A mi pen

pen drive osgonso

Tiene gracia que uno de los términos para denominar a uno de mis objetos más importantes sea el de «memoria portátil». Más que nada porque yo no tengo memoria ni para recordar cómo llegó a mí.

Sé que fue un regalo. Al menos, si se puede considerar regalo a la entrega de un producto promocional. De no tener en el lateral el símbolo de aquel máster ya olvidado, tal vez ni podría recordar de dónde vino. Pero, en fin: tampoco recuerdo de dónde vinieron más de la mitad de mis amigos.

Y es que este amigo es un amigo íntimo.

Por haberme acompañado durante más de un lustro que para mí es siglo. Por llevar de él no solo todos esos relatos que de mí son legado, sino mis sueños, mis recuerdos, quién fui y quién quise ser.

Este pen es mi amigo por ser testigo de mi mundo, mis ambiciones, mis éxitos y fracasos más simples y profundos.

Y sí, puede que lo que él lleve dentro sea guardado a buen cobijo cada cierto tiempo. Sí, puede que no sea más que un USB de plástico que cualquier día me dirá adiós en un mar de «No se reconoce el dispositivo».

Sin embargo, los amigos a veces también dejan de reconocerte. Como tú a tus relatos, a tus pasados, a tus sueños, y no por ello su recuerdo pierde todos aquellos matices, todas aquellas sonrisas, todas aquellas verdades y todos aquellos olvidos.

Aquellos que un día fueron vida.

Aquellos que, un día, fueron memoria.

Anuncios

Whitezone: la friendzone de la hoja en blanco

Ayer empezaba un nuevo curso de escritura creativa. Falta que hacía.

Lo cierto es que el traslado a Vigo le ha sentado a mi obra literaria como guillotina a cabeza de rey francés. Ya sea por las 6 horas y media de Word por la mañana, la agradable omnipresencia de mi mujer compañera de piso o la falta de una rutina que sí brilla en lo de no hacer nada, mi nuevo hogar ha devuelto mi producción de texto de opinión a niveles prehistóricos, mientras que la de relato o novela se ha volatilizado entre mobiliario de los 70.

¿Hoja en blanco?

Tras la primera sesión del curso, volvía a casa con dos relatos a trabajar y hacer potables, proyectos para otros dos, más el de este post. In other words, recordaba que la hoja en blanco es como echar a alguien la culpa de no querernos cuando el que tiene la incapacidad somos nosotros. Una friendzone literaria.

Casi podíamos llamarla whitezone.

whitezone osgonso

 

«¡Pobre de mí, no tengo ideas para escribir!» «¡Las musas no me quieren!» «¡Voy a tener que hacer una segunda parte mala

Pamplinas.

La persona que ha escrito de verdad, y ha sido creativa, y ha mantenido una constancia, y sufre la dulce enfermedad de la imaginación, no pierde la capacidad de crear historias. Ni mucho menos de escribir.

Puede perder nivel, hecho normal cuando uno se rasca la barriga a dos manos. Puede no tener suerte con las ideas, que las que se presenten no tengan la capacidad argumental, el género literario o ese ‘enganchar’ que le gustaría. Pero quien fue dotado de la capacidad de escribir en la medida suficiente para haber hecho algo en su vida literaria de lo que se haya sentido orgulloso en algún momento puede volver a tejerla si se pone.

Las estrategias para fomentar la creatividad son varias. Si bien meterse a un taller literario es una solución de alta efectividad, solo con escribir sin rumbo ante una pantalla ya deberían ir saliendo ideas. Leer textos que se salgan del sota-caballo-y-rey es otro método sencillo. Y, por supuesto, hay numerosas técnicas de fomento de la creatividad literaria. Aquí os dejo enlace a un post de Gabriella Literaria con unas cuantas actividades y otras tantas webs con más.

Si no te apetece escribir, lo dices. Si estás hecho un vago, asúmelo. Lo que tienes que tener claro es que quien quiere escribir puede.

Y que no hay whitezone que valga.

Despertando a sueños

Ayer recibí mi último regalo de cumpleaños de este año, de una persona muy querida cuya existencia incluso desconozco.

Principalmente, era una revista. La había visto en foto: ella me había enviado su sorpresa tiempo atrás, cuando había descubierto mi nombre firmando un relato en una de las páginas. Yo ni siquiera sabía que me lo habían publicado. Me puso muy contento.

Tengo unas cuantas publicaciones por ahí. Aparezco en remotos lugares de la web. Fui finalista en algún que otro concurso y —por lo que sé— alguno de mis relatos apareció en algún que otro libro recopilatorio de participantes.

Sin embargo, pese a llevar más de 10 años mostrando a otros lo que escribo por diferentes vías, nunca había visto nada mío en el papel de quien se juega dinero con él, aunque sea una página y su tinta. Pese a todas las letras que han estado conmigo desde que el uso de razón llegó a mi mundo, nunca había podido tener entre mis manos el testimonio de que una vez mis textos han existido fuera de pantalla para alguien más que yo.

Lo cierto es que no sabía cómo sentirme ante aquella revista. Sabía lo que ocultaba la página marcada con un imán diciendo cosas bonitas, pero no sabía qué sentir, como muchos otros creen saber perfectamente qué hacer ante una nueva situación por lo visto en pelis, leído en libros, oído en mesas. Yo nunca leí en mesas con pelis qué sentir cuando ves que uno de tus sueños desde pequeño, aunque en pequeño, te mira desde el papel.

Y quizás por ello, ante aquello que tiempo atrás escribí para estar en esas páginas, en un momento de homenaje a mi amor muriendo y naciendo a la vez, en un momento de sangre y hacerse mayor y lo que tienes que hacer, me encontré con el niño que se contaba historias antes de dormir. Con el adolescente muerto de amor roto. Con el proyecto de adulto hecho de decepciones y lucha por ser mejor. Y me emocioné mucho. Joder si me emocioné mucho.

Este es un post para los que sueñan. Sí, también es un post para Hari y su amor a un imbécil, y también para mí, y también para el propio amor en sus múltiples formas, horrores y felicidades de mil colores y paradas cardíacas. Pero este es un post para los que sueñan y a veces dudan de si seguir haciéndolo.

Soñad. Puede que los sueños no lleguen, puede que la espera sea eterna. Puede que la decepción, la injusticia y otras faenas rodeen vuestra estampa y las realidades del mundo del enchufe y el cuñadismo sean la verdad día tras días. Pero soñar, con esfuerzo, con lucha, con crecimiento, con esfuerzo otra vez, hace que —de cuando en cuando— un fruto llegue. Y, por pequeño y sin zumo que sea, aunque solo sea por el darte cuenta de lo precioso de donde has llegado, va a ser un momento muy bonito, merecedor de todo pasado en el séptimo cielo de estar con los ojos abiertos.

Lo bueno de soñar es que a veces despiertas al sueño. Y da gusto ver que los sueños, vidas son.

Por qué el amor es útil para una buena ficción

El otro día recibía el mensaje de una colega con un excelente gusto literario agradeciéndome la recomendación de La verdad sobre el caso Harry Quebert:

terminado harry quebert

Lo cierto es que la novela de Jöel Dicker es un librazo por muchas razones. Entre ellas:

terminado harry quebert 3

Conociendo su nivel como lectora, me llamó bastante la atención el que no estuviese acostumbrada a la combinación entre estos géneros. Bueno, y también porque…

terminado harry quebert 4

Ficción y realismo interno: un matrimonio forzoso

Hace nada me puse a ver Juego de Tronos. Gran serie, sin duda: me la acabé en un mes. Sin embargo, había algo, positivo o no, que me pasaba con una frecuencia pasmosa: veía lo que iba a pasar a continuación.

you know nothing edward

Al contrario que muchas personas queridas, yo soy de las que se tapan los ojos ante el autospoiler: me gusta disfrutar las historias desde dentro, meterme, que me ciegue la suspensión de incredulidad. Sin embargo, con GOT me era imposible hacerlo, porque (al contrario que lo que la opinión general presume, diciendo que acaba con personajes a lo loco) la serie, salvo escasas excepciones, tiene una gran coherencia argumental.

La coherencia tiene que ver con eso que explicamos en Realismos y fantasías: el realismo interno. Para salvarse de la quema del espectador o lector, cualquier historia tiene que respetar una serie de valores que el universo de la propia propone. Si en medio de El Retorno del Rey apareciese Darth Vader, la gente quemaría el libro o tiraría Coca-Colas a la pantalla por insultarles. Si queremos colar un elemento de fantasía en una historia realista, más vale que haya cosas que nos puedan hacer entenderlo o el ataque va a ser claro.

Una de las tendencias más queridas de la actualidad es que esa coherencia se extienda también a lo argumental. Cuando esto ocurre, la gente suele quedarse satisfecha por un par de razones principales: hace sentir listo y hace sentir satisfecho, guste o no (“Es como tiene que ser”).

El principal problema nace, por supuesto, en uno de los grandes principios de la ficción: el ofrecer algo que no existe, nueva realidad.

Leía hace poco que consumir ficción mejora los parámetros de empatía (“mentalización”, decía). Si siempre nos movemos mediante las cosas que sabemos, nuestra mente se va cerrando, mientras que si nos ponemos ante realidades que no conocemos o nos sorprenden, aprendemos y crecemos.

leer imaginar

¿Por qué el amor es útil para una buena ficción?

Pues que es el perfecto enlace entre la coherencia y lo impredecible.

El amor es un sentimiento universal, y rara es la persona que no conozca los macabros efectos que puede tener en el correcto raciocinio. De ahí que —utilizándolo con inteligencia— sea una herramienta fabulosa para generar ‘vértigo’ en el argumento sin que el realismo interno falle.

7 razones del mal periodismo

El periodismo pasa por años negros en cuanto a la calidad y objetividad de su contenido. Día tras día nos encontramos con noticias de nula dudosa imparcialidad donde quiera que miremos, al tiempo que la figura del periodista es denostada a cada paso. Hoy analizaremos algunas de las inacabables razones de por qué el nivel de credibilidad del gremio pasa por un momento rayano al escarnio público.

1. El consumismo de noticias

periodistas

Uno de los motivos más achacables es la barbaridad de artículos que salen por minuto. Si antiguamente los diarios hacían honor a su nombre, la realidad digital actual nos lleva no solo a la instantaneidad del contenido de la que hablaremos seguidamente, sino a estar obligados a que tener noticias suficientes para satisfacer a usuarios que las engullen una tras otra mediante las redes, el hipervínculo o las relacionadas posteriores.

Tal cantidad de ingesta lleva a la producción de contenidos de interés residual y complementario, por lo habitual no excesivamente trabajados o con información no relevante para el público general. Además, la duración de los noticiarios se extiende, así como se multiplican los canales de informativos 24 horas y las tertulias.

2. La instantaneidad del contenido

fav mg

Relacionado con el anterior, es uno de los males más reputados de la actualidad. Dado que como todos sabemos “no importa la calidad del contenido, sino llegar el primero”, difícilmente adquiere un nivel de contraste y legibilidad decente. Esto lo escudan en diferentes fórmulas como el “aparentemente” que en posteriores versiones del artículo y nuevas publicaciones corrigen por la realidad según se va moldeando. Un atentado puede llegar a ser perpetrado hasta por tres identidades terroristas diferentes, así como por un coche bomba, un camión y una mochila explosiva según las horas pasan. Lo que importa es tener noticia fresca que la gente lea y comparta para que ya esté bien difundido cuando la verdad llegue.

3. La parcialidad aceptada

portadas deportivas falsas

Lo de los diarios deportivos ya es más cachondeo que otra cosa

No creo que nadie con dos ojos en la cara se lleve las manos a la cabeza si digo que el periodismo actual está más sesgado que el público de una plaza de toros en una votación sobre la prohibición de la tauromaquia. Sin embargo, no por evidente cabe ignorar que el reportero imparcial y dado a la verdad yace en alguna fosa común de las letras informativas.

El medio de comunicación lleva años obedeciendo a intereses muy diferentes a los que propone el código deontológico. En cualquier caso, la parcialidad va mucho más allá de esta, y ya llega el punto de que el periodista —más que trabajar con el grado de subjetividad innato del género humano—, hace suya la libertad de tejer los hechos como buenamente le plazca en aras del éxito de audiencia, personal en su carrera y de escarnio, ya de paso.

4. Las erratas y el bajo nivel ortográfico general

se escoña

Y no, no es coña

Puede parecer una gilipollez con respecto al resto, pero la disminución de la calidad de escrita en los últimos años está afectando bastante al nivel de las publicaciones. Una de las máximas clásicas hacía al periodista un profesional en el uso del lenguaje; la realidad actual es que no puedo leer el periódico de mi provincia sin una media de errata por página. Y hablo de la versión impresa. Fruto de la instantaneidad y el consumismo de noticias que arriba comentábamos, lo de las noticias web ya es el cachondeo. Repeticiones constantes por las prisas, redacción de niño de bachillerato en las noticias secundarias, reducciones de la publicación para que entre en el espacio que provocan pérdidas de sentido en el contenido… “la lista es interminable, monada”.

5. El intrusismo

Hoy mi padre me comentaba algo de “un tertuliano, bueno, un periodista, no sé bien quién era”. Yo le dije que tertuliano era lo único seguro, porque es que parece ser que lo de tener periodistas más allá del moderador en programas tildados de informativos tiende a la desaparición.

Si bien el paro en el sector aumenta como la espuma por la aparición de más y más hornadas de nuevos titulados, día tras día nos encontramos con que la mayor parte de participantes en papeles destinados a ellos son ex algo. Exfutbolistas, expolíticos, exconomistas, excétera, que no solo no tienen suficiente base como para defender los valores del oficio, sino que encima van deambulando por las diferentes televisiones y medios, restando oportunidades y minutos a gente más capacitada que se ve trabajando en otra cosa, redactando por cuatro duros en medios de poca monta o por dos en las páginas que nadie lee de los diarios grandes.

josep-lluis-merlos-movistartv_0

También brillas casos como el de meter a un periodista que no domina un tema en una emisión multitudinaria, generando polémicas como la del especialista en motor Josep Lluís Merlos comentando esta temporada el fútbol con evidentes lagunas de conocimiento futbolístico.

6. La “rosificación” de la prensa multicolor (La tertulia y lo barato.)

Hace unos años empecé a odiar Telecinco por su habitual formato de tertulia sobre la prensa del corazón. Como un cáncer en el de la televisión, el modelo se ha extendido a la práctica totalidad de canales y géneros periodísticos. Tertulia política, tertulia económica, tertulia deportiva… y en todas ellas el mismo modelo de mesa redonda en el que tienes al “bueno”, al “malo”, al invitado del día, el que no se entera de mucho pero es guapo, el que se entera pero no le hacemos caso porque no levanta la voz y el moderador que, en general, se ríe por el teatro.

tertulia 13

Esta basura no tiene derecho a llevar el nombre del periodismo, pero que directores de diarios e informativos tomen parte en esto no deja otro remedio. La mayor verdad para el gran público no lo es ella: es el espectáculo.

7. La libertad de ataque

¿Qué voy a decir de expresión? Escudándose en ella, el periodista actual puede poco menos que atacar a la dignidad de alguien, llevándose como mucho un juicio del que saldrá reforzado ante la sociedad del “es que uno ya no puede ni decir lo que piensa”. Las barbaridades supuestamente periodísticas que estamos viendo en la actualidad en ciertos programas y diarios rozan la ilegalidad, pero se sostienen en base a que la denuncia solo los hace más famosos. Recordemos que no estamos debatiendo aquí la libertad de soltar animaladas por tweet: hablamos de gente que se supone tiene un trabajo basado en la búsqueda de contar la verdad desde lo objetivo.

tertuliano error ingenuo

Una última reflexión

Hace unos años, en mi máster, tuve el placer de recibir una clase de Don Manuel Campo Vidal, reputado comunicador de mi país. Tocanarices,en el turno de preguntas, se me ocurrió preguntarle sobre unas contemporáneas declaraciones del también don Iñaki Gabilondo en las que hablaba de que a día de hoy (o entonces) era necesaria la figura del periodista opinador, que da la noticia y su punto de vista. Si Campo Vidal fuese tertuliano me hubiese tirado su silla a la cabeza, pero —como educado profesional— rindió todos sus respetos a la opinión de alguien con la trayectora de su colega de profesión para luego recordarnos que un periodista tiene que ser imparcial poco menos que por definición. Su declaración se me quedó grabada.

Tres años después siento como si la hubiese escuchado en un sueño: la realidad me hace ver a ese hombre de bigote como un mártir de una religión hace mucho muerta. Y a mí un fiel que ya no tiene dios.

_______________________________________

En fin, por hoy, llegan, pero ¿qué más problemas periodísticos ves? ¿O estás encantado con la realidad? Comenta, comparte, tírame sillas a la cabeza por mi propio intrusismo y esas cosas.

Un blog de mierda

Bueno, nunca creí que este momento llegaría. El caso es que, con todo el dolor de mi corazón, creo que ha llegado el momento de admitir que mi blog es una mierda.

Lo miro, releo y me gusta, qué queréis que os diga. Sé que hay gente a la que le he abierto los ojos un rato con respecto a alguna realidad escondida en su mundo, gente que ha querido conocerme tras leer algo de él e incluso gente que ha llorado con los capítulos más amargos de él.

Sin embargo, qué decir tiene que es una mierda.

Resultado de imagen de mierda whatsapp

Principal razón para un blog de mierda

La principal razón es, sin duda, el bajo ratio entre efectividad y esfuerzo. Las siguientes palabras no van solo por mí: esto va por todos los que realizamos un trabajo sólido en nuestra página sin obtener ningún tipo de reconocimiento.

Llevar adelante un blog de este tipo, con un trabajo y unas responsabilidades que atender, no es algo sencillo. Lo es si lo que hacemos consta de poner cuatro líneas por semana con una supuesta profundidad que nadie entiende, pues no existe. Lo es si esas cuatro líneas las hacemos al día y perdemos nuestros aciertos entre una marabunta de banalidades que no dicen nada. Pero si lo que realizamos es una labor de opinión justificada, profunda, la búsqueda y análisis de una situación en apariencia general pero no percibida ni tratada por estudio alguno, hablamos de contenido que requiere de horas de trabajo, documentación y experiencias. De sangre en tinta que ya no es tinta, sino píxeles negros sobre fondo blanco.

Cuando te encuentras que pese a ese esfuerzo, esa lucha, tus visitas caen y caen; cuando varías el enfoque a algo más mundano, mainstream y digerible y caen y caen igual, entonces es cuando empiezas a pensar que quizás no estés hecho para esto. En mí, es especialmente complicado, porque es lo único que sé hacer para mí, y no para otros. Y no me vale de nada hacerlo mejor que muchos, pues muchos son los que obtienen el éxito en base a realidades ajenas a la calidad de su contenido.

Ídolos de barro y músculo

idolos-de-barro

La segunda razón seguramente sea esa: el agravio comparativo. Cada día, camino menos por las redes sociales en que la letra supera a la imagen; no me extraña. El modelo está variando hacia una polarización en torno a musculados y tetones con capacidad de escrita media o media-alta enfocada en temas de pensamiento ovejil. Que si cómo perdieron la virginidad, que si cómo todos los hombres son unos opresores, que si cómo le partieron la boca a un imbécil competidor que se aupó al poder por aprovecharse de su amistad interesada, que si cómo voy por la calle llamando Caranchoa a la gente… ¿Es este el futuro del guion, la escrita y el contenido digital?

Si bien veníamos de un momento en que la lista de generadores de contenido daba tres veces la vuelta al mundo, a día de hoy, publicar sin ofrecer carroña para las yenas cibernéticas generadoras de ídolos estereotipados es abocarse a la desaparición desde el nacimiento. Y la gente buena en esto, ya pasa. Total…

Como comentaba en un post reciente (y que, por supuesto, no ha leído nadie), la opinión divergente vive un momento de lapidación en el que no puedes abrir la boca, a riesgo de que un ídolo de barro y músculo te la cierre a pedradas con doscientos de los que llevan pins contra la Ley Mordaza aplaudiendo el que impidan que te expreses.

Las personas originales han pasado a agruparse en grupos homogéneos de pensamiento único y sectario cuando están en grupo, quedando limitado decir lo que piensas a círculos de dos o tres personas de confianza en los que pueden volver a ser libres  por un momento que —en algunos casos— ya nunca ocurre.

El Twitter abierto y original ha muerto hace rato; Facebook y las noticias cuñadas brillan con fulgor, mientras Insta —la máquina de la imagen—, comienza a follarse buena parte del mercado en base a su constante innovación y buen gusto en lo que a instantaneidad se refiere.

Imposible subsistir para un desconocido al que ni comparten ni emegean cuando sus escritos gustan, por el mero hecho de no tener más corazones y RT que demuestren que hacerlo no te convierte en un bicho raro y aislado. ¿Quién te va a apoyar, pocosfollowers? ¿Quién va a hablar de ti cuando si apoyas alguien sin popularidad eres un fracasado?

Nosediving

En una sociedad medida por los MG y los seguidores, ¿qué futuro tenemos los olvidados a un lado?

La principal opción es dejarte arrastrar por la marea social. Claro que serás uno más. Claro que no serás nadie especial. ¿Pero acaso no es lo que buscas ser? ¿Uno como el resto de gente que es “especial” y luego hace lo que todos hacen? No duele tanto: al fin y al cabo, “todos somos especiales”, ¿no?

1dc

Una opción muy recurrida y ya nombrada es el peloteo. Sí, nene: chúpale las pelotas a algún tuitstar, famosillo o popu y juega la lotería de que te elija como escudero de su estancia en el instituto que es su vida. High School Lifetime. Con algo de suerte, te podrás abrir tu propio canal de Youtube, hablando de sus trapos sucios hasta formar tu ejército de secundones, ofreciendo entonces más calidad que un original al que siempre mirarás desde abajo.

Y spamea, joder, spamea. Jode a todos tus contactos, cuyo 85 por ciento va a pensar que tu contenido es una mierda y te van a mirar mal por no dejarles en paz ni un puto día de tu vida. Tú spamea, que eso funciona. Ser agradable y limitarlo a un enlace en tu descripción está sobrevalorado. Tú mira cómo suben las visitas forzadas por tu capacidad de incordiar. Míralas, y cree que es por tener un blog de puta madre.

¿Y entonces qué? ¿Permanecer aislado en el anonimato hasta el fin de tus días? ¿Leyendo tus post de años anteriores diciendo “¡Qué bien lo hacía!” sin poder volver a alcanzar ese nivel por falta de práctica?

El otro día entre en mi antiguo blog, Coverista. Tenía unas visitas como este. Ahora que lo dejé atrás, una de sus entradas tiene más que este en 6 meses. ¿Pero por qué iba a insistir, si estaba acabado?

Cuánto esfuerzo, joder. Cuánto esfuerzo hemos tirado, cuando podríamos estar felices y obesos viendo series mientras nos alimentamos de patatas fritas, perdidos en el espejo negro de la pantalla a punto de que el capítulo de Black Mirror empiece.

Y, sin embargo, aquí estamos. Lamentando y jugando de nuevo. Porque en el fondo —aún más abajo— se guarda la esperanza de que algún día, el mundo razone. De que esos piropos que te llegan por el oído y nunca por la pantalla dejen de sentir miedo a que los escuche alguien.

Post-data

ino¿Sabéis? Cuando empecé el post, con el título de Cerramos: gracias por todo, esperaba hacer mi clásica inocentada por este 28 de diciembre dedicado a las bromas en mi paísla del año pasado tuvo resultados geniales ;)—. En fin, parece que al final, la broma me la he gastado a mí mismo, creyéndome que podría acabar el post diciendo que era coña y que todo va bien.

Tal vez debería haberme dado cuenta de que —detrás de que la paródica idea de creer que un blog bueno está mal y uno cutre a base de peloteo, spam, carne y cuñadismo está bien— se ocultaba la realidad.

Inocente…

Cicatrices de la falta de tiempo

tiempo desmonoronándose

Con el nuevo trabajo, apenas escribo y eso duele. Supongo que son cicatrices de la falta de tiempo.

Trabajar es bonito, que no me jodan. Comprendo que partirse la espalda como en algunos casos no es lo más agradable, pero —cuando te dedicas a lo que te gusta— cotizar está bastante mejor que pasar horas muertas sintiéndote un desperdicio, pensando qué será de ti el día que el dinero o los padres digan adiós. Sin embargo, es cierto que salir de casa temprano y llegar a final de tarde hace que el ahora poco tiempo que dedicabas a hacer esas cosas que te realizaban y ya no tienes te duela y corte y haga entender por qué en los trabajos te pagan.

Con 8-10 horas menos de día, tu tiempo sí vale dinero.

Y es cierto que las noches pueden ser aprovechadas, y los finales de tarde y eso. Lo que pasa es que, cuando llegas, estás sangrando.

Yo me paso mis 8 horas de jornada sentado ante el ordenador, y sí, me gusta y sé que mucha juventud y no tanto se las pasaría por su propia iniciativa. Porque en él tiene gran parte de su vida y Twitter y causa de engordamiento de trasero. Pero yo ya estoy mayor con veintipico, y me canso. Al salir, con ojos de daño, me apetece dar un paseo. Y ver gente. Y mirar con la picardía de siempre a chicas que ya no me miran con la picardía de antaño porque ahora soy un hombre, no un chico con el que el otro día cruzaban miradas de picardía. Ahí cuando aún no había encontrado un trabajo y no me había hecho mayor para ellas. Ahí cuando no tenía la cara y el cuerpo llenos de marcas.

Oh, cicatrices de la falta de tiempo.

Esas que a cambio de verlas te permiten elegir si gastar o no, y a las que respondes pensando en momentos en que las olvides y puedas seguir sin ellas. Unos les llaman vacaciones; otros, findes; algunos, paro. Ya paro: sabéis de qué hablo y no quiero hablar pues duele escucharlo.

Esa triste ausencia de cicatrices. Triste ausencia de horas que apuntas en un papel y prefieres no contar por verlas traducidas en novelas que podrías haber escrito y no has escrito porque sin cicatrices eras imbécil y solo los cortes te recuerdan que eran tuyas.

Oh, cicatrices. Oh, cicatrices.

Excusas baratas que en tu alma chillan que serías mejor sin tenerlas, aun cuando sabes que teniéndolas eres mejor, solo que no puedes serlo, por tenerlas.

Cicatrices.

Ojalá algún día se vayan; no sé si eso es un buen deseo. Tal vez olvidaría que una vez estuvieron y, una vez más, sería peor de lo que fui una vez las tuve. Que es hoy, que lo haría todo ayer. Ayer que pude hacerlo, quise hacerlo y no lo hice por no querer. ¿Qué le quieres? Qué miseria.

Una vez más, las veo en mis brazos al teclado de casa y pienso en si volveré a poder escribir en él la ficción que una vez pude crear y dejé a medias por las teclas del de la oficina. Miro las costuras de mi vientre con los indicios de una curvita de la felicidad que no lo es y pienso si podré tener tiempo libre para evitarla. Miro los cortes de mi cara hechos ojeras y pienso en si volverán a aclararse por más cielos soleados que el del fondo de mi escritorio de Windows.

Sé que algún día volveré a ser libre de crear con libertad, preso del desempleo y la impotencia de sentirme un desperdicio en casa, pensando qué será de mí el día que el dinero o mis padres digan adiós. No quiero que llegue, quiero trabajar; quiero que llegue, quiero crear. Quiero que el tiempo vuelva, pero seguir trabajando; que los cortes se vayan, pero me queden las ganas; tiempo eterno, ¡mil tambores de trabajo al compás de mundos nuevos creados tras salir a la calle y sonreír a chicas que vuelvan a sonreír!

Sueño.

Sueño.

Sigo soñando con ello.

Pero, un día más, el despertador sonará antes de las ocho y volveré a montarme en el coche para verlas en el reflejo del retrovisor que he regulado para poder hacerlo.

Las cicatrices de la falta del tiempo que tiré cuando lo creía eterno.