1 de feliciembre

(A Balb)

Suelo comentarlo con cierta frecuencia. Para mí hay un día en el año en que salgo a la calle y algo ha cambiado, para mejor. O para perfecto.

Salgo a la calle y el cielo es azul. Pero no azul por no haber nubes: azul de verdad, del que se siente más azul porque lo de abajo es más verde y la luz de arriba más amarilla. Me acaricia. Hay un día en el año en que el sol deja de ser frío y te da la caricia más positivista que vas a recibir en todo el año. Yo lo miro con los ojos cerrados, y su beso me cubre los párpados mientras me pellizca las mejillas. Yo sonrío, y aparto el rostro a la calle. Que ha olvidado sus fifty shades of grey para ser de nuevo brillante, como un filtro de Instagram de los que solo se usan en invierno. Se acabaron la dependencia, el sado y las sombras: cuando ese día llega, las sensaciones recuerdan a Lázaro.

Yo avanzo por la calle aún con la ropa de abrigo que por instinto aún llevo. Pienso el clásico “estar encerrado con este día es un pecado” y agradezco la casualidad de que esté fuera. Firmaría tener que salir antes del trabajo, faltar a una clase o dejar el estudio por volver a vivirlo una vez más, pero es que ese día no es predecible, ese día no lo encuentras tú: te encuentra. Aunque tú seas quien lo descubre, fascinado. Es primavera.

No una primavera de calendario, ni hierba, ni arcoíris. Es primavera del alma, esa sensación de que tu pecho amanece de una hibernación que nadie percibió por ser tiempo de silencio. Entonces sabes que estabas triste, que las cosas no están todo lo bien que podían. Pero eso ahora ya pasó, y sonríes porque lo que estás viviendo en ese rayo de estrella que cae en el mundo desde tu alma es suficiente para dejar atrás cualquier miseria: en ese día, los que lo sentimos somos la luz del universo y las calles brillan por nuestros pasos de resplandores.

El sol cae en la cara de mi sonrisa, todo a mi alrededor me acompaña a 1 de feliciembre. Tal vez porque ellos también lo sienten. Las chaquetas, que van bajo el brazo y los abrigos, que no entienden por qué han salido hoy del perchero. Deja de haber lugares que nunca ven la luz, escondidos entre los callejones que cada vez se estrechan más a los lados y sumideros que no tienen ya a agua que tragar. No hay lluvia, ni en la ropa, ni en las caras, ni en los ojos. Los dramas han dejado paso a las comedias románticas: Hudsons y MacConaugheys sonríen por todas partes. Y no porque cada belleza que te cruces sea perfecta dentadura con buen cuerpo, labia y corazón. Es que ahora que los brazos vuelven a notar la luz, cualquier persona vuelve a ser bella. Joder: yo soy feliz entre tanta belleza.

Me recuerda que un día fui más joven, que un día fui perfecto; young and beautiful como una canción de Lana del Rey limpiada del regusto amargo. Sé que ese día también era uno de estos, y siento que lo vuelvo a ser por un momento, siéndolo.

Y ahí sigo, ciudad adelante, viendo el mundo nacer de mí y a mí nacer del mundo, para bajo el sol que va cayendo muy muy lento, aunque nunca ya de mi recuerdo de la existencia de este sueño hecho tarde de marzo.

En la que sabes que todo irá bien. En la que sabes que ya no hay nada que temer. En que la gente es preciosa, y el amor solo una decisión a poder tomar cuando tú quieras.

En el alma, como en un anuncio de El Corte Inglés, ya es primavera.

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Un comentario en “1 de feliciembre

  1. Pingback: 2 años! | oscargonzalezsoto

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