Pray for Paris. Sing for Peace

Noche de viernes 13. París entra en caos por una serie de tiroteos y ataques terroristas en su centro. Los medios de comunicación saltan de sus butacas ante una de las noticias del año. En la calle, brotan lágrimas. Una masacre se produce en una discoteca, sala de conciertos o de fiestas, si prefieres odiar la paradoja. Gritos con tintes religiosos azotan las calamidades. La “ciudad de la luz” llora y tiembla, Europa y el mundo occidental la abrazan. De fondo, suena La Marsellesa.

Creo que a nadie extraña el tema del post de esta semana.

PARIS de luto

Miserias de dioses avergonzados

“Alá es grande”, decían. Luego mataban.

Tiene que volverse duro ser musulmán cuando ves a sádicos izando tus creencias como bandera de muerte. Y es que, como bien dije el otro día en Twitter, Alá es grande, pero esta gente no lo representa; ni a él, ni a ningún dios.

Curioso cómo esta panda de asesinos siguen tratando de enmascarar sus actos de misiones divinas, cuando cada día son más evidentes los intereses tras ellos. La fama egoísta. El miedo. El dinero que este mueve. El afán de poder. La sed de acción. El martirio en algunos casos, que les hará famosos para siempre.

Que no nos vengan de santos, ni a nosotros ni a los que suponen de su misma fe. Los musulmanes no creen en ellos. Su dios siente vergüenza.

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Miserias de mundos sin miedo

Un sentimiento de tristeza invade lo occidental; las redes sociales brillan azules, blancas y rojas. Estamos tristes. Nos sentimos tristes.

A alguien se le ocurre la maravillosamente mainstream idea de decir que esto pasa cada día en Oriente Próximo y a nadie nos importa. Qué bien queda quien lo dice, cuánto aplauso el que recibe: enhorabuena.

Y ahora que su sed de corrección política está saciado, vamos en serio, ¿no ve la diferencia?

Pongamos que en España, Brasil o Australia, un brazo radical de su país o creencias mata a 200 personas. Jamás vamos a ver banderita de Facebook. Pongamos ahora que unos cristianos radicales españoles, brasileños o australianos —valga la imaginación— acaban con 200 personas en  las calles Egipto. Seguramente veamos la banderita.

Lo que duele de este atentado, no es el número de muertos, ni el lugar: lo que realmente molesta es que muera gente por creencias que no comparte o sociedades en las que no vive. ¿Qué culpa tienen 200 en París —en buena parte, inmigrantes temporales o de paso— de que un grupo terrorista siegue sus sueños gritando hacerlo por un dios que no comparten? Eso es lo que molesta de verdad.

Si tu país tiene un conflicto bélico o social grande, si vives en lugares de poco desarrollo o sin una protección internacional ante las guerras, que tus vecinos mueran sin merecerlo entra dentro de lo que llaman la “inestabilidad” de la zona, una realidad que duele, que es intolerable y que hay que luchar por detener, pero que tu mente llega a entender entre malas caras. En un caso como este de París, hablamos de mundos en los que la legislación ante la violencia es muy restrictiva, en los que las cosas se discuten en hemiciclos hechos de papeletas y no con armas, salvo con quienes las llevan en la mano. Ninguno de los de Bataclan mató nunca ha nadie. Ninguno de los de Bataclan mandó bombas a Siria. Que vengan unos que no comparten tus ideas y maten a gente que no cree en ellas sin mediar más palabra que un falso grito religioso es inconcebible y triste, por eso la gente se pone mala.

Mirad este ejemplo.

Imaginemos que somos unos chiquillos jugando a la pelota. Viene un abusón y se pone a meter balonazos, haciendo daño a los pequeños. Le decimos que “no vale tirar fuerte”, pero él sigue haciéndolo y si le decimos que no juegue, no se va. Eso nos pone muy tristes.

Eso es el París del #PrayForParis.

Una tristeza muy grande.

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Miserias de ricos malcriados

En los dos últimos días, Francia ha bombardeado Raqqa, la conocida como capital del Estado Islámico en Siria. Los antimainstream se frotan las manos ante la noticia: “los del IS atacan Europa porque ellos le atacan, tan malos son unos como los otros”. Yo me entristezco, porque dan motivos para pensar eso, pese a que la diferencia sigue siendo tremendamente evidente. Y para explicarla os presento a estas cuatro personas:

  • François Molins. Coartífice de la matanza de Bataclan. Asesino, pues, de cerca de un centenar de personas que, espero, nunca llegue a completarse.
  • Abu Bakr al-Baghdadi. Líder del IS o Daesh, así como de Molins, por si alguien considera a este un pobre infeliz con el cerebro lavado, lo cual yo no haré nunca.
  • Tenemos también aquí a —por ejemplo— François Hollande, al que por su posición como presidente de la república francesa podríamos dar como representante del ataque contra el IS en respuesta a lo de París.
  • Por último, Nohemí González, en un programa de intercambio para estudiar diseño, 23 años, fallecida en el concierto.

Pienso que si en esta lista no se es capaz de diferenciar entre inocentes y posibles artífices de muertes injustas es que algo se está haciendo muy mal.

Que el gobierno de un país responda a un “acto de guerra” —como Hollande lo llamó— lanzando un bombardeo contra la presumible base del grupo terrorista culpable del #PrayForParis es debatible. Puede haber quien crea que es un modo de decirles que si no se detienen serán exterminados. Puede haber quien piense que entre los muertos de ese bombardeo cabría haber civiles tan víctimas como los de París. Puede haber quien vea un duelo entre ricos por discernir quién la tiene más grande, a costa de vidas humanas.

Pero que a nadie, A NADIE, se le ocurra decirme ni a mí ni a ningún otro que Nohemí es tan culpable de la posible muerte de inocentes en Siria como puedan serlo Bakr al-Bahgdadi, Hollande o Molins.

Nohemí solo fue culpable de querer pasar una buena noche en Bataclan, y ahora está muerta por los juegos de mayores de unos niños malcriados.

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Y de fondo, La Marsellesa

De fondo, se oye a gente cantar el himno nacional. Y no por los colores, no por el sentimiento de país.

Por las calles de París, ante fotos de injustos muertos o saliendo de estadios para volver a una realidad nunca igual, se oye a la gente cantar el himno nacional porque todos se lo saben. Porque, cantando junto a otros, las personas nos hacemos una ante el miedo, ante el terror, ante la incomprensión, ante lo injusto.

Ante todo este absurdo que nunca debiese haber ocurrido, la gente canta La Marsellesa.

Solo espero que algún día un himno de paz suene tan fuerte como para que el mundo entero lo escuche. Y se ponga a cantar.

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¿Qué opinas tú? ¿Qué es lo que más duele de todo esto? ¿Algo que decir al mundo? Comenta, comunica, comparte: estás a un par de clicks.

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4 comentarios en “Pray for Paris. Sing for Peace

  1. Pingback: Lo que da miedo al miedo | oscargonzalezsoto

  2. Pingback: ¡¡¡Cumplimos un año!!! | oscargonzalezsoto

  3. Hola Osgonso, vengo a hacer una confesión. Yo fui uno de esos mainstreams que mencionas, lo sigo siendo, pero no sé si lo seré en el futuro. Nadie me había dado el punto de vista que expones aquí, y confieso, que me ha obligado a traer a colación qué opinión debo formarme ante la situación. Una de las frases que más he llegado a odiar a lo largo de mi vida es: “Justos pagan por pecadores” y creo que eso es lo que ha pasado. Es lo que pasa en el mundo entero. Siempre habrán justos incluso en los nidos de terroristas. No es menos inocente el padre que no ha podido sacar a su familia de un país en conflicto porque no tiene los medios necesarios. No es menos inocente el niño que simplemente caminaba en la calle cuando una bala perdida lo obligo a detenerse para siempre.

    No voy a venir con la estupidez de valorar el asunto desde un punto de vista filosófico, donde la conclusión es una se vea por donde se vea. Pero desde un punto de vista, no sé… ¿Civil? ¿Social? ¿Humano? creo que llevas mucha razón en lo que dices. No es lo mismo lo que pasa en Siria que lo que pasó en Francia. Pero es una cuestión meramente utilitarista, en Siria el 2% de los afectados era inocente, y en Francia el 100% de los afectados era inocente. Y eso, es lo que hace de ese atentando algo tan atroz. De cualquier forma, el horror nos será indiferente hasta que nos toque vivirlo, somos vulnerables a que un maniático entre y nos dispare estemos donde estemos, eso es parte de la fragilidad del ser humano como ser social. Lo aceptas, o lo ignoras, lo que te haga más feliz… aunque siempre sea lo segundo.

    En fin, quería que supieras que tus palabras cambiaron mi opinión respecto a este asunto, y que ahora comparto en gran medida tu punto de vista. Supongo que eso, al final, es lo que buscabas al escribir cosas como estas.

    ¡Saludos!

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    • Más que cambiar opiniones, el tema es abrirlas, el poder hacer entender a otros más posturas de aquellas que la cultura mainstream nos invita a defender. Esa es una de las claves cada vez que hablo de un tema polémico: el conseguir tener a mi alrededor a gente con capacidad de crítica y opinión por encima de la ceguera ovejil que el pensamiento más generalista se empeña en generar en la gente.

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