El periodismo sin verdad y el autocerrojo informativo

Hace unos post, comentaba algunas de las principales razones del mal periodismo. Hoy vamos a analizar una de las que más polémica genera, tanto por sus implicaciones éticas como por atentar directamente contra los mandamientos del periodismo: .

La parcialidad: una situación conocida y aceptada

En España vivimos un verano de lo más ardiente en cuanto a periodismo de masas. Las tensiones en torno al independentismo catalán se unen a las estivales especulaciones sobre fichajes futbolísticos para dar auténtico espectáculo polémico a las mentes de los lectores y espectadores. Comparemos, como ejemplo, los dos siguientes titulares, prácticamente lanzados a la misma hora por dos diarios de información generalista: El Punt Avui y El País.

noticias contrarias

No, no estamos ante una encuesta diferente. Y no, aunque parezcan contradictorios, ninguno de los dos diarios miente:

confidencial encuesta CEO generalitat

Como podemos ver, simplemente, cada uno ha seleccionado los datos que le convienen para adaptar el titular a los intereses propios, resultando más sorprendentes si cabe por el hecho de que el porcentaje de “Sí” es mucho más grande entre los que afirman que votarían (62,4%) con respecto al de la población general (44,3%).

En cualquier caso, visto lo visto, estamos hablando de dos noticias bastante limpias en cuanto a objetividad de la información: tanto una como otra, al igual que la de El Confidencial, da el resto de datos más abajo en la noticia.

Caso aparte es cuando la verdad es poco menos que un elemento residual.

Cuando existe “La verdad” y “La VERDAD”
la verdad

Ayer, la Guardia Civil entraba en una serie de edificios públicos catalanes para recabar información con respecto al llamado “caso del 3%”. La noticia saltaba cuando los diferentes programas informativos y diarios digitales mañaneros soltaban que, en medio de la citada tensión independentista, la Generalitat había impedido la entrada al organismo de seguridad bajo la batuta del Gobierno central, en lo que podría considerarse una clara afrenta a su autoridad.

Minutos después, corrían las voces de que la Guardia Civil había desmentido que se hubiese puesto traba alguna a su actuación. Al cabo de un poco más, la falta de respeto a la información verídica se hacía notoria, apareciendo incluso discordancias entre las propias fuentes del Govern:

guardia civil no entra generalitat

Como resultado, horas después, cada noticiario poco menos que escogía la versión de la noticia que más le apetecía, dejándonos a los interesados en la realidad de la situación en la más completa oscuridad, al albedrío de nuestro instinto o lo que nos apetezca creer. Un comportamiento penoso para quienes tienen como trabajo encontrar la verdad y hacérnosla llegar.  Un comportamiento que abre la puerta a situaciones de lo más preocupantes.

¿Cerrojo mediático?

Ayer escuchaba unas declaraciones de lo más polémicas por parte de un asistente a un programa de tertulia política. Este “fenómeno” dejaba caer su creencia de que podría estar produciéndose un cerrojo informativo en Cataluña. Cómo no, dado el nivel de libertad de ataque propio de estos programas, no provocó ni un solo alzamiento de ceja en la mesa. Yo, que solo pasaba por el cuarto, me quedé fascinado ante la soberana acusación.

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Como sabréis, el cerrojo informativo o mediático es un orwelliano recurso de despampanante falta de ética, consistente en que los medios de comunicación informativos oculten a su público las noticias de interés que vayan en contra de uno de sus principales grupos de su interés. En general, para hablar de un auténtico cerrojo, el bloqueo afectaría a la posibilidad de que cualquier tipo de información contra los citados grupos —por lo habitual, gobiernos— llegase al pueblo a través de diarios, televisión y similares, siendo reprimidos aquellos intentos de que ocurra. Típico de sociedades autoritarias, el bloqueo mediático suele venir acompañado de un adoctrinamiento a través de los propios medios, al dar relevancia, precisamente, a noticias laudatorias que dejen quedar bien al propio órgano represor.

En cualquier caso, es interesante como, en el universo de internet y la individualización del contenido, el bloqueo mediático puede ser un concepto bastante interesante.

Cerrojos modernos. O no tanto

Tal y como la sociedad digital en países del primer mundo tenemos un acceso a la información objetiva y global mayor, seguramente, que en ningún momento de la Historia, las argucias para manipular el pensamiento social viven una época dorada.

Las técnicas para dar relevancia a contenidos que benefician al grupo de interés y hacer pasar de las que no hacen que se mantenga el “certificado” de ser plural y tratar distintos temas al tiempo que se manipula la opinión del lector o espectador. Por supuesto, excusarse en decir que es lo que este pide para ocultar la mala práctica, todo un mantra.

Oír algo que no nos gusta suele provocar dos resultados: abrirnos la mente y molestarnos. Por desgracia, el ser humano tenemos una clara preferencia entre ser abiertos y estar libres de molestias. Quizás por ello, aun teniendo el mejor momento de siempre para contrastar y ser poco menos que pequeños sabios con un poco de paciencia, la realidad es que nos solemos ver arrastrados por un remolino de ser más y más lo que ya somos, radicalizando nuestros gustos e intereses, pasándolo mal cuando tenemos que hacer algo diferente o, directamente, escuchar al de al lado. ¿Por qué íbamos entonces a elegir conocer opiniones distintas estando solos? ¿Por qué, con la capacidad que a día de hoy tenemos para personalizar más y más el contenido para oír justo lo que queremos escuchar? La personalización es tal que, o estás precisamente interesado en entender las diferentes corrientes políticas o sociales, o acabas por ser un loro repitiendo proclamas basadas en marketing político que tú mismo buscas sin necesidad de que ellos hagan nada.

Porque sí: puede que en realidad el periodismo que buscaba la verdad por encima de los intereses económicos o políticos haya sido solo una fantasía por la que únicamente unos pocos hayan luchado. Porque sí, puede que lo de lanzar piedras a los demás medios como método de crecimiento siempre haya sido un recurso. Pero la realidad a día de hoy, es que si el dinero y lo ideológico se han comido a la verdad en la actualidad periodística es porque nosotros mismos nos hemos encerrado en la cárcel de escuchar solo lo que queremos oír.

Y en la cárcel de nuestra autocomplacencia, aplaudimos el cerrojo informativo que nosotros mismos nos hemos forjado.

 

Must show go on?

El Mad Cool Festival de Madrid se convertía en noticia de referencia el pasado viernes cuando uno de los bailarines acróbatas de los espectáculos entre actuaciones, el experimentado Pedro Aunión fallecía tras precipitarse desde más de 30 metros realizando su performance ante una amplia muchedumbre de asistentes al potente evento. Tras la evidente conmoción, la polémica saltaba a la palestra al decidirse proseguir con el multitudinario evento y la esperada actuación de los californianos Green Day.

La pregunta, clara: ¿debería haberse cancelado el programa?

pedro aunión

El finado Pedro Aunión. Ánimo a su familia y pareja y que descanse en paz.

A favor: cancelar

“¡Por supuesto!” “¡¿Pero es que acaso no lo han hecho?! ¡¿Qué tipo de monstruos son?!”

La opinión en redes saltaba como polvorín ante llamarada. Y es que la teoría es clarísima: “la vida es lo más importante y como respeto a la víctima hay que cancelar todo, todo el mundo a casa, recogemos los altavoces y hasta el año que viene —y ya veremos— no se vuelve a tocar.”

Las cuentas defensoras de este espíritu vivieron una nueva carroñera noche de éxito en las redes, con follows y MG por doquier. Al fin y al cabo, es “lo que había que hacer”.

No: show must go on!

Cómo no, “lo que no hay que hacer” se va a llevar más líneas aquí. Su análisis es bastante más interesante que el de la posición quedabién de turno.

Por un lado, me cuesta creer que alguien con la experiencia de Pedro Aunión quisiese la cancelación del festival: si algo tienen los artistas que más valen la pena es un respeto por su público mayor que el de su propia satisfacción. Aunque tuviese todo el derecho, que para algo su vida fue dedicada al mundo del espectáculo, no pienso que alguien con su veteranía quisiese mandar a 40.000 personas a casa por su propio fin. En cualquier caso, este no es el tema, porque esto último es una decisión de otros.

pedro aunión actuando

Pedro durante una de las actuación de su dilatada carrera

Como bien dice un amigo mío, lo que la gente tiene a día de hoy es mucha teoría, y la teoría —en la época de lo políticamente correcto— está clarísima: alguien ha fallecido, cerramos el chiringuito, todos a casa. A quien no le guste, lo atacamos porque es un monstruo sin corazón, empatía, y demás complementos al parecer hoy por hoy dominantes de la sociedad.

Qué fácil hablamos. Qué fácil nos lavamos la conciencia.

Porque la realidad es que, si la gente hubiese querido irse, se hubiese ido sin necesidad de que el festival se detuviese. ¿O no?

¿Se estaba atado a permanecer en él? En absoluto. Sin embargo, el programa sigue adelante y el malestar interno se lava con la lejía de que es culpa de los organizadores.

¿Se ha ido gente? No me hacen falta los datos: por supuesto que alguna sí. ¿Sabía todo el festival lo que había ocurrido? En absoluto. Ahora bien, que la mayor parte de la asistencia que supo de la noticia se quedó en la Caja Mágica es algo fuera de duda, y a nadie le obligaron a hacerlo.

Defensores de lo políticamente correcto, llamadles inhumanos. Detractores de la presión social, decid que son unas ovejas, que se quedaron porque es lo que hizo todo el rebaño. El resto, aceptad la tercera de las realidades vistas en el Mad Cool: la empatía teórica acaba donde el interés práctico individual es mayor.

Entre rendir fuerte respeto a un desconocido o ver el espectáculo por el que han invertido horas, gastádose un pastizal y no habiendo oportunidad de volver a repetirlo “en años”, que la victoria recaiga en la satisfacción personal no debería sorprender a nadie.

Pero la teoría está ahí, claro. Al menos desde fuera.

La importancia de la presencia

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Recinto del Mad Cool al día siguiente de la tragedia (Fuente: Dod Magazine)

La opinión en este tipo de casos se distingue fácilmente por una línea perfectamente delimitada: la presencia en el acto. Si hiciésemos una encuesta ANÓNIMA Y SINCERA a asistentes y gente en internet sobre si se debería haber cancelado el espectáculo, la diferencia de resultados sería perfectamente predecible. Y es que aquí, como en gran parte de los ambientes de esta vida, la teoría la hace la gente que no interviene en la práctica.

Documentándose para hacer el post, uno se encuentra con que la mayor parte de publicaciones sobre el tema de asistentes están a favor de que el programa siguiese adelante; sin embargo, los que no son de este tipo de eventos tildan con facilidad a los otros de inhumanos y movidos por el dinero y el placer personal.

¿Quién debe decidir si se debe seguir o no? ¿Los participantes? ¿La sociedad en general? ¿Los propios artistas, en una especie de cláusula tipo cada vez que se firme participar en una actuación así?

¿Es siempre así?

El mundo de la música es muy interesante para este tipo de gestos. Los propios Green Day se suman a una buena lista de artistas que dicen que de haber sabido de la muerte del espectador o, en este caso, de su compañero no hubieran tocado. Habiendo tocado. Muchos artistas de renombre (los que solo tienen nombre no tanto) tiran de corrección política suspendiendo conciertos multitudinarios por supuesta consideración a otros, o bien tocan solo porque los fallecidos “merecen un homenaje de toda esta gente”. El público general les aplaude, emocionado. A mí, en general, me parecen gestos con motivaciones ajenas a las propias víctimas. Al menos las principales.

La comparativa entre mundos es muy interesante. Por ejemplo, cuando un compañero de trabajo muere, en la mayor parte de empresas con más de cinco trabajadores se sigue trabajando al día siguiente. El caso del deporte es llamativo.

marco simoncelli adiós

Tras muertes en el circuito, como la del motorista Marco Simoncelli en 2011, las carreras suelen cortarse por mucha asistencia y desplazamientos que haya. En el caso de paradas cardiorespiratorias en partidos de fútbol, el encuentro suele también ser suspendido. De hecho, casos como el fallecimiento del camerunés Patrick Ekeng en Rumanía han llegado a hacer suspender toda una jornada de liga, final de Copa incluida.

Llamativo que este mundo considerado por muchos de “bestias y gente con pocas luces” tenga lo que para ellos más corazón que el supuestamente mucho más culto de la música y el espectáculo. Al fin y al cabo, es en él donde el gran Freddie dijo aquello de que el show debía seguir adelante.

Hipócritas del clic

Cuando de dar mi opinión se trata este año, no me queda duda de que la hipocresía de la sociedad como conjunto es uno de mis grandes blancos de crítica. Que si Hipócritas endiosados, que si lo políticamente correcto, que si todos odiamos a Trump pero luego gana las elecciones… Lo de decir lo que todos quieren escuchar para recibir el aplauso y luego no practicarlo está más extendido que una masa de pizza ultrafina.

Hoy rajaré sobre una de las hipocresías más típicas de nuestra sociedad: el apoyo incondicional que se queda en un clic.

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Qué fácil es todo contigo

Sin duda, una de las noticias más comentadas estos días en mi ciudad es la polémica generada recientemente por la expulsión de dos bañistas del agua de una de las piscinas más populares de la zona por llevar los pechos al descubierto. La medida copó las noticias más buscadas del mayor periódico de la ciudad fechas y fechas, y fue ampliamente seguida en redes sociales y medios locales y autonómicos. El cénit llegaba este pasado domingo, con la multitudinaria quedada de repulsa en las mismas instalaciones para reivindicar la libertad del gesto.

Según La Región, Atlántico y otra prensa digital, 9 personas hicieron acto de presencia activamente reivindicativo.

reivindicación oira topless

Fuente: La Región de Ourense

“Sí, esperábamos más gente apoyándonos. Se implican mucho en las redes pero ir más allá ya es otra historia”, cito de las declaraciones de las afectadas por la expulsión publicadas por el periódico.

Desgraciadamente, es lo que tiene la gran época de la hipocresía del clic: apoyar a una causa sentadito en el sofá con el portátil es una maravilla. Ahora bien, levantar el culo y dar la cara, eso está en desuso.

“Comparte esta iniciativa con todo ser viviente y firma la petición”. Cómo no, ahí estamos prontos si no hay formulario de por medio. Y si lo hay y no hay otra cosa que hacer, pues se rellena. ¿Meter presión a otras personas para que firmen a base de compartir y exigir? Pues claro que sí. Ahora bien, ¿movilizarse más allá del “Publicar en tu biografía”? Y qué más. ¿Hacer algo de forma activa? Lo que nos faltaba.

Vivimos en la época de la reivindicación. De la lucha por los nuevos valores sociales. Por la justicia social. Y resulta que de la mitad de la mitad de la mitad que apoya a clics, solo la mitad de la mitad va a una manifestación, y la mitad como plan de tarde con los amigos, a reírnos de ver como la autoridad hecha policías nos miran desde las jaulas de no poder hacer nada. “Y si eso, ya de paso, reclamamos algo”.

¿Qué narices nos pasa? ¿Cómo hay tan pocos que practiquen lo que tantos apoyan?

Pues obviamente porque la mayoría, la amplia mayoría, no da clic porque quiera moverse. Da clic porque le hace sentir mejor, le hace creer que contribuye o le da una imagen delante del resto, cuando lo que en realidad hace es lavarse la cara por las mañanas en lugar de meterse en la santa ducha a quitarse el tufillo a falsedad que lleva por bandera.

Si crees en algo, reivindícalo. Si sientes algo, muévete. Pero, cariño: si te crees que por darle Me Gusta a una publicación estás siendo estandarte de un tema, no solo es que estés siendo hipócrita con la gente (que sí, con todas las letras), es que encima te estás engañando.

7 razones del mal periodismo

El periodismo pasa por años negros en cuanto a la calidad y objetividad de su contenido. Día tras día nos encontramos con noticias de nula dudosa imparcialidad donde quiera que miremos, al tiempo que la figura del periodista es denostada a cada paso. Hoy analizaremos algunas de las inacabables razones de por qué el nivel de credibilidad del gremio pasa por un momento rayano al escarnio público.

1. El consumismo de noticias

periodistas

Uno de los motivos más achacables es la barbaridad de artículos que salen por minuto. Si antiguamente los diarios hacían honor a su nombre, la realidad digital actual nos lleva no solo a la instantaneidad del contenido de la que hablaremos seguidamente, sino a estar obligados a que tener noticias suficientes para satisfacer a usuarios que las engullen una tras otra mediante las redes, el hipervínculo o las relacionadas posteriores.

Tal cantidad de ingesta lleva a la producción de contenidos de interés residual y complementario, por lo habitual no excesivamente trabajados o con información no relevante para el público general. Además, la duración de los noticiarios se extiende, así como se multiplican los canales de informativos 24 horas y las tertulias.

2. La instantaneidad del contenido

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Relacionado con el anterior, es uno de los males más reputados de la actualidad. Dado que como todos sabemos “no importa la calidad del contenido, sino llegar el primero”, difícilmente adquiere un nivel de contraste y legibilidad decente. Esto lo escudan en diferentes fórmulas como el “aparentemente” que en posteriores versiones del artículo y nuevas publicaciones corrigen por la realidad según se va moldeando. Un atentado puede llegar a ser perpetrado hasta por tres identidades terroristas diferentes, así como por un coche bomba, un camión y una mochila explosiva según las horas pasan. Lo que importa es tener noticia fresca que la gente lea y comparta para que ya esté bien difundido cuando la verdad llegue.

3. La parcialidad aceptada

portadas deportivas falsas

Lo de los diarios deportivos ya es más cachondeo que otra cosa

No creo que nadie con dos ojos en la cara se lleve las manos a la cabeza si digo que el periodismo actual está más sesgado que el público de una plaza de toros en una votación sobre la prohibición de la tauromaquia. Sin embargo, no por evidente cabe ignorar que el reportero imparcial y dado a la verdad yace en alguna fosa común de las letras informativas.

El medio de comunicación lleva años obedeciendo a intereses muy diferentes a los que propone el código deontológico. En cualquier caso, la parcialidad va mucho más allá de esta, y ya llega el punto de que el periodista —más que trabajar con el grado de subjetividad innato del género humano—, hace suya la libertad de tejer los hechos como buenamente le plazca en aras del éxito de audiencia, personal en su carrera y de escarnio, ya de paso.

4. Las erratas y el bajo nivel ortográfico general

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Y no, no es coña

Puede parecer una gilipollez con respecto al resto, pero la disminución de la calidad de escrita en los últimos años está afectando bastante al nivel de las publicaciones. Una de las máximas clásicas hacía al periodista un profesional en el uso del lenguaje; la realidad actual es que no puedo leer el periódico de mi provincia sin una media de errata por página. Y hablo de la versión impresa. Fruto de la instantaneidad y el consumismo de noticias que arriba comentábamos, lo de las noticias web ya es el cachondeo. Repeticiones constantes por las prisas, redacción de niño de bachillerato en las noticias secundarias, reducciones de la publicación para que entre en el espacio que provocan pérdidas de sentido en el contenido… “la lista es interminable, monada”.

5. El intrusismo

Hoy mi padre me comentaba algo de “un tertuliano, bueno, un periodista, no sé bien quién era”. Yo le dije que tertuliano era lo único seguro, porque es que parece ser que lo de tener periodistas más allá del moderador en programas tildados de informativos tiende a la desaparición.

Si bien el paro en el sector aumenta como la espuma por la aparición de más y más hornadas de nuevos titulados, día tras día nos encontramos con que la mayor parte de participantes en papeles destinados a ellos son ex algo. Exfutbolistas, expolíticos, exconomistas, excétera, que no solo no tienen suficiente base como para defender los valores del oficio, sino que encima van deambulando por las diferentes televisiones y medios, restando oportunidades y minutos a gente más capacitada que se ve trabajando en otra cosa, redactando por cuatro duros en medios de poca monta o por dos en las páginas que nadie lee de los diarios grandes.

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También brillas casos como el de meter a un periodista que no domina un tema en una emisión multitudinaria, generando polémicas como la del especialista en motor Josep Lluís Merlos comentando esta temporada el fútbol con evidentes lagunas de conocimiento futbolístico.

6. La “rosificación” de la prensa multicolor (La tertulia y lo barato.)

Hace unos años empecé a odiar Telecinco por su habitual formato de tertulia sobre la prensa del corazón. Como un cáncer en el de la televisión, el modelo se ha extendido a la práctica totalidad de canales y géneros periodísticos. Tertulia política, tertulia económica, tertulia deportiva… y en todas ellas el mismo modelo de mesa redonda en el que tienes al “bueno”, al “malo”, al invitado del día, el que no se entera de mucho pero es guapo, el que se entera pero no le hacemos caso porque no levanta la voz y el moderador que, en general, se ríe por el teatro.

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Esta basura no tiene derecho a llevar el nombre del periodismo, pero que directores de diarios e informativos tomen parte en esto no deja otro remedio. La mayor verdad para el gran público no lo es ella: es el espectáculo.

7. La libertad de ataque

¿Qué voy a decir de expresión? Escudándose en ella, el periodista actual puede poco menos que atacar a la dignidad de alguien, llevándose como mucho un juicio del que saldrá reforzado ante la sociedad del “es que uno ya no puede ni decir lo que piensa”. Las barbaridades supuestamente periodísticas que estamos viendo en la actualidad en ciertos programas y diarios rozan la ilegalidad, pero se sostienen en base a que la denuncia solo los hace más famosos. Recordemos que no estamos debatiendo aquí la libertad de soltar animaladas por tweet: hablamos de gente que se supone tiene un trabajo basado en la búsqueda de contar la verdad desde lo objetivo.

tertuliano error ingenuo

Una última reflexión

Hace unos años, en mi máster, tuve el placer de recibir una clase de Don Manuel Campo Vidal, reputado comunicador de mi país. Tocanarices,en el turno de preguntas, se me ocurrió preguntarle sobre unas contemporáneas declaraciones del también don Iñaki Gabilondo en las que hablaba de que a día de hoy (o entonces) era necesaria la figura del periodista opinador, que da la noticia y su punto de vista. Si Campo Vidal fuese tertuliano me hubiese tirado su silla a la cabeza, pero —como educado profesional— rindió todos sus respetos a la opinión de alguien con la trayectora de su colega de profesión para luego recordarnos que un periodista tiene que ser imparcial poco menos que por definición. Su declaración se me quedó grabada.

Tres años después siento como si la hubiese escuchado en un sueño: la realidad me hace ver a ese hombre de bigote como un mártir de una religión hace mucho muerta. Y a mí un fiel que ya no tiene dios.

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En fin, por hoy, llegan, pero ¿qué más problemas periodísticos ves? ¿O estás encantado con la realidad? Comenta, comparte, tírame sillas a la cabeza por mi propio intrusismo y esas cosas.

Análisis actuaciones Eurovisión 2017

He aquí un bonito recopilatorio de los vídeos de las actuaciones de Eurovisión 2017.

Este año tenemos una selección de canciones de lo más interesante. Lejos ya de los tiempos del Eurovisión de las grandes baladas, destaca la variedad de estilos, presidida por dos favoritos tan de calidad como extravagantes. En cuanto al escenario, las grandes pantallas del fondo y el emblemático arco arriba son las principales características del de un año en el que la espectacularidad vista en You’re the Only One o Heroes queda relegada.

Vamos ya con el análisis, en riguroso orden alfabético:

Albania: World, de Lindita

¿Problemas con el micro? Le costó al principio sobre todo, no dio remontado pese al despliegue vocal previo al estribillo final y se quedó en semis.

Alemania: Perfect Life, de Levina.

Entre las tres peores representantes de esta edición. No la salva ni el plagio a Titanium: no tiene nada de bueno.

Armenia: Fly with Me, de Artsvik

Lo instrumental y la puesta en escena son buenas, pero lo que es voz y canción en sí no me parece llegar a la media.

Australia: Don’t Come Easy, de Isaiah

El egocentrismo en las imágenes del escenario no favorece a una candidata decente. El chico tiene una voz especial y además es muy mono.

Austria: Running on Air, de Nathan Trent

Toda una canción positivista. El escenario está maravilloso, cual recreación del principio de una película de Dreamworks.

Azerbayán: Skeletons, de Dihaj

De las actuaciones con más personalidad de la gala. Visualmente impactante, bien la canción y la voz.

Bélgica: City Lights, de Blanche

Durante los 20 primeros segundos creí tener favorita, pero a pesar del magnífico gusto y la preciosa voz, siento que le falta intensidad para ganar. En cualquier caso, es top.

Bielorrusia: Story of my Life, de Naviband

Una de las actuaciones más animosas de la gala. Extraordinaria la realización con los planos del público sonriendo. Es complicado no hacerlo.

Bulgaria: Beautiful Mess, de Kristian Kostov

Si alguien creía que lo de que el chaval estuviese entre los favoritos fuese por ser un niño de 17, tapa bocas a los 5 segundos. Una de las mejores voces de la edición, con una canción potente y sobria. Una puesta en escena a lo Heroes podría haberle dado un empujón fuerte hacia la victoria. Aún así, no sorprendería.

Chipre: Gravity, de Hovig

Por un momento parece que se va a poner a cantar Human, de Rag’n’Bone Man; por desgracia, en voz no le llega ni a la suela. Repetitiva, pero eficaz estructuralmente. Una de las coreos y utilizaciones de escenario más curradas en un año en que no hay demasiadas destacables.

Croacia: My Friend, de Jacques Houdek

Mira que me gustan los vozarrones, pero no tengo dudas de que esta canción de doble voz sería mucho más eficaz solo con la aguda. De esas canciones que triunfan en Eurovisión porque tiene algo rarito.

Dinamarca: Where I Am, de Anja

El gran estribillo final (por voz, fuerza y escena) salva una canción durante 2 minutos plana. Parece ser que la pirotecnia final es la más larga de la historia del festival.

Eslovenia: On my Way, de Omar Naber

Eliminada en semifinales. Instrumentalmente es muy interesante, pero la canción se ve desfasadísima.

España: Do it for your Lover, de Manel Navarro

La canción, ya de por sí inapropiada, se ve si cabe más lastrada por los arreglos para meterle el español y adaptar su duración a los 3 minutos. Letra cutre, voz del montón, vestuario de fiesta de pueblo… Cosas como la furgoneta bailando al ritmo o subir una batería a una tabla de surf no ayudan a que mi opinión mejore.

Estonia: Verona, de Koir Toome and Laura

Eliminada en la segunda semifinal. Si los cruceros tuviesen actuación de bienvenida, seguramente sería algo como esto. Ni siquiera sé si está bien o mal, por momentos es tan exagerada que resulta cómica. Los primeros planos del cantante mientras ella canta sacan la risa a cualquiera.

Finlandia: Blackbird, de Norma John

Pastelada poco sufrible.

Francia: Requiem, de Alma

Canción sin pretensiones de ganar, pero buena. No va a ser de las 5 mejores, pero es adecuada para un clasificado directamente a la final. El escenario da espectáculo. Un algoritmo de Google la da como favorita.

Georgia: Keep the Faith, de Tamara Gachechiladze

Una de esas canciones que se quedan en la semi sin explicación alguna. Una señora interpretación, bondiana. De lo mejor en la primera semifinal, gran voz, apropiada puesta en escena y buena canción.

Grecia: This Is Love, de Demy

La canción es exitazo rompepistas, pero no parece tener nivel objetivo para despuntar aquí. Su pelo mojado recuerda a Ruth Lorenzo.

Holanda: Lights and Shadows, de OG3NE

Un desperdicio de voces. Ni la canción ni la puesta en escena (sobre todo las pantallas) están a la altura de sus cuerdas vocales.

Hungría: Origo, de Joci Pápai

Ni su vestuario ni las malas estrofas básicas pueden tapar un temazo por lo demás. Es una pasada de canción y actuación. De mis favoritas esta edición, espero que el público tenga gusto y le dé un merecido buen puesto.

Irlanda: Dying to Try, de Brendan Murray

Eliminada en semis. Solo la cara de niño repelente puede ser criticada de una de las actuaciones más completas de esta edición. Quiero creer que el búlgaro canibalizó sus votos, porque que esta canción no esté en la final deja ojiplático a cualquiera que acostumbre a ver el festival.

Islandia: Paper, de Svala

Nada despuntaba en esta actuación y claro, si el año pasado Greta Salome se quedó en semis siendo un top 5 como una casa, pues se veía venir su no llegada a la final del sábado.

Israel: I Feel Alive, de IMRI

No es que esté mal, pero no tiene nada que destaque. Si supera el 14º puesto de Hovi Star, es que algo va mal en este festival.

Italia: Occidentali’s Karma, de Francesco Gabbiani

La gran favorita y seguramente la más pegadiza del certamen. Una propuesta muy diferente pero intensa. La combinación del “occidentalli’s karma” con la cuatro notas posteriores marcan la diferencia, el minisolo de guitarra llegando al clímax confirma el nivel. La letra es maravillosa para el momento, el bailecito es un cachondeo… levantará ampollas, pero es un gran emblema de esta edición y quién sabe si, a posteriori, de todo el festival.

Letonia: Line, de Triana Park

No sé cómo a algunos puede extrañar el que se haya quedado en semis. Inapropiada. No se la oye y desafina por momentos (muchos momentos). Solo el drop, fantástico, está por encima del nivel.

Lituania: Rain of Revolution, de Fusedmarc

Seguramente el mayor fracaso de lo alternativo en la edición, con permiso de un Montenegro al que ni sé qué se le puede llamar. No es nada buena.

Macedonia: Dance Alone, de Jana Burceska

Los 5 primeros segundos asustan, pero presenta una puesta en escena discotequera con capacidad de sobra para una final a la que no llegó.

Malta: Breathlessly, de Claudia Faniello

Si fuese un país más grande, en una edición sorprendentemente escasa de baladas para lo que Eurovisión acostumbra, tal vez se hubiese colado en la final. Aún así, pese a las ganas que la cantante le pone, es bastante del montón.

Moldavia: Hey Mamma, de Sunstroke Project

Divertida, diferente, contagiosa. Epic Saxo Guy y Sunstroke Project están de vuelta por todo lo alto. Completísima, un baile tan pegadizo como el de Runaway… De mis favoritas personales esta edición, supongo que no en general.

Montenegro: Space, de Slavko Kelezic

La horterada del año. Mala voz y canción, horrible vestuario y una coreografía con la trenza digna de facepalm. ¿Alguien esperaba que una cosa así pudiese llegar a la final?

Noruega: Grab the Moment, de JOWST

Eurovisión tiene más potencial para la electrónica que esto. Decepcionante, como su pase a la final.

Polonia: Flashlight, de Kasia Mos

Parece que no podamos pasar un año sin flashlights. Una voz potente, pero la canción (pese a su fuerza) no deja de ser normalita.

Portugal: Amar pelos dois, de Salvador Sobral

Preciosa sencillez. Una favorita elegante, dulce y distinta. Imposible no emocionarse con este hombre.

Reino Unido: Never Give Up on You, de Lucy Jones

Un nuevo mal resultado sería una vergüenza no para el país, sino para el sistema de voto eurovisivo: gran voz, canción y escenificación.

República Checa: My Turn, de Martina Bárta

Demasiado normalita. No tiene nada de especial.

Rumanía: Yodel It!, de Ilinca y Alex Florea

Actuaciones como esta hacen que valga la pena Eurovisión. Por abierta, por talento vocal, por innovación… Los cañones sobrarán, pero la actuación es sorprendente y de calidad. No creo que alcance un alto puesto, pero es de mis favoritas personales.

San Marino: Spirit of the Night, de Valentina Monetta y Jimmy Wilson

Mira que me duele decir esto, pero Valentina sobra en esta canción ante el nivel muy superior de su acompañante. ¿Pero qué narices hace en chandal…?

Serbia: In Too Deep, de Tijana Bocijevic

Una mezcla entre las canciones de Grecia y Polonia. Eficaz. Cómo no, ambas pasaron y ella se quedó en semis.

Suecia: I Can’t Go On, de Robin Bengtsson

Interesante puesta en escena, canción animada y pegadiza. El cantante es uno de los ídolos sexuales de la edición.

Suiza: Apollo, de Timebelle

Adecuadísima. La estructura del momento, un escenario bonito, que encaja a la perfección con el vestuario, así como la cantante y su voz en el festival. Un gran papel con independencia del mal gusto del público al dejarla en semifinales.

Ucrania: Time, de O. Torvald

El puente instrumental antes del estribillo final salva una canción rock del montón. El cabezón es, como mínimo, curioso.

13 reasons why: 13 razones por las que el bullying no desaparece

13 Reasons Why (Por trece razones) está destinada a ser una de las grandes series de la temporada en cuanto a público apoyada en un excepcional marketing, una buena propuesta y el tratamiento de un tema que no deja de estar de moda. ¿Pero cómo es posible que estas prácticas sigan imparables a estas alturas?

Hoy, en homenaje a su título, veremos 13 de las innumerables razones por las que el bullying se mantiene en la actualidad.

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1.      Por instinto

Uno de los principales motivadores de la marginación. Viniendo del género animal y no habiendo evolucionado nuestros instintos al ritmo de nuestra mente, no es de extrañar esa tendencia a eliminar a lo débil o diferente en aras de una selección natural que vuelva a la especie más sí misma. Como veíamos en Marginación tiempo atrás, a día de hoy este comportamiento debería estar obsoleto dada su nula eficacia.

2.      Por tradición

Como de costumbre en nuestra sociedad, cambiar lo previamente establecido es harto complicado. La presencia del acoso a lo diferente lleva con nosotros, literalmente, desde tiempos inmemoriales y cambiarlo no es fácil.

3.      Por la diferencia

Como decíamos en el primer punto, el instinto lleva a atacar lo diferente. El actual mundo de la variedad de entretenimiento inacabable y la supuesta libertad de ideas refuerza la muestra de diferentes tipos de personalidades, ocios, físicos, sexualidades y otros, aumentando el número de potenciales objetivos de marginación para los potenciales acosadores.

4.      Por falta de educación a la apertura mental

En relación con el punto anterior, la educación en apertura mental no ha progresado al nivel de lo que la sociedad actual exige, cuando es definitoria a la hora de evitar abusos. El respeto a las ideas y modos de vida distintos es clave a la hora de evitar la marginación.

5.      Por poder

De nuevo relacionado con el instinto, cometer injusticias es un precio muy típico a la hora de obtener poder que nos dé seguridad. La marginación a inferiores suele derivar en una consideración social de ser una persona poderosa, lo cual en etapas tempranas (y no tanto) invita a llevar a cabo estas prácticas. La jerarquía social parece ser también omnipresente en nuestro ADN, siendo este tipo de abusos una de las maneras típicas de marcado de clases, en estas etapas por encima incluso del dinero.

6.      Por los que abusan

Que el que abusa es principal causa del acoso cae de cajón. Detrás de él hay causas y causas, como una educación dada a ello o una necesidad de atención típica de situaciones domésticas complicadas. Sea por la causa que sea, en la figura del acosador nace el acoso.

7.      Por las víctimas

En muchos casos, hay una tolerancia al acoso por parte de quien lo sufre casi preocupante. Normalmente atenazados por el miedo a las represalias en caso de denunciarlo, la cantidad de situaciones de silencio ante los ataques es tan aterradora como definitoria a la hora de volverse imparable. No es de extrañar viendo posteriores puntos.

8.      Por los espectadores

Si bien en ocasiones el acoso se produce a espaldas de la gente, son muy poco frecuentes los casos en que no existen espectadores de la situación. ¿De qué le sirve a un acosador que busca poder social un hostigamiento que nadie puede ver? La situación habitual, sin embargo, es una mirada a otro lado, una risa incómoda o una palmadita en el hombro a la víctima que no llega a más. Esta clase de comportamientos refuerza la situación de indefensión del acosado, a la par que da impunidad a su agresor.

9.      Por escurrir el bulto

No es necesario ni ser espectador para percibir la presencia y al menos intentar prevenir algo.

Recuerdo que con unos dieciséis años, unos compañeros le comentaban a una profesora en plena clase que sentían un odio acérrimo hacia mi persona. Uno hasta llegó a añadir un llamativo comentario en el que indicaban que a un compañero le encantaría hacer filloas (plato típico de mi comunidad hecho principalmente de harina, leche y sangre) conmigo. La profesora, lejos de escandalizarse, sonrió y me preguntó que qué me parecía. Yo, jugando al 4 en línea con mi compañero de mesa, le dije algo así como que no prestaba atención a quienes dicen tonterías.

Si bien en mi caso la situación no pasaba de esas fanfarronerías, que una profesora de ESO escuche ese tipo de comentarios y no informe o, al menos, reaccione de algún modo, es digno para mí de expediente. Pero bueno, “son cosas de críos”, claro.

10.  Por falta de una autoridad útil

En el entorno estudiantil, la necesidad de orden por parte de una autoridad suele caer en profesores, normalmente en los más “coleguitas” con los alumnos, como en el caso anterior. Estos pueden derivarlo a una orientadora a dirección o tratarlo el mismo, pero si bien en muchos institutos o colegios tendremos a alguna persona preparada para llevar este tipo de casos, a día de hoy el número de centros sin personal especializado o con gente como mi profesora no brilla por su ausencia.

En el caso de acoso fuera de las aulas, entre gente de la misma zona o incluso en un entorno adulto y laboral, la indefensión se vuelve grotesca.

11.  Por falta de un sistema para combatirlo

El sistema de prevención y lucha contra el bullying y el acoso en general es bastante ineficaz. Si pensamos en gran parte de los casos vistos en las aulas (donde se supone que hay más control), la situación suele derivar en el silencio y mantenimiento, la expulsión del acosador por unos días o el cambio de centro de la víctima. A pocos debería escapar que cualquiera de estas soluciones roza el cinismo con la realidad de los participantes.

Pasan los años y parece que a nadie se le ocurran alternativas eficaces.

12.  Por el lavado de manos

Cada cierto tiempo, la muerte de una persona acosada en algún lugar del mundo aparece a mitad de noticiario en las pantallas de televisión, haciendo que montemos en cólera en el sofá y exijamos venganza. Sobre los acosadores suele caer todo el peso de la Ley —es decir, ser atacados por la sociedad un tiempo e ingresados en un centro de menores—, mientras la persona acosada yace en el cementerio con costuras en las muñecas. Al cabo de dos días o noticias según la persona, pasamos del tema.

Esa constante predilección por solo acordarse de que existe cuando alguien muere no ayuda más que a manos a la cabeza, considerar al fallecido como mártir y convertir a sus acosadores en chivos expiatorios de situaciones de las que pasamos cada dos por tres en nuestro día a día.

13.  Por la no conciencia del bullying real

Últimamente parece que el único que existe es el que se comete contra aquellos que se ven abocados al suicidio, usados como bandera y arma contra el acoso. Pero es que esa, aunque sea la más dura, no es la realidad más común.

Esa constante predilección por solo acordarse de que existe cuando alguien cae no ayuda, ya que hace que se reste importancia a quien lo sufre en pequeña escala por parte de cualquiera de sus participantes.

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Los datos indican que un 6 por ciento de estudiantes españoles aceptan sufrir acoso escolar, casi 9 por ciento en la OCDE. El 900 018 018 es el teléfono gratuito de atención de estos casos,

En definitiva, el bullying actual no solo está o debería estar de moda porque salga un nuevo producto pantallil que nos recuerde lo que nos encontramos con una frecuencia apabullante. Las razones para que siga ahí pese a los años y los avances no invitan a pensar en su desaparición. En cualquier caso, no debemos compadecernos de una enfermedad en apariencia incurable en el corto plazo, sino luchar tanto contra ella como contra sus síntomas, en forma de víctimas con o sin autolesiones.

Estén más avanzados o menos los medios, es nuestra responsabilidad el denunciar, el poner límites a estos comportamientos ya no por las personas acosadas, sino también por sus familias, por sus amigos, por la gente que en un futuro tendrá que convivir con sus daños. Y también por nosotros mismos, aunque solo sea para limpiarnos un poco unas conciencias que, en ocasiones, lucen tan negras como una enorme mancha de sangre en asfalto.

Cara Anchoa (o caranchoa, o cara-anchoa, o como sea)

Como no puede ser de otra manera, esta semana toca hablar del Cara Anchoa.

El caso Cara Anchoa (¿cuántas veces lo he dicho ya…?)

La verdad es que me parece una lástima tener que darle visitas a este señor, pero bueno, al menos así se nota que no he generado una primera opinión a mi conveniencia:

Dado que se lo ha cargado, cómo no, habrá que recurrir a una de las copias que circulan por la web:

Repasemos lo que acabamos de ver (quizás aquí con mi narración ya un poco condicionada).

Nuestro original protagonista —o antagonista, según el caso—trata de repetir una supuesta broma de cámara oculta vista ya como veinte veces: la de solicitar una información a un transeúnte y utilizar un insulto como apelativo del preguntado. En un primer momento, el aludido —trabajador de reparto en plena jornada laboral, papeles en mano— reacciona educadamente a la hora de dar indicaciones al chaval. El chico pasa pues a insultarlo, llevándose correspondiente bronca y amenaza. El chaval miente diciendo que se trata de un trabajo de la universidad para escaquearse (como él mismo reconoce más adelante en el vídeo). Este, sin embargo, le explica la poca gracia que le hace —puño apretado y gestos airados en ristre— para luego hacer amago de irse, momento en el que el chaval dice algo con un silencio en medio que hace que el trabajador se gire y le suelte la bofetada a mano abierta motivo de la polémica. El chaval sale andando mientras el tipo se va.

Posteriormente, asistimos al para mí verdadero motivo del post. El chaval aparece cual personaje de Telecinco a punto de entrar en plató saliendo del hospital papeles en mano y rótulo clamando venganza: una denuncia a la policía con un parte de las lesiones que le ha producido el bofetón. En una perorata mesiánica, ya en su casa, defiende su actuación y clama contra la violencia incoherente del agresor, así como que hará que la justicia ponga en su sitio a este desalmado vestido de repartidor que tras el corte “se puso a perseguirlos hasta motivar que tanto él como el escondido cámara tuviesen que salir corriendo”.

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Las reacciones no se hicieron de rogar ni por parte de detractores ni de partidarios. Trending topic, cadena de WhatsApp, carne de meme. La polémica, clara y múltiple: si te dan una hostia por insultar a alguien, ¿prima la no agresividad o el que alguien se vaya de rositas ante una agresión verbal indiscriminada a alguien que te presta ayuda?

Analicemos puntos a favor y en contra.

A favor de la bofetada

Analizándolos, la cantidad de elementos que conducen al sonoro desenlace vuelven este resultado totalmente predecible.

En primer lugar, dado el sujeto sobre el que se realiza la “broma”, en plena faena en un puesto de trabajo caracterizado por el estrés y la constante necesidad de acabar rápido. El hombre decide obviar su apuro por ayudar a un desconocido perdido, acto casi universal, pero no por ello falto de altruismo. ¿Qué recibe a cambio? Un insulto.

La gente ya nos tomamos bastante mal los desagradecidos. Pero que te insulte alguien sin motivo cuando le has ayudado suele ser motivo de seguro enfado. Supongo que el instinto nos lleva a querer corregir un comportamiento injusto y ofensivo sin razón.

El caso es que el humano moderno ha llevado a unas habilidades que le permiten evitar la violencia en estos casos. Los registros de reacción llegan a ser muy variados: desde el que te devuelve el insulto al que se le queda una risita tonta, pasando por mirada de desprecio, bronca o amenaza, seguramente los más comunes y los que vemos en este caso. Porque muchos se quedarán con que este hombre le ha dado una bofetada al chaval por insultarlo, pero eso será porque no han visto el vídeo: el hombre no le pega como reacción a que lo insulten tras prestar ayuda, sino que lo amenaza.

El trabajador no sabe que le está mintiendo, pero otro motivo de defensa —aunque no tan común— es que, en este punto, el chico le miente descaradamente para zafarse de la responsabilidad de la reprimenda a su acto. Y lo hace escudándose en una motivación académica: en que es un trabajo para clase. El gesto es de una cobardía para mí digna de bronca aparte, y demuestra que este chaval no es capaz de asumir las responsabilidades de sus acciones. En las declaraciones posteriores defiende (con mayor o menor razón) la legitimidad de su broma, sin embargo, en ese momento no se le ocurre hacerlo. ¿Por qué no, si tan seguro estás de que no has hecho nada malo? Porque cuando tiene que actuar rápido, el verdadero pensamiento acude a su cerebro y, con su acto de engaño, nos demuestra que en su fuero interno sabe que lo que ha hecho le ha conducido a lo que con la mentira trata de evitar: que el otro le dé.

En cualquier caso, el verdadero punto a favor de la bofetada llega con la realidad posterior a la bronca, y es que aunque el chaval pide perdón una y otra vez, no lo siente en absoluto, volviendo a insultarle. Por mucho que la edición del vídeo trate de ocultarlo, la reacción del empleado dándose la vuelta indignado cuando ya se iba, más sosegado, nos deja claro que algo ha pasado ahí. La repetición del término por parte del agresor sin venir a cuento en ese momento, lo acaba por volver muy, pero que muy probable.

Así como la ausencia de arrepentimiento deja claro que el susto no le ha valido para nada y va a seguir haciéndolo. Y es que esto no le ha pasado con el primero que lo ha hecho: este chaval ha hecho la broma a personas y a personas que no han reaccionado así. Como en toda distribución distribución normal, el extremo acabó llegando (y saltando a la fama, claro).

Fuera de sus cabales, el empleado lo golpea en la cara a mano abierta, en el clásico gesto de castigo físico aleccionador más común entre adultos: aquel que en un altísimo porcentaje de los casos (no por ello más tolerables) supone un dolor instantáneo fuerte y de corta duración sin mayores secuelas. Ni le mete un puñetazo, ni le parte dos dientes, ni lo muele a patadas. Utiliza un método usado para adoctrinar desde tiempos inmemoriales y no hace mucho desterrado de lo políticamente correcto.

Tal vez hubiese sido más adecuado que le hubiese tirado de las orejas. Pero dudo mucho que se hubiese atrevido a colgar el vídeo. Y a la mayor parte de los que consideran adecuado el escarmiento la bofetada les parece lo merecido.

Más si cabe con el victimista discurso de después.

En contra de la bofetada

interesadas

El agredido tiene sus fans, aunque no seguramente las de esta imagen, portada de otro de sus vídeos

Si bien exponer la primera parte de los argumentos defendiéndolo me resulta fácil tirando de la corrección política y lo que hay que decir para quedar bien en el mundo de la no violencia, dar más razones me resulta complicado si solo me quedo en mi posición.

“No se pega.” “Pegar es malo.” “La violencia no soluciona nada.” “Es exagerado.”

Supongo que es bien defendible que hay mejores argumentos que una hostia en la cara para hacer cambiar la actitud de una persona (solo hay que ver mi post de la semana pasada). Además, nuestra Ley tiende al castigo a la violencia física con independencia del detonante, mientras la verbal se la suele soplar mucho, así que —tirando de diccionario legal—, puede que el repartidor haya hecho mal (aunque no hay mal que por bien no venga, ay, qué tos más tonta).

La otra gran defensa, que me cuesta exponer, es la del entretenimiento, bastante común entre quienes protegen a este youtuber.

La broma de cámara oculta nació hace ya bastantes años, basando su funcionamiento en el forzar a una persona a una situación poco habitual para ver su reacción. Las bromas eran en un principio inofensivas, y pasaron a ser bastante creativas y elaboradas con los años, hasta llegar a un punto en que su “inofensividad” se perdió de tanto deformar su esencia.

Solo hay que comparar el intento de broma de este señor con otros experimentos de cámara oculta modernos totalmente inocuos:

No me cansaré en la vida de este vídeo JAJAJA

Ya desde hace tiempo, YouTube se ha hecho con la capitanía de las bromas de cámara oculta de mal gusto, siendo especialistas en el género un porcentaje relevante (que no muy alto, como otros se empeñan en hacer creer) de youtubers para público adolescente. La polémica de las primeras actuaciones de este tipo generó unas visitas que hicieron que muchos recurriesen al modelo, dando lugar a un grupo de consumidores de estos contenidos que perdieron el concepto de los límites de lo que se puede hacer o no a alguien en una situación de realidad no condicionada.

Es decir, gran parte de los defensores incondicionales de este chaval consideran que si uno va por la calle e insulta a alguien repetidas veces es merecedor de unas ostias; pero, si ven a un youtuber hacer lo mismo grabando, creen que no hay derecho a pegarle.

Para una persona criada fuera de esa cultura —como puedo ser yo mismo, que la he visto, pero no mamado— que una cámara te esté grabando o no cuando cometes un acto contra otras persona como puede ser insultarle, pegarle o hacer desaparecer una moneda que te ha dejado para un truco de magia tirándola al quinto coño es irrelevante: es un comportamiento ofensivo contra otra con independencia del entretenimiento que suponga y, si la otra quiere, tiene derecho a tomar medidas contra ti (que no tienen por qué ser violentas, cierto, ya que entonces las medidas pueden ser mutuas).

Sin embargo, para aquellos criados por este tipo de entretenimiento ofensivo para los participantes, el espectáculo parece estar por encima de la dignidad, y eso puede ser un argumento, lo comparta yo o, como es el caso, no.

Conclusiones caranchoístas

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El vídeo de este señor se convierte con su polémica en una nueva muestra de la situación de desconcierto de la sociedad actual ante el castigo justo. Si bien las nuevas tendencias de castigo de no violencia se imponen, en casos extremos como este se relaja bastante el límite de lo tolerable en la mayor parte de la población, volviendo hacia la coherencia instintiva o al medievo según quien opine. El caso de los que consideran ausencia de falta en el comportamiento del youtuber, toda una demostración de que las posturas a día de hoy están más dispares seguramente que nunca, en medio de una vorágine de entretenimiento y formas de culturizarse cambiante e impredecible.

¿Qué opinas tú de la bofetada?