Por qué las personas buenas no tienen derecho a días malos

Hoy vamos a tratar de analizar una de esas situaciones de poco explicable carácter que cada cierto tiempo encontramos en nuestra vida diaria: por qué los buenos de verdad tienden a quedarse solos en los malos momentos y los que siempre los están dando tienen constantes apoyos.

Imagen para incrédulos: los buenos también lo pasan mal

El bueno y el tóxico de la película

En este caso, vamos a dejar descansar a nuestro habitual personaje ejemplo X para darle la alternativa a B y T: el bueno de la película y el habitual tóxico o tocahuevos (podéis elegir la que os suene mejor).

B —arquetipo amenazado con la extinción en la realidad— es una persona supermaja, preocupada por sus amigos y siempre con una sonrisa en la cara. Como buena máquina de estar en perfectas condiciones, este personaje se caracteriza por llevarse bien con la práctica totalidad de la gente, siendo muy querido y valorado por su entorno y resultando habitual confidente, apoyo y consejero en caso de que sus allegados sufran de algún tipo de quebradero de cabeza.

En cuanto a T, tenemos al amigo causaproblemas, en sus múltiples versiones. Desde el que mete mierda por detrás al agresivo verbal. Del “todo me va mal-todo me va mal” al que hace sentir mal a todo lo que haya alrededor. Del jodenoches profesional a base de borracheras al jodenoches profesional a base de preocuparse por el jodenoches profesional a base de borracheras.

No es difícil encontrar gente de este tipo, ¿no?

Metafóricas máscaras que a la vez reducen la sensación de testamento

Cuando aparece el problema para los T

Pongamos pues que cualquiera de nuestros queridos ejemplos Ts tiene un problema relacionado con su punto débil o tóxico.

  • En el caso del metemierda por detrás, lo más probable es que de tenerlo encuentre apoyo en alguien con intereses comunes en la persona a la que mete mierda. Que haga equipo contra el tercero.
  • El víctima o “Todo me va mal” suele ser protegido por su núcleo de amigos, que suelen considerarlo una persona débil necesitada de apoyo para sobrevivir.
  • El agresivo verbal suele lidiar día tras día con problemas y discusiones, pero tiende a tener de amigos a gente con poco orgullo, permitiéndole el suyo superdesarrollado mantenerse bien mientras el otro no vuelve pensando “Boh, es que él «es así»”. Su mal comportamiento no le suele suponer perjuicios: será por Sheldons reales.
  • Tal y como vimos en Por qué eres imbécil si proteges a gente tóxica, lo más probable es que al jodenoches profesional lo proteja algún infeliz del grupo una y otra vez, ganando la atención que se suele buscar con ese comportamiento.
  • En cuanto al que abandona al grupo para proteger a este tipo de gente, se suelen escudar en que hicieron lo correcto: cuidar de su amigo. En caso de que el grupo lo castigue, siempre tiene al jodenoches en su majísima versión diurna como apoyo.

En otras palabras: los problemas relacionados con los puntos débiles o tóxicos conocidos por los amigos no suelen suponer mayor inconveniente para que a la gente de tipo T se le preste ayuda en caso de un momento de bajón o crisis.

Sin embargo… ¿qué ocurre en el caso de los B?

Cuando aparece el problema para los B

Sean héroes anónimo o superhéroes, siempre hay días malos para los buenos

Aunque el diccionario oficial de la amistad nos lleva a pensar que la buena persona es la que más muestras de apoyo recibe en caso de tener un problema, la realidad es bastante diferente.

El primer punto para que así lo sea es el silencio ante el problema. Mientras perfiles como El víctima, El agresivo verbal o El metemierda no van a dudar en hacer saber que están o han sido jodidos por algún lado, el habitual B se va a callar para no causar molestia al resto, volviendo difícil el que se vea su necesidad.

“Un verdadero amigo va a notar el problema”, diréis algunos, y por lógica puede parecer que sí. Sin embargo, la realidad tiende a ser bastante distinta.

Primero, porque difícilmente alguien se va a interesar por una persona que siempre está bien: se da por hecho que lo está, pues es parte de él, y uno no se centra en saber cómo está. Y, segundo, porque en caso de notar algo mal en esta persona, en lugar de preocuparse (como se haría en el caso del Víctima o del Jodenoches) y de forma incomprensible para la lógica de la amistad, se tiende a huir de ella mientras no recupere su habitual forma de amigo que siempre está bien.

¿Pero por qué se da esto? ¿Nos limitaremos a recurrir al clásico “es que la gente es mala”?

En realidad, la explicación parece asentarse en uno de mis puntos favoritos a la hora de explicar temas sociales: la identidad.

La inconcebible pérdida de identidad

Un niño bajito se va o viene ante un disfraz de Spiderman muy bonito inexplicablemente mal tirado a la basura (o algo así)

Las personas perdonamos muchas cosas. Llegamos a perdonar traiciones, abandonos, insultos, discusiones, infidelidades, plantones, vergüenzas y mil más. Pero si hay algo que el ser humano, por instinto, se vuelve incapaz de asumir es que alguien deje de ser quien es.

Un colega puede ser un hipócrita, un violento, un bocazas, un borracho insoportable, un cerdo o lo que quieras: una vez aceptado como amigo siendo eso, va a ser lo de menos. Ahora bien, como una persona esté caracterizada en la mente de alguien como “siempre fuerte” y demuestre “debilidad”, la mente humana la va a apedrear. A repugnar. A repeler.

Como a alguien lo tengas como “siempre feliz”, en el momento en el que no lo sea, tu cuerpo va a huir de él aunque tu sentido de justicia diga que no lo hagas. ¿Y qué supone esto? Que te sientas mal. Porque te sientes injusto, aun no sabiendo cómo evitarlo. ¿Y qué tiende a hacer el ser humano medio cuando se siente mal consigo mismo? Huir de lo que le molesta. Instintivamente.

He ahí por qué cuando las personas que siempre están bien están mal no haya nadie: porque el ser humano puede aceptar que una persona tenga defectos, pero no que una persona que nunca los ha tenido los tenga, que pierda su identidad.

Superman en el juzgado por tener alergia a la kriptonita y no haberlo dicho

En definitiva, perfectos del mundo, el precio a pagar por serlo es ese: morirse de pena y soledad el día que estéis mal. No esperéis ayuda porque difícilmente alguien acudirá (y, si acude, lo haréis sentir fatal, lo cual va en contra de vuestro código). Ser bueno no compensa más allá del espejo, ante cuya vuestra imagen solitaria sí tenéis derecho a sentiros orgullosos, aunque seguramente no podáis.

En cuanto a los que seáis unos desgraciados y le jodáis la vida a los que os rodean, no os preocupéis: solo daréis asco ante enemigos y vosotros mismos. Vuestros colegas aceptan que seáis pura mierda en ese aspecto.

Dicen que a largo plazo el mundo pone a cada uno en su sitio. En esto, no lo creo, pero bueno: para eso está la conciencia.

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¿Algo que aportar? ¿Eres de esa extraña especie que trata a cada uno como se merece? ¿Querías ser buena persona pero te diste cuenta de que no tenía excesivo sentido práctico? ¡Comenta, comparte, lava tu imagen o lo que sea necesario, que para eso están los botoncitos esos de por aquí!

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Un comentario en “Por qué las personas buenas no tienen derecho a días malos

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

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