Cara Anchoa (o caranchoa, o cara-anchoa, o como sea)

Como no puede ser de otra manera, esta semana toca hablar del Cara Anchoa.

El caso Cara Anchoa (¿cuántas veces lo he dicho ya…?)

La verdad es que me parece una lástima tener que darle visitas a este señor, pero bueno, al menos así se nota que no he generado una primera opinión a mi conveniencia:

Dado que se lo ha cargado, cómo no, habrá que recurrir a una de las copias que circulan por la web:

Repasemos lo que acabamos de ver (quizás aquí con mi narración ya un poco condicionada).

Nuestro original protagonista —o antagonista, según el caso—trata de repetir una supuesta broma de cámara oculta vista ya como veinte veces: la de solicitar una información a un transeúnte y utilizar un insulto como apelativo del preguntado. En un primer momento, el aludido —trabajador de reparto en plena jornada laboral, papeles en mano— reacciona educadamente a la hora de dar indicaciones al chaval. El chico pasa pues a insultarlo, llevándose correspondiente bronca y amenaza. El chaval miente diciendo que se trata de un trabajo de la universidad para escaquearse (como él mismo reconoce más adelante en el vídeo). Este, sin embargo, le explica la poca gracia que le hace —puño apretado y gestos airados en ristre— para luego hacer amago de irse, momento en el que el chaval dice algo con un silencio en medio que hace que el trabajador se gire y le suelte la bofetada a mano abierta motivo de la polémica. El chaval sale andando mientras el tipo se va.

Posteriormente, asistimos al para mí verdadero motivo del post. El chaval aparece cual personaje de Telecinco a punto de entrar en plató saliendo del hospital papeles en mano y rótulo clamando venganza: una denuncia a la policía con un parte de las lesiones que le ha producido el bofetón. En una perorata mesiánica, ya en su casa, defiende su actuación y clama contra la violencia incoherente del agresor, así como que hará que la justicia ponga en su sitio a este desalmado vestido de repartidor que tras el corte “se puso a perseguirlos hasta motivar que tanto él como el escondido cámara tuviesen que salir corriendo”.

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Las reacciones no se hicieron de rogar ni por parte de detractores ni de partidarios. Trending topic, cadena de WhatsApp, carne de meme. La polémica, clara y múltiple: si te dan una hostia por insultar a alguien, ¿prima la no agresividad o el que alguien se vaya de rositas ante una agresión verbal indiscriminada a alguien que te presta ayuda?

Analicemos puntos a favor y en contra.

A favor de la bofetada

Analizándolos, la cantidad de elementos que conducen al sonoro desenlace vuelven este resultado totalmente predecible.

En primer lugar, dado el sujeto sobre el que se realiza la “broma”, en plena faena en un puesto de trabajo caracterizado por el estrés y la constante necesidad de acabar rápido. El hombre decide obviar su apuro por ayudar a un desconocido perdido, acto casi universal, pero no por ello falto de altruismo. ¿Qué recibe a cambio? Un insulto.

La gente ya nos tomamos bastante mal los desagradecidos. Pero que te insulte alguien sin motivo cuando le has ayudado suele ser motivo de seguro enfado. Supongo que el instinto nos lleva a querer corregir un comportamiento injusto y ofensivo sin razón.

El caso es que el humano moderno ha llevado a unas habilidades que le permiten evitar la violencia en estos casos. Los registros de reacción llegan a ser muy variados: desde el que te devuelve el insulto al que se le queda una risita tonta, pasando por mirada de desprecio, bronca o amenaza, seguramente los más comunes y los que vemos en este caso. Porque muchos se quedarán con que este hombre le ha dado una bofetada al chaval por insultarlo, pero eso será porque no han visto el vídeo: el hombre no le pega como reacción a que lo insulten tras prestar ayuda, sino que lo amenaza.

El trabajador no sabe que le está mintiendo, pero otro motivo de defensa —aunque no tan común— es que, en este punto, el chico le miente descaradamente para zafarse de la responsabilidad de la reprimenda a su acto. Y lo hace escudándose en una motivación académica: en que es un trabajo para clase. El gesto es de una cobardía para mí digna de bronca aparte, y demuestra que este chaval no es capaz de asumir las responsabilidades de sus acciones. En las declaraciones posteriores defiende (con mayor o menor razón) la legitimidad de su broma, sin embargo, en ese momento no se le ocurre hacerlo. ¿Por qué no, si tan seguro estás de que no has hecho nada malo? Porque cuando tiene que actuar rápido, el verdadero pensamiento acude a su cerebro y, con su acto de engaño, nos demuestra que en su fuero interno sabe que lo que ha hecho le ha conducido a lo que con la mentira trata de evitar: que el otro le dé.

En cualquier caso, el verdadero punto a favor de la bofetada llega con la realidad posterior a la bronca, y es que aunque el chaval pide perdón una y otra vez, no lo siente en absoluto, volviendo a insultarle. Por mucho que la edición del vídeo trate de ocultarlo, la reacción del empleado dándose la vuelta indignado cuando ya se iba, más sosegado, nos deja claro que algo ha pasado ahí. La repetición del término por parte del agresor sin venir a cuento en ese momento, lo acaba por volver muy, pero que muy probable.

Así como la ausencia de arrepentimiento deja claro que el susto no le ha valido para nada y va a seguir haciéndolo. Y es que esto no le ha pasado con el primero que lo ha hecho: este chaval ha hecho la broma a personas y a personas que no han reaccionado así. Como en toda distribución distribución normal, el extremo acabó llegando (y saltando a la fama, claro).

Fuera de sus cabales, el empleado lo golpea en la cara a mano abierta, en el clásico gesto de castigo físico aleccionador más común entre adultos: aquel que en un altísimo porcentaje de los casos (no por ello más tolerables) supone un dolor instantáneo fuerte y de corta duración sin mayores secuelas. Ni le mete un puñetazo, ni le parte dos dientes, ni lo muele a patadas. Utiliza un método usado para adoctrinar desde tiempos inmemoriales y no hace mucho desterrado de lo políticamente correcto.

Tal vez hubiese sido más adecuado que le hubiese tirado de las orejas. Pero dudo mucho que se hubiese atrevido a colgar el vídeo. Y a la mayor parte de los que consideran adecuado el escarmiento la bofetada les parece lo merecido.

Más si cabe con el victimista discurso de después.

En contra de la bofetada

interesadas

El agredido tiene sus fans, aunque no seguramente las de esta imagen, portada de otro de sus vídeos

Si bien exponer la primera parte de los argumentos defendiéndolo me resulta fácil tirando de la corrección política y lo que hay que decir para quedar bien en el mundo de la no violencia, dar más razones me resulta complicado si solo me quedo en mi posición.

“No se pega.” “Pegar es malo.” “La violencia no soluciona nada.” “Es exagerado.”

Supongo que es bien defendible que hay mejores argumentos que una hostia en la cara para hacer cambiar la actitud de una persona (solo hay que ver mi post de la semana pasada). Además, nuestra Ley tiende al castigo a la violencia física con independencia del detonante, mientras la verbal se la suele soplar mucho, así que —tirando de diccionario legal—, puede que el repartidor haya hecho mal (aunque no hay mal que por bien no venga, ay, qué tos más tonta).

La otra gran defensa, que me cuesta exponer, es la del entretenimiento, bastante común entre quienes protegen a este youtuber.

La broma de cámara oculta nació hace ya bastantes años, basando su funcionamiento en el forzar a una persona a una situación poco habitual para ver su reacción. Las bromas eran en un principio inofensivas, y pasaron a ser bastante creativas y elaboradas con los años, hasta llegar a un punto en que su “inofensividad” se perdió de tanto deformar su esencia.

Solo hay que comparar el intento de broma de este señor con otros experimentos de cámara oculta modernos totalmente inocuos:

No me cansaré en la vida de este vídeo JAJAJA

Ya desde hace tiempo, YouTube se ha hecho con la capitanía de las bromas de cámara oculta de mal gusto, siendo especialistas en el género un porcentaje relevante (que no muy alto, como otros se empeñan en hacer creer) de youtubers para público adolescente. La polémica de las primeras actuaciones de este tipo generó unas visitas que hicieron que muchos recurriesen al modelo, dando lugar a un grupo de consumidores de estos contenidos que perdieron el concepto de los límites de lo que se puede hacer o no a alguien en una situación de realidad no condicionada.

Es decir, gran parte de los defensores incondicionales de este chaval consideran que si uno va por la calle e insulta a alguien repetidas veces es merecedor de unas ostias; pero, si ven a un youtuber hacer lo mismo grabando, creen que no hay derecho a pegarle.

Para una persona criada fuera de esa cultura —como puedo ser yo mismo, que la he visto, pero no mamado— que una cámara te esté grabando o no cuando cometes un acto contra otras persona como puede ser insultarle, pegarle o hacer desaparecer una moneda que te ha dejado para un truco de magia tirándola al quinto coño es irrelevante: es un comportamiento ofensivo contra otra con independencia del entretenimiento que suponga y, si la otra quiere, tiene derecho a tomar medidas contra ti (que no tienen por qué ser violentas, cierto, ya que entonces las medidas pueden ser mutuas).

Sin embargo, para aquellos criados por este tipo de entretenimiento ofensivo para los participantes, el espectáculo parece estar por encima de la dignidad, y eso puede ser un argumento, lo comparta yo o, como es el caso, no.

Conclusiones caranchoístas

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El vídeo de este señor se convierte con su polémica en una nueva muestra de la situación de desconcierto de la sociedad actual ante el castigo justo. Si bien las nuevas tendencias de castigo de no violencia se imponen, en casos extremos como este se relaja bastante el límite de lo tolerable en la mayor parte de la población, volviendo hacia la coherencia instintiva o al medievo según quien opine. El caso de los que consideran ausencia de falta en el comportamiento del youtuber, toda una demostración de que las posturas a día de hoy están más dispares seguramente que nunca, en medio de una vorágine de entretenimiento y formas de culturizarse cambiante e impredecible.

¿Qué opinas tú de la bofetada?

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2 comentarios en “Cara Anchoa (o caranchoa, o cara-anchoa, o como sea)

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

  2. Pingback: Un blog de mierda | oscargonzalezsoto

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