A solas: tomar algo y la libertad de expresión

La pasada semana, un buen amigo me pasaba el siguiente vídeo de minuto y pico, de la campaña de Heineken Worlds Apart:

Casi lloro.

Obviamente lo de tomarse una cerveza es lo de menos. Quién sabe también cuántas personas se habrán marchado tras las declaraciones del otro o cuántos se quedan por aparentar. Pero con lo que yo me quedo, y a lo que dedicaré las dos próximas entradas, es con que la sociedad siempre nos aferramos a las diferencias para alejarnos del de al lado cuando, en general, tenemos mil cosas diferentes en las que coincidimos, siendo mucho más abiertos a las opiniones fuera de nuestra norma en el uno para uno. Hoy hablaremos precisamente de esto último.

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Que salte la alerta de vídeo inadecuado en un vídeo tan limpio como el que acabáis de ver arriba ya hace entender la falta de posibilidad de expresión de nuestra actual sociedad occidental.

Como hemos comentado en post previos, la corrección política vive un periodo casi represivo. Escudándose en ella, quienes no toleran opiniones distintas a las suyas limitan el que los pensamientos polémicos sean exteriorizados. En conversaciones grupales, la presión social se encarga de mantener las ideas bajo la misma corriente, ahogando las individuales, mientras que las redes sociales linchan a cualquiera que haga un comentario que las personas con mente de ovejas consideren fuera de lugar.

Por el contrario, en el vídeo podemos ver, simulada, una de las escasas situaciones en la que la libertad de pensamiento aún tiene algo de cabida: el uno para uno. Cuando dos personas quedan y tienen que estar un rato juntas, se produce una especie de vacío legal para la represión social del pensamiento ovejil, del cuñadismo, de la corrección política más autoritaria, de las banderas de movimientos sociales que luchan contra los valores de otros en vez de dar a ver los suyos propios.

Por supuesto, hay gente que ni así va a dejar ser uno mismo. Gente que ni siquiera va a serlo ella, disfrazada de estandarte de lo que hay que decir y no de lo que de verdad lleva dentro. Pero, normalmente, en ese uno para uno vamos a ver una realidad que nos han intentado tapar a base de opiniones sobre la sociedad en vez de sobre los propios individuos: el ser humano, individualmente, uno para uno, quiere entender a la persona con la que comparte conversación a solas.

Y eso es maravilloso.

Dos-personas-hablando-al-atardecer

No voy a alargar más mi post de hoy. No lo voy a hacer porque creo tan firmemente en ello que solo tenéis que probarlo.

Escoged a la persona que queráis. Mejor dicho: escoge a la persona que quieras. Siéntate con ella en una terraza —o en una cafetería o en una mesa de restaurante, qué más da— y habla. Habla. Habla. Y cuando la conversación se vaya a un punto en el que las diferencias puedan emerger, debate. Y si te salta con un comentario que intente cortar tu expresión, no le sigas la corriente, y razónalo. Hazle ver por qué piensas así aunque “no tengas derecho” a pensarlo. Ahí verás que la otra persona, en la práctica totalidad de las ocasiones, va a escucharte, esté de acuerdo o no, y va a opinar con libertad de ese tema.

Podéis llegar a un acuerdo, podéis no llegarlo. Podéis aprender algo los dos, uno o ninguno. Podéis llegar a conclusiones que ni uno ni otro hubieseis esperado. Pero lo más importante es que, salvo raras excepciones, os daréis cuenta de que aún queda un lugar para poder ser libre de hablar de lo que uno piensa. Uno donde poder escapar del pensamiento de ovejas en el que la sociedad —bajo diferentes banderas, partidos, manifestaciones y movimientos— nos intenta encerrar. Ese lugar es a solas frente a otra persona.

Mientras dos personas podamos quedar, nuestra libertad de pensamiento siempre podrá crecer entre su maleza.

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2 comentarios en “A solas: tomar algo y la libertad de expresión

  1. Poco que decir, puesto que estoy completamente de acuerdo.
    Al ser una persona que habla poco y escucha mucho, me he llegado a dar cuenta de cómo varía la opinión (o a veces simplemente la forma de explicar algo) de una misma persona según el interlocutor que tenga delante, haciéndome plantearme el porqué de esa actitud.
    La única respuesta que he encontrado por ahora es que uno explica las cosas como cree que el otro quiere oírlas, por insignificantes que sean.

    Le gusta a 1 persona

    • Estando a solas, prima la empatía y el estar bien con la otra persona sobre el imponer las ideas generalistas sobre el de al lado. Ese “como cree que el otro quiere oírlas” abre en sí la mente, ya que tienes que ponerte en el lugar de la otra persona, con lo cual te resulta más fácil entender el funcionamiento del pensamiento que no compartes.
      Gracias por comentar! 😀

      Me gusta

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