Por qué eres imbécil si proteges a gente tóxica

No sé si es por los constantes cursos de Comunicación y Habilidades Sociales o porque estamos más infestados de esto que de Pokémon Go, pero uno de los temas con los que más me topo es la correcta interacción con personas tóxicas. Si bien en posteriores post espero tocar este tipo de comportamientos con más profundidad, este va a estar dedicado a analizar las circunstancias y consecuencias de defender a quien practica este tipo de comportamientos.

En primer lugar, y pese a que espero hacer un post más grande en referencia al tema, me gustaría comentar brevemente qué son las personas tóxicas y sus comportamientos. Con ello hacemos referencia a gente con actitudes y conductas que, con menor o mayor intencionalidad, echan abajo la buena salud mental —e incluso física— de los que le rodean.

Tirando de entendidos del tema como Bernardo Stamateas, se habla de diferentes tipos de personas tóxicas, entre los que podemos encontrar personajes como el falso, el orgulloso o el agresivo verbal, a los que yo sumaría otras categorías como el egocéntrico o el “Soy así”.

Pero categorizar a estos chupavidas no es el tema de hoy. Hoy nos vamos a centrar en analizar cómo la gente nos empeñamos en mantener a nuestro lado a este tipo de elementos y los efectos que esto tiene.

egoísta y egocéntrico Brando.png

Creo que no hablo en desconocido idioma si expongo que encontrar a esta clase de personajes y situaciones a diario es una realidad. Cada vez que le pasa al de al lado se ve claramente. Lo vemos irse con su amigo que lo utiliza, se aprovecha de él, o insulta y demás, y como digamos algo nos exponemos a las reacciones más coléricas.

“Es que yo lo quiero.” “Es que él es así.” “Es que no lo hace por mal.”

Las frases son tan populares que seguramente las encontraríamos en un top 100 de más usadas en nuestra lengua, e incluso en nuestro diccionario particular. De hecho, quien esté libre de hacerlo, que tire la primera piedra.

Por otro lado, ¿es realmente útil?

Pongamos un visual ejemplo.

Borracho

X sale cada sábado con sus amigos, son un encanto. No obstante, uno de ellos siempre se coge unas cogorzas descomunales, acabando nuestro protagonista por estar de canguro suyo cada noche, volviéndole estas insufribles. Los amigos de X están hartos de esta situación y —tras reiteradas broncas al afectado— ya pasan de él, incluso dejando de querer llevarlo de fiesta; sin embargo, X siempre acaba tirando su felicidad a la basura por ayudar a su colega, por el día agradable (como el resto) y por la noche un completo imbécil. A la tarde siguiente se suma a la reprimenda, pero su amigo, tras los constantes “perdón” arrancados casi por obligación, repite una y otra vez cada fin de semana, al igual que X ayudándole.

Analicemos qué supone este tipo de comportamiento de X.

En primer lugar, ¿está ayudando a su amigo sacrificando su felicidad por él? Si su colega no recibiese su ayuda ni fuese invitado a salir —como el resto pide—, tal vez tomaría la determinación de evitar este tipo de comportamientos para volver a estar bien con el grupo. Con la constante tolerancia al comportamiento tóxico (en este caso, egoísmo puro), lo que X está haciendo es invitarlo a que lo haga una y otra vez, porque sabe que lo tendrá de colchón.

En segundo lugar, ¿está cumpliendo X su objetivo a la hora de salir? Cada noche tiene que estar arrastrado detrás de su amigo, haciendo de babysitter gratuita ante la mirada despectiva del resto de sus amigos. Tomando la determinación de no soportar el egoísmo del otro, tendría como resultado noches verdaderamente de fiesta. Principal motivo para salir, se supone.

Por último, ¿qué trato está dando X al resto de sus amigos? Los que se comportan, los que salen con actitud de pasarlo bien con sus amigos, tienen que soportar que no esté por alguien que solo se preocupa de sí mismo; tienen que verse constantemente afectados por las actitudes no solo del tóxico, sino de un X que se vuelve tóxico también a la hora de desaparecer tras el otro, pedir ayuda y demás. De hecho, numerosos casos nos hacen imaginar que, en una mala noche de estos, seguramente X no estaría para ellos.

Así pues y en definitiva, ¿es positivo para alguien el comportamiento de X defendiendo al tóxico?

No.

Ni para él, ni para sus amigos, ni para el tóxico siquiera.

Para nadie.

gente tóxica.png

Un comportamiento tóxico momentáneo es perfectamente entendible, pero en el momento que se extiende en el tiempo hay que atajarlo con dureza. No solo por el bien de los “intoxicados”, sino por el del propio chupavidas. Y esto no va solo por casos tan específicos como el del ejemplo.

Estamos hablando de gente que empieza a vacilarte día a día de coña y a base de “él es así” acaba por hacer sentir mal a los que le rodean, para más tarde quedarse solo porque no sabe comportarse con la gente que quiere. Estamos hablando de gente que llama la atención a base de decir lo mal que le va todo y —a base de que la compadezcan y  retroalimentarse— acaba deprimida y deprimiendo a todo aquel que le rodea. Estamos hablando de gente que se cree con la razón absoluta y acaba no siendo capaz de aceptar una opinión distinta, para acabar siendo un solitario al que los escasos que le hablan le siguen la corriente, que nadie quiere, pero cree que lo sabe todo y los demás son idiotas.

Este tipo de conducta de estoica resistencia por parte de los que los rodean seguramente venga de épocas en el que el mantenimiento de relaciones era imprescindible por estar siempre con la misma gente, como familia o vecinos. Sin embargo y a día de hoy, ¿es realmente necesario tal respeto a la falta de respeto a nuestro bienestar?

La respuesta clara, en una sociedad tendiente a la felicidad individual y con la mayor capacidad histórica de rotación de amistades, es que no. De hecho, resulta totalmente improductivo.

Así pues, desde aquí, invitar a afrontar los comportamientos tóxicos antes de que nazca la persona tóxica. Realmente, de esas —escorpiones que matan ranas— hay pocas.

Pero eso ya es otra historia.

_______________________________

¿Cómo llevas tú lo de lidiar con este tipo de gente? ¿Les cortas el rollo al momento o simplemente das la razón al artículo sin hacer nada? Comenta, comparte y lo de siempre. Bueno, lo de siempre no, mejor comparte y comenta 😉

Anuncios

2 comentarios en “Por qué eres imbécil si proteges a gente tóxica

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

  2. Pingback: Por qué las personas buenas no tienen derecho a días malos | oscargonzalezsoto

Comenta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s