A solas: dos personas, mucho más que una idea opuesta

En el post de la semana pasada hablábamos de que, en general, la gente tiene mucha mayor capacidad de expresión cuando habla a solas con otra persona. Toda una escapatoria a la represión de ideas fuera de la norma de la sociedad actual. Hoy vamos a tratar otra de las principales conclusiones que podemos sacar de la ya citada campaña de Heineken Worlds Apart: el que las personas somos mucho más que un solo tema intolerable.

El vídeo, e insisto en mi apreciación del anterior post, es una excepcional muestra de la realidad del individuo en uno para uno con respecto a frente a la sociedad, por mucho que la situación tenga el carácter de experimento. Hoy vamos a analizar otra de las circunstancias vistas en él.

En determinado momento la chica trans dice “Nos conocemos muy bien para habernos presentado hace 10 minutos”, a lo que el tránsfobo responde con una sonrisa contenida de altísima sinceridad y comprensión.

El momento es excepcional porque para la actual sociedad de las redes, de la corrección política y todos estos supuestos avances, estas dos personas serían enemigos acérrimos sin ningún tipo de excusa. Al menos no desde el instante en el que el otro lo sepa. Sin embargo, este momento llega y vemos que la chica trans acepta al momento la cerveza y el tránsfobo incluso bromea con la supuesta seriedad del tema para luego aceptarla entre risas a las que se unen las de ella.

La lección para aquellos que fomentan el desprecio, la rivalidad y el odio es tan grande que ya me gustaría ver sus caras. Porque ellos seguramente nunca hayan visto una situación fuera de la teoría, y si la han visto la han tapado entre toneladas de panfletos, tweets ovejiles y vendas de lo que les han enseñado gente que tampoco ha visto una situación real.

worlds apart heineken

Lo que vemos en este extraordinario acto son varias cosas.

La primera es el saber diferenciar entre una persona y una idea odiosa de una persona. A las personas las forman sus ideas y valores. Pero todas, no una. Lo grupal nos invita a catalogar y a quedarnos con tres o cuatro etiquetas diferenciadoras, en especial negativas. Por eso en cuanto una persona que conocemos de segunda línea (por redes, por la tele, por coincidir un día en una fiesta) hace un comentario “inconcebible” para las creencias de alguien sometido a la intolerancia del sistema deja de tener todos los valores positivos de golpe.

Sin embargo, cuando eso nos pasa con un colega con el que tenemos una relación personal —especialmente, con los que hemos tenido conversaciones de cierta intimidad en uno para uno—, entendemos fácilmente que esa cosa odiosa no es más que una característica asquerosa de esa persona, pero no definitoria para romper nuestra relación. De hecho, lo más probable es que tratemos de evitar el tema o ir al debate para entender las posiciones del otro.

Nada que ver con lo que la teoría que nos están metiendo en redes, medios de comunicación y otras herramientas del sistema, fomentando el romper inmediatamente relación para pasar a la guerra con esa persona.

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Las personas somos mucho más que una idea diferente a las de otros. Somos gestos, somos el estar cómodos con los demás. Somos el haber pasado por cosas juntos. Somos sensaciones.

En el vídeo se ve claramente: no por tener ideas diametralmente opuestas en un tema tenemos por qué romper una relación. Obviamente, ante un comentario machista sincero y para mí no justificable de un colega, lo voy a mirar mal o le voy a decir algo. Lo mismo ante cualquier otro tipo de acto que ataque mis valores (prejuicios, odios gratuitos, malas educaciones). Pero lo que para una persona madura y con dos dedos de frente no tiene sentido es abandonar la sala al instante sin dar un punto de vista o sin buscar por qué el otro piensa así, por mucho que cuatro teóricos del pensamiento mediático y redsociálico nos lo hayan intentado meter en la cabeza.

Somos personas. Y las personas, por instinto, no reaccionamos así en un uno para uno. Porque, primero, tenemos muchas más cosas en común que en contra. Y porque a solas, lejos de toda su mentira, somos mucho más abiertos y tolerantes de lo que la sociedad nos empeña en vender, eso sí, bajo las hipócritas banderas de que debemos ser abiertos y tolerantes.

Doy gracias porque ejemplos como el de este vídeo hagan ver a esta gente que solo cree en lo que ve en una pantalla realidades que de otro modo tal vez nunca encontrarían.

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