Algo que confesar

Por un momento he dudado de si publicar el post, pero bueno: teniendo en cuenta el poco tráfico aquí y que la gente a la que debo las siguientes líneas no creo que conozca la existencia de este blog, supongo que podéis tomarme el siguiente secretito como un regalo de Navidad.

Como muchos sabéis, soy una persona con algunas buenas amistades por internet. Gente como Amaia, Emejota o por supuesto Hari, a quien adoro con toda el alma. El caso es que, en uno de mis habituales ataques de aventura, aproveché mi nueva situación de doble vivienda en Vigo y Ou para hacerle creer a la gente que se preocupa por mí que estaba en el otro lugar y así hacer una visita a otra de las personas a las que más aprecio tenía por los lares de la web: mi también buena colega Carmen.

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No me apaleéis, por favor, sigo vivo =___(

Carmen —a la que conocí ya hace tiempo por la misma vía que a las otras— se fue a vivir recientemente a Santiago por la carrera. No me llevaba tanto como con ellas, pero vivíamos uno de esos momentos en que de pronto estás de puta madre con la otra persona y te apetece verla, sin más. Hace unas semanas me invitó de broma a visitarla y pasar la noche (en el sofá); yo le dije que «p’alante». Mucha coña y tal, pero los dos estábamos bastante emocionados con el tema.

La huida no fue muy complicada: le dije a mis padres que me volvía el sábado, que íbamos a tomar algo, y en vez de salir para Ou me fui al otro lado. Al cabo de un par de horas y peajes de más en medio de una desorientación de lo más integral, estaba aparcando en uno de los campus de Santiago, cerca de la conocida señal de los patos.

deixaos cruzar osgonso

Como buen turista, quedé con Carmen en la Plaza del Obradoiro, junto a la andamiada catedral. Muy emotivo todo, muchos abrazos, esa sensación extraña de ver por primera vez a alguien con quien has hablado mundos y vamos, todo lo típico antes del café. En el que yo ya empecé a notar cierto tonteo.

El caso es tras cenar por ahí (de tapas, más bien), decidimos irnos a ver peli a casa. Ella tenía piso de estudiante con una colega, pero al ser viernes, su compañera se había ido a casa de los padres, así que estábamos solos.

En fin: que a media peli ya empezó a haber neto acercamiento y, claro, el dilema.

A ver, ella estaba muy bien. Pero ya sabemos de mi situación sentimental. No es tanto el que pudiese, el que me gustase o no, sino que en ese momento me apeteciese con lo bien que está con mi churri. Y vale, la tía me daba un morbo de la leche, lo reconozco, pero como que me entraron los nervios. Así que la pobre se llevó una cobra como nunca en la vida he hecho.

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Por un momento me sentí una mierda: ahí empecé con lo de que tal vez no debería haberle dado falsas ilusiones y tal, o haberla confundido. Para cuando volví en mí, la tenía montada encima y desabrochándose la camisa.

No lo niego: debía de estar bañando mi camiseta en babas. Sin embargo —en un ataque de honestidad y fidelidad occidental como nunca creí tener—, la aparté con bastante destreza y le dije con seriedad pero educación que no, que no me sentía capaz. A los pocos segundos y tras un par de reproches, se había encerrado en su habitación y yo estaba preparándome para salir por la puerta.

Al menos hasta darme cuenta de que las llaves de mi coche estaban en su bolso. Cómo no, en la habitación, con ella.

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Llamé a la puerta y le pedí por favor que me diese las llaves. Pero nada.

Eran sobre las 11 y pico. ¿Qué podía hacer? Me quedé mirando la tele con la imagen parada en la cara de Dicaprio y esperé, astutamente, a que las dos o tres cervezas que Carmen llevaba hiciesen su efecto.

El que casi se mea encima fui yo cuando se puso a sonar el pestillo de la puerta de entrada.

No es que yo sea un cobarde, sino que me acojoné pensando que podía ser su compañera y no le hubiese dicho nada de que yo iba a estar allí. El caso es que apagué la tele entre espasmos y me acurruqué en el canijo sofá para que no se me viese, con el corazón latiendo a 300/hora.

Aunque quizás no a tanto como cuando, tras el toc-toc en la puerta de su habitación, lo que sonó fue una voz masculina.

jules winnfield

Vi la ráfaga de luz de su cuarto crecer y al poco volver a quedarse en nada. Y no, no me preguntéis por qué narices no aproveché la circunstancia para pedirles las santas llaves. De haber sabido lo que vendría a continuación, yo mismo le habría abierto la puerta al tío.

Al principio pensé que era broma, o más bien que la muy perra me estaba vacilando. Para cuando los santos gemidos se empezaron a convertir en gritazos yo ya solo podía pensar en cómo hacerle un puente al contacto del coche para poder irme a mi añorada camita.

Y venga. Y dale. No puedo negar que en determinado momento me llegó a poner un poco la situación. No tanto cuando se acabó el soniquete y la puerta de la habitación se abrió de nuevo.

Seguramente ahí debería haber ido a por las dichosas llaves. Seguramente. Pero sí, me da que en ese momento confirmé que lo de que «no es que sea un cobarde» es una mentira como una casa. Dejé que los dos volviesen al cuarto, cerrasen la puerta y me quedé otra vez tumbado en el sofá acordándome de toda mi parentela durante diez minutos. Hasta ese momento en que me levanté. Henchido de rabia y decisión.

Para volver a oírse el pestillo de entrada.

«La compañera.»

Muerto de la vergüenza, como en una mala serie de Telecinco, volví al refugio del sofá de nuevo. Y volvió la puerta a abrirse. Y volvieron a llamar a la puerta de la habitación de ella.

Y, sí, dejándome al borde de la pérdida de mi cordura, la voz volvió—y volvió, y volvió—a ser masculina.

ron

Tras quince minutos de grititos y entrecortadas frases lascivas, me levanté del sofá y llamé a la puerta de la habitación.

Pude escuchar nítidamente cómo alguien decía «Llego llego». A mí ya me había llegado.

Segundos después, la puerta se abrió y ahí me encontré, frente a un tío de metro noventa, miembro de treinta y mirada sugerente:

—Vaya, ¿tú también vienes?

—No, no te preocupes —le respondí—. Yo solo soy un inocente.

.

.

.

.

.

inocente

Críticas poco fiables I: Osito, mi adorado osito

La literatura de calidad vive momentos de incertidumbre. Si bien los lectores más avezados tienen mayor acceso a la información que nunca, la cantidad de nueva producción, la crisis de lectores en las nuevas generaciones y los curiosos gustos por obras de supuesta profundidad sin demasiado sentido han conducido a un periodo en que la lucha entre las opiniones del público general, las de quienes se la dan de cultos y las de los que de verdad entienden acaba por desorientar al común de los mortales.
Así pues, lanzo esta sección para, cada cierto tiempo, analizar irónicamente una obra artística de escrita (novela, relato corto, letra de canción, guion) que, por diferentes razones, alcanza la fama con dudoso entendimiento.
Como homenaje a los buenos ratos que me ha dado, la obra inaugural a analizar será el elegíaco poema Osito mi adorado osito.

¿Por qué Osito mi adorado Osito?

Osito mi adorado Osito fue una reputada participante en el IV concurso de Sttorybox tras poner al público detrás dedicando el poema a su supuesta mascota muerta el día de la publicación.
La obra, en cuatro partes de variadas estructuras y temáticas plagadas de despampanantes faltas de ortografía y expresión, guarda una serie de características que tan pronto pasan de la cháchara intrascendente a una sentida e improcedente lírica ajena a la panegírica temática de la despedida de un perro.
El poema triunfó de forma despampanante en este concurso de voto público, llegando a estar durante la práctica totalidad del certamen en el puesto número 2 de entre 1400 relatos, aupada por los votos de los propios participantes de la red social gracias a un spam potentísimo y la pena por el pobre perro.
Pero, dado que de ser un relato del montón no llamaría tanto la atención dos años después, pasemos a analizar algunos de los elementos internos que convirtieron a la obra de SexyLover122 en una de las mayores aberraciones vistas en un certamen de estas características sin la presencia de Forocoches por detrás.

sexylover 122

Avatar de su afamado autor

Las catástrofes del texto

Está claro que la falta de calidad de escrita es de las características más reconocibles del texto. Un ejemplo:

¿ Te acordás , sagrado amiguito ?,

aquéllos preciosos días…

cuando jugabas a la pelota, ¿la » dominabas » y la

mordías?.

¿ Recuerdas cómo llorabas , si de la bicicleta caía ?…

y yo te abrazaba y acariciaba.

Ese eterno amor, que no moriría.

! Estalla, corazón !. 

Extracto de Osito mi adorado Osito, por SexyLover122

Su uso de espacios, acentos y signos de puntuación dan espectáculo a un texto capaz de derretir las córneas de alguien escrupuloso con este tipo de temas. Que se fastidien. Es fácil ver contenidos en los que falta acentuación; Osito toma distancia de las masas, acentuando, espaciando y puntuando más de lo necesario.
Su gusto por la exuberancia en los saltos de línea sigue las actuales tendencias de verso libre y frases lo más cortas posibles, que faciliten el entendimiento frente a las ofensivas oraciones con más de tres sintagmas. Observen cómo se recrea haciendo de un verso, entre dos y cuatro:

Eras tan, pero tan chiquito,

que dormías dentro de los

zapatos de

papá.

A quien,le hiciste

«pelota»,

si la mente no me

falla, al menos,

media docena.

Osito, el perro eterno

Osito no solo “hacía «pelota»” en los zapatos de uno de sus dueños: estamos ante un personaje profundo, complejo, capaz no solo de inspirar al protagonista narrador a sentimientos al borde de la incoherencia, sino de dar lecciones de bondad y maldad:

! Eras una bola de pelos encantadora !.

¿ Recordás adorado amiguito, cuando

le diste una probadita, a un centenar

de gatitos, para darles luego, sagrada

sepultura ?.

Porque, no sé, quizás sentiste, un

sentimiento parecido, a este

dolor humano.

Porque, a pesar de ser un perrito,

debes de tener vivo, el

espíritu

de un

ángel.

O tal vez, en otra vida,

fuiste un digno

sepulturero.

Seguramente estemos ante uno de los momentos más intensos de la elegía. El encantador animal le dio “una probadita” a un centenar de gatos para posteriormente tal vez sentir dolor humano y enterrarlos, con el espíritu de un ángel. ¿O tal vez no?:

! Eras fatal, negrito !

! Fuiste más dañino, que

la Peste Negra en

Europa ! …

! pero aún así, te queríamos ! .

El narrador

¿Estamos ante un caso del popular narrador poco fiable? Si bien Osito era un animal extraordinario, está claro que las características de su dueño tienen mucho que ver en la fascinación que en él despertaba.
A lo largo de los versos, Osito mi adorado Osito nos conduce por todo un laberinto de sensaciones en el otro gran protagonista. Sensaciones que alcanzan momentos al borde de lo extremo.
Vayan sacando sus pañuelos:

Y te encontré, chapoteando en una lágrima

de luna.

Y hasta te vi en la fantasía de algún poema

de

Neruda.

Rodé a las páginas de un sueño,

donde dos almas eran una.

Y el infinito era el incienso,

del tierno beso de la

bruma.

Y las galácticas estelas de nuestro amor,

se hacían

espuma.

Y el resplandor del universo,

era la magia de la luna.

Rocé el hechizo de las musas,

extasiadas y desnudas.

Me ajusticiaba la nostalgia,

y me acribillaron, ya, las

dudas.

Exhalé fotografías, de pinares y de

ríos.

Y respiré de la dulzura,

de tus ojos, en los míos.

Inauguré una ceremonia, de canallas

y de bueyes.

Y le prendí fuego a los dioses,

el alarido de los reyes.

Fumé el cigarro de la vida,

y la nicotina fue mi abrigo.

Y vomité soles ardientes,

hasta quedarme sin

amigos.

Esparcí un llanto de amargura,

por las estrellas y los ríos.

Y besé en la boca a la locura,

porque no estabas ya conmigo.

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El nivel de metáfora es tal que uno ya duda de los verdaderos sentimientos de este protagonista.
¿Es el cánido Osito en realidad humano? ¿Un humano que hace pelota en los zapatos de papá? ¿Se encuentra el protagonista sumido en el dolor de la pérdida hasta el punto de ver alterada su percepción? Porque recordemos que, según su autor, el relato es un homenaje a su perro muerto ese mismo día. ¿Ha perdido a todos sus amigos en un día solo por poner el relato? ¿Sería de extrañar?

Ovejero, mi ovejerito,

quisiera volver a ser niño.

Para colmarte de mil abrazos,

y pagarte todo con mi cariño.

Ovejero, mi ovejerito.

Los extraños momentos de lucidez

No quiero decir que en algún momento no haya lucidez en tan aplaudida muestra de literatura (recordemos que tiene 443 MG en una red social en la que pasar de 50 es un éxito). Lo que está claro es que, por momentos, algo cambia.
Sin querer vulnerar en caso alguno el estratosférico nivel de creatividad métrica que demuestra el autor en el original de este pasaje, me he permitido adaptarlo a un estilo de verso más mundano, tras haberlo extraído del capítulo de desenlace. El resultado llama la atención:

Ya las luciérnagas preludian tu partida.

La despedida de aquel hechizo entre los dos.

No sembraré mis esperanzas en el lodo.

Ya nunca más florecerá la luz del sol.

Ya nunca más caminaremos codo a codo.

Seré una lágrima que el tiempo se llevó.

 

No habrá un incendio en las cascadas de mi alma,

ni resplandores, de agua salina y aguarrás.

Ya no habrá amores que den luz a los colores.

Ni sinsabores, ni palomas de la paz.

No habrá ya vértices que besen otros labios,

ni el erotismo de un perfume de mujer.

No habrá ya hombres que por amor se vuelvan locos.

Solo cadáveres teñidos de un ayer.

(…)

Nunca jamás, veré llorar de amor las flores,

Ni, nunca más, mi corazón ha de latir.

No escribiré ya tus memorias en las nubes,

ni besaré aquella enigmática mujer.

No existirán sillas de ruedas hechas de flores.

Como tampoco, veré a mis hijos florecer.

No correremos, ¡ya no más!, por esas playas

que fueron cielo de un precioso atardecer.

No esconderé bajo mi almohada los fantasmas,

ni te amaré como ese día yo te amé.

Jamás me embriagaré del suspirar de las gaviotas,

jamás mis ángeles desangrarán tus copas rotas,

ni las tinieblas, se esfumarán en el Edén.

Vomitaré las putas llamas del infierno.

Cosmogonías del futuro del ayer.

Se eclipsarán, de desazón todos los soles.

La tibia lluvia, ácido beso,

de una mujer.

Sí. Increíblemente, el extracto pertenece a Osito mi adorado Osito, la historia de un perro muerto.
Fuera de los abundantes lugares comunes, parece patente que el nivel de escritura es bien distinto. También el tono. También todo. Todavía sorprendido, dos años más tarde, he escogido alguno de los extractos para comprobar un posible plagio. Ni rastro de él.
Más pruebas que dejan ver por qué Osito mi adorado Osito es digno de estudio.

Conclusiones si fuese imbécil

tus tetas sexylover

Por desgracia para la literatura, los posteriores trabajos de SexyLover no lograron alcanzar la popularidad pese a que su calidad raya la de Osito

En mi opinión, Osito… es lo más cercano a una obra maestra de la literatura actual que vamos a encontrar. Cualquier experto en el tema que se precie debería llevar una estampita del modelo italiano en la cartera. Christopher Nolan y Manuel Bartual deberían hacer a Osito protagonista de su próxima aventura. La profundidad que alcanzan las páginas del gran panegírico de la última década tendrían que provocar que las principales editoriales nacionales e internativas se peleasen por sus derechos durante por lo menos tres años, acabando por lanzar tiradas de ciento veinticinco mil ejemplares más una hamburguesa, que se habrían de servir en cada ayuntamiento cada comienzo de mes.
Me despido con los versos del gran poeta de nuestro siglo, en el cierre de su maravillosa obra cumbre:

! Ay !, mística daga,

de hoja gris y recortada.

! Ya deja !.

! Deja mi sangre correr !…

 

8 perfiles oscuros típicos del gestor de contactos

Si algo se repite por activa y pasiva es que una de las claves del éxito de la sociedad actual es la creación y mantenimiento de la red de contactos. Preocuparse por ellos, estarles encima, darle feedback, wasapito de vez en cuando, publicar al menos una vez al día en redes (5 tweets, un post en Facebook, una foto en Insta).

La situación es curiosa, ya que si algo también caracteriza a la sociedad actual es la falta de tiempo. Hay mil cosas para hacer, ya no digamos con trabajo o estudiando. Nueve horas diarias mínimo que se te van, más las comidas y el lavado de platos, más las siete-ocho de sueño, más las de ver los Juego de Tronos, 13 Reasons Why o afición de cada momento, más el gimnasio o por lo menos paseo para no evolucionar en morsa, más el estar con la gente que quieres.

Hoy, analizamos en clave de humor de dónde coño saca tiempo esta gente.

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1. No prestando atención al contenido

Todo un clásico. Este perfil da MG a todo con independencia de lo que la otra persona diga. Avanza por el muro de FB o Insta cual si fuese un entrenamiento de coordinación dactilar, dando corazones y pulgares a mansalva a amigos, enemigos, fotos geniales, que odian, contenido que apoyan y no, etcétera. Su ahorro de tiempo y su ratio de gente contenta los convierten en todos unos amigotes para públicos de alta hipocresía como el de las redes sociales.

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2. No teniendo aficiones

Para este tipo de contactero nato, no hay mayor afición que centrarse en saber de la vida del otro. El llamado Maruja 3.0 no tiene más ocio que el que puede utilizar para el propio contacto. Y es feliz. La última vez que vio una peli porque sí, escuchó una canción desconocida para el público general o hizo un comentario no cuñado se remonta a 2004.

3. No durmiendo

El contactero “night owl” pone un Stories a las 3.30 de la mañana quejándose de su insomnio, pero en realidad aprovecha las noches para ver las series que no le permite su cotilleo a las horas fuertes de las redes sociales. Perfil típico del universitario, si necesita horas de sueño las recupera de clases en las que no pasan lista o tiene amigos que firmen por él. O directamente durmiendo todo el día durante el fin de semana.

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4. Practicando el multitasking

Cuando este tipo de contactero disfruta de un momento de ocio —bien para tener tema ligero del que hablar con sus contactos, bien porque sus amistades tradicionales o sexuales le obligan— aprovecha la circunstancia para mirar el Insta, twittear la película y mandar WhatsApps durante su visionado. Se dice que son inmunes a las miradas de reproche de sus acompañantes de habitación y que son capaces de procesar hasta el 89 por ciento del argumento de la cinta o programa por encima del 20% de audiencia.

A día de hoy no hay datos que indiquen que puedan actualizar perfiles y leer novelas a la vez. Ni siquiera se ha podido constatar que sean capaces de leer fuera de una pantalla.

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5. Con extrañas dietas

Este conectero disfruta del resto de actividades, sacando tiempo de recortar en movimiento de piernas. En general, se mantienen delgados y atractivos a base de estrés, no comer por riesgo a perderse un trending topic de calidad y no salir en fotos desde tiempos de la Guerra Fría.

6. No teniendo seres queridos

Todas sus relaciones son secundarias y con posible interés social de segundo grado.

Habitualmente vive lejos de su familia, en un apartamento pequeño pero posteable, limitando sus relaciones en persona. Eso le permite una excepcional ampliación del tiempo útil merced a no hacer la cama más que para las fotos frente al espejo, lavar los platos una vez cada dos días o alimentarse a base de productos no perecederos para evitar los viajes al súper más allá de una vez a la quincena.

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7. A base de una selección implacable

La versión trepa del contactero. Se arrima a quien le permite acceder a alguien con más capacidad y cuando lo consigue lo abandona sin contemplaciones con argucias de buena cara, limitando su número de contactos trabajados en cada momento. Se dice que en sus casas tienen altares a aquellos youtubers y famosillos que colaboraban con estrellas del gremio con las que ahora no se hablan por tener público de sobra en su nuevo canal o programa.

8. Durante el trabajo

Suelen acceder a esta posición a base de su buen hacer en otras categorías. De las ocho horas de jornada laboral, 3 y un cuarto son dedicadas a las charlas por el Messenger de FB, la lectura de noticias curiosas que comentar, post como este o el twitteo a través de un perfil anónimo que de vez en cuando lo menciona y aplaude.

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¿Se te ocurre alguno más? ¿Crees en la existencia de gente con días de 28 horas? Comenta, comparte y esas cosas.