cree que aún no es el momento, ya habrá más oportunidades, ¿por qué no, si se esfuerza?

No dejes que te limite una clasificación: a veces, cambiar de bando no supone una traición, sino ser fiel a tu alegría.

Haz que el tren llegue a su destino.

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2 comentarios en “El tren contra el destino

  1. Gran post. Has dicho algo que a mucha gente no le gusta admitir, y es que la postura de “El tren pasa sólo una vez” es para gente pesimista y precipitada. Pero es que hay que dejar algo claro, el realismo suele ser depresivo. Todos sabemos que la realidad es más cruenta de lo que a uno le gustaría. Me quedo con lo último, haz llegar al tren a su destino. Y lo complemento con una frase que por muy trillada que esté, no deja de ser cierta: “Cuando en verdad deseas algo, el universo entero conspira para conseguirlo” filosofía barata, pero qué más da, que las cosas baratas cuando también son buenas y bonitas, son las mejores.

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  2. Pingback: Pasajeros de complicadas moralejas | oscargonzalezsoto

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