El patriotismo multicultural (100%)

Llamome ayer muchísimo la atención una de las noticias más leídas del día, en plena polémica con lo de los pitos a Piqué. Rafinha Alcántara, conocido futbolista criado en la cantera del Barça y llevado a la popularidad de la mano de un excelente trabajo en el Celta de Vigo hace un par de años, declaraba —ante su convocatoria con la selección brasileña— que “la elección entre Brasil y España fue la decisión más fácil de mi vida”, para a la postre añadir que se siente “100% brasileño”.

Las apreciaciones de un chaval que ha pasado la práctica totalidad de su infancia y el resto de su vida en Vigo y Barcelona, donde ha disfrutado de una realidad cómoda que le ha llevado a ser conocido internacionalmente y a gozar de una existencia económicamente solucionada, atizaron mis sentimientos de justicia, aun siendo lo que a día de hoy es conocido como defensor de la ciudadanía mundial.

¿Es respetable la ausencia de identificación con una sociedad que te ha criado y te ha dado la oportunidad de ser lo que eres? ¿Se asienta en este tipo de comportamientos uno de los pilares de la fobia a lo foráneo?

Rafinha, internacional con Brasil, con su hermano Thiago, internacional con España

El sentimiento de patria es algo que, si bien puede que en los últimos años haya sufrido un cierto bajón a manos de la globalización, parece casi inherente al ser humano. Se asienta también en gran grado en la familia, muy capaz de hacerte sentir que entre las cuatro paredes de tu casa estás en tu tierra. Sin embargo… ¿puede este sentimiento familiar inhibir la capacidad de identificación con la cultura de la tierra en la que vives?

Pienso que la infancia es aquí clave. La identificación con una sociedad, al igual que con la familia, parece trazarse en la mayor parte de casos con una infancia en ella. La práctica totalidad de la población emigrada en adolescencia reconocerá como su patria el lugar donde creció, más allá de la identificación que pueda sentir o no con el nuevo lugar de residencia.

Por otro lado, llama la atención el sentimiento patriótico en países inmigrantes y de gran multiculturalidad. Un ejemplo claro es Suiza, donde la identificación con el país pese al haberse criado en él es bajísima incluso en personas que siempre han vivido allí salvo durante breves periodos vacacionales.

Además, hace ya años que numerosos estudios reconocen la existencia de un instinto humano a la hora de —de vivir en tierra distinta a la de los ancestros— tratar de relacionarse con la cultura perdida, mediante la amistad y el hacer grupo con miembros de ella o la búsqueda de información a través de otras vías.

Parece poder extraerse de aquí una conclusión curiosa que podría hacernos plantearle unas cuantas preguntas a nuestro modelo social, y es que parece que hay una clara tendencia a la identificación con el país ajeno antes que con el de residencia actual. Si bien pretendemos extinguir conductas racistas y se busca una sensación de igualdad entre miembros de diferentes culturas, el instinto humano tiende a realzar las diferencias de procedencia.

Pasa pues a verse interesante el pensar que la homogeneización cultural a la que muchas veces se le atribuye la perfecta solución para el fin del racismo no sea sino una perfecta utopía que ni en el largo plazo se va a alcanzar.

iguales

Parece que lo de ser todos iguales no va a ser posible

Tema aparte es el hecho de la ceguera a la realidad de la cultura en la que vives.

Casos como la falta de identificación del jugador con el país que le ha dado cobijo para alcanzar reconocimiento mundial y una cuenta bancaria sólida dan a entender un problema de agradecimiento bastante preocupante. Si bien la afinidad con su Brasil natal es entendible por lo visto en anteriores líneas, la falta de sensación de ser un ciudadano español o (en caso de ser partidario de la independencia) catalán expuesto en ese sentirse “100% brasileño” es cuanto menos preocupante, teniendo en cuenta su falta de vivencias en su país natal, así como las oportunidades que su país “de acogida” le ha ofertado.

Quizás sea aquí pues interesante el diferenciar el sentirse de un país —el sentirte brasileño, español, uzbeko, viviendo en Polonia, Francia, Estados Unidos— con el sentir formar parte de un país —sentirse uno más estando en Brasil, España, Uzbekistán, Polonia, Francia o los Unidos—.

Creo que, dado lo inalterable que parece lo primero, a nadie sorprenderá el que se pueda considerar un punto clave para acabar con el racismo el atacar a esa sensación de sentirse “fuera de su patria” cuando el país de tus amores no coincide con el de residencia o sentir a la gente como “de fuera” cuando quien no lo siente como el suyo están en tu país.

Pienso que aquí está uno de los principales puntos para combatir la discriminación por raza: el hacer entender —y que entendamos— que vivimos en un mundo en el que cada uno somos de diferente origen y corazón, pero que somos un uno con aquellos de los que nos rodeamos.

Si La Gozadera es la canción más cantada de 2015… ¿por qué no aplicarse el cuento y tocar como uno solo pese a ser diferentes?

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Un comentario en “El patriotismo multicultural (100%)

  1. Pingback: La ciudadanía mundial, señor Trueba | oscargonzalezsoto

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