Amor

Antes de nada, os pongo en alerta: esta publicación no se titula Amor por uno de mis queridos dobles sentidos o polisemias. No se trata de un nuevo y enmascarado homenaje al verano, ni de un canto a la vida con apariencia romántica. El siguiente va a ser el post más pasteloso hasta el momento en este blog, sin paliativos ni antidiabéticos.

Y no, no esperéis tampoco encontrar una nueva declaración fallida a una Preciosa con motivo de un nuevo día especial. Mis sueños son para el Whatsapp; los de muchos, para el blog. Y es que tras todo lo visto últimamente, tengo que escribir esto y dedicárselo a todo aquellos que alguna vez lo habéis sentido de verdad. Porque esto es un sentimiento que va más allá de lo personal. Porque pillarse es una cultura.

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Si da casi mil millones de resultados en menos de medio segundo, es que puede que la Wikipedia esté en lo cierto y sea algo universal

Creo habéroslo contado alguna que otra vez, pero cuando era un crío tenía un sueño barato: ganar un montón de pasta para tener una casa muy grande y contentos a mis niños y mi enamorada. Gracias a dios, un par de décadas después mi infantil cuñadismo sesentero queda atrás, pero sí que es cierto que yo venía romántico de serie. Tenía chica que me gustaba con 3 años, con 8 o así iba corriendo a casa para ver a la que me molaba pasar de camino a casa, estuve a punto de ir a otro instituto por la siguiente y desfiguré la firma de la posterior a base de besos cada vez que pasaba por delante de ella, colgada en mi habitación. Mejor no hablar de cuando llegaron las Preciosas.

Si los protas de Mario Casas se fusionasen con los de Richard Gere para tirarse a Bridget Jones, de su descendencia —metida en el cuerpo de Paul Rust pero con nariz humana—, saldría yo de aquellas.

Con el tiempo y los golpazos, sin embargo, aprendí a torcer el morro ante las canciones empalagosas. Los excesos de azúcar en película empezaron a hacer que tomase metformina con palomitas y empecé a ver a las chicas sin alas y aureolas en torno a su cabeza. Un día dejé de enamorarme y empecé a ser el uno más que el mundo quiere que seamos. A tener novias que quería pero no amaba y con las que me hartaba de hacer el amor sin lo del amor, ni lo de hacer, pero con efes y elles.

Y es que qué fácil es seducir cuando puedes mirar a los ojos a centímetros sin que tu pecho se abra al medio, ¿eh? Qué fácil entrarle cuando la tienes de frente, cogida de la mano entre una multitud pensando en otras cosas y no hay una luz vibrando en su rostro que te hace verla como la cosa más perfecta que existe y que, de fallar, podrías perder tal vez por siempre.

Exagerado. Lo sé.

No la vas a perder. Ella —con la que llevas el excesivo tiempecillo que ha hecho que haya dejado de gustarte para pasar a hacer saltar tu diafragma al verla— no va a romper la bonita amistad contigo solo porque le intentes entrar y no quiera. En todo caso te dirá un “Lo siento” que siente. Y tú. Como una patada en el estómago.

Pero no dejarás de poder hablarle, estar a su lado y demás familia. No la vas a perder de por vida: es solo que te habrás roto. Tu ilusión no premeditada se partirá al medio y sufrirás de sentimientos que por no ser pensamientos no controlarás ni podrás curar con nada en un buen rato.

¿Cómo no va a ser difícil entrar a alguien de quien estás pillado cuando te juegas un dolor inapelable?

El cuerpo es y no es tonto. No lo es porque te pone en alerta para que no te fractures un hueso del alma arriesgándote a la cobra más venenosa del mundo: la de la chica que te gusta. Pero por otro lado es gilipollas, porque si te dejases de historias y tuvieses la confianza para saber que nadie la va a besar como besa lo que tú la quieres, le romperías los reparos al medio. Y es que no le estás dando un anillo de bodas.

Tan solo la besas.

Estoy de acuerdo en que la parte instintiva del humano nunca ha sido una especialista en tomar riesgos por el bien de la felicidad de su dueño, pero —teniendo en cuenta que nuestra especie se ha caracterizado por sus constantes tropezones en la misma piedra, hacer apuestas absurdas o cruzar semáforos en rojo jugando al Pokémon Go—… ¿por qué el cuerpo no puede echarle un par y cumplir sueños?

Pues seguramente porque, aun sin correspondencia, estar enamorado es algo genial.

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“Me enamoré de ti por el millón de cosas que nunca supiste que hacías”. Pongámoslo en plural y presente, así jugamos todos. Nos enamoramos por un millón de cosas que van más allá de lo que nuestra amada o amado sabe que hace o —directamente— que nuestro amado hace. He ahí que el estar con él complete, realice, saltes. Pero he ahí también por lo que no tenerlo no es un trauma, teniendo en cuenta lo bonito que es amar.

¿Sabéis? Desde que me pasó, no hay un día que me haya ido al séptimo cielo sin que se me haya venido a la cabeza en algún momento del día. No hablo del amor, creo que entendéis a qué Cosa me refiero.

Y eso es alucinante.

Lo es porque los momentos en los que en mi boca o mente ha aparecido “cientuplican” a los que la he tenido. Veo escenas nunca sucedidas, sueño escenarios que nunca se producirán, finales alternativos a mis fracasos con base en “Y si”, proyectos de tarde que nunca llegaremos a disfrutar de ese modo ni parecido, conversaciones nunca pronunciadas que de recopilar me harían vender best-sellers. La veo en canciones.

Y no, insisto en que no veáis declaraciones, frustraciones o penas, porque si para algo pongo esto es para que se vea que el amor es algo mucho más grande que el tener a quien quieres. Que el ella y yo, que el nosotros y toda la tropa. Cuando estás pillado, vives inspirado.

Y, si te paras a escuchar las gilipolleces que dices mientras piensas en ella, es que entiendes cada letra empalagosa. Es que no puedes dejar de mirarla. Es que te deslumbra. Es que sabes que muera el amor o no, la querrás hasta que las estrellas se caigan del cielo. Y claro que morirías por ella, joder: si es que día a día te mueres por ella, ¡¿dónde está la sorpresa…?!

Pero adonde quiero llegar es a que eso no es solo por esa persona: eso nace en cada uno. Nuestros enamorados no son más que meros pozos que sacan afuera cada mar de sentimientos al fondo de nuestra alma. Un océano de caramelo solo de nuestro gusto, que nos puede sentar mal por el empacho, pero que también puede hacernos brillar como de otra manera sería imposible.

Así que, aquellos que aún amáis, aquellos que ya habéis seguido adelante y aquellos que lo empezáis a sentir, brillad. Ahora que muero de miedo porque se me acabe por el tiempo pasado, os pido más que nunca que brilléis por él.

No por esa persona. No por lo fallado. No por lo no alcanzado. No por lo perdido. No por lo llorado. No por lo robado, lo caído, lo inmerecido.

Por un momento, pensad en lo feliz que fuisteis por un momento y brillad por él.

Por el amor. Y por haber aprendido a brillarlo.

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4 comentarios en “Amor

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

  2. Podríamos hablar largo y tendido de este tema y doy por seguro que sería una agradable velada. Guardamos opiniones muy próximas en bastantes temas. Por lo que para no alargarme demasiado, me uniré a tu plegaria porque el mundo (individuo a individuo) brille de amor.

    Brilla, tú también, como ya haces.

    Le gusta a 1 persona

  3. Awwwwwwns no sé si será consuelo o desconsuelo, pero no me pareció tan empalagoso. Me identifico con una frase que escribiste: “conversaciones nunca pronunciadas que de recopilar me harían vender best-sellers”. Bueno, ya somos dos… cuando la imaginación se desborda, suele buscar encontrones románticos para imaginar. Del amor se puede hablar mucho, debatir mucho, y dudar mucho; pero al final, pienso que es el único camino que lleva a la verdadera felicidad, y que nadie puede escapar a él; porque el amor no se limita al de pareja. Así que, lamento dejar un comentario con tan poca substancia, pero mi decisión era bastante binaria. Escribir toda una antología, o solamente un comentario vago. Por el bien de ambos, escogí la primera. Saludos 🙂

    Le gusta a 1 persona

    • Disculpa la tardanza en la respuesta: creí haberla contestado.
      Cualquier comentario que demuestre cierto dominio de un tema no es insustancial; al comentar de un tema del que todos somos profesionales, cada comentario es útil.
      Gracias por estar! 🙂

      Me gusta

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