2016: razones para cambiar

Turrón. Polvorones. Árboles domésticos. Regalos. Renos. Reyes. Repetir postre.

El nuevo año solo llega de verdad cuando queremos dejar a un lado todo lo que tan feliz nos hizo hace unos días y que ahora solo notamos en las tristes miradas a la creciente superficie bajo del ombligo. De la Nochebuena solo nos queda el arrepentimiento; del Año Nuevo, una imaginada pepita de uva entre dos dientes al fondo de la boca; de Reyes, un roscón inacabable.

Y entonces, los propósitos que días atrás hemos hecho han cambiado y lo de ser mejor persona se convierte en querer ser más delgada persona, ya que —de lo de ser mejor persona— no quieres quedarte con lo de ser una más grande. Y, ahí, los gimnasios aparecen como alternativa, y el pilates, y el baile latino, y la danza del vientre —con el vientre tapado hasta que la danza del vientre haga que el vientre que queremos bajar con la danza del vientre no nos avervientre, digo, güence—.

Pero, al poco, no nos atrevemos. Llegamos a ese lugar en que se imparte nuestro adelgazamiento y puesta en forma y empezamos a ponernos excusas como el horario, el tiempo, que la gente que va no mola nada, que es caro y que —al fin y al cabo— al muñeco de Michelín no le sientan tan mal las curvas.

Miedo al cambio. Miedo a lo nuevo. “Virgencita, que me quede como estoy”. Qué poco frío hace con una buena capa de aislante grasa.

En el episodio de hoy, por qué es bueno cambiar.

Feliz año nuevo.

Zona de confort: el nuevo héroe de la psicología positiva

No me vengáis con que no sabéis lo que es, porque anda que no nos han lavado el cerebro con el término en los últimos tiempos. Estoy de acuerdo en que el de arriba es un videazo y todo eso, pero leñe: ¡hasta las narices de que en cada curso de formación complementaria me lo pongan! De hecho os lo dejo para que empaticéis con este pobre desgraciado amargado ante la omnipresencia de la peluda mano del dibujante.

El resumen de la teoría es que nos encanta la comodidad de nuestra situación actual de previsibilidad, la llamada zona de confort. En ella tenemos una cierta seguridad sobre lo que nos va a pasar y en ella ostentamos unos comportamientos repetitivos pero satisfactorios dentro del tedio de su constante reiteración, la cual nos evita progresivamente problemas desconocidos o dificultades imprevistas a cambio de una monotonía menos y menos variada, la cual acostumbra a conservar nuestra integridad física, mental y sentimental.

El hacer algo que rompa esa monotonía (“salir de la zona de confort”) suele suponer un esfuerzo antinatura para la persona, basado en el supuesto riesgo que genera y en la posible frustración inicial ante la inexperiencia, pero —a cambio— genera una importante dosis de felicidad y realización personal, así como una ampliación de miras y la propia zona de confort, resultando en poder elegir entre más variedad de acciones dentro de ella.

Este concepto ha supuesto todo un mesías para la industria de la psicología positiva, el coaching y similares, ya que el hacer cosas nuevas se ha demostrado muy eficaz a la hora de generar felicidad rápida, dando a los usuarios de estas tendencias una seguridad de que su dinero está bien invertido.

Las enemigas del cambio

Sin duda, las mayores enemigas del cambio son la naturaleza humana, la cabezonería y la frustración.

Que la primera lo sea es bastante fácil de entender si recordamos el espíritu animal del ser humano. En otro pensamiento clásico de lo divulgativo, el raciocinio humano se ha desarrollado a una velocidad mucho mayor que la de su físico e instinto, y —como es obvio— el instinto animal no va a tratar de convencer a su dueño de que el cambio es bueno una vez tiene garantizadas sus necesidades básicas (alimento, seguridad física y apetito sexual saciado). El humano no se ha desarrollado tanto en lo instintivo como para que el saber que el cambio es bueno le prive de tener ese temor primigenio a la novedad. Esto, por lo tanto, hace que lo racional tenga que “forzar” un poco a lo emocional para que se atreva a la nueva idea. Una vez obtenidos éxitos con la novedad, será mucho más fácil decidirse a hacer nuevas, tornándose más dificultoso de practicarse menos.

La cabezonería encaja bien con esta última idea. Si no recordamos haber obtenido satisfacción con el cambio recientemente y encima somos unos cabezotas que defienden lo de “más vale malo conocido que nuevo por conocer” (dadme un momento, voy a vomitar), pues será complicado intentar que estos se muevan de su cada día más cerrada, triste y animal postura, acabando por ser viejos amargados que cada día lleven a cabo las mismas costumbres, hasta acabar por levantarse de la cama para comer y volverse a ella.

En cuanto a la frustración, es seguramente el motivo más defendible para no cambiar, y es que el adaptarse a la nueva afición o práctica puede tener momentos de bajón por sentirse poco hábil. Mi mensaje es que nadie nace aprendido, y que la recompensa suele ser mayor que el esfuerzo en las primeras etapas, en especial en novedades que dan réditos a corto plazo. Por ejemplo, aprender un idioma nuevo y de diferente base (para un hispanohablante, el alemán o el chino) puede ser muy frustrante, ya que se tarda años en conseguir mantener una conversación sobria con un nativo. Sin embargo, en el caso de bailes, de cursos artísticos, de viajes y demás, la incompetencia inicial se ve pronto tapada por la satisfacción de la novedad, haciendo que —a mi modesto entender— valga la pena.

8 razones para hacer cosas nuevas

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Si aún tienes un móvil como este, encontrarás más de 8 razones para cambiarlo

  1. Porque te pone contento. Está demostradísimo que el cambio, por lo general, motiva y sube los niveles de felicidad. También que ser feliz es algo bueno, así que…
  2. Porque te hace adaptable. Cuando más situaciones afrontes, más habilidoso te vas a volver a la hora de afrontar circunstancias inesperadas. Y te aseguro que lo inesperado acaba llegándonos hasta pasándonos el día en el sofá.
  3. Porque te hace interesante. Nada como poder opinar con propiedad de prácticamente cualquier cosa. Hace que se te respete y valore más, y además te permite rehuir los silencios incómodos con gente que te acaban de presentar.
  4. Porque es bueno para el cerebro. Hacer cosas nuevas activa mecanismos del cerebro con espíritus durmientes, lo cual contribuye a la prevención de enfermedades como la demencia senil.
  5. Porque es bueno para la salud en general. Normalmente, la novedad supone levantarse del sofá, lo cual es siempre un éxito para la salud más allá de lo mental. Ya no digamos en el caso de actividades con componente físico, como el gimnasio, los bailes o incluso empezar a dar largos paseos a diario.
  6. Porque te permite conocer lugares y gente nueva. Las actividades fuera de casa suelen derivar en el descubrimiento de nuevos entornos que vuelven más entretenido el espectáculo que es la vida.
  7. Porque solo tenemos una vida segura. Sí: los diversos paraísos religiosos pintan bien, pero… ¿podremos en el Cielo visitar ese lugar que tanto nos gusta al verlo en la tele? ¿Podremos bailar salsa reencarnados en una vaca?
  8. Porque no te arrepientes. Todos lo hemos oído alguna vez, todos hemos asentido alguna otra: “Uno se arrepiente más de lo que no ha hecho que de lo que ha hecho”. Nada peor que llegar a un momento de incapacidad para hacer algo y darte cuenta de que, al menos, te hubiese gustado probarlo aunque fuese una vez. Nada.

A propósito del año nuevo

Todos los anteriores consejos también valen para el Año Nuevo chino

Tenemos nuevo año. Ya no hay villancicos. Las estrellas han vuelto a ser puntos pequeños en cielos negros. Los Reyes vuelven a ser muggles. Las luces de navidad se apagan.

Todo cambia, para que todo intente volver a ser igual a lo de antes. A aquel tedio que no nos quiere, a aquel capítulo veinte veces repetido. Al conformarse con estar como estamos, porque —solo con estar— todo está bien.

Rómpelo.

No le hagas caso.

Rómpelo.

Que tu propósito de año nuevo no sea un vacío a lo largo olvidado. Que tu michelín no tape tu felicidad. Deja de mirarte al oculto ombligo: mira fuera, porque puedes, porque sabes, porque quieres ser más y más.

No te vuelvas viejo solo porque los años pasen. Dile al cambiante mundo que tú corres más rápido que él. Y, con él, cambia.

Para mejor, cambia.

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Un comentario en “2016: razones para cambiar

  1. Pingback: ¡¡¡Cumplimos un año!!! | oscargonzalezsoto

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