La felicidad que se mide en siempres

Mi trabajo me ofrece alicientes de los más variopintos. Esta mañana, sin ir más lejos, me topé con el tema del post grabando vídeos y tomando fotos en un taller de empleo impartido por dos compañeros.

Una de ellos —Saray, psicóloga— exponía ante la audiencia uno de los conceptos típicos de la motivación para la búsqueda de empleo: la felicidad en el proceso. Presto a intervenir, uno de los asistentes se arrancaba en una defensa a ultranza de que la felicidad no es algo que puedas alcanzar con ese tipo de cosas. Que la felicidad es un algo solo adquirible a través de lo espiritual y que —si bien se puede estar feliz en momentos puntuales— su mantenimiento a través de un periodo es imposible.

En el episodio de hoy: “soy feliz”.

perdiz_roja

Más que una de estas

Tal y como la que el alumno tan bien defendía, existe una creencia muy extendida de que la felicidad no puede ser un estado.

Estamos viendo esa película que tanto nos gusta y parece que la chica de clase alta va a encontrar el amor y la libertad en el pobre pero intenso joven que se ha ganado unos billetes para el trasatlántico en una partida de cartas. ¡Qué felicidad cuando lo ves subidos a la proa del barco con los brazos en cruz con sus figuras para besarse con una partitura de James Horner de fondo! ¡Qué calentón cuando ves esa mano pegarse en el cristal empañado del coche de época!

Pero no: vivimos en un mundo de momentos y… ¡zasca!: iceberg. Y… ¡zasca!: Cerca de ti, señor. Y… ¡zasca!: flotante y gigantesco cabecero de cama en el que no caben dos personas del amor tan grande que se tienen.

La felicidad, como el amor entre Jack y Rose, es efímera. Sales del cine encantado, llorando pero feliz porque “qué peliculón”, porque “qué bonito”, porque te han dado ganas de que saquen una película de El diario de Noa, pero nada, porque ya estás en casa y hay que dormir, que hay que madrugar para ir al trabajo, mientras una voz rancia te persigue en la almohada:

«Cabían los dos perfectamente…»

ron

Yo he sido un chico tristón en ciertas etapas de mi vida (por fortuna para una parte de mí, ya no queda nadie que lo recuerde ;)), pero, no sé, llegó un momento en que me di cuenta de que era gilipollas. En que supe que no iba a morirme, como en mi mundo de fantasía adolescente seguramente quería, y en el que me percaté de que tenía dos opciones: estar jodido o estar jodiendo intentar estar bien.

Y, valga la redundancia y la zafiedad, ¡joder!: me hice experto.

Porque si algo tengo que decirle a la gente que asola a quien la rodea con límites autoimpuestos sacados de un nuevo libro de Masterchef titulado Las mil recetas amargas del buen cuñado es que practique la escucha activa o se largue.

Claro que no podemos ser felices constantemente. Claro que a veces nos fastidian, no apetece, estamos cansados. Pero vamos, ¿me va a decir alguien que no puedo ir feliz por la vida y convertirlo en hábito?

¡Qué poca apertura mental!

venda en los ojos.jpg

O qué pedazo de venda en los ojos

Mirad: yo no sé si es fe o engaño. No sé si es truco o magia. Si es ilusión o simple falta de dos dedos de frente.

Lo único que sé es lo bien se está aquí.

Aquí donde el trabajo es hacer equipo con el de al lado, aunque cada uno esté a lo suyo. Aquí donde uno va a comer y resulta que todo está de muerte. Aquí donde el coche hasta casa no es atasco, sino canciones a grito pelado. Aquí donde los lunes implican revivir el domingo con los colegas.

Aquí, donde hace frío, pero al menos no llueve; o donde llueve, pero al menos no hace frío. Aquí donde no es que la peli sea mala: es que es malísima, y me parto. Solo o con los amigos, que son los mejores, porque son los míos. Aquí donde no hay amores no logrados, sino epopeyas hacia un sueño que siempre ha valido la pena.

Y entonces, ¿me va a decir alguien que la felicidad no puede ser un estado, cuando el no serlo solo son cuatro baches en mi camino?

Pues que haga cálculos. Que ponga electrodos. Que grabe vídeos y vuelva a usar grabadoras para darle más retintín. Que me muestre sus evidencias. En Powerpoint. Y que acabe determinando que lo mío es solo optimismo, positividad, estupidez o concatenación de breves instantes de felicidad.

Adelante, que lo haga, a ver si eso le da su felicidad medida en segundos a cronómetro.

Yo me he deshecho de ese reloj hace mucho, mucho tiempo.

En mí, la felicidad es lo único que sigue contando.

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3 comentarios en “La felicidad que se mide en siempres

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

  2. Qué tal colega, el mejor post que te leo en un tiempo (a mi gusto). Y desafortunadamente (es solo mi opinión), discrepo por completo y apoyo la moción de que la felicidad es efímera jajaja. Muy distinto es, disfrutar el camino que te lleva a la felicidad, y muy distinto es verle el lado bonito a las cosas siempre, y ser positivo, y ser alegre, pero la alegría y las buenas vibras no involucran felicidad. Quizá todo viene a parar a la definición que uno tenga de felicidad, en lo personal pienso que al igual que el amor, la felicidad es un concepto que no se puede definir, porque definir es limitar. Pero sí que se puede intentar comprender, y para mí la felicidad es un estado del alma, algo que se consigue estando en paz con uno mismo y con nuestro alrededor, algo que te hace por un breve momento dejar de ser humano. Partiendo pues, de la idea en la que el ser humano cambia constantemente, cambia también su alma, por lo que esa paz que uno consigue tarda poco tiempo, provocando el estado de felicidad como algo efímero, y también, algo independiente al estado de ánimo de cada quién. Me atrevería decir con miedo a cometer blasfemia, que ha habido momentos de mi vida en los que estoy triste, pero soy feliz. En fin, en resumidas cuentas me gusta ver la felicidad como algo efímero, porque las cosas efímeras son también las más valiosas en la vida, y si la felicidad no fuera lo más valioso que hay en la vida, poco o ningún sentido tendría luchar para alcanzarla. Claro que, al igual que a vos, me gusta disfrutar del trayecto sin importar si llego a mi destino o no. Y eso, quizá, también sea felicidad.

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    • Yo llegaba a la misma conclusión con uno de mis compañeros, también presente en el taller de formación: creo que es una cuestión del significado que cada uno le da.
      Pero, para darme ventaja, diré que considerar la felicidad como algo alcanzable de forma estable hace que pueda vivir uno de mis principales objetivos como persona (ser feliz) cada día 😉

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