Reflexión de un imbécil inculto en sábado de Ronaldo y fuegos de artificio

Era sábado, futuro puente de 1 de noviembre, un día espléndido. Acababa de cumplir años el lunes anterior y había visto suspendida la habitual pachanga de la semana de mi cumpleaños por la falta de uno para ser diez —no me preguntéis desde cuándo con 9 no basta para hacer el tonto un rato—. Resignado, pero con suerte, me encontraba en la cafetería a la que vamos a ver el fútbol este año, viendo como Ronaldo ponía máscara a su mala forma con un hat-trick sobre el Alavés en el que uno fue de rebote en un defensa y otro de penalti (tiró dos, así que la cuenta es clara).

De forma extraña en mí, no es que prestase demasiada atención al partido, ni tampoco al posterior del Atleti de un Carrasco inspirado: me tiré hablando con un colega de cuatro y media a ocho.

Pasadas las 7, ante un comentario no muy preciso por mi parte, entendió que para estar con alguien yo necesitaría que fuese una persona culta. Y yo me vi explicando que no era eso, que tampoco es que yo tenga una cultura excelsa.

Que lo que ocurre es que mis temas de conversación no son fáciles de encontrar.

 

A esas alturas de la tarde, habíamos pasado por la organización de la noche venidera, cómo el concepto de fidelidad occidental genera habituales problemas de pareja fácilmente solucionables bajo otro contexto cultural y cómo, para alguien acostumbrado a la producción de diálogo, la previsión de las respuestas de una persona ante unas palabras poco esperadas condicionadas por su medio y situación actual con la otra puede ser bastante trazable en base a la probabilidad.

Normalmente —lo vimos en el post de las primeras citas—, los temas habituales son más bien diferentes. Lo mal que está la política. Y lo mal que está el Madrid. Rajar de tus amigos y conocidos. Echar mierda sobre ellos. Contar qué has hecho esta semana (lo cual parece suponer rajar de quienes en ella estuvieron presentes).

A mí no me aporta. Porque la gente en general no trata de ser objetiva con la política. Porque una racha de veintipico partidos sin perder se traduce por “es que son unos chorreros”. Porque criticar a una persona sin buscar medios para que lo que considero que hace mal cambie solo me llena la cabeza de rencores que luego me hacen estar incómodo con ella. Y paso, joder.

Puedo decir que alguien ha hecho algo mal, pero intento explicar los porqués. Puedo decir lo que quieren oír, pero prefiero defender lo indefendible para encontrar una explicación mayor que la de “es gilipollas”, y luego convivir con él. Puedo ser un imbécil sacrificando mi crédito y coherencia ante otros si eso me da la capacidad de entender a quienes me consideran como tal una vez alcancen ese momento en el que el resto no les entienda; puedo serlo si, al final del día, mi mente es más grande que al despertar y mi corazón está tan en paz como antes de hacerlo.

 

Quizás por ello, siempre he buscado rodearme de gente con algo especial o que, al menos, supieran hacerme serlo más. Y no: eso no tiene por qué tenerlo la gente culta. Yo no busco tener a mi lado a quienes me hagan sentir que soy un idiota por hablar con mis amigos por las noches en vez de leerme a James Joyce. No, no busco que me digan que dedicarle tiempo a las “incultas” y únicas aficiones que comparto con mi padre es una pérdida de él.

A mi lado —ya sean parejas que hoy no quiero, amigos que ya tengo o compañeros que la suerte hace que te acompañen— busco gente que no sea gente, sino gente que sepa ser persona. Que busque entender a esa gente que a veces no lo es. Y que busque ser más que uno de ellos, siendo capaz de ser uno más cuando sea bueno serlo y uno menos cuando nadie sea capaz de hacer que lo sea.

Eso no te lo da la cultura por sí sola. Eso te lo dan las ganas de aprender, comprender y prender fuegos de artificio en la mente de la gente.

Algo para lo que los libros y las películas pueden motivarte, que el fútbol y la sociedad pueden robarte, pero que tú y solo tú eliges si hacerlo crecer.

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Un comentario en “Reflexión de un imbécil inculto en sábado de Ronaldo y fuegos de artificio

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

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