6 ideas clave para una jornada de conferencias perfecta

El pasado jueves estuve en Vigo representando a mi antigua entidad en una jornada sobre buenas prácticas web llevada adelante por la Fundación Barrié. Todo un ejercicio para conocer la realidad del tercer sector en el entorno digital. De hecho, lo considero como una de las mejores reuniones de este tipo a las que he asistido en los últimos años. ¿Por qué?

Hoy analizaremos, a partir de lo visto la pasada semana, qué elementos tiene que tener una buena jornada para ser un éxito.

osgonso barrie conecta

Desde aquí, gracias a quienes habéis hecho a nuestra exposición ser considerada la segunda mejor contada del día. Y gracias a también a Barrié y, por supuesto, al CDR O Viso por la oportunidad

Adecuación al público

Muchas veces, nos vemos invitados a jornadas que no se corresponden con los intereses de aquellos que escuchan. Una mala comunicación de lo que de verdad se va a dar, una mala selección de este contenido o un público asistente forzado o llegado de rebote suele generar un hastío en la audiencia altamente contagioso. Esto acaba por convertir el día tanto en un desperdicio de tiempo para quienes escuchan, como en una mala imagen de la entidad que la organiza.

En el caso del jueves, los contenidos tocaban temas con los que el público nos encontrábamos con frecuencia, de un modo u otro. También nos permitían ver diferentes enfoques o prácticas que podíamos llevar adelante. Esto hace que la atención se mantenga con mucha mayor facilidad y la sensación de utilidad a posteriori aumente de forma considerable.

Buenos ponentes

buenos ponentes

Muchas veces creemos que el mejor ponente es aquel que tiene más conocimientos del tema del que va a hablar. Lo que hace a alguien un buen ponente es, sin embargo, su capacidad de transmitir lo que va a contar a su audiencia.

Hablando de la formación ejemplo, los ponentes eran colegas de profesión, elemento que facilitaba la rápida identificación con la persona enfrente. Fuera de ello, por supuesto, necesitamos a gente que se nos haga cercana, no que intimide; gente que sienta lo que dice, en el caso de ayer, por hablar del trabajo que ellos mismos han hecho.

Cuando queremos una buena jornada y no una asistencia multitudinaria, necesitamos de ponentes que transmitan, y no ponentes que sepan.

Instalaciones y recursos técnicos adecuados

Muchas veces no son necesarios grandes espacios o veinte pantallas de proyección. Muchas veces solo es necesaria la inteligencia.

Las instalaciones de Fundación Barrié en Vigo son una maravilla por muchas cosas. Por ejemplo, el salón de actos puede ser usado como sala de exposiciones. Pero entonces, diréis algunos, ¿qué ocurre con los asientos? Una imagen vale más que mil palabras:

fundación barrie salón de actos sillas

Del techo de la sala penden una serie de cintas invisibles si no te fijas, de las cuales cuelgan las sillas cuando no son necesarias para el trabajo abajo. El espectáculo visual es asombroso. Cuando Fundación Barrié tiene confirmada una asistencia de 70 personas a través del clásico formulario de inscripción para participar en las jornadas, pone esas 70 sillas más algunas más abajo, las une con un enganche entre ellas para que no se muevan y hace que la sala se perciba bastante llena y la gente bastante más cerca, evitando tener desperdigados y con complejo de isla indonesia a los asistentes. Yo solo puedo aplaudir.

Obviamente, no todos podemos tener sillas colgadas de nuestro techo, pero si sabes que van a acudir 15 personas para un sitio de 50, consigue que vayan hacia las primeras filas, incapacita las últimas de algún modo (o elige otra sala si la tienes, claro). Si vas a hacer escribir a la gente, hacer trabajo de grupo, dale unas salas con mesas, con asientos que se puedan mover. Sé inteligente en cuanto al espacio.

Las proyecciones y presentaciones. Si tienes 10 ponentes y cada uno trae su propio pen para introducir en el ordenador, como en las relaciones o en el banco, de tanto meter y sacar, se pierde el interés. Sé como Greta Fábregas, una de las grandes artífices de la ponencia de ayer: une todas las exposiciones en un único documento y olvídate de la tontería de andar ventana para aquí y ventana para allá, haciendo que el público saque el móvil, resople o dude de si ir al baño ya o en la siguiente interrupción prescindible.

Pasar diapositivas. ¿Cuánto cuesta tener un lapicito de estos que hace ir hacia adelante y atrás las transparencias? Cuatro duros, y te evitas el tener a alguien en tensión sobre cuando darle al ‘Av Pág’.

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Aunque se palpe la tensión en el público cuando uno recibe el mando

Por último, ¿a cuánto sale darle a cada asistente un guion y folios? Si solo vas a hacer una jornada en tu vida, incluso se lo puedes dar sueltos, pero si lo haces con cierta periodicidad, ofrecer una carpetita de cartón o plástico cutre y un boli está poco menos que regalado y es más que suficiente para dar una imagen.

Planificación inteligente del horario

Este tipo de formaciones o series de ponencias suelen duran muchas horas. Si bien en tiempo de exposición se quedan en torno a 6, el desplazamiento, la comida y los tiempos muertos suelen llevar su duración a la sensación de un día, lo cual vuelve su estructuración un punto crítico a la hora de ser un éxito.

La estructura de la jornada del jueves es el perfecto ejemplo de cómo realizar una buena programación.

18 entidades tenían que exponer la buena práctica llevada a cabo en sus redes, así que se distribuyeron por las similares y se dividieron en bloques. Posteriormente, se confeccionó una línea lógica de proceso: en primer lugar, las prácticas centradas en los procesos previos o facilitadores de las iniciativas; a continuación, las enfocadas a las propias iniciativas, cerrando con las de control y medida de resultados. Una vez la idea está y tiene sentido, la anunciamos en la presentación inicial incorporando a la receta una imagen simple pero eficaz: verlo como un camino. Es más, un camino con curvas, “que son los divertidos”. Storytelling que ponemos a la vista de todos, en este caso, en una pantalla junto a la principal o, por ejemplo, en la carpeta del material.

osgonso barrié cdr o viso

A lo largo de la mañana, la gente sabemos perfectamente por qué estamos escuchando cada ponencia: tenemos una orientación. Y simplemente se ha aplicado la lógica y la visualidad.

Fuera de ello, es también importantísimo la gestión del tiempo en las intervenciones y dar márgenes por encima de lo perfecto. En cualquier caso, si bien es complicado de evitar, no deberíamos dejar que las ponencias se alargasen muy por encima del tiempo estipulado. Normalmente, se suele tirar del tiempo de preguntas y de pedir brevedad a las personas de los últimos turnos, pero en general eso no debería pasar: a partir del 25% del tiempo que se hable demás del estipulado, hay que empezar a pensar en ir parando la ponencia.

En primer lugar, porque la duración de las jornadas se alarga de los límites establecidos, lo cual genera presión y falta de atención a las personas en los tramos finales de la mañana o la tarde. En segundo, porque toca en cierto modo el ámbito del respeto a ponentes y entidades que podrían haber hablado más tiempo y se ciñen al establecido. Y en tercero, porque directamente rompe el ritmo, generando una inestabilidad que acaba teniendo consecuencias en la satisfacción.

El tipo de descansos

En cierto modo dentro de la planificación del horario, elegir un buen modelo de paradas puede ayudar muchísimo. Si se tiene la oportunidad de ofrecer un café juntos, no deberíamos dudarlo.

coffee break catering

La gente normalmente nos desplazamos para acudir a una jornada, y mayormente lo hacemos en grupos minúsculos. Luego compartimos sala con gente con la que compartimos, como mínimo, el tener algún interés en nuestra presencia allí y el que salgamos satisfechos. Si se genera un mínimo sentimiento de unión entre el público, aunque sea por partes, la satisfacción de la reunión, la atención y el clima mejorarán. Dentro de la sala, es complicado que la gente intercambiemos impresiones con un desconocido al lado. Pero con un café la cosa cambia.

Para muchísima gente, una de las principales satisfacciones de este tipo de jornadas es el llamado networking, capitaneado por ese establecimiento de relaciones, esas charlas, ese colegueo en los tiempos de descanso. Así que al hacer una programación, si la pausa se consigue llevar de tal forma que los asistentes compartan espacio en ella, la reunión subirá un punto sin apenas necesidad de hacer nada.

Anfitriones dispuestos

Puede parecer una tontería, pero es un detalle que marca la diferencia: quienes organizan, quienes reciben, tienen que ser unos buenos anfitriones. No es necesario el peloteo, no es necesario el hacer largas presentaciones de besos y abrazos con cada asistente, pero un buen gesto, un buenos días, un gracias por estar aquí, incluso un asentimiento con la cabeza a los recién llegados que aún no hayas visto es un detallazo con muy poco, marcando la diferencia entre una jornadas y unas jornadas top.

caras hastío

Sin ello, la gente puede no empezar muy cómoda

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Así pues, ¿qué experiencias tienes de este tipo? ¿Alguna idea más para hacer una perfecta? ¿Alguna vez te ha explotado un riñón esperando al descanso para ir al baño? Opina, comenta, comparte y todo lo demás

A solas: dos personas, mucho más que una idea opuesta

En el post de la semana pasada hablábamos de que, en general, la gente tiene mucha mayor capacidad de expresión cuando habla a solas con otra persona. Toda una escapatoria a la represión de ideas fuera de la norma de la sociedad actual. Hoy vamos a tratar otra de las principales conclusiones que podemos sacar de la ya citada campaña de Heineken Worlds Apart: el que las personas somos mucho más que un solo tema intolerable.

El vídeo, e insisto en mi apreciación del anterior post, es una excepcional muestra de la realidad del individuo en uno para uno con respecto a frente a la sociedad, por mucho que la situación tenga el carácter de experimento. Hoy vamos a analizar otra de las circunstancias vistas en él.

En determinado momento la chica trans dice “Nos conocemos muy bien para habernos presentado hace 10 minutos”, a lo que el tránsfobo responde con una sonrisa contenida de altísima sinceridad y comprensión.

El momento es excepcional porque para la actual sociedad de las redes, de la corrección política y todos estos supuestos avances, estas dos personas serían enemigos acérrimos sin ningún tipo de excusa. Al menos no desde el instante en el que el otro lo sepa. Sin embargo, este momento llega y vemos que la chica trans acepta al momento la cerveza y el tránsfobo incluso bromea con la supuesta seriedad del tema para luego aceptarla entre risas a las que se unen las de ella.

La lección para aquellos que fomentan el desprecio, la rivalidad y el odio es tan grande que ya me gustaría ver sus caras. Porque ellos seguramente nunca hayan visto una situación fuera de la teoría, y si la han visto la han tapado entre toneladas de panfletos, tweets ovejiles y vendas de lo que les han enseñado gente que tampoco ha visto una situación real.

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Lo que vemos en este extraordinario acto son varias cosas.

La primera es el saber diferenciar entre una persona y una idea odiosa de una persona. A las personas las forman sus ideas y valores. Pero todas, no una. Lo grupal nos invita a catalogar y a quedarnos con tres o cuatro etiquetas diferenciadoras, en especial negativas. Por eso en cuanto una persona que conocemos de segunda línea (por redes, por la tele, por coincidir un día en una fiesta) hace un comentario “inconcebible” para las creencias de alguien sometido a la intolerancia del sistema deja de tener todos los valores positivos de golpe.

Sin embargo, cuando eso nos pasa con un colega con el que tenemos una relación personal —especialmente, con los que hemos tenido conversaciones de cierta intimidad en uno para uno—, entendemos fácilmente que esa cosa odiosa no es más que una característica asquerosa de esa persona, pero no definitoria para romper nuestra relación. De hecho, lo más probable es que tratemos de evitar el tema o ir al debate para entender las posiciones del otro.

Nada que ver con lo que la teoría que nos están metiendo en redes, medios de comunicación y otras herramientas del sistema, fomentando el romper inmediatamente relación para pasar a la guerra con esa persona.

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Las personas somos mucho más que una idea diferente a las de otros. Somos gestos, somos el estar cómodos con los demás. Somos el haber pasado por cosas juntos. Somos sensaciones.

En el vídeo se ve claramente: no por tener ideas diametralmente opuestas en un tema tenemos por qué romper una relación. Obviamente, ante un comentario machista sincero y para mí no justificable de un colega, lo voy a mirar mal o le voy a decir algo. Lo mismo ante cualquier otro tipo de acto que ataque mis valores (prejuicios, odios gratuitos, malas educaciones). Pero lo que para una persona madura y con dos dedos de frente no tiene sentido es abandonar la sala al instante sin dar un punto de vista o sin buscar por qué el otro piensa así, por mucho que cuatro teóricos del pensamiento mediático y redsociálico nos lo hayan intentado meter en la cabeza.

Somos personas. Y las personas, por instinto, no reaccionamos así en un uno para uno. Porque, primero, tenemos muchas más cosas en común que en contra. Y porque a solas, lejos de toda su mentira, somos mucho más abiertos y tolerantes de lo que la sociedad nos empeña en vender, eso sí, bajo las hipócritas banderas de que debemos ser abiertos y tolerantes.

Doy gracias porque ejemplos como el de este vídeo hagan ver a esta gente que solo cree en lo que ve en una pantalla realidades que de otro modo tal vez nunca encontrarían.

A solas: tomar algo y la libertad de expresión

La pasada semana, un buen amigo me pasaba el siguiente vídeo de minuto y pico, de la campaña de Heineken Worlds Apart:

Casi lloro.

Obviamente lo de tomarse una cerveza es lo de menos. Quién sabe también cuántas personas se habrán marchado tras las declaraciones del otro o cuántos se quedan por aparentar. Pero con lo que yo me quedo, y a lo que dedicaré las dos próximas entradas, es con que la sociedad siempre nos aferramos a las diferencias para alejarnos del de al lado cuando, en general, tenemos mil cosas diferentes en las que coincidimos, siendo mucho más abiertos a las opiniones fuera de nuestra norma en el uno para uno. Hoy hablaremos precisamente de esto último.

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Que salte la alerta de vídeo inadecuado en un vídeo tan limpio como el que acabáis de ver arriba ya hace entender la falta de posibilidad de expresión de nuestra actual sociedad occidental.

Como hemos comentado en post previos, la corrección política vive un periodo casi represivo. Escudándose en ella, quienes no toleran opiniones distintas a las suyas limitan el que los pensamientos polémicos sean exteriorizados. En conversaciones grupales, la presión social se encarga de mantener las ideas bajo la misma corriente, ahogando las individuales, mientras que las redes sociales linchan a cualquiera que haga un comentario que las personas con mente de ovejas consideren fuera de lugar.

Por el contrario, en el vídeo podemos ver, simulada, una de las escasas situaciones en la que la libertad de pensamiento aún tiene algo de cabida: el uno para uno. Cuando dos personas quedan y tienen que estar un rato juntas, se produce una especie de vacío legal para la represión social del pensamiento ovejil, del cuñadismo, de la corrección política más autoritaria, de las banderas de movimientos sociales que luchan contra los valores de otros en vez de dar a ver los suyos propios.

Por supuesto, hay gente que ni así va a dejar ser uno mismo. Gente que ni siquiera va a serlo ella, disfrazada de estandarte de lo que hay que decir y no de lo que de verdad lleva dentro. Pero, normalmente, en ese uno para uno vamos a ver una realidad que nos han intentado tapar a base de opiniones sobre la sociedad en vez de sobre los propios individuos: el ser humano, individualmente, uno para uno, quiere entender a la persona con la que comparte conversación a solas.

Y eso es maravilloso.

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No voy a alargar más mi post de hoy. No lo voy a hacer porque creo tan firmemente en ello que solo tenéis que probarlo.

Escoged a la persona que queráis. Mejor dicho: escoge a la persona que quieras. Siéntate con ella en una terraza —o en una cafetería o en una mesa de restaurante, qué más da— y habla. Habla. Habla. Y cuando la conversación se vaya a un punto en el que las diferencias puedan emerger, debate. Y si te salta con un comentario que intente cortar tu expresión, no le sigas la corriente, y razónalo. Hazle ver por qué piensas así aunque “no tengas derecho” a pensarlo. Ahí verás que la otra persona, en la práctica totalidad de las ocasiones, va a escucharte, esté de acuerdo o no, y va a opinar con libertad de ese tema.

Podéis llegar a un acuerdo, podéis no llegarlo. Podéis aprender algo los dos, uno o ninguno. Podéis llegar a conclusiones que ni uno ni otro hubieseis esperado. Pero lo más importante es que, salvo raras excepciones, os daréis cuenta de que aún queda un lugar para poder ser libre de hablar de lo que uno piensa. Uno donde poder escapar del pensamiento de ovejas en el que la sociedad —bajo diferentes banderas, partidos, manifestaciones y movimientos— nos intenta encerrar. Ese lugar es a solas frente a otra persona.

Mientras dos personas podamos quedar, nuestra libertad de pensamiento siempre podrá crecer entre su maleza.

Cómo llevar una agenda en condiciones (2): la valoración y el método del ultrasemáforo

En el último post hablamos de lo básico de utilizar una agenda para liderar una buena gestión del tiempo, así como construimos un modelo básico de planificación a través de un horario.

Sin embargo, lo más importante de hacer una agenda de actividad no es el tener una guía de los pasos a seguir, sino la eficacia que supone su cumplimiento. De poco nos vale tener un horario o planning si no se llevan a cabo sus fases o no podemos valorar los resultados. En el desenlace de Cómo llevar una agenda en condiciones os explicaré el funcionamiento del conocido método del semáforo, así como mi propia revisión del método para darle más eficacia: el ultrasemáforo.

El método del semáforo

semáforo sonrisas

Una de las técnicas más utilizadas para valorar el cumplimiento de la programación es el visual método del semáforo.

Apenas dos días después de entrar a trabajar hace unos meses me llevé una curiosa sorpresa al ver que, en cuanto a comunicación, utilizaban ese sistema: apenas había pasado mes y medio desde que yo me había confeccionado una agenda a partir del ideado en una especie de ampliación de él.

El método del semáforo es tan sencillo como que cuando se realiza una revisión a partir del cumplimiento de los periodos fijados para la realización de una actividad se le ponga un color según el grado de consecución de la tarea. Si se ha hecho, el verde; si no, el rojo; y si más o menos, el naranja o amarillo (el ambar), que pasará a verde o rojo si se completa con cierta prontitud o no.

Véamoslo en el ejemplo de antes:

cuadro 1

Como podemos ver, ha hecho todo menos ver Black Mirror y reunirse con Juan y María. Parece ser que en el caso de la reunión con Juan, algo ha surgido que le ha impedido ir, mientras que en la de María seguramente ha ido pero ella no estaba, con lo cual queda pendiente que ella le diga que no pudo o lo acuse de no presentarse para saber si pasa a verde o rojo.

El método —insisto, muy extendido y manejable— es simple y cómodo, pero cuando yo llegué a estas alturas elaborándome mi agenda, este nivel no me pareció más que un paso intermedio hacia el sistema de verdad. Dado el parecido, lo he venido a bautizar hace unos diez minutos como el método del “ultrasemáforo”, por ir más allá de este.

Método del ultrasemáforo

Imaginemos que el lunes de nuestro ejemplo, por alguna razón, no podemos estudiar Estadística y nos ponemos a hacerlo con Gestión, dejando la otra asignatura para el espacio de esta misma. Según la teoría del cronograma, habríamos incumplido ambas, quedando en rojo. “No, es que las hemos intercambiado”. Así pues, empezarían los movimientos y las chapuzas en el horario: que si cambiamos este por este, que si este era media hora más, bueno, qué le vamos a hacer, habrá que ponerlo en verde, y demás.

No. Os estáis cargando el método. No lo hagáis.

cuadro 2

El método del ultrasemáforo incorpora dos recursos más: el asterisco y los colores azul y fucsia.

Y aquí paso a hacer copia y pega de las notas que me hice cuando lo monté el año pasado:

  • “En caso de que se cumpla, el cuadrado se teñirá de verde.
  • En caso de que hagamos el vago y no se haya hecho ese trabajo, se teñirá de rojo.
  • Si alguno rojo lo arreglamos en un espacio vacío, como la tarde o la noche, lo dejamos en azul para hacerlo ver como arreglado, y el de la tarde se pone en verde. De poner los dos en este color, habría doble contabilización a la hora de valorar.
  • En caso de que hagamos alguna actividad correspondiente a un momento posterior del planning en el tiempo asignado a otra, lo dejaremos en naranja y sustituiremos la planificación del evento posterior por aquella a la que le hemos robado tiempo, escribiéndolo después de la planificación original en el cuadrado (asterisco) y nunca borrando la original. En caso de que al llegar ese momento, no se haga la actividad que toca, sino otra útil, ese cuadrado irá a naranja también, indicando que vale, pero que no se siguió el plan; si se hace la nueva programada, tanto el anterior como esta irán a verde; si no se hace nada, el primero permanecerá naranja y el no hecho pasará a rojo, como de costumbre.
  • Festivos en fucsia.”

Veámoslo con el ejemplo, algo simplificado para que se vea claro:

cuadro 3

  • El lunes a primera hora se estudió Estadística, así que a verde.
  • El lunes a media mañana no se hizo nada útil, cuando había que reunirse con Pepe, así que a rojo.
  • El martes había que estudiar estadística, pero se estudió Mates, así que se puso debajo con el asterisco y también con él se sustituyó un cuadro de Mates por uno de Estadística, en este caso el miércoles, permaneciendo en naranja el del martes.
  • El miércoles no se hizo nada, en vez de estudiar Estadística. A rojo, y el del martes se queda en naranja.
  • El jueves había que estudiar Gestión a primera hora, pero no se hizo, sino a la tarde, en lo que era un espacio en blanco. El horario en el que se realizó, en este caso por la tarde, va a verde. El horario previo se queda en azul, para evitar doble contabilización.
  • El viernes se hizo lo del sábado, poniéndolo debajo y dejándolo en naranja. El sábado se hizo lo del viernes, poniéndolo debajo. Hechas las dos cosas, pasan ambos a verde.
  • En cuanto a cosas sin prioridad o importancia, como dormir el lunes por la mañana, se dejan en blanco, ya que no es una actividad que interese dentro del horario. Realmente, es una hora libre más, no tiene sentido ponerle nada. Caso similar es el de Black Mirror si no tiene importancia o hay prisa por ver el capítulo.

Medir los resultados

Una de las claves del funcionamiento de la agenda. Se siga el método que se siga, de poco vale si no se puede observar si funciona.

Podemos fijar más o menos el grado de éxito a partir de decir el número de cuadraditos en verde necesarios para obtener el éxito según nuestra exigencia.

cuadro 5

Un horario como el de arriba es tremendamente exigente. Apenas hay espacios libres, y ni siquiera podemos tirar de horarios secundarios como la tarde o el sábado para regularnos.
cuadro 4
Este tipo de agendas es más susceptible de buscar que se cumpla la totalidad del cometido, ya que hay una barbaridad de huecos para utilizar si algo no se hace en su hueco.

Yo uso dos métodos básicos para medir el grado de cumplimiento, por número o por porcentaje, pero en ambos hay que contabilizar el total de actividades a realizar, los cuadrados ocupados. En el inmediatamente superior, por ejemplo, hay 7 huecos ocupados.

Mediante el método de por número, se puede fijar el éxito, por ejemplo, en el conseguir dejar en verde 6 de 7. Mediante el método por porcentaje, pongamos que queramos el 85 por ciento, pues número total por 0,85 y estamos en los mismo.

Una vez ya expertos, podemos meter un grado máximo en las actividades de cumplimiento obligado y menor en las otras. No conviene utilizar las obligadas para facilitar la consecución del objetivo. Por ejemplo, si de las anteriores 7, 5 son obligatorias y las íbamos a cumplir sin agenda, de poco nos vale poner como objetivo un 5 de 7.

De lo que se trata es de que, conforme lo vayamos aplicando, cumplamos lo previsto y mejoremos si hay margen.

5 últimos consejos:

  1. Intentar que en el planning aparezcan los menores huecos blancos que no se puedan utilizar. Por ejemplo, en el anterior post veíamos que aparecían cosas como “Examen de Mates” en el horario. Como acabamos de decir, no es interesante que las cosas de obligado cumplimiento aparezcan, porque genera sensación de estar haciendo las cosas bien, cuando la agenda se utiliza precisamente para el realizar más cosas de las que en muchos casos no se harían. No son nuestro objetivo. Pudiendo ser, este tipo de actividades no deberían aparecer en el horario y, en caso de hacerlo, es mejor no utilizar con ellas los colores, dejándolas en blanco o un color distinto como el gris para que no se contabilicen.
    Tampoco interesa considerar actividad aquello que hacemos en nuestro tiempo libre, sin obligación o plazos y con gusto: eso lo haremos sin necesidad de agenda en los periodos libres, como pueden ser los findes, la noche, las tardes o incluso la mañana, según la persona.
  1. Tratar de dejar algún espacio en blanco al confeccionarlo. Los imprevistos aparecen. Si, como en el ejemplo, uno puede tirar de zonas libres como la tarde para hacer cosas que en el horario básico no puede, sí puede ser interesante llenar este, pero si el horario es limitado (por ejemplo, solo poder estar 8 horas diarias en un sitio, como puede ser una oficina), compensa dejar un hueco libre para tener acceso a meter cosas que no hayamos podido hacer en el horario fijado. Si no hace falta tirar de él, se puede utilizar para avanzar en algo, lo cual nos puede dar un cuadrado verde más si lo utilizamos bien.
  2. No planificar periodos fuera de control. Si uno está en una época de inestabilidad, difícilmente se podrá organizar horario para meses. Cuanto más se repita el cronograma, mejor se adopta una rutina de desempeño, pero programar a un plazo que no controlamos no suele ser útil.
  3. No mover demasiadas actividades. Un día nos puede apetecer hacer más una que otra, sentirnos más capacitado o vernos obligados, pero estar moviendo de un lado para otro las tareas y poniendo asteriscos y más asteriscos para adaptarlo suele acabar en desastre. Hay que tratar de seguir el guion fijado.
  4. Ser ambiciosos y cumplidores con los criterios de medición. Si podemos aspirar al 9 de 10 de cumplimiento, no nos conformemos con un 7. Tratemos de no contar los naranjas: no son verdes por algo. Y tampoco nos excusemos cuando no lleguemos: una semana puede pasar, pero no todas.

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Y con esto llegamos al final de este episodio sobre la agenda. ¿Qué opinas del sistema?

Cómo llevar una agenda en condiciones (1): lo básico

Valga la redundancia, ser un buen gestor de tiempo es uno de los grandes activos en la sociedad de la falta de tiempo. Saber priorizar, un buen cálculo de lo que lleva hacer cada cosa, el correcto encadenado de tareas para no desperdiciar minutos en medio o la lucha eficaz contra el estrés o los llamados “ladrones de tiempo” son algunos de los grandes puntos a la hora de hablar de un buen gestor. Uno de los más fácilmente trabajables es la utilización de una agenda.

Para no atiborrar de información, dividiré este post en dos para enseñaros mi método personal de agenda, que recomiendo especialmente a aquellos con libertad de confeccionar su horario.

agenda

Definición de agenda

En gestión de tiempo, la agenda es un instrumento de organización y planificación para la correcta ejecución de una tarea en un plazo determinado.

La agenda puede abarcar desde horas a años, siendo muy importante la adecuación de su temporalidad a la eficacia. Es decir, si intentamos aprobar un curso universitario, difícilmente será útil confeccionarla con una división por meses, cuando dentro de un mismo habrá que realizar multitud de tareas.

Elección de actividades y presupuesto de tiempo

El primer paso debe ser, siempre, la elección de las actividades a incluir y el tiempo estimado de cada una.

A la hora de elegir qué acciones vamos a poner en nuestra agenda, lo principal es que sean lo más concretas posibles.

Por ejemplo, si cada semana tenemos que atender a doña María, a don Pepe y a don Juan, no será tan interesante poner en la agenda “reunión con cliente” como puede serlo “reunión con María”, “reunión con Pepe” y “reunión con Juan”. Si tenemos examen de Matemáticas el jueves y de Estadística y Gestión el viernes, nos interesa mucho más “Estudiar mates”, “Estudiar Estadística” y “Estudiar Gestión” que “Estudiar”.

Cuanto más acotemos la función, más fácil será que la realicemos. En posteriores apéndices ya nos encargaremos de dar soluciones a los posibles imprevistos.

Una vez tenemos la función clara, hay que intentar fijar lo más posible su duración. Esto ya entra más en otros episodios de gestión del tiempo, pero la facilidad es más alta cuando la actividad tiene de por sí un tiempo fijado (ver capítulo de Black Mirror dura 50 minutos) o se trata de un proyecto sin límite de tiempo, .

No hablamos tanto de lo que nos va a llevar en la totalidad de programación como lo que nos va a llevar por horario. Si nuestra agenda es semanal, el ejemplo de los clientes es fácil: una reunión con cada uno por semana es una actividad o cuadradito por semana. Sin embargo, en el ejemplo de los exámenes, aunque uno puede llevarnos 6 horas de estudio, seguramente no vayamos a hacerlas seguidas, con lo que nos interesa más decir que cada examen nos llevan 3 actividades de dos horas en una semana.

cuadro 6

En el presupuesto de tiempo es interesante contar también con el tiempo que lleva el cambio de actividad (poner el capítulo y meterse en la siguiente actividad cuando acaba) o actividades de cortísima duración que no se ponen en la agenda, pero se saben seguras, como atender una llamada de información de un cliente por hora, por ejemplo.

Construcción del cuadro

Una vez tenemos claro el tiempo que vamos a dedicar a cada actividad, es necesario priorizarlas y fijar si hay alguna prescindible. Según las bases de la gestión del tiempo, la prioridad se debe marcar a partir de los de mayor importancia y urgencia a los que menos.

En el caso anterior, por ejemplo, se entienden como actividades intocables las reuniones y los dos exámenes. Estudiar suficientes horas las 3 asignaturas es importante. Ver Black Mirror y las horas libres sería algo prescindible.

A partir de ahí se pasaría a elaborar el cuadro, horario, agenda o cronograma, según más convenga llamarlo.

Mi consejo es, de nuevo, que los periodos no sean muy largos. Cuanto más breve, más preciso, aunque más probabilidad de imprevistos.

El seguramente más usable es el que yo llamo semanal, por reflejar una semana, aunque realmente tiene forma de horario. Muy típico de los de clases en nuestra época de estudiantes, para nuestro ejemplo con las reuniones, los exámenes y la serie es perfecto. Si por ejemplo hablamos de actividades en las que durante un día hacemos siempre lo mismo, tal vez otros modelos como el mensual (por días y semanas) sean mejores. En caso de labores estratégicas, cada cuadradito podría ser un mes perfectamente.

En mi opinión, lo importante es que tratemos de que cada actividad se corresponda con un cuadrado. En el momento en que empecemos a meter varias en el mismo recuadro, comenzarán los problemas de eficacia. Compensa mucho más partir los horarios en otros más pequeños.

cuadro 7

En la agenda superior podemos ver cómo para no juntar las reuniones de Pepe y María en el mismo recuadro se ha dividido el horario en 4 periodos de tiempo en lugar de los tres iniciales (8/10, 10/12 y 12.15/14.15). Esto es clave, porque de producirse la reunión con María, pero no con Pepe, el método de comprobación de resultados clave para la eficacia del método que veremos en el próximo post se volvería ineficiente.

Si dos actividades idénticas se producen seguidas sin interrupción de por medio es posible combinar celdas como arriba se ha hecho, pero esto también habrá de ser tenido en cuenta a la hora de cuantificar el resultado. Yo no lo recomiendo.

¿Y si no hay espacio para hacer todo?

Es un caso demasiado frecuente y para ello, la clave está en el buen presupuesto de tiempos y la buena priorización de la que hablamos arriba.

Si bien es cierto que las actividades suelen llevarnos un poco más de lo que pensamos siempre, si le damos demasiado tiempo a una y desaprovechamos el sobrante nos encontraremos con lagunas de efectividad, que en casos de falta de tiempo nos acabarán matando. Si lo que realmente pasa es que no hay tiempo material (espacios libres), hay que tirar o bien de ampliación de horario —lo cual a veces no puede ser— o de priorización, restando horas a las labores menos acuciantes.

En el ejemplo y si hablamos de establecer prioridades a la hora de hacer el horario, la obligatoria reunión semanal con los tres clientes y los exámenes serían intocables por importancia. La reducción de horas de estudio de alguno de los exámenes sería la segunda opción, ya que lo primero en caer sería Black Mirror, considerada falta de urgencia e importancia para el modelo. De hecho, como veremos en el siguiente post (en un par de días), no conviene incluir el ocio que no consideremos obligado en este tipo de plannings: el día, en principio, tiene más horas que las del horario.

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En el siguiente post, el funcionamiento de mi método de agenda.

7 razones del mal periodismo

El periodismo pasa por años negros en cuanto a la calidad y objetividad de su contenido. Día tras día nos encontramos con noticias de nula dudosa imparcialidad donde quiera que miremos, al tiempo que la figura del periodista es denostada a cada paso. Hoy analizaremos algunas de las inacabables razones de por qué el nivel de credibilidad del gremio pasa por un momento rayano al escarnio público.

1. El consumismo de noticias

periodistas

Uno de los motivos más achacables es la barbaridad de artículos que salen por minuto. Si antiguamente los diarios hacían honor a su nombre, la realidad digital actual nos lleva no solo a la instantaneidad del contenido de la que hablaremos seguidamente, sino a estar obligados a que tener noticias suficientes para satisfacer a usuarios que las engullen una tras otra mediante las redes, el hipervínculo o las relacionadas posteriores.

Tal cantidad de ingesta lleva a la producción de contenidos de interés residual y complementario, por lo habitual no excesivamente trabajados o con información no relevante para el público general. Además, la duración de los noticiarios se extiende, así como se multiplican los canales de informativos 24 horas y las tertulias.

2. La instantaneidad del contenido

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Relacionado con el anterior, es uno de los males más reputados de la actualidad. Dado que como todos sabemos “no importa la calidad del contenido, sino llegar el primero”, difícilmente adquiere un nivel de contraste y legibilidad decente. Esto lo escudan en diferentes fórmulas como el “aparentemente” que en posteriores versiones del artículo y nuevas publicaciones corrigen por la realidad según se va moldeando. Un atentado puede llegar a ser perpetrado hasta por tres identidades terroristas diferentes, así como por un coche bomba, un camión y una mochila explosiva según las horas pasan. Lo que importa es tener noticia fresca que la gente lea y comparta para que ya esté bien difundido cuando la verdad llegue.

3. La parcialidad aceptada

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Lo de los diarios deportivos ya es más cachondeo que otra cosa

No creo que nadie con dos ojos en la cara se lleve las manos a la cabeza si digo que el periodismo actual está más sesgado que el público de una plaza de toros en una votación sobre la prohibición de la tauromaquia. Sin embargo, no por evidente cabe ignorar que el reportero imparcial y dado a la verdad yace en alguna fosa común de las letras informativas.

El medio de comunicación lleva años obedeciendo a intereses muy diferentes a los que propone el código deontológico. En cualquier caso, la parcialidad va mucho más allá de esta, y ya llega el punto de que el periodista —más que trabajar con el grado de subjetividad innato del género humano—, hace suya la libertad de tejer los hechos como buenamente le plazca en aras del éxito de audiencia, personal en su carrera y de escarnio, ya de paso.

4. Las erratas y el bajo nivel ortográfico general

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Y no, no es coña

Puede parecer una gilipollez con respecto al resto, pero la disminución de la calidad de escrita en los últimos años está afectando bastante al nivel de las publicaciones. Una de las máximas clásicas hacía al periodista un profesional en el uso del lenguaje; la realidad actual es que no puedo leer el periódico de mi provincia sin una media de errata por página. Y hablo de la versión impresa. Fruto de la instantaneidad y el consumismo de noticias que arriba comentábamos, lo de las noticias web ya es el cachondeo. Repeticiones constantes por las prisas, redacción de niño de bachillerato en las noticias secundarias, reducciones de la publicación para que entre en el espacio que provocan pérdidas de sentido en el contenido… “la lista es interminable, monada”.

5. El intrusismo

Hoy mi padre me comentaba algo de “un tertuliano, bueno, un periodista, no sé bien quién era”. Yo le dije que tertuliano era lo único seguro, porque es que parece ser que lo de tener periodistas más allá del moderador en programas tildados de informativos tiende a la desaparición.

Si bien el paro en el sector aumenta como la espuma por la aparición de más y más hornadas de nuevos titulados, día tras día nos encontramos con que la mayor parte de participantes en papeles destinados a ellos son ex algo. Exfutbolistas, expolíticos, exconomistas, excétera, que no solo no tienen suficiente base como para defender los valores del oficio, sino que encima van deambulando por las diferentes televisiones y medios, restando oportunidades y minutos a gente más capacitada que se ve trabajando en otra cosa, redactando por cuatro duros en medios de poca monta o por dos en las páginas que nadie lee de los diarios grandes.

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También brillas casos como el de meter a un periodista que no domina un tema en una emisión multitudinaria, generando polémicas como la del especialista en motor Josep Lluís Merlos comentando esta temporada el fútbol con evidentes lagunas de conocimiento futbolístico.

6. La “rosificación” de la prensa multicolor (La tertulia y lo barato.)

Hace unos años empecé a odiar Telecinco por su habitual formato de tertulia sobre la prensa del corazón. Como un cáncer en el de la televisión, el modelo se ha extendido a la práctica totalidad de canales y géneros periodísticos. Tertulia política, tertulia económica, tertulia deportiva… y en todas ellas el mismo modelo de mesa redonda en el que tienes al “bueno”, al “malo”, al invitado del día, el que no se entera de mucho pero es guapo, el que se entera pero no le hacemos caso porque no levanta la voz y el moderador que, en general, se ríe por el teatro.

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Esta basura no tiene derecho a llevar el nombre del periodismo, pero que directores de diarios e informativos tomen parte en esto no deja otro remedio. La mayor verdad para el gran público no lo es ella: es el espectáculo.

7. La libertad de ataque

¿Qué voy a decir de expresión? Escudándose en ella, el periodista actual puede poco menos que atacar a la dignidad de alguien, llevándose como mucho un juicio del que saldrá reforzado ante la sociedad del “es que uno ya no puede ni decir lo que piensa”. Las barbaridades supuestamente periodísticas que estamos viendo en la actualidad en ciertos programas y diarios rozan la ilegalidad, pero se sostienen en base a que la denuncia solo los hace más famosos. Recordemos que no estamos debatiendo aquí la libertad de soltar animaladas por tweet: hablamos de gente que se supone tiene un trabajo basado en la búsqueda de contar la verdad desde lo objetivo.

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Una última reflexión

Hace unos años, en mi máster, tuve el placer de recibir una clase de Don Manuel Campo Vidal, reputado comunicador de mi país. Tocanarices,en el turno de preguntas, se me ocurrió preguntarle sobre unas contemporáneas declaraciones del también don Iñaki Gabilondo en las que hablaba de que a día de hoy (o entonces) era necesaria la figura del periodista opinador, que da la noticia y su punto de vista. Si Campo Vidal fuese tertuliano me hubiese tirado su silla a la cabeza, pero —como educado profesional— rindió todos sus respetos a la opinión de alguien con la trayectora de su colega de profesión para luego recordarnos que un periodista tiene que ser imparcial poco menos que por definición. Su declaración se me quedó grabada.

Tres años después siento como si la hubiese escuchado en un sueño: la realidad me hace ver a ese hombre de bigote como un mártir de una religión hace mucho muerta. Y a mí un fiel que ya no tiene dios.

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En fin, por hoy, llegan, pero ¿qué más problemas periodísticos ves? ¿O estás encantado con la realidad? Comenta, comparte, tírame sillas a la cabeza por mi propio intrusismo y esas cosas.

Análisis actuaciones Eurovisión 2017

He aquí un bonito recopilatorio de los vídeos de las actuaciones de Eurovisión 2017.

Este año tenemos una selección de canciones de lo más interesante. Lejos ya de los tiempos del Eurovisión de las grandes baladas, destaca la variedad de estilos, presidida por dos favoritos tan de calidad como extravagantes. En cuanto al escenario, las grandes pantallas del fondo y el emblemático arco arriba son las principales características del de un año en el que la espectacularidad vista en You’re the Only One o Heroes queda relegada.

Vamos ya con el análisis, en riguroso orden alfabético:

Albania: World, de Lindita

¿Problemas con el micro? Le costó al principio sobre todo, no dio remontado pese al despliegue vocal previo al estribillo final y se quedó en semis.

Alemania: Perfect Life, de Levina.

Entre las tres peores representantes de esta edición. No la salva ni el plagio a Titanium: no tiene nada de bueno.

Armenia: Fly with Me, de Artsvik

Lo instrumental y la puesta en escena son buenas, pero lo que es voz y canción en sí no me parece llegar a la media.

Australia: Don’t Come Easy, de Isaiah

El egocentrismo en las imágenes del escenario no favorece a una candidata decente. El chico tiene una voz especial y además es muy mono.

Austria: Running on Air, de Nathan Trent

Toda una canción positivista. El escenario está maravilloso, cual recreación del principio de una película de Dreamworks.

Azerbayán: Skeletons, de Dihaj

De las actuaciones con más personalidad de la gala. Visualmente impactante, bien la canción y la voz.

Bélgica: City Lights, de Blanche

Durante los 20 primeros segundos creí tener favorita, pero a pesar del magnífico gusto y la preciosa voz, siento que le falta intensidad para ganar. En cualquier caso, es top.

Bielorrusia: Story of my Life, de Naviband

Una de las actuaciones más animosas de la gala. Extraordinaria la realización con los planos del público sonriendo. Es complicado no hacerlo.

Bulgaria: Beautiful Mess, de Kristian Kostov

Si alguien creía que lo de que el chaval estuviese entre los favoritos fuese por ser un niño de 17, tapa bocas a los 5 segundos. Una de las mejores voces de la edición, con una canción potente y sobria. Una puesta en escena a lo Heroes podría haberle dado un empujón fuerte hacia la victoria. Aún así, no sorprendería.

Chipre: Gravity, de Hovig

Por un momento parece que se va a poner a cantar Human, de Rag’n’Bone Man; por desgracia, en voz no le llega ni a la suela. Repetitiva, pero eficaz estructuralmente. Una de las coreos y utilizaciones de escenario más curradas en un año en que no hay demasiadas destacables.

Croacia: My Friend, de Jacques Houdek

Mira que me gustan los vozarrones, pero no tengo dudas de que esta canción de doble voz sería mucho más eficaz solo con la aguda. De esas canciones que triunfan en Eurovisión porque tiene algo rarito.

Dinamarca: Where I Am, de Anja

El gran estribillo final (por voz, fuerza y escena) salva una canción durante 2 minutos plana. Parece ser que la pirotecnia final es la más larga de la historia del festival.

Eslovenia: On my Way, de Omar Naber

Eliminada en semifinales. Instrumentalmente es muy interesante, pero la canción se ve desfasadísima.

España: Do it for your Lover, de Manel Navarro

La canción, ya de por sí inapropiada, se ve si cabe más lastrada por los arreglos para meterle el español y adaptar su duración a los 3 minutos. Letra cutre, voz del montón, vestuario de fiesta de pueblo… Cosas como la furgoneta bailando al ritmo o subir una batería a una tabla de surf no ayudan a que mi opinión mejore.

Estonia: Verona, de Koir Toome and Laura

Eliminada en la segunda semifinal. Si los cruceros tuviesen actuación de bienvenida, seguramente sería algo como esto. Ni siquiera sé si está bien o mal, por momentos es tan exagerada que resulta cómica. Los primeros planos del cantante mientras ella canta sacan la risa a cualquiera.

Finlandia: Blackbird, de Norma John

Pastelada poco sufrible.

Francia: Requiem, de Alma

Canción sin pretensiones de ganar, pero buena. No va a ser de las 5 mejores, pero es adecuada para un clasificado directamente a la final. El escenario da espectáculo. Un algoritmo de Google la da como favorita.

Georgia: Keep the Faith, de Tamara Gachechiladze

Una de esas canciones que se quedan en la semi sin explicación alguna. Una señora interpretación, bondiana. De lo mejor en la primera semifinal, gran voz, apropiada puesta en escena y buena canción.

Grecia: This Is Love, de Demy

La canción es exitazo rompepistas, pero no parece tener nivel objetivo para despuntar aquí. Su pelo mojado recuerda a Ruth Lorenzo.

Holanda: Lights and Shadows, de OG3NE

Un desperdicio de voces. Ni la canción ni la puesta en escena (sobre todo las pantallas) están a la altura de sus cuerdas vocales.

Hungría: Origo, de Joci Pápai

Ni su vestuario ni las malas estrofas básicas pueden tapar un temazo por lo demás. Es una pasada de canción y actuación. De mis favoritas esta edición, espero que el público tenga gusto y le dé un merecido buen puesto.

Irlanda: Dying to Try, de Brendan Murray

Eliminada en semis. Solo la cara de niño repelente puede ser criticada de una de las actuaciones más completas de esta edición. Quiero creer que el búlgaro canibalizó sus votos, porque que esta canción no esté en la final deja ojiplático a cualquiera que acostumbre a ver el festival.

Islandia: Paper, de Svala

Nada despuntaba en esta actuación y claro, si el año pasado Greta Salome se quedó en semis siendo un top 5 como una casa, pues se veía venir su no llegada a la final del sábado.

Israel: I Feel Alive, de IMRI

No es que esté mal, pero no tiene nada que destaque. Si supera el 14º puesto de Hovi Star, es que algo va mal en este festival.

Italia: Occidentali’s Karma, de Francesco Gabbiani

La gran favorita y seguramente la más pegadiza del certamen. Una propuesta muy diferente pero intensa. La combinación del “occidentalli’s karma” con la cuatro notas posteriores marcan la diferencia, el minisolo de guitarra llegando al clímax confirma el nivel. La letra es maravillosa para el momento, el bailecito es un cachondeo… levantará ampollas, pero es un gran emblema de esta edición y quién sabe si, a posteriori, de todo el festival.

Letonia: Line, de Triana Park

No sé cómo a algunos puede extrañar el que se haya quedado en semis. Inapropiada. No se la oye y desafina por momentos (muchos momentos). Solo el drop, fantástico, está por encima del nivel.

Lituania: Rain of Revolution, de Fusedmarc

Seguramente el mayor fracaso de lo alternativo en la edición, con permiso de un Montenegro al que ni sé qué se le puede llamar. No es nada buena.

Macedonia: Dance Alone, de Jana Burceska

Los 5 primeros segundos asustan, pero presenta una puesta en escena discotequera con capacidad de sobra para una final a la que no llegó.

Malta: Breathlessly, de Claudia Faniello

Si fuese un país más grande, en una edición sorprendentemente escasa de baladas para lo que Eurovisión acostumbra, tal vez se hubiese colado en la final. Aún así, pese a las ganas que la cantante le pone, es bastante del montón.

Moldavia: Hey Mamma, de Sunstroke Project

Divertida, diferente, contagiosa. Epic Saxo Guy y Sunstroke Project están de vuelta por todo lo alto. Completísima, un baile tan pegadizo como el de Runaway… De mis favoritas personales esta edición, supongo que no en general.

Montenegro: Space, de Slavko Kelezic

La horterada del año. Mala voz y canción, horrible vestuario y una coreografía con la trenza digna de facepalm. ¿Alguien esperaba que una cosa así pudiese llegar a la final?

Noruega: Grab the Moment, de JOWST

Eurovisión tiene más potencial para la electrónica que esto. Decepcionante, como su pase a la final.

Polonia: Flashlight, de Kasia Mos

Parece que no podamos pasar un año sin flashlights. Una voz potente, pero la canción (pese a su fuerza) no deja de ser normalita.

Portugal: Amar pelos dois, de Salvador Sobral

Preciosa sencillez. Una favorita elegante, dulce y distinta. Imposible no emocionarse con este hombre.

Reino Unido: Never Give Up on You, de Lucy Jones

Un nuevo mal resultado sería una vergüenza no para el país, sino para el sistema de voto eurovisivo: gran voz, canción y escenificación.

República Checa: My Turn, de Martina Bárta

Demasiado normalita. No tiene nada de especial.

Rumanía: Yodel It!, de Ilinca y Alex Florea

Actuaciones como esta hacen que valga la pena Eurovisión. Por abierta, por talento vocal, por innovación… Los cañones sobrarán, pero la actuación es sorprendente y de calidad. No creo que alcance un alto puesto, pero es de mis favoritas personales.

San Marino: Spirit of the Night, de Valentina Monetta y Jimmy Wilson

Mira que me duele decir esto, pero Valentina sobra en esta canción ante el nivel muy superior de su acompañante. ¿Pero qué narices hace en chandal…?

Serbia: In Too Deep, de Tijana Bocijevic

Una mezcla entre las canciones de Grecia y Polonia. Eficaz. Cómo no, ambas pasaron y ella se quedó en semis.

Suecia: I Can’t Go On, de Robin Bengtsson

Interesante puesta en escena, canción animada y pegadiza. El cantante es uno de los ídolos sexuales de la edición.

Suiza: Apollo, de Timebelle

Adecuadísima. La estructura del momento, un escenario bonito, que encaja a la perfección con el vestuario, así como la cantante y su voz en el festival. Un gran papel con independencia del mal gusto del público al dejarla en semifinales.

Ucrania: Time, de O. Torvald

El puente instrumental antes del estribillo final salva una canción rock del montón. El cabezón es, como mínimo, curioso.