La verdad tras el arrepentimiento por lo nunca hecho y otras palabras compuestas

Cuántas veces habremos oído lo de que te arrepientes mucho más de lo que nunca has hecho que de aquello que te ha salido mal.

Parece que estas dos situaciones van siempre de la mano, cual ying y yang blanco y negro que camina de espaldas a ti hacia un horizonte bicolor o inexistente. Sin embargo —y si bien puede ser una buena excusa para que nos atrevamos a hacer cosas que creemos que nos pueden salir mal—, lo cierto es que la primera parte le gana a la segunda porque, individualmente, la realidad que no ha podido ser es un auténtico prodigio del desorden de nuestra mente.

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Decía el Joker en El caballero oscuro ser un agente del caos.
Comparado con el pasado que no vuelve, es un aficionado.

Uno de los principales motivos es que el episodio que nos desmonta la mente suele ser trascendental en nuestra vida. Si bien nos puede pasar con cualquier situación, la realidad es que no nos paramos demasiado en cavilar sobre lo nunca tenido acerca de cosas de lo más corrientes.

No solemos perder el sueño pensando que de haber montado en el autobús anterior habríamos llegado a tiempo de ver entero el telediario, ni tampoco emborronamos sábanas con la no tragedia que nos supone haber comprado un tomate frito que en realidad no estaba tan bueno como su envase prometía.

Lo más frecuente es que este tipo de situaciones rompementes o rayadoras —que no rayantes— se nos dé con casos especiales de nuestras existencias, como haber tenido un accidente, elegir mal carreras o trabajos, dejar parejas, no haber tenido algo con otras o tener algo con quien consideras ahora es tarde para no tenerlo —aunque nunca lo sea—. Siempre estamos ante escenarios que han marcado nuestra vida, cartera o espectro social, y cuyo diferente devenir hubiese supuesto una realidad bien distinta. ¿O no…?

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Nosotros de no habernos equivocado en aquella ocasión: felices, rubios y con los dientes perfectos, con la persona de nuestros sueños (que además ha resultado ser una fantástica amante), nuestros hijos siempre sonrientes y nuestro fotógrafo que poco nos importa que sea caro porque somos riquísimos. ¿O no…?

Es evidente que la exageración en lo que hubiese podido acontecer de llevar adelante las cosas de distinto modo hace que nos imaginemos mundos extraordinarios que probablemente nunca hubiesen aparecido de forma semejante. La cabeza es muy traicionera en este aspecto, y siempre nos lleva a darle vueltas a las cosas para fastidiarnos más y más por lo que ya no tiene arreglo.

Las razones parecen estar relacionadas con el claro instinto animal del no tropezar dos veces con la misma piedra que el humano tan interiorizado tiene no tener en cuenta. El cuerpo no quiere que volvamos a cometer el mismo error de nuevo, así que nos taladra una y otra vez el recuerdo con una imaginación a nivel Disney-Pixar.

Por una parte, tiene su utilidad: la experiencia hace que en algunos casos no la volvamos a liar pasando nuestros datos bancarios para que nos ingresen esa jugosa suma de dinero por ser el visitante un millón de esa página a la que entramos por un pop-up. Por la otra, la realidad humana es mucho más compleja que la de una oveja que deja de intentar escapar al segundo calambrazo del pastor eléctrico que impide que lo haga. Difícilmente volveremos a encontrarnos ante una situación trascendental de condiciones casi idénticas a la anterior. Que sí, que en algunos temas, como diría el estado de WhatsApp de un colega, acabas haciéndote amigo de la piedra de tanto tropezar con ella, pero por lo general no es tan fácil como nuestra mente nos lo pinta.

Caso aparte, que pases de ella olímpicamente.

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Si la cabeza da muchas vueltas, tal vez se ha encendido para lavar ropa sucia

Que nos demos cuenta de que, a veces, comernos la cabeza es innecesario no implica que en ciertas circunstancias no tengamos que dar un paso al frente para romper con el error.

La mayor parte de las veces, ya no podremos cambiar esa situación traganeuronas, pero sí es cierto que existen multitud de ellas en las que por el qué dirán, por el no perder, por el orgullo, la cabezonería o el miedo, hacemos como que no podemos hacer nada cuando está en nuestra mano revertir eso.

A veces, el alcance de un sueño roto está en la palma de una mano hecha smartphone o cualquier otra cosa. Digno de pensar es tomar iniciativas acerca de ello, y tal vez eso sea lo que tu cabecita pide. Que luego decidas hacerle caso, recordar lo de que “te arrepientes más de…” (o no) y montarte películas falsas (o no) es cosa tuya.

Pero si puedes elegir, elige, no seas idiota.

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Venga, ¿qué opinas tú? ¿Eres de los que te comes la cabeza con el “Y si…” o de las víctimas del “Y si no…”? ¿Detestas las palabras compuestas como traganeuronas, rompementes o smartphone? ¿Conoces a quien sí, y que además pueda estar relacionado con el artículo?

Pues compártelo, o comenta, o esas cosas todas 😉

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Un comentario en “La verdad tras el arrepentimiento por lo nunca hecho y otras palabras compuestas

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

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