La ruptura de principios y la “traducción”

Hoy vamos a tratar el tema del flaqueo de los valores de una persona por los de otra. Para ello vamos a usar un caso práctico de sencillas características aunque no exento de polémica, en el cual volcaremos nuestra atención para llegar a los dos conceptos claves del artículo: la rotura de valores y lo que yo he dado en llamar “traducción”.

El polémico supuesto

Z es una persona tradicional, con las creencias en torno a la fidelidad típicas de su sociedad occidental, donde el amor y el sexo tienen que coincidir en la misma persona y en exclusiva, resultando la relación sexual con otras parejas un límite infranqueable y motivo de instantánea ruptura, al significar —sin género de duda— que no se quiere a la persona engañada.

X, su amada pareja, es una persona de cultura progresista y con una fuerte necesidad de experimentar, capital en su concepto de vida. Ella entiende que, si bien el amor y el sexo pueden darse con una misma persona, el tener relaciones físicas con otras parejas es independiente de los sentimientos amorosos por ella. De hecho, pese a los años de unión y su sed de apertura, quiere a Z con todo su corazón y no soportaría la pérdida.

Mientras que, en este simple supuesto, Z tiene como único principio la fidelidad, a X vamos a asociarle, aparte de la sed de nuevas experiencias, uno más: la sinceridad. Vamos a suponer que es una persona que todo le cuenta a su pareja, haciendo que su transparencia sea una de las claves de su personalidad.

Dado esto, recientemente ha ido dejando caer a Z su deseo de testar su sexualidad más allá de su único amante hasta la fecha, a lo que Z hace oídos sordos por considerarlo inconcebible: él sabe que ella le quiere y, acorde a sus principios —que considera universales—, no le entra en la cabeza la posibilidad de sentir deseos por otro queriendo a alguien.

Entra pues, aquí, el problema en la cabeza de X. Esquematicemos las opciones para valorar las alternativas básicas y cuál de los tres principios mencionados está rompiendo:

  • Infidelidad y sinceridad. Esta opción atenta contra el principio de fidelidad de Z, ocasionando —según este poco profundo modelo— la ruptura de la relación.
  • Fidelidad. Esta opción va en contra del principio de nuevas experiencias de X. Esto le ocasiona lo que aquí es conocido como “estar amargada”, la sensación de no llegar a completarse en la vida.
  • Infidelidad y silencio. Esta opción vulnera el principio de sinceridad de X, lo que le ocasiona pérdida de identidad y culpa.

Analicemos con mayor profundidad cada uno de los puntos.

Infidelidad y sinceridad. Ruptura de principio de fidelidad y amor mutuo

Recordemos que estamos huyendo de la complejidad emocional de las personas reales para centrarnos en un supuesto, y que —si bien en la vida real se podría llegar al perdón por parte de Z en aras de proseguir la relación— aquí supone la ruptura inmediata.

X obtiene con este compartimiento el éxito en sus dos principios, sinceridad y nuevas experiencias, pero perdiendo con ello a la persona que ama, su complemento con el que lleva años de felicidad y al que (según sus principios, no los de él) quiere con toda su alma. Se trata de un duro golpe para ambos, ya que supone la pérdida de un principio no nombrado, pero que se presume: el de amor mutuo.

Si bien Z considera inentendible el amor si se produce el sexo con otros y X no cree querer menos a alguien de producirse, aun no compartiendo valores con respecto al concepto de amor, ambos se quieren y no quieren perderse.

Con lo cual, en esta opción tenemos dos roturas para Z: la fidelidad y la pérdida de su pareja, que también sufre X.

Fidelidad. Ruptura de principio de nuevas experiencias

Fácil de explicar: X ve cortadas sus ansias de descubrirse por el bien de mantener la pareja. Esto la convierte en una persona frustrada en el que hemos considerado su mayor objetivo en vida: el crecimiento personal a través de la experiencia. A cambio, mantiene a su pareja, así como los principios de amor mutuo, de sinceridad y el de fidelidad de Z.

Pienso que a nadie escapa que esta opción, en las citadas sociedades occidentales tradicionales, es altamente frecuente: la sed de exploración es frenada por los valores tradicionales de la sociedad y el miedo a la pérdida y el qué dirán, siendo todo un icono los casos de infidelidades que acaban en ruptura y demonización de ambas partes: la del infiel, por mil apelativos agraviosos; la del engañado, por la creencia de que no ha sido capaz de llenarlo sexualmente.

Ambas generalizaciones (creo que se ve claramente en este artículo) son bastante poco adecuadas a la realidad de muchísimos casos de infidelidad en la actualidad.

Infidelidad y silencio. Ruptura de principio de sinceridad

Un nuevo caso de ruptura de único principio: el de sinceridad de X. El amor mutuo, la sed de experiencias se mantienen intocables, tal y como lo hace el valor de fidelidad de Z, que —al no ser compartido por X y permanecer inalterable para lo que Z sabe— no sufre temblor alguno. Y me explico.

Si bien es cierto que desde nuestro punto de vista omnisciente vemos la rotura de fidelidad, el universo del engañado no la contempla, en él no existe, y por lo tanto permanece inalterable. Desde fuera, podemos criticarlo, pero aquí el que importa es Z, no nosotros o nuestra ética ajena, y —mientras él permanezca en la oscuridad del silencio por parte de su compañera— ese principio de fidelidad, así como el de sinceridad de X, seguirá incuestionablemente inmaculado: en la realidad de Z, ninguno de los principios se habrá roto.

El contraste de valores

Podríamos aquí entrar en el debate de cuál de las opciones es la óptima. Incluso valorar nuevas como el famoso “darnos un tiempo” tan típico de la sociedad occidental. Eso, si queréis, para los comentarios, ya que estaríamos entrando en un terreno absolutamente resbaladizo y más digno de encuadrar en la opinión y el debate antes que en el sencillo supuesto con tintes objetivos que estamos intentando proponer para llegar a los conceptos líderes de este post.

La plena compartición de valores fundamentales entre dos personas, a día de hoy, es prácticamente inasumible. La variedad de ideas que cada uno puede tener es tan amplia que difícilmente vayamos a ver dos personas con idénticas características ideológicas.

Llegamos pues aquí, cuando dos principios de dos personas impactan de frente, al momento de vernos obligados a afrontar el irremisible contraste, surgiendo tres opciones claras:

  • El escapar. Cuando se choca en una opinión de forma irremediable, la mayor técnica, con altísima frecuencia, es el huir de la confrontación. El cambio de tema o el separarse un rato son las formas más comunes de esquivar el conflicto que dos opiniones sólidas y contrapuestas pueden tener. Pienso que el lector será lo suficientemente agudo como para encontrar ejemplos en su vida o Telecinco.
  • El romper la relación. El extremo se da cuando el acercamiento de posturas es imposible, dado lo opuesto de creencias, y no hay lugar a la escapatoria. Lo vimos en el simple supuesto de X y Z: si X le dice a Z que ha estado o va a estar con otro, la firme devoción de Z por su principio de fidelidad y el no poder escapar de lo dicho supondría la rotura de la relación.
  • La ruptura de principios y la “traducción”.

La ruptura de principios y la “traducción”

Y he aquí que, gracias a las dos opciones con solo un atentado contra un principio vistas en el supuesto que encabeza el post, vamos a ver las posibles diferencias entre lo que es romper los principios de alguien y lo que es adecuarlos.

Cuando X elige no abrirse a su anhelada experiencia por el concepto de fidelidad de Z, que no comparte, no lo hace solo para adecuarse a Z: vuelve integral su sed de querer descubrirse sexualmente por completo, ya que no va a saciarla en ninguna situación.

Por otro lado, si X miente a Z —fallando al de sinceridad para evitar romper el resto (incluido, insisto, el de fidelidad de él) —, no deja de poder ser honesta en el resto de aspectos. Está variando su valor para poder adecuarse al “lenguaje” de valores que el otro tiene.

Y pondré un par de ejemplos ajenos para ver el contraste: una persona puede fingir no ser de un partido político cuando está en público para que no lo “azoten públicamente”, pero va a poder ejercer su derecho a voto al que quiere en las elecciones; una persona puede fingir no ir del Madrid en un bar lleno de aficionados del Barça, pero puede alegrarse internamente, o en casa, cuando este gana. Puede ejercer su creencia, sentir sus valores. Lo que ante la gente o en el bar hace, es una mera adaptación de sus ideales a una situación momentánea, lo que yo llamo “traducción”.

Adecuar un principio o valor fundamental de una persona a las creencias de otra, rasgándolo PUNTUALMENTE para evitar la ruptura, al no poder huir de la colisión de ideas.

En el momento en que no es puntual, en que el rasgado es constante, es una rotura de principios. Un concepto tremendo en cuanto a su significado, ya que estamos hablando de la destrucción completa de un valor profundo de una persona para poder mantener la relación con otra, la cual se considera más importante que esa erosión de las creencias, de la identidad de alguien.

X nunca va a poder cumplir su deseo de experimentar lo que es acostarse con otra persona si respeta el resto de los valores que ostentan ella y su pareja. Rompe su principio: lo mata completamente por adecuarse al de otro.

Por otro lado, si X miente a Z para no romper sus valores, su principio de sinceridad es rasgado, deja de ser sincera en un aspecto momentáneo, pero puede seguir siéndolo en todos los demás casos, preservando el resto de valores.

Y no, no estoy defendiendo la infidelidad, ni el rasgado: cada persona sabe, o debe de explorar, donde está su límite. Habrá gente para la que la ruptura de un principio le importe poco (matar para ganar dinero), habrá gente que considere el rasgado algo inconcebible (“Un verdadero madridista/culé no se esconde ni en medio de una concentración de ultras del rival”), pero lo que quiero dejar claro es que hay diferencia entre destruir un valor fundamental en una persona por alguien y “traducir” los valores temporalmente para evitar la destrucción de una relación, una imagen o incluso una dentadura.

¿Por qué “traducción”?

Porque los diferentes esquemas de valores no dejan de ser idiomas diferentes.

Que uno vea la realidad de un modo y el otro de distinto, cuando el objetivo real es común y muy superior a esas tonterías puntuales, refleja que muchas veces lo que no sabemos es comunicarnos, o caminar juntos.

Y por eso creo que, en la mayor parte de casos, cuando alguien “traduce” solo está intentando decirle al otro que lo único que quiere es estar bien con él, por encima de ser sincero con lo que siente.

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¿Qué opinas tú? ¿Evitar defender tus valores en una situación puntual es inadmisible? ¿Llevarías la camiseta del Barça en un bar de los UltraSur? ¿X es terriblemente malvada por no compartir tus valores y debiese ser lapidada?

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2 comentarios en “La ruptura de principios y la “traducción”

  1. Pingback: ¡¡¡Cumplimos un año!!! | oscargonzalezsoto

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