La decadencia de la opinión original en las redes sociales

En sus inicios, redes sociales como Twitter supusieron un referente de cómo, de tener algo que lo hiciese especial, el pensamiento individual de cada individuo más o menos anónimo tenía potencial para cautivar a masas de personas sin relación previa. Sin embargo, el paso del tiempo ha convertido a la mayor parte de redes sociales maduras en auténticas adoctrinadoras de pensamiento ovejil. Hoy analizaremos la venida abajo de la opinión libre en las redes sociales.

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Actual público de redes sociales mayoritarias

Aquellos inicios fulgurantes

Si bien Facebook sigue siendo la estrella de las redes sociales en cuanto a número y porcentaje de usuarios, lo de que se trate de una red madura desde hace años y años y ya en sus inicios se centrase en el cotilleo y la interacción de conocidos más que en la generación de propios y originales hace que no la considere entre los mejores ejemplos de la caída de la personalidad especial en los usuarios: fuera del postureo, nunca la tuvieron.

Caso aparte, por ejemplo, redes sociales como Twitter o incluso Youtube si la consideramos como tal, las cuales —en cuanto reunieron un número potente de usuarios— se dividieron maravillosamente en dos grupos definidos: los creadores de contenido y los lectores de contenido.

Por supuesto, poco puedo decir de esa gigantesca masa de usuarios que lo usan solo para leer y no ponen nada en ellas. Podrían ser desde maestros de escuela a blancas ocas con tablets: su opinión en la red es igual de nula y por lo tanto poco analizable. Caso distinto es el de los habituales creadores de contenido.

En un primer momento, representaron gran parte de los usuarios de la red, lo cual hizo nacer ídolos desde el anonimato por su simple habilidad para despuntar del resto de posteadores. Tenían opiniones claras y personales, basadas en su experiencia o gusto propio; contenido interesante y diferente; brillantez en la expresión y adecuación al público cada vez más sediento de contenido instantáneo. Cautivaban al resto, interactuaban bien y sabían gestionar el que hubiese quien los criticase con agudas reflexiones o comportamientos que les hacían ganar más y más prestigio entre sus crecientes lectores.

Con las nuevas redes sociales vivimos una época que, frente a los gastados contenidos de la televisión, hacía surgir de la nada a personalidades muy diferentes a los famosos que nos habían servido de referentes desde niños. Algo nuevo existía, nos seducía su naturalidad e ideas distintas, su no estar orquestados por un guion o una producción detrás.

Y no hablo solo de grandes fenómenos de masas, sino de gente anónima de pueblos de 25 habitantes que solo con el teclado consiguieron que cientos de personas se parasen a leer lo que decían por entender en ellos personas que valía la pena escuchar. Por originales. Por creativos. Por aportar algo que normalmente no se encuentra. Por tener una “voz” diferente y personal.

Que con la madurez de las redes se fue apagando.

Cuando el FAV se hizo MG

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En noviembre de 2015, Twitter dejaba atrás su característico FAV por el mainstream Me gusta. El gesto se convirtió en toda una bandera de la decadencia de personalidad de Twitter

Recuerdo que hubo una época en que ciertas redes sociales eran consideradas irreverentes. Por lo que se ve, la gente entendía el término como alternativo, hacer algo diferente de lo convencional.

Irreverente es ahora una buena parte de su contenido. Pero más convencional no puede ser.

El crecimiento de este tipo de redes a lo largo de los pasados años es brutal, que no asombroso. Como cuando se abre un modelo de negocio de éxito, en un primer momento hay poca gente; luego, cuando hay la adecuada, se disfruta muchísimo; al final, acaba viniendo gente que no le pega, para luego estar saturado, cambiado y lleno de propaganda de patrocinadores.

Y eso es lo que ha ocurrido con redes como Twitter o Youtube.

En un primer momento tuitero, la saturación de opinadores frente a lectores y el poco tránsito no hacía el lugar muy atractivo, pero en cuanto el primer ratio se compensó y el número de gente a la que le gustaba se hizo importante, el sitio se volvió genial. Con el tiempo, sin embargo, habrían de llegar todas esas ovejas que querían saber por qué el local tenía tanto ambiente y claro: no solo crearon nuevos ídolos de perfil Facebook o televisivo, sino que mandaron a un segundo plano a los que tenían verdadero potencial innovador, conduciéndolos al aburrimiento, la extinción, la venta de su esencia o al vestirse de cordero hasta olvidar ser lobo.

Algunos dirán que Twitter vive su mejor momento y nos vendrán con datos sobre número de usuarios, ratios comerciales y demás pamplinas. El Twitter original, promotor de personalidades diferentes, está muerto y enterrado.

Los tuiteros ya no son pájaros azules con estrella. Son loros regalando corazones falsos, repitiendo los mismos mensajes políticamente correctos en busca del retuit fácil. Gente sin opinión propia buscando una laguna en un mensaje para calificarlo de facha, machista y digno de lapidación, y así ganarse cinco seguidores y el aplauso de un nuevo y falso tuitstar.

La originalidad se fuerza, la esencia de pensamiento cualquiera pasa a ser calculadora Casio y los trending topics, un popurrí entre la parrilla televisiva y los titulares del telediario, bajo uno falso patrocinado por una marca de teléfonos móviles.

¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué hemos vendido la opinión original?

Y lo que es más importante… ¿adónde la hemos mandado?

El destierro de la buena opinión

Diversas fuentes de la investigación aeroespacial afirman que el fenómeno observado en las cercanías de Saturno podría tratarse de la opinión de calidad

En las últimas dos décadas vivimos un cambio radical en el modo de obtener opinión: pasamos de la suma de nuestro ambiente físico y los medios de comunicación tradicionales —en general, televisión— a la de estos dos más las redes sociales de interacción a elegir a nivel mundial.

Sin embargo, da la sensación de que la mainstreamización de las redes sociales más abiertamente universales como Youtube o Twitter nos está llevando a dar un paso atrás, reflejado en el poderoso avance de redes sociales más privadas o de contenido temporal como Snapchat.

La opinión abierta al gran público parece pues que va a quedar relegada un punto, manteniéndose su eficacia en dos casos principales: el de la opinión más corriente y la opinión de famosos.

Con la primera, me refiero a contenidos fáciles, con pensamientos basados en el refuerzo de lo que la gente quiere escuchar, que ocuparán el lugar de los antiguos opinadores de cierta referencia en lugares como Twitter. De hecho, muchos serán (y son) antiguos opinadores interesantes moldeados por el pensamiento de la masa y la presión social.

En cuanto a la opinión de estrellas —siguiendo el modelo televisivo y de la prensa rosa—, famosos y tuitstars vendidos a las marcas o a sus seguidores seguirán teniendo su puesto entre los principales leídos, como siempre ha sido.

La presencia de las antiguos reyes de la plataforma, esos tuiteros o posteadores de calidad y opiniones sólidas, bien valorados por su entorno pero poco conocidos, irán perdiendo valor con el paso del tiempo a no ser que se reconviertan a un perfil más aceptado por el seguidor medio (lo más usual últimamente) o se especialicen en un tema estable y muy específico que dominen hasta el frikismo.

Se está viendo cómo el surgimiento de comunidades en torno a series del estilo OUAT o Sobrenatural mantiene con vida a grandes grupos de usuarios en redes sociales

¿Habrá resurrección de la opinión original anónima de gran impacto?

A día de hoy, parece que va a ser difícil.

La comodidad para el lector más frecuente que supone centrarse en solo unos cuantos famosillos hace que el interesarse por usuarios de buena calidad pero pocos followers se reduzca a como mucho cinco por lector en la práctica totalidad de casos, lo que hace que en general no sea un modelo rentable para el opinador usual, que acabará renunciando al postear en medios de gran público.

Con el auge de las plataformas de vídeo —presente y aparente futuro de la opinión— y la obligación de atención para poder entender el mensaje al combinar el tener que mirar y oír, el número de seguidos de verdad, de los que se está pendiente, debería caer pese al aumento de tiempo dedicado. Por mucho que se consiga reducir el tamaño de los vídeos, difícilmente se generalizará el que los artículos de opinión en videoblogs se queden por debajo de la barrera de los cinco minutos.

Interesante es ver también cómo el tipo de opinador antiguo, con capacidad para la escrita, necesitará adaptarse al contenido vloguero con v a base de comunicación visual y medios técnicos. Esto hace adivinar el surgimiento de una élite en cuanto a opinadores, de físico y voz que guste a la cámara y el micro.

En otras palabras, el contenido original escrito de pocos lectores se enfrenta a la mayor crisis de su historia.

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¿Qué? ¿Me pongo ya a grabarme o todavía es interesante la opinión escrita? ¿Crees que la tendencia a pensar todos igual es positiva? ¿Que el ataque al pensamiento diferente a la media es una obligación? ¡Opina, comenta, comparte! ¡Haznos recordar esos tiempos en los que no pasaba nada por decir lo que uno piensa!

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3 comentarios en “La decadencia de la opinión original en las redes sociales

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

  2. Qué bueno que al fin toques un tema más “global” y no tan regional jaja 🙂

    Me encanta la imagen que escogiste como portada del artículo, siempre uso al rebaño para referirme a las masas, y siempre digo que a veces toca balar, mientras más fuerte… mejor. Tú mismo decías en otro artículo hace tiempo, que nuestra generación era la que más leía (el por qué lo sabes mejor que yo), y me atemoriza (en serio, no es exageración) pensar que la próxima generación será la que menos lee. Precisamente por lo que has comentado, la tendencia a seguir de ahora en adelante es preferir el contenido audiovisual por sobre el escrito. Quizá en el mismo ataúd quepa aquello de: “El verso medido está muerto” y agreguemos: “El contenido escrito está muerto.” Es solo cuestión de tiempo, y lo más triste, es que el rebaño siempre va a ganar la pelea. Uno no puede cambiar la forma de pensar de otra persona por mucho que le de razones válidas o testimonio plasmado en obras (a menos que seas Di Caprio en Inception). Así que bienvenidos a las puertas de la era audiovisual, abandonad toda esperanza de pensamiento propio; aquí, como diría Nach, hasta el lobo solitario ya se siente mal por serlo.

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    • Qué hay! =D
      El tema me apasiona, porque combina tres factores que comentas y a mí me parecen apasionantes.
      En primer lugar, el hecho del aborregamiento de la gente ante el estar sometida a los ojos de otra mucha, y la pérdida de su identidad a manos de la del grupo grande y ovejil. Lo segundo, cómo las redes sociales van pasando, cual producto, de originales a planas. Lo tercero, que la lectura se venga abajo.
      De los post teóricos que tengo que más relevante me parece.
      Gracias por estar! =D

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