El periodismo sin verdad y el autocerrojo informativo

Hace unos post, comentaba algunas de las principales razones del mal periodismo. Hoy vamos a analizar una de las que más polémica genera, tanto por sus implicaciones éticas como por atentar directamente contra los mandamientos del periodismo: .

La parcialidad: una situación conocida y aceptada

En España vivimos un verano de lo más ardiente en cuanto a periodismo de masas. Las tensiones en torno al independentismo catalán se unen a las estivales especulaciones sobre fichajes futbolísticos para dar auténtico espectáculo polémico a las mentes de los lectores y espectadores. Comparemos, como ejemplo, los dos siguientes titulares, prácticamente lanzados a la misma hora por dos diarios de información generalista: El Punt Avui y El País.

noticias contrarias

No, no estamos ante una encuesta diferente. Y no, aunque parezcan contradictorios, ninguno de los dos diarios miente:

confidencial encuesta CEO generalitat

Como podemos ver, simplemente, cada uno ha seleccionado los datos que le convienen para adaptar el titular a los intereses propios, resultando más sorprendentes si cabe por el hecho de que el porcentaje de “Sí” es mucho más grande entre los que afirman que votarían (62,4%) con respecto al de la población general (44,3%).

En cualquier caso, visto lo visto, estamos hablando de dos noticias bastante limpias en cuanto a objetividad de la información: tanto una como otra, al igual que la de El Confidencial, da el resto de datos más abajo en la noticia.

Caso aparte es cuando la verdad es poco menos que un elemento residual.

Cuando existe “La verdad” y “La VERDAD”
la verdad

Ayer, la Guardia Civil entraba en una serie de edificios públicos catalanes para recabar información con respecto al llamado “caso del 3%”. La noticia saltaba cuando los diferentes programas informativos y diarios digitales mañaneros soltaban que, en medio de la citada tensión independentista, la Generalitat había impedido la entrada al organismo de seguridad bajo la batuta del Gobierno central, en lo que podría considerarse una clara afrenta a su autoridad.

Minutos después, corrían las voces de que la Guardia Civil había desmentido que se hubiese puesto traba alguna a su actuación. Al cabo de un poco más, la falta de respeto a la información verídica se hacía notoria, apareciendo incluso discordancias entre las propias fuentes del Govern:

guardia civil no entra generalitat

Como resultado, horas después, cada noticiario poco menos que escogía la versión de la noticia que más le apetecía, dejándonos a los interesados en la realidad de la situación en la más completa oscuridad, al albedrío de nuestro instinto o lo que nos apetezca creer. Un comportamiento penoso para quienes tienen como trabajo encontrar la verdad y hacérnosla llegar.  Un comportamiento que abre la puerta a situaciones de lo más preocupantes.

¿Cerrojo mediático?

Ayer escuchaba unas declaraciones de lo más polémicas por parte de un asistente a un programa de tertulia política. Este “fenómeno” dejaba caer su creencia de que podría estar produciéndose un cerrojo informativo en Cataluña. Cómo no, dado el nivel de libertad de ataque propio de estos programas, no provocó ni un solo alzamiento de ceja en la mesa. Yo, que solo pasaba por el cuarto, me quedé fascinado ante la soberana acusación.

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Como sabréis, el cerrojo informativo o mediático es un orwelliano recurso de despampanante falta de ética, consistente en que los medios de comunicación informativos oculten a su público las noticias de interés que vayan en contra de uno de sus principales grupos de su interés. En general, para hablar de un auténtico cerrojo, el bloqueo afectaría a la posibilidad de que cualquier tipo de información contra los citados grupos —por lo habitual, gobiernos— llegase al pueblo a través de diarios, televisión y similares, siendo reprimidos aquellos intentos de que ocurra. Típico de sociedades autoritarias, el bloqueo mediático suele venir acompañado de un adoctrinamiento a través de los propios medios, al dar relevancia, precisamente, a noticias laudatorias que dejen quedar bien al propio órgano represor.

En cualquier caso, es interesante como, en el universo de internet y la individualización del contenido, el bloqueo mediático puede ser un concepto bastante interesante.

Cerrojos modernos. O no tanto

Tal y como la sociedad digital en países del primer mundo tenemos un acceso a la información objetiva y global mayor, seguramente, que en ningún momento de la Historia, las argucias para manipular el pensamiento social viven una época dorada.

Las técnicas para dar relevancia a contenidos que benefician al grupo de interés y hacer pasar de las que no hacen que se mantenga el “certificado” de ser plural y tratar distintos temas al tiempo que se manipula la opinión del lector o espectador. Por supuesto, excusarse en decir que es lo que este pide para ocultar la mala práctica, todo un mantra.

Oír algo que no nos gusta suele provocar dos resultados: abrirnos la mente y molestarnos. Por desgracia, el ser humano tenemos una clara preferencia entre ser abiertos y estar libres de molestias. Quizás por ello, aun teniendo el mejor momento de siempre para contrastar y ser poco menos que pequeños sabios con un poco de paciencia, la realidad es que nos solemos ver arrastrados por un remolino de ser más y más lo que ya somos, radicalizando nuestros gustos e intereses, pasándolo mal cuando tenemos que hacer algo diferente o, directamente, escuchar al de al lado. ¿Por qué íbamos entonces a elegir conocer opiniones distintas estando solos? ¿Por qué, con la capacidad que a día de hoy tenemos para personalizar más y más el contenido para oír justo lo que queremos escuchar? La personalización es tal que, o estás precisamente interesado en entender las diferentes corrientes políticas o sociales, o acabas por ser un loro repitiendo proclamas basadas en marketing político que tú mismo buscas sin necesidad de que ellos hagan nada.

Porque sí: puede que en realidad el periodismo que buscaba la verdad por encima de los intereses económicos o políticos haya sido solo una fantasía por la que únicamente unos pocos hayan luchado. Porque sí, puede que lo de lanzar piedras a los demás medios como método de crecimiento siempre haya sido un recurso. Pero la realidad a día de hoy, es que si el dinero y lo ideológico se han comido a la verdad en la actualidad periodística es porque nosotros mismos nos hemos encerrado en la cárcel de escuchar solo lo que queremos oír.

Y en la cárcel de nuestra autocomplacencia, aplaudimos el cerrojo informativo que nosotros mismos nos hemos forjado.

 

6 ideas clave para una jornada de conferencias perfecta

El pasado jueves estuve en Vigo representando a mi antigua entidad en una jornada sobre buenas prácticas web llevada adelante por la Fundación Barrié. Todo un ejercicio para conocer la realidad del tercer sector en el entorno digital. De hecho, lo considero como una de las mejores reuniones de este tipo a las que he asistido en los últimos años. ¿Por qué?

Hoy analizaremos, a partir de lo visto la pasada semana, qué elementos tiene que tener una buena jornada para ser un éxito.

osgonso barrie conecta

Desde aquí, gracias a quienes habéis hecho a nuestra exposición ser considerada la segunda mejor contada del día. Y gracias a también a Barrié y, por supuesto, al CDR O Viso por la oportunidad

Adecuación al público

Muchas veces, nos vemos invitados a jornadas que no se corresponden con los intereses de aquellos que escuchan. Una mala comunicación de lo que de verdad se va a dar, una mala selección de este contenido o un público asistente forzado o llegado de rebote suele generar un hastío en la audiencia altamente contagioso. Esto acaba por convertir el día tanto en un desperdicio de tiempo para quienes escuchan, como en una mala imagen de la entidad que la organiza.

En el caso del jueves, los contenidos tocaban temas con los que el público nos encontrábamos con frecuencia, de un modo u otro. También nos permitían ver diferentes enfoques o prácticas que podíamos llevar adelante. Esto hace que la atención se mantenga con mucha mayor facilidad y la sensación de utilidad a posteriori aumente de forma considerable.

Buenos ponentes

buenos ponentes

Muchas veces creemos que el mejor ponente es aquel que tiene más conocimientos del tema del que va a hablar. Lo que hace a alguien un buen ponente es, sin embargo, su capacidad de transmitir lo que va a contar a su audiencia.

Hablando de la formación ejemplo, los ponentes eran colegas de profesión, elemento que facilitaba la rápida identificación con la persona enfrente. Fuera de ello, por supuesto, necesitamos a gente que se nos haga cercana, no que intimide; gente que sienta lo que dice, en el caso de ayer, por hablar del trabajo que ellos mismos han hecho.

Cuando queremos una buena jornada y no una asistencia multitudinaria, necesitamos de ponentes que transmitan, y no ponentes que sepan.

Instalaciones y recursos técnicos adecuados

Muchas veces no son necesarios grandes espacios o veinte pantallas de proyección. Muchas veces solo es necesaria la inteligencia.

Las instalaciones de Fundación Barrié en Vigo son una maravilla por muchas cosas. Por ejemplo, el salón de actos puede ser usado como sala de exposiciones. Pero entonces, diréis algunos, ¿qué ocurre con los asientos? Una imagen vale más que mil palabras:

fundación barrie salón de actos sillas

Del techo de la sala penden una serie de cintas invisibles si no te fijas, de las cuales cuelgan las sillas cuando no son necesarias para el trabajo abajo. El espectáculo visual es asombroso. Cuando Fundación Barrié tiene confirmada una asistencia de 70 personas a través del clásico formulario de inscripción para participar en las jornadas, pone esas 70 sillas más algunas más abajo, las une con un enganche entre ellas para que no se muevan y hace que la sala se perciba bastante llena y la gente bastante más cerca, evitando tener desperdigados y con complejo de isla indonesia a los asistentes. Yo solo puedo aplaudir.

Obviamente, no todos podemos tener sillas colgadas de nuestro techo, pero si sabes que van a acudir 15 personas para un sitio de 50, consigue que vayan hacia las primeras filas, incapacita las últimas de algún modo (o elige otra sala si la tienes, claro). Si vas a hacer escribir a la gente, hacer trabajo de grupo, dale unas salas con mesas, con asientos que se puedan mover. Sé inteligente en cuanto al espacio.

Las proyecciones y presentaciones. Si tienes 10 ponentes y cada uno trae su propio pen para introducir en el ordenador, como en las relaciones o en el banco, de tanto meter y sacar, se pierde el interés. Sé como Greta Fábregas, una de las grandes artífices de la ponencia de ayer: une todas las exposiciones en un único documento y olvídate de la tontería de andar ventana para aquí y ventana para allá, haciendo que el público saque el móvil, resople o dude de si ir al baño ya o en la siguiente interrupción prescindible.

Pasar diapositivas. ¿Cuánto cuesta tener un lapicito de estos que hace ir hacia adelante y atrás las transparencias? Cuatro duros, y te evitas el tener a alguien en tensión sobre cuando darle al ‘Av Pág’.

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Aunque se palpe la tensión en el público cuando uno recibe el mando

Por último, ¿a cuánto sale darle a cada asistente un guion y folios? Si solo vas a hacer una jornada en tu vida, incluso se lo puedes dar sueltos, pero si lo haces con cierta periodicidad, ofrecer una carpetita de cartón o plástico cutre y un boli está poco menos que regalado y es más que suficiente para dar una imagen.

Planificación inteligente del horario

Este tipo de formaciones o series de ponencias suelen duran muchas horas. Si bien en tiempo de exposición se quedan en torno a 6, el desplazamiento, la comida y los tiempos muertos suelen llevar su duración a la sensación de un día, lo cual vuelve su estructuración un punto crítico a la hora de ser un éxito.

La estructura de la jornada del jueves es el perfecto ejemplo de cómo realizar una buena programación.

18 entidades tenían que exponer la buena práctica llevada a cabo en sus redes, así que se distribuyeron por las similares y se dividieron en bloques. Posteriormente, se confeccionó una línea lógica de proceso: en primer lugar, las prácticas centradas en los procesos previos o facilitadores de las iniciativas; a continuación, las enfocadas a las propias iniciativas, cerrando con las de control y medida de resultados. Una vez la idea está y tiene sentido, la anunciamos en la presentación inicial incorporando a la receta una imagen simple pero eficaz: verlo como un camino. Es más, un camino con curvas, “que son los divertidos”. Storytelling que ponemos a la vista de todos, en este caso, en una pantalla junto a la principal o, por ejemplo, en la carpeta del material.

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A lo largo de la mañana, la gente sabemos perfectamente por qué estamos escuchando cada ponencia: tenemos una orientación. Y simplemente se ha aplicado la lógica y la visualidad.

Fuera de ello, es también importantísimo la gestión del tiempo en las intervenciones y dar márgenes por encima de lo perfecto. En cualquier caso, si bien es complicado de evitar, no deberíamos dejar que las ponencias se alargasen muy por encima del tiempo estipulado. Normalmente, se suele tirar del tiempo de preguntas y de pedir brevedad a las personas de los últimos turnos, pero en general eso no debería pasar: a partir del 25% del tiempo que se hable demás del estipulado, hay que empezar a pensar en ir parando la ponencia.

En primer lugar, porque la duración de las jornadas se alarga de los límites establecidos, lo cual genera presión y falta de atención a las personas en los tramos finales de la mañana o la tarde. En segundo, porque toca en cierto modo el ámbito del respeto a ponentes y entidades que podrían haber hablado más tiempo y se ciñen al establecido. Y en tercero, porque directamente rompe el ritmo, generando una inestabilidad que acaba teniendo consecuencias en la satisfacción.

El tipo de descansos

En cierto modo dentro de la planificación del horario, elegir un buen modelo de paradas puede ayudar muchísimo. Si se tiene la oportunidad de ofrecer un café juntos, no deberíamos dudarlo.

coffee break catering

La gente normalmente nos desplazamos para acudir a una jornada, y mayormente lo hacemos en grupos minúsculos. Luego compartimos sala con gente con la que compartimos, como mínimo, el tener algún interés en nuestra presencia allí y el que salgamos satisfechos. Si se genera un mínimo sentimiento de unión entre el público, aunque sea por partes, la satisfacción de la reunión, la atención y el clima mejorarán. Dentro de la sala, es complicado que la gente intercambiemos impresiones con un desconocido al lado. Pero con un café la cosa cambia.

Para muchísima gente, una de las principales satisfacciones de este tipo de jornadas es el llamado networking, capitaneado por ese establecimiento de relaciones, esas charlas, ese colegueo en los tiempos de descanso. Así que al hacer una programación, si la pausa se consigue llevar de tal forma que los asistentes compartan espacio en ella, la reunión subirá un punto sin apenas necesidad de hacer nada.

Anfitriones dispuestos

Puede parecer una tontería, pero es un detalle que marca la diferencia: quienes organizan, quienes reciben, tienen que ser unos buenos anfitriones. No es necesario el peloteo, no es necesario el hacer largas presentaciones de besos y abrazos con cada asistente, pero un buen gesto, un buenos días, un gracias por estar aquí, incluso un asentimiento con la cabeza a los recién llegados que aún no hayas visto es un detallazo con muy poco, marcando la diferencia entre una jornadas y unas jornadas top.

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Sin ello, la gente puede no empezar muy cómoda

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Así pues, ¿qué experiencias tienes de este tipo? ¿Alguna idea más para hacer una perfecta? ¿Alguna vez te ha explotado un riñón esperando al descanso para ir al baño? Opina, comenta, comparte y todo lo demás

8 perfiles oscuros típicos del gestor de contactos

Si algo se repite por activa y pasiva es que una de las claves del éxito de la sociedad actual es la creación y mantenimiento de la red de contactos. Preocuparse por ellos, estarles encima, darle feedback, wasapito de vez en cuando, publicar al menos una vez al día en redes (5 tweets, un post en Facebook, una foto en Insta).

La situación es curiosa, ya que si algo también caracteriza a la sociedad actual es la falta de tiempo. Hay mil cosas para hacer, ya no digamos con trabajo o estudiando. Nueve horas diarias mínimo que se te van, más las comidas y el lavado de platos, más las siete-ocho de sueño, más las de ver los Juego de Tronos, 13 Reasons Why o afición de cada momento, más el gimnasio o por lo menos paseo para no evolucionar en morsa, más el estar con la gente que quieres.

Hoy, analizamos en clave de humor de dónde coño saca tiempo esta gente.

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1. No prestando atención al contenido

Todo un clásico. Este perfil da MG a todo con independencia de lo que la otra persona diga. Avanza por el muro de FB o Insta cual si fuese un entrenamiento de coordinación dactilar, dando corazones y pulgares a mansalva a amigos, enemigos, fotos geniales, que odian, contenido que apoyan y no, etcétera. Su ahorro de tiempo y su ratio de gente contenta los convierten en todos unos amigotes para públicos de alta hipocresía como el de las redes sociales.

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2. No teniendo aficiones

Para este tipo de contactero nato, no hay mayor afición que centrarse en saber de la vida del otro. El llamado Maruja 3.0 no tiene más ocio que el que puede utilizar para el propio contacto. Y es feliz. La última vez que vio una peli porque sí, escuchó una canción desconocida para el público general o hizo un comentario no cuñado se remonta a 2004.

3. No durmiendo

El contactero “night owl” pone un Stories a las 3.30 de la mañana quejándose de su insomnio, pero en realidad aprovecha las noches para ver las series que no le permite su cotilleo a las horas fuertes de las redes sociales. Perfil típico del universitario, si necesita horas de sueño las recupera de clases en las que no pasan lista o tiene amigos que firmen por él. O directamente durmiendo todo el día durante el fin de semana.

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4. Practicando el multitasking

Cuando este tipo de contactero disfruta de un momento de ocio —bien para tener tema ligero del que hablar con sus contactos, bien porque sus amistades tradicionales o sexuales le obligan— aprovecha la circunstancia para mirar el Insta, twittear la película y mandar WhatsApps durante su visionado. Se dice que son inmunes a las miradas de reproche de sus acompañantes de habitación y que son capaces de procesar hasta el 89 por ciento del argumento de la cinta o programa por encima del 20% de audiencia.

A día de hoy no hay datos que indiquen que puedan actualizar perfiles y leer novelas a la vez. Ni siquiera se ha podido constatar que sean capaces de leer fuera de una pantalla.

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5. Con extrañas dietas

Este conectero disfruta del resto de actividades, sacando tiempo de recortar en movimiento de piernas. En general, se mantienen delgados y atractivos a base de estrés, no comer por riesgo a perderse un trending topic de calidad y no salir en fotos desde tiempos de la Guerra Fría.

6. No teniendo seres queridos

Todas sus relaciones son secundarias y con posible interés social de segundo grado.

Habitualmente vive lejos de su familia, en un apartamento pequeño pero posteable, limitando sus relaciones en persona. Eso le permite una excepcional ampliación del tiempo útil merced a no hacer la cama más que para las fotos frente al espejo, lavar los platos una vez cada dos días o alimentarse a base de productos no perecederos para evitar los viajes al súper más allá de una vez a la quincena.

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7. A base de una selección implacable

La versión trepa del contactero. Se arrima a quien le permite acceder a alguien con más capacidad y cuando lo consigue lo abandona sin contemplaciones con argucias de buena cara, limitando su número de contactos trabajados en cada momento. Se dice que en sus casas tienen altares a aquellos youtubers y famosillos que colaboraban con estrellas del gremio con las que ahora no se hablan por tener público de sobra en su nuevo canal o programa.

8. Durante el trabajo

Suelen acceder a esta posición a base de su buen hacer en otras categorías. De las ocho horas de jornada laboral, 3 y un cuarto son dedicadas a las charlas por el Messenger de FB, la lectura de noticias curiosas que comentar, post como este o el twitteo a través de un perfil anónimo que de vez en cuando lo menciona y aplaude.

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¿Se te ocurre alguno más? ¿Crees en la existencia de gente con días de 28 horas? Comenta, comparte y esas cosas.

Algunas vergonzosas razones de la victoria de Trump

Ayer me encontraba una curiosa encuesta en directo de un periódico español en la que se preguntaban a los lectores quién creía que iba a ganar las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. En determinado momento, la encuesta iba Hillary 24.091-1.562 Trump. La han reiniciado como 20 veces ya, no tengo ni idea pues del resultado final, pero está claro que a veces la gente confunde lo que quiere que pase con lo que en realidad pasa.

De hecho, aún ahora siguen votando:

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“Ánimo Hillary, tú puedes”, estará diciendo todavía alguno.

La realidad, por mucho que la gente siga tapándose ojos y oído ante la terrible evidencia, es que el definido como televisivo misógino homoxenófobo y veinte adjetivos más Donald Trump ha ganado las elecciones del país más poderoso del planeta. El icono de la sociedad del primer mundo —el hogar de las oportunidades, de la Estatua de la Libertad, de la gran factoría de sueños hechos películas, de Nueva York y todo lo demás— va a estar presidido por alguien que ha declarado no poder evitar propasarse cuando ve a una mujer bonita, y que estas se dejan, porque tiene poder y es famoso.

Sabéis de sobra que soy un tipo abierto de miras, y que en general, ante el ataque indiscriminado a una postura, suelo posicionarme en torno a esta. Hoy no, gente. Hoy no me vale el decir “es que la gente estaba acojonada” o “es que Hillary no daba un programa decente”: una barbaridad de gente ha votado a este bufón por razones dignas de avergonzarse de la educación cultural del país que debería ser ejemplo para el resto, pero cada día da menos visos de que valga la pena.

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Y él feliz.

El miedo a lo diferente

Todo un clásico de la postura conservadora. “Lo diferente es malo”. “Los de fuera nos traen cosas malas”. Relaciones con los demás, las justas. Los demócratas de Hillary tiraron de él también, claro (“¡No votéis a Trump, que imaginaos lo que puede pasar, mejor quedaos con los que ya estábamos!”), pero el miedo al cambio no surtió el mismo efecto que en lugares como España con el Partido Popular y Rajoy, por ejemplo.

El populismo y el espectáculo polémico

De todos es sabido que decir lo que la gente quiere escuchar es supereficaz, y que si lleva follón y carne de tertulia política, mucho mejor. Tras exitazos de público como Beppe Grillo o Pablo Iglesias, un fenómeno televisivo y de cambio como Trump era todo lo necesario para cargarse una época de gobierno de larga duración criticado por su gestión de los restos de la Gran Crisis de principios del XXI.

El odio a la política

A base de hacer creer que la culpa de todos los males del país fueron los políticos, la campaña de Trump recalcaba una y otra vez su capacidad para afrontarlos, ya que no lo era. Ahora, los que no querían políticos tienen a todo el gobierno de su país más uno a la cabeza sin la más mínima experiencia.

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Sí, Donald, ya sabemos que eres tú, puedes bajar la mano.

El ‘patriotismo’ estadounidense.

“No necesitamos a los de fuera, porque somos los mejores. Europa es lo obsoleto; los chinos y rusos, nuestros enemigos; los mejicanos y latinos, las drogas y la delincuencia; a los musulmanes, directamente, les prohibimos la entrada en el país por tener la misma religión que los del 11-S; y ya que estamos con ellos, hay que hacer algo con el terrorismo, que para algo somos los buenos”. EEUU demuestra una vez más que, pese a ser un país hecho de inmigración, tiene unos prejuicios atroces a lo de fuera y un sentimiento nacionalista y patriótico rayano a la ceguera ególatra.

Las características de la rival

Hillary no es muy valorada en su tierra, pero si bien en muchos casos no lo es por haber sido segunda de un Obama y sus políticas bastante criticadas (respetable) o por sus “cambios de chaqueta” para ganar votos, también siembra dudas por temas que en un país desarrollado deberían estar en el olvido. Si bien pueden abundar los que nos digan que se echaron atrás por los escándalos no demostrados que Trump se empeñó en recalcar, difícilmente encontraremos a muchos que reconozcan que no la votaron por no querer estar gobernados por ser la mujer de Clinton, por “una cornuda” y demás comentarios decimonónicos. Que hubo quien le retiró su voto por no tener a una tía de presidenta tras el horror que le supuso tener a un negro es algo evidente. Y penoso, no digamos.

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Él es feliz.

Ahora bien, decepcionados: he de decir que hasta en este despropósito colectivo, brilla un rayo de luz. No sé si la luz es clara, negra o ultravioleta, pero estoy seguro de que habrá algún imbécil que se aferre a ella.

¿Sabéis cuando la gente por las redes sociales nos viene con que los demás son unos hipócritas, unos falsos y demás? Antiguamente, y pese a que el voto era secreto, muchos se avergonzarían de votar a algo como Trump. La corrección política y el miedo al qué dirán, les hacían ocultar dentro esas tendencias, hasta el punto de negarse a sí mismos esos valores. Hasta el punto de que había quien no votaría nunca a algo como Trump aunque lo apoyase, por no ser capaz de aceptarse así. Todos ellos que luchasteis a muerte porque la gente fuese visceral y sacase de dentro su verdadero ser, estáis de enhorabuena.

Tanto hemos luchado contra la hipocresía que, al final, hemos conseguido que la gente muestre abiertamente que es gilipollas.

Decadencia y muerte de las First Dates

Pasaba ayer por delante de una atractiva pareja de jóvenes, sentada a un banco del centro de mi ciudad. Físicamente —valga el prejuicio—, tal para cual.

Él le preguntaba si “eso” no era “tal”, a lo que ella respondía que “no”, que esa era “en la tercera saga”, que en “la de los 70” era “otra cosa”. El chico asentía y sonreía entre la frustración y la incomodidad.

Qué jodido es, a día de hoy, tener primeras citas.

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Me siento viejo y acabado; achacoso. Mi antigua amodestia física ha pasado a convertirse en un “No te preocupes: para lo que lo usas…”. Ya no creo demasiado en el clásico modelo de una primera cita cuando sé que todo está dicho por Direct o WhatsApp. Ya no espero poder vivir eso de conocer a alguien una mañana e invitarle a tomar algo.

Murió hace mucho.

Sin embargo, sea por el programa de Sobera en el que vemos a varias parejas de desconocidos tener una primera cita ante las cámaras o por una nostalgia de tiempos pasados impropia de un chaval de solo cuarto de siglo, lo de las “first dates” lleva un par de meses llamándome la atención.

No tardé ni cinco pensamientos en darme cuenta de que el concepto está fastidiado.

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Al contrario que el programa: viento en popa

Si hay ganas de comer y espacio para hacerlo, la cosa está chupada: la risita en el silencio llega rápido y el abalanzamiento (¿abalance? ¿abalorio? ¿avalancha?) se produce sin mayor problema, pero… ¡ay como la conversación tenga que hacerse protagonista!

En primer lugar, porque a la hora de establecer conversación con desconocidos, tiramos de temas manidos que, o bien nos resultan incómodos o bien nos la lían mucho:

—¿A qué te dedicas?

—Estudio Historia. ¿Y tú?

—Veterinaria.

—Ah… —Silencio incómodo—. ¿Qué tal lo de meter el brazo en vacas?

No.

Cuando no tenemos más que una idea general de la profesión del otro, hablar de trabajo no funciona bien. Además, puede derivar en todo un clásico: el empezar con la política o “lo mal que está todo”. Que puede hacernos empatizar, sí. Pero en un plano de cabreo y bajada de ánimos que no viene bien en absoluto.

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Participante de First Dates ríe profusamente tras ordenar a su perro arrancarle la nariz a su cita. Él acaba de decirle que “si estás parada es porque quieres”.

Quedémonos con lo de no dominar el tema en el que el otro es experto y llevémoslo al plano de las aficiones. Antiguamente, hablar de música y películas era una opción de lo más común y útil; a día de hoy, es una bomba de relojería.

La enorme variedad de entretenimiento a la que optamos y los nuevos medios —como la televisión a la carta o el visionado por internet— han hecho no solo que el que coincidamos en un producto de entretenimiento sea complicado, sino que de coincidir, un miembro suela estar a un nivel más que el otro:

—¿Ves Strange Things?

—No. ¿Tú True Detective?

—No, la tengo ahí aparcada. ¿American Horror Story?

—No me va mucho… —Se le enciende la bombilla—: ¿Juego de Tronos…?

—¡Claro! ¡Empecé ayer, llevo cuatro!

—(Principiante… ¬¬)

Tanto con la música como con las películas pasa algo por el estilo: el entretenimiento ha pasado a dividirse y especializarse tanto que el antiguo perfil común de espectador mainstream que veía lo que ponían en la tele ha pasado a un segundo plano, creando gente con un dominio altísimo sobre ciertas series y sagas que nadie en su entorno ve. Esto suele generar comportamientos de superioridad al hablar del producto que domina y de completa falta de interés e incomodidad cuando le hablan del que no. La escena de la pareja en el banco a principio de post, todo una muestra de ello.

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No te preocupes, Diana: es bastante frecuente que nadie aguante a nadie

La razón por la que nos tenemos sentados uno frente al otro suele ser un buen recurso.

Por ejemplo, “nos ha presentado un colega, vamos a ir por ahí”. Hablar de otros es un clásico en todo tipo de conversaciones de ambiente informal. Aunque claro, en una primera cita, los datos que das sobre tu amigo suelen medirse bien por un posible fracaso. ¿Qué quiere que sepa el otro? ¿Qué sabe realmente de mi colega? Lo más probable es, pues, que el tema se extinga rápidamente tras un par de halagos a la celestina, o que se trate de llevar a más conocidos comunes que —dado que no conocíamos la relación antes— hacen dominar a las posibilidades de que no se lleven, se caigan mal o no favorezcan nuestra imagen frente a la de que sea todo un acierto.

Si —otro ejemplo— estamos tomando algo con alguien que acabamos de conocer en una charla sobre termodinámica o introducir el brazo en vacas, la cosa suele ser mucho más sencilla. Está claro que la afición suele ser común y a partir de ahí fluyen bien temas como si con los dedos extendidos o el puño cerrado, o cómo fue su primera vez (en el interior de una ternera gallega), así como lo bien o mal que lo hizo el ponente de la conferencia.

Quizás es por eso que muchas relaciones salen de este tipo de situaciones: del haber compartido una experiencia de la que habéis salido airosos juntos.

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Ir al cine en una primera cita está desfasado y la mayor parte de autores lo ven poco recomendable. Sin embargo, antiguamente tenía una defensa bastante lógica: generar una experiencia común. Además de tenerla a oscuras con la mano junto a la tuya y evitar charlas que se carguen la cita, claro.

La experiencia común seguramente sea (más allá de la atracción sexual) la clave del funcionamiento de una primera cita.

Habiéndonos cargado el atractivo de la conversación barata y de libro, así como las aficiones en común, el tiempo libre y la necesidad de tener pareja, vivir fuertes experiencias juntos de las que salir reforzados y que permitan alcanzar los besos y el sexo que luego vuelvan más satisfactorias las conversaciones es la realidad del éxito en una primera cita actual.

La primera cita romántica ha muerto. Larga vida al meter brazos en vacas.

Por qué las personas buenas no tienen derecho a días malos

Hoy vamos a tratar de analizar una de esas situaciones de poco explicable carácter que cada cierto tiempo encontramos en nuestra vida diaria: por qué los buenos de verdad tienden a quedarse solos en los malos momentos y los que siempre los están dando tienen constantes apoyos.

Imagen para incrédulos: los buenos también lo pasan mal

El bueno y el tóxico de la película

En este caso, vamos a dejar descansar a nuestro habitual personaje ejemplo X para darle la alternativa a B y T: el bueno de la película y el habitual tóxico o tocahuevos (podéis elegir la que os suene mejor).

B —arquetipo amenazado con la extinción en la realidad— es una persona supermaja, preocupada por sus amigos y siempre con una sonrisa en la cara. Como buena máquina de estar en perfectas condiciones, este personaje se caracteriza por llevarse bien con la práctica totalidad de la gente, siendo muy querido y valorado por su entorno y resultando habitual confidente, apoyo y consejero en caso de que sus allegados sufran de algún tipo de quebradero de cabeza.

En cuanto a T, tenemos al amigo causaproblemas, en sus múltiples versiones. Desde el que mete mierda por detrás al agresivo verbal. Del “todo me va mal-todo me va mal” al que hace sentir mal a todo lo que haya alrededor. Del jodenoches profesional a base de borracheras al jodenoches profesional a base de preocuparse por el jodenoches profesional a base de borracheras.

No es difícil encontrar gente de este tipo, ¿no?

Metafóricas máscaras que a la vez reducen la sensación de testamento

Cuando aparece el problema para los T

Pongamos pues que cualquiera de nuestros queridos ejemplos Ts tiene un problema relacionado con su punto débil o tóxico.

  • En el caso del metemierda por detrás, lo más probable es que de tenerlo encuentre apoyo en alguien con intereses comunes en la persona a la que mete mierda. Que haga equipo contra el tercero.
  • El víctima o “Todo me va mal” suele ser protegido por su núcleo de amigos, que suelen considerarlo una persona débil necesitada de apoyo para sobrevivir.
  • El agresivo verbal suele lidiar día tras día con problemas y discusiones, pero tiende a tener de amigos a gente con poco orgullo, permitiéndole el suyo superdesarrollado mantenerse bien mientras el otro no vuelve pensando “Boh, es que él «es así»”. Su mal comportamiento no le suele suponer perjuicios: será por Sheldons reales.
  • Tal y como vimos en Por qué eres imbécil si proteges a gente tóxica, lo más probable es que al jodenoches profesional lo proteja algún infeliz del grupo una y otra vez, ganando la atención que se suele buscar con ese comportamiento.
  • En cuanto al que abandona al grupo para proteger a este tipo de gente, se suelen escudar en que hicieron lo correcto: cuidar de su amigo. En caso de que el grupo lo castigue, siempre tiene al jodenoches en su majísima versión diurna como apoyo.

En otras palabras: los problemas relacionados con los puntos débiles o tóxicos conocidos por los amigos no suelen suponer mayor inconveniente para que a la gente de tipo T se le preste ayuda en caso de un momento de bajón o crisis.

Sin embargo… ¿qué ocurre en el caso de los B?

Cuando aparece el problema para los B

Sean héroes anónimo o superhéroes, siempre hay días malos para los buenos

Aunque el diccionario oficial de la amistad nos lleva a pensar que la buena persona es la que más muestras de apoyo recibe en caso de tener un problema, la realidad es bastante diferente.

El primer punto para que así lo sea es el silencio ante el problema. Mientras perfiles como El víctima, El agresivo verbal o El metemierda no van a dudar en hacer saber que están o han sido jodidos por algún lado, el habitual B se va a callar para no causar molestia al resto, volviendo difícil el que se vea su necesidad.

“Un verdadero amigo va a notar el problema”, diréis algunos, y por lógica puede parecer que sí. Sin embargo, la realidad tiende a ser bastante distinta.

Primero, porque difícilmente alguien se va a interesar por una persona que siempre está bien: se da por hecho que lo está, pues es parte de él, y uno no se centra en saber cómo está. Y, segundo, porque en caso de notar algo mal en esta persona, en lugar de preocuparse (como se haría en el caso del Víctima o del Jodenoches) y de forma incomprensible para la lógica de la amistad, se tiende a huir de ella mientras no recupere su habitual forma de amigo que siempre está bien.

¿Pero por qué se da esto? ¿Nos limitaremos a recurrir al clásico “es que la gente es mala”?

En realidad, la explicación parece asentarse en uno de mis puntos favoritos a la hora de explicar temas sociales: la identidad.

La inconcebible pérdida de identidad

Un niño bajito se va o viene ante un disfraz de Spiderman muy bonito inexplicablemente mal tirado a la basura (o algo así)

Las personas perdonamos muchas cosas. Llegamos a perdonar traiciones, abandonos, insultos, discusiones, infidelidades, plantones, vergüenzas y mil más. Pero si hay algo que el ser humano, por instinto, se vuelve incapaz de asumir es que alguien deje de ser quien es.

Un colega puede ser un hipócrita, un violento, un bocazas, un borracho insoportable, un cerdo o lo que quieras: una vez aceptado como amigo siendo eso, va a ser lo de menos. Ahora bien, como una persona esté caracterizada en la mente de alguien como “siempre fuerte” y demuestre “debilidad”, la mente humana la va a apedrear. A repugnar. A repeler.

Como a alguien lo tengas como “siempre feliz”, en el momento en el que no lo sea, tu cuerpo va a huir de él aunque tu sentido de justicia diga que no lo hagas. ¿Y qué supone esto? Que te sientas mal. Porque te sientes injusto, aun no sabiendo cómo evitarlo. ¿Y qué tiende a hacer el ser humano medio cuando se siente mal consigo mismo? Huir de lo que le molesta. Instintivamente.

He ahí por qué cuando las personas que siempre están bien están mal no haya nadie: porque el ser humano puede aceptar que una persona tenga defectos, pero no que una persona que nunca los ha tenido los tenga, que pierda su identidad.

Superman en el juzgado por tener alergia a la kriptonita y no haberlo dicho

En definitiva, perfectos del mundo, el precio a pagar por serlo es ese: morirse de pena y soledad el día que estéis mal. No esperéis ayuda porque difícilmente alguien acudirá (y, si acude, lo haréis sentir fatal, lo cual va en contra de vuestro código). Ser bueno no compensa más allá del espejo, ante cuya vuestra imagen solitaria sí tenéis derecho a sentiros orgullosos, aunque seguramente no podáis.

En cuanto a los que seáis unos desgraciados y le jodáis la vida a los que os rodean, no os preocupéis: solo daréis asco ante enemigos y vosotros mismos. Vuestros colegas aceptan que seáis pura mierda en ese aspecto.

Dicen que a largo plazo el mundo pone a cada uno en su sitio. En esto, no lo creo, pero bueno: para eso está la conciencia.

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¿Algo que aportar? ¿Eres de esa extraña especie que trata a cada uno como se merece? ¿Querías ser buena persona pero te diste cuenta de que no tenía excesivo sentido práctico? ¡Comenta, comparte, lava tu imagen o lo que sea necesario, que para eso están los botoncitos esos de por aquí!

Por qué eres imbécil si proteges a gente tóxica

No sé si es por los constantes cursos de Comunicación y Habilidades Sociales o porque estamos más infestados de esto que de Pokémon Go, pero uno de los temas con los que más me topo es la correcta interacción con personas tóxicas. Si bien en posteriores post espero tocar este tipo de comportamientos con más profundidad, este va a estar dedicado a analizar las circunstancias y consecuencias de defender a quien practica este tipo de comportamientos.

En primer lugar, y pese a que espero hacer un post más grande en referencia al tema, me gustaría comentar brevemente qué son las personas tóxicas y sus comportamientos. Con ello hacemos referencia a gente con actitudes y conductas que, con menor o mayor intencionalidad, echan abajo la buena salud mental —e incluso física— de los que le rodean.

Tirando de entendidos del tema como Bernardo Stamateas, se habla de diferentes tipos de personas tóxicas, entre los que podemos encontrar personajes como el falso, el orgulloso o el agresivo verbal, a los que yo sumaría otras categorías como el egocéntrico o el “Soy así”.

Pero categorizar a estos chupavidas no es el tema de hoy. Hoy nos vamos a centrar en analizar cómo la gente nos empeñamos en mantener a nuestro lado a este tipo de elementos y los efectos que esto tiene.

egoísta y egocéntrico Brando.png

Creo que no hablo en desconocido idioma si expongo que encontrar a esta clase de personajes y situaciones a diario es una realidad. Cada vez que le pasa al de al lado se ve claramente. Lo vemos irse con su amigo que lo utiliza, se aprovecha de él, o insulta y demás, y como digamos algo nos exponemos a las reacciones más coléricas.

“Es que yo lo quiero.” “Es que él es así.” “Es que no lo hace por mal.”

Las frases son tan populares que seguramente las encontraríamos en un top 100 de más usadas en nuestra lengua, e incluso en nuestro diccionario particular. De hecho, quien esté libre de hacerlo, que tire la primera piedra.

Por otro lado, ¿es realmente útil?

Pongamos un visual ejemplo.

Borracho

X sale cada sábado con sus amigos, son un encanto. No obstante, uno de ellos siempre se coge unas cogorzas descomunales, acabando nuestro protagonista por estar de canguro suyo cada noche, volviéndole estas insufribles. Los amigos de X están hartos de esta situación y —tras reiteradas broncas al afectado— ya pasan de él, incluso dejando de querer llevarlo de fiesta; sin embargo, X siempre acaba tirando su felicidad a la basura por ayudar a su colega, por el día agradable (como el resto) y por la noche un completo imbécil. A la tarde siguiente se suma a la reprimenda, pero su amigo, tras los constantes “perdón” arrancados casi por obligación, repite una y otra vez cada fin de semana, al igual que X ayudándole.

Analicemos qué supone este tipo de comportamiento de X.

En primer lugar, ¿está ayudando a su amigo sacrificando su felicidad por él? Si su colega no recibiese su ayuda ni fuese invitado a salir —como el resto pide—, tal vez tomaría la determinación de evitar este tipo de comportamientos para volver a estar bien con el grupo. Con la constante tolerancia al comportamiento tóxico (en este caso, egoísmo puro), lo que X está haciendo es invitarlo a que lo haga una y otra vez, porque sabe que lo tendrá de colchón.

En segundo lugar, ¿está cumpliendo X su objetivo a la hora de salir? Cada noche tiene que estar arrastrado detrás de su amigo, haciendo de babysitter gratuita ante la mirada despectiva del resto de sus amigos. Tomando la determinación de no soportar el egoísmo del otro, tendría como resultado noches verdaderamente de fiesta. Principal motivo para salir, se supone.

Por último, ¿qué trato está dando X al resto de sus amigos? Los que se comportan, los que salen con actitud de pasarlo bien con sus amigos, tienen que soportar que no esté por alguien que solo se preocupa de sí mismo; tienen que verse constantemente afectados por las actitudes no solo del tóxico, sino de un X que se vuelve tóxico también a la hora de desaparecer tras el otro, pedir ayuda y demás. De hecho, numerosos casos nos hacen imaginar que, en una mala noche de estos, seguramente X no estaría para ellos.

Así pues y en definitiva, ¿es positivo para alguien el comportamiento de X defendiendo al tóxico?

No.

Ni para él, ni para sus amigos, ni para el tóxico siquiera.

Para nadie.

gente tóxica.png

Un comportamiento tóxico momentáneo es perfectamente entendible, pero en el momento que se extiende en el tiempo hay que atajarlo con dureza. No solo por el bien de los “intoxicados”, sino por el del propio chupavidas. Y esto no va solo por casos tan específicos como el del ejemplo.

Estamos hablando de gente que empieza a vacilarte día a día de coña y a base de “él es así” acaba por hacer sentir mal a los que le rodean, para más tarde quedarse solo porque no sabe comportarse con la gente que quiere. Estamos hablando de gente que llama la atención a base de decir lo mal que le va todo y —a base de que la compadezcan y  retroalimentarse— acaba deprimida y deprimiendo a todo aquel que le rodea. Estamos hablando de gente que se cree con la razón absoluta y acaba no siendo capaz de aceptar una opinión distinta, para acabar siendo un solitario al que los escasos que le hablan le siguen la corriente, que nadie quiere, pero cree que lo sabe todo y los demás son idiotas.

Este tipo de conducta de estoica resistencia por parte de los que los rodean seguramente venga de épocas en el que el mantenimiento de relaciones era imprescindible por estar siempre con la misma gente, como familia o vecinos. Sin embargo y a día de hoy, ¿es realmente necesario tal respeto a la falta de respeto a nuestro bienestar?

La respuesta clara, en una sociedad tendiente a la felicidad individual y con la mayor capacidad histórica de rotación de amistades, es que no. De hecho, resulta totalmente improductivo.

Así pues, desde aquí, invitar a afrontar los comportamientos tóxicos antes de que nazca la persona tóxica. Realmente, de esas —escorpiones que matan ranas— hay pocas.

Pero eso ya es otra historia.

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¿Cómo llevas tú lo de lidiar con este tipo de gente? ¿Les cortas el rollo al momento o simplemente das la razón al artículo sin hacer nada? Comenta, comparte y lo de siempre. Bueno, lo de siempre no, mejor comparte y comenta 😉