Las excusas que han hecho arder Galicia (#queimanGalicia)

Te levantas, te estiras, abres la persiana y piensas “Vaya niebla”. Luego abres la ventana y recuerdas que no, que lo que pasa es que en tu tierra hay mucho gilipollas.

queiman galicia efe

(Foto: EFE)

Muchos creen que Galicia es una tierra de nubes y lluvia; los de aquí sabemos que Galicia es una especie de paraíso natural. Hace calor, pero no suele agobiar. Tiende a llover, pero podemos tirarnos meses sin que caiga una gota. Tenemos algunas de las mejores playas del mundo; un interior variopinto, con montañas, valles y llanuras; preciosas ciudades de piedra. Y, por supuesto, tenemos vegetación.

Espléndidos bosques caducifolios inacabables. Carballos inmensos. Paisajes de postal a cada paso de las cuatro provincias, en las que de la ciudad a la naturaleza apenas necesitas cinco minutos en coche o diez andando.

Pero si algo también tenemos en Galicia son imbéciles. Imbéciles que, a cada cierto tiempo, intentan acabar con todo ello.

incendios galicia octubre 2017

(Foto: El País)

La práctica totalidad de los incendios en Galicia son provocados.

Nunca he visto a una ardilla autóctona prenderle fuego a una pila de madera seca. Nunca, a un gato llevar un bidón de gasolina. La práctica totalidad de los incendios en mi tierra de verde, agua y caminos son provocados por cuatro anormales con muchas excusas.

Puede que algunos de los artífices de tales masacres sean pirómanos trastornados que disfrutan del simple hecho de ver arder, pero buena parte (lo sabemos todos aquí) son señores que lo hacen por razones tales como “por joder”, o como haberse acabado su trabajo y la temporada de incendios con la llegada de octubre, o como poder convertirse en uno de los héroes que ayudó a apagarlo con la precaria ayuda de la gente del lugar temiendo por la integridad de sus casas.

Quizás por ello, podría dedicar el post a dejar quedar mal a todos esos imbéciles que creen que cualquiera de estas es una buena excusa para hacer arder Galicia y dejar en el día de ayer tres víctimas mortales. Podría, porque creo que ni su “heroísmo”, ni su mes más de trabajo estacional, ni su piromanía son motivos para acabar con la vida de nadie. Podría, porque creo que el que vengan diciendo que no querían matar no es excusa para ir con la moto y el bidón cual organización criminal en película de Jason Statham. Podría, porque esta gente merece el ataque, el rechazo, el insulto y poco menos que el linchamiento social por parte de muchas, muchas personas que han visto morir su tierra, sus casas o sus familiares. Pero eso, hoy, lo va a hacer gente de sobra.

Hoy, me gustaría hablar a otras personas. A otras personas que abundan aquí. Porque en Galicia tenemos bosques, carballos y paisajes de postal, sí, pero si algo tenemos aquí son cómplices.

faro de vigo incendios galicia octubre 2017

(Foto: Faro de Vigo)

Si algo tiene Galicia es que nada pasa sin que el de al lado lo sepa, sin que la voz se corra y el silencio se guarde.

Esto va para vosotros, los que sabéis perfectamente quién está detrás y os escudáis en cosas como que “es que es mi amigo” o “vaya disgusto para la familia” con el fin de evitar reconocer la realidad tras vuestro silencio de cobardes.

Sois cómplices.

Da igual que hayáis estado en casa mientras la gasolina corría entre los pinos. Da igual que hayáis llevado calderos de agua a apagar el incendio que otros provocaron. Da igual que vuestro incendio no haya sido el que haya matado a esas tres personas y deshecho esas familias.

Sois cómplices. En vuestro callar, en vuestro no decir a quien puede meter a estos señores en la cárcel, sois cómplices. Cuando veis a los culpables y no les decís nada, cuando os creéis sus tonterías para no cumplir vuestro deber, sois cómplices.

Y —mientras no hagáis algo de verdad, algo útil— esa culpabilidad os perseguirá siempre.

Porque sois cómplices de matar a tres personas. Porque sois cómplices de acabar con quién sabe cuántos ecosistemas. Porque sois cómplices de haber incendiado casas, de haber destrozado lo más bonito de nuestra tierra y de que por la mañana, cuando abráis las ventanas y las abramos en Ourense, en Lugo, en Santiago y por supuesto en Vigo y Pontevedra, nos traguemos vuestro humo con los restos de vuestra humanidad.

Si sabes algo, denúncialo.

Galicia no arde. Las excusas han matado a tres personas.

Las excusas han hecho arder Galicia.

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El conflicto y la determinación de prioridades (Caso referéndum independencia Cataluña)

Seamos breves y vayamos al grano. La siguiente exposición es tan sencilla de entender que no es necesario más que prestar un mínimo de atención y no estar razonando cómo contestar. No hay mucho que contestar: esto es un post, no una conversación, y dado que nadie comenta nunca, no veo por qué ahora vas a estar pensando una posible respuesta.

Cuando dos personas están enfrentadas es, normalmente, porque tienen intereses distintos. Parecido a lo que dijimos en el post sobre la ruptura de principios a la hora de hablar de personas cuyos valores chocan, entre las estrategias más comunes en estos casos están la huida, el “habla cucurucho que no te escucho”, la rotura de relación, el enfrentamiento hasta someter al otro o lo que entonces llamamos “traducción” (adaptar momentáneamente algún principio por ser más importantes otros).

La base de elección de un método u otro es el fijar prioridades.

Por ejemplo, si dos niños en el parque se pelean y al día siguiente juegan juntos ante la estupefacción de sus padres es porque dan prioridad a la diversión (su objetivo) frente al rencor. En el caso que veíamos en el otro post, el personaje protagonista del ejemplo tenía que romper, frustrarse o mentir para solucionar su problema con su pareja, teniendo que elegir (respectivamente) dar prioridad a ser sincero, la felicidad de su pareja a cambio de la suya o sus ganas de descubrir cosas nuevas.

Parece simplista, pero —por lo general— la vida funciona así, y cuando nos encontramos con esa confrontación de opiniones el desenlace es tan simple como que las partes tomen unas prioridades.

Ejemplo de hoy: crisis del referéndum sobre la independencia de Cataluña

El ejemplo ineludible a día de hoy es la situación política en la confrontación entre los gobiernos español y catalán en torno a la independencia de la nación histórica al noreste de la península ibérica.

El gobierno catalán anuncia un referéndum para que los ciudadanos voten si su comunidad se va del país ibérico o no, votación fuera de los cauces legales de España. La Fiscalía de este país decide tomar medidas contra la multitudinaria ilegalidad según su Constitución, mientras que el Govern prosigue con ella, bajo la premisa de que una votación democrática no puede ser ilegal. Todo esto termina con numerosos enfrentamientos entre algunos de quienes acuden a votar y algunos de quienes por ley están obligados a impedirlo, generando un fuerte odio entre partidarios de la legalidad y de la votación, de nacionalistas catalanes y “nacionalistas españoles”, y otros tantos bandos, bajo la atenta mirada de unos medios frotándose las manos ante los aumentos de audiencia en horas bajas, unos partidos políticos secundarios inútiles e inutilizados y numerosos ciudadanos sin bando, viendo con preocupación las cargas policiales a defensores de la votación y los sillazos a agentes enviados a evitarla.

Aplicación del supuesto

Según lo visto arriba, lo que tenemos podría ser simplificado cual ecuación, teniendo en cuenta que los que pueden poner fin a esta situación son, principalmente, dos entes: el gobierno español y Govern catalán.

Así pues, ¿cuáles están siendo las prioridades de cada uno?

La del Gobierno español, la legalidad por encima del bienestar del ciudadano.

La del Govern catalán, la votación por encima del bienestar del ciudadano.

¿Queréis más?

La prioridad de los medios, la audiencia. La prioridad de los demás partidos, el ganar votos. La prioridad de los ciudadanos no polarizados tras uno de los otros entes, el bienestar ciudadano, en general.

Qué diferente todo, ¡cuántos intereses!, diréis algunos.

Pero la realidad es que todos los miembros de este puzle, en alguna parte de sus seres, tienen entre sus objetivos uno común. Sí, sí: Govern, Gobierno, otros partidos, medios y ciudadanía general tienen un objetivo común.

El bienestar de la ciudadanía.

Y no, no nos riamos de la formulación ni nos tapemos los ojos con vendas de que los que no nos caen bien no lo quieren. A cualquiera de los dos gobiernos les interesa que se esté bien para que se les siga votando; a los medios les interesa, porque a más bienestar social, más consumo y más publicidad que los finanza; y a la gente sin más, ¿acaso no le va a interesar estar bien?

Así pues, ¿por qué narices no se prioriza el mínimo común múltiplo de toda esta pamplina y a partir de ahí se llega a un entendimiento? ¿Por qué, cuando se está viendo nítidamente que hasta que esto ocurra no va a haber solución caída del cielo?

Que cada uno saque sus propias conclusiones. Pero, por favor: no seáis idiotas y priorizad el que la gente esté bien y no el atacar a los demás. Ya hay de sobra quien lo haga.

Inacción y mentiras o Lo intolerable según Genovese

Uno de los casos más conocidos en cuanto a lo inhumano del comportamiento social es el asesinato de Kitty Genovese en 1964. Centrémonos en la principal versión generalista del caso práctico.

La joven Catherine Genovese regresa a su casa en Queens, Nueva York, cuando un hombre la asedia y apuñala en plena calle. Según la historia popular, entre 37 y 38 personas permanecen sin prestar auxilio a la joven, que agoniza durante una media hora hasta su fallecimiento. La sociedad neoyorquina queda horrorizada y fascinada al descubrir el caso en la portada del New York Times:

asesinato kitty genovese times

Según el artículo, podría haber sido atacada hasta en tres ocasiones distintas

El caso Genovese es interesante por muchas razones. Por duración y conclusiones, hoy analizaremos dos de las que mayor interés han despertado hasta ahora: la inacción individual en lo grupal y cómo la realidad se ha deformado para favorecer otros intereses.

La otra realidad

Pese a que en la actualidad las encontramos con demasiada frecuencia, situaciones como la de la muerte de Kitty parecen increíbles. De hecho, y pese a que es por muchos considerado como un emblema, no es el más verídico. Como viene siendo habitual, la distancia temporal, el boca a boca y la prensa moldearon la realidad según convenía para dar lugar a una estampa sencilla y digna de polémica generalista.

kitty genovese 37

El efecto más interesante seguramente sea el de cómo la prensa ha hecho lo que le ha dado la gana para atraer la atención del lector. A día de hoy uno de los métodos más habituales para atraer atención es el uso de números en titulares (7 razones del mal periodismo, 8 perfiles oscuros típicos del gestor de contactos). Según parece, el llamado clickbait ya estaba ahí de aquellas.

El comercial periodista se encargó de llamar la atención poniendo un número, aun no estando este demasiado fundado. Como puede verse en la imagen, incluso varía en el propio artículo de 37 en el titular a 38 en las primeras líneas del cuerpo. El número real, la realidad, daba igual. Varios testimonios de la época hablan de que se llamó a la policía. Otros de que alguien llamado Sophia Farrar salió en su auxilio. Pero esto daba igual, porque el señor Gansberg haría llegar a la opinión pública una historia atractiva que conmovió y conmocionó a la sociedad americana y mundial a posteriori, volviéndose un caso de estudio que aún a día de hoy protagoniza documentales, noticias o post como este. Incluso al caso se le considera como uno de los orígenes de la activación del 911. En ningún caso una versión más verídica hubiera supuesto mayor incidencia en las crónicas de una ciudad con una de las tasas de delincuencia más altas del mundo.

Una de las conclusiones que podemos sacar del caso Kitty Genovese es, pues, el hecho de que para gente desconocida, la realidad es mucho menos importante, relevante e inspiradora que el relato que se crea de ella. De hecho, la prensa, aparente defensora de la verdad, lleva condicionándola para el interés de su público desde su nacimiento.

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La inacción

La razón más importante de la popularidad del caso Genovese es sin embargo —y como no puede ser de otra manera— el haber servido inspiración para multitud de estudios acerca del comportamiento individual en grupos. El titular, bastante claro: en lo colectivo se toleran cosas poco menos que inconcebibles en lo individual. Casi inhumanas.

Dado que el tema general está trillado, centrémonos en la particularidad del caso de Genovese, la llamada inacción: que no hagamos lo que nos sentimos obligados a hacer porque hay suficientes personas como para que lo haga otra, o por creer que si no lo está haciendo otra es porque tal vez no sea lo que hay que hacer.

Es como si la presión social aplastase el entendimiento individual, y que cuantas más personas formen el grupo de comportamiento pasivo, más complicado fuese hacer algo.

Si bien es posible que el caso más escandaloso sea, precisamente, el que vivimos en situaciones como la de Genovese —que en persona nos topemos con una situación de vida o muerte y no actuemos— la teoría es fácilmente extensible a otras situaciones menos instantáneas.

Cuando por la calle vemos a alguien pedir, habitualmente no se da, siendo un motivo clásico el pensar lo de que mil personas más pasan y “alguno dará”. También el que aquí, a base de comedores sociales, hospitales y albergues, nadie muera de hambre. Pero la realidad es que si todos hiciésemos lo mismo y esa fuese su única fuente de ingresos, el vagabundo general acabaría muerto de hambre. De hecho, eso es lo que sucede con multitud de familias a las que se nos ofrece prestar colaboración cuando paseamos por las calles del centro y se nos abalanzan jóvenes con carpetas de diferentes ONGs, de las que huimos despavoridos. El debate sobre lo ético o no que es no dar en un mundo superpoblado es otro, claro, pero que hay gente que muere por no colaborar es evidente.

Aún así, hay casos de inacción bastante menos considerados alarmantes y contra los que en multitud de ocasiones no hacemos nada.

  • Maltrato y bullying. Si bien sus características son distintas, la realidad de actuación e inacción es muy similar. Cualquiera que lo presencie o note síntomas (tanto agredido como familiar, como compañero, como amigo) puede denunciarlo, tomándose medidas. Y sin embargo nos encontramos cada cierto tiempo al tonto de turno diciendo que “se veía venir”.
  • Corrupción. Mucho rasgarnos las vestiduras cuando un alto cargo político sale condenado, pero cuando a menudo vemos a gente delinquir o presumir de hacerlo, nos quedamos de brazos cruzados y les ponemos una sonrisita. Ya lo pillará otro.
  • Egoísmo. Nos lamentamos del que solo piensa en sí mismo, pero no tomamos medidas contra quien nos roba derechos en actos que, si nosotros llevásemos adelante, acabarían con nuestra lapidación social. Miramos al de al lado y comentamos con él que “bueno, es así”.
  • Racismo, machismo, misandria, homofobia y otros odios. Muchas veces, la tolerancia con comentarios de este tipo se escudan en pensamientos de que “lo dice de broma, se ríe del estereotipo”. Si no sabemos diferenciar entre humor y odio, somos gilipollas, y si lo diferenciamos y no reaccionamos, despojos humanos.
  • La prensa falsa.

La prensa falsa y no más Genoveses

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Lo que pasa cuando buscas imágenes representativas de prensa falsa y todopoderosa

Yo soy un relatista, y por tanto, cuando trabajo como tal, un mentiroso. Un creador de realidad que no existe. La prensa, sin embargo, tiene que ser honesta, o tiene que reconocer no serlo.

A día de hoy, no se debe consentir un caso Genovese. Ni no salvando a una nueva Kitty, ni mintiendo descaradamente a la población en lo periodístico. Y si ocurre hay que pensar en consecuencias reales.

Hay que atacar a la prensa que se vende fiable y miente. Hay que pensarse el que existan medidas para acabar con la verdad comercial. Una cosa es la libertad de prensa, otra la libertad de engaño. La prensa es libre de mentir, pero el lector tiene que estar en su derecho de saber que pueden estárselo haciendo. Porque de no hacerlo, la prensa está condicionando, engañando y creando mentes a su voluntad sin más perjuicio que amenazas de demanda por perjurio que se saldan con palmaditas en la espalda o cuatro duros de sus bolsillos de magnates de la información y el embuste.

Y hay que tomar medidas con la gente que no hace nada. Con quienes ven morir a Genoveses y no hacen nada. Puede que esté en nuestro ADN, puede que nunca sea condenable en un juicio el que se haya pasado, pero quien ve cómo alguien golpea —roba, siembra odio, roba derechos, maltrata— y no hace nada merece castigo. Porque no será tan culpable, pero es culpable. Aunque solo sea de no hacer nada.

El mundo está hecho una mierda

Odio los cuñadeos con toda mi alma, pero el mundo está hecho una mierda.

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La mitad asentiréis con la cabeza. Mala señal. Buena parte diréis que esto lleva así desde siempre. No sé yo.

Hace unos años, se invadía Iraq en la procura de unas armas nucleares que no existían, al parecer. A día de hoy, el Kim Jong Un de los cojones hace pruebas con misiles de largo alcance y bombas de hidrógeno cada dos semanas. De aquellas, Estados Unidos, la potencia más grande del mundo de boquilla, tenía como presidente a un burro. Ahora tiene a un populista hijo del ser natural y decir lo que uno piensa aunque se sea un burro. Uno de esos que en las pelis de acción de los 90 está deseando apretar el botón rojo para destrozar el país enemigo y defender las barras y estrellas. Aunque la mitad de ellas acaben rotas, recubiertas de cenizas y sangre.

En Europa, en el siglo XXI, asesinos con banderas religiosas atraviesan calles plagadas de peatones buscando acabar con el mayor número de vidas occidentales posibles, en supuesta respuesta a que compatriotas de occidentales estén acabando con suyas en Oriente medio. Luego se suicidan o los matan a tiros.

En determinado momento, quedamos en que los asesinos tenían que acabar encerrados por lustros, en el olvido, penando. Pero bueno, es que el mundo está hecho una mierda.

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Amaia y Txapote, asesinos, en uno de sus tantos juicios

Pongamos que en un país democrático se programa un acto multitudinario que va contra la Ley. Cualquiera, desde el punto de vista externo pensaría “ese acto no se va a producir”. ¿Y cómo se detendría? Pues con los instrumentos del país para evitar y sancionar la ilegalidad. Como mucho, a alguno se le ocurriría decir que habría que meditar cambiar la Ley, cosa que ya se ha hecho y por mayoría desechado, en cuyo caso habría que hacerlo.

Sin embargo, estamos a cinco de septiembre y aquí, dentro de unas semanas, hay un acto ilegal según las leyes, programado desde hace meses y que se va a hacer de todos modos. No malinterpretéis mi posición como en contra o a favor —eso queda para mí y solo para mí—, pero desde la situación teórica, cabría esperar que los “instrumentos de la Ley” lo evitasen. No va a pasar.

Ayer, un conductor atropellaba sin concierto a varias personas en una terraza en Huelva. Era un gilipollas huyendo con media familia de una disputa con otra.

Hace unos años, un par, pasa esto y la gente llamaba a la Policía y se le acorralaba más o menos para que no huyese. A este casi lo linchan, dándolo por terrorista del DAESH. Ahora no pensamos, simplemente, actuamos. Nos tomamos la justicia por la mano, erigidos en acusación, jueces y verdugos, omniscientes, sabelotodo.

En otro caso teórico y archiconocido por la opinión pública de mi país, una sentencia obligaba a un progenitor a devolver al otro unos niños por habérsele otorgado la custodia. El primer progenitor huye con los chavales y se esconde durante semanas para evitar el que el otro se haga con lo que la Ley le concede. Mucha gente sabe perfectamente dónde están los niños, pero se calla. Los cuerpos del orden no consiguen encontrarlos y dárselos al progenitor legítimo. Finalmente, al borde de expirar el plazo para una sanción más grave, el primer progenitor los entrega sin mayores perjuicios y el otro se los lleva, para indignación del público general. Contra el legítimo custodio.

Y es que este hombre, el padre, tiene una condena por maltrato de su mujer, la madre, 8 años atrás, habiendo tenido su segundo hijo juntos 4 años después, con mutuo consentimiento. Quien quiera más datos del caso Juana Rivas tiene suficiente información para contrastar en la red; como en el otro, mi opinión subjetiva me la guardo para mí mismo. Lo que importa para decir que el mundo está hecho mierda es que para la Ley hay situaciones no relevantes que para el público de televisión, radio e internet tienen una importancia suma.

Ah, y por supuesto…

es que nadie piensa en los niños

Me encanta cómo todos miran al oso camuflado

Ya llegado a este punto, creo que es fácil ver que lo que está ocurriendo a día de hoy de forma exagerada es que la Justicia que hemos creado con miles de juicios, jurisprudencias y expertos en casos pasados no se parece en nada a la de la opinión pública externa y con datos sacados de internet y noticiarios, cuyo poder es cada día mayor.

Durante milenios, se reivindicó la figura de una justicia imparcial, mientras que ahora la justicia la hace el medio de comunicación. Un medio de comunicación que se mueve por la audiencia. Gente que lo ve desde fuera y que se mueve por oír lo que quiere oír. Cadena de realidades que difícilmente oscurece la de que el material de los medios y las redes ofrecen está intentando imponerse a las pruebas y declaraciones de un juicio imparcial sin condicionantes sociales.

¿Y qué ocurre entonces?

Ocurre que en vez de diálogo tenemos guerras. En vez de democracia tenemos hacer lo que nos salga. Tenemos lo de tomarse la justicia por su mano como un acto perfectamente cabal y libre de castigo. Tenemos una corrupción omnipresente. Miles de muertes en las propias casas al año por gente que luego se suicida sin penar. Linchamientos sociales por cosas que no se han hecho. Tenemos ataques indiscriminados a la justicia general sin condena, y ataques mínimos que no hacen daño a nadie castigados con cárcel o sumas económicas astronómicas para el bolsillo de quien sí cree en la justicia de balanza y venda en los ojos.

Ocurre que Estados Unidos y Corea del Norte iniciarán guerra, y que Occidente y el DAESH seguirán matándose, porque la única manera que nos han dejado para solucionar conflictos es la muerte de quienes van en contra.

Qué locura. Qué imbéciles. Pero es que— en este mundo en que ni el dinero, ni la cárcel, ni el alejamiento, ni ninguna de las medidas que se toman por la justicia parecen importar a algunos— parece que la única solución que hay es la muerte. Acabar con el pensamiento de raíz. Matar a quien se sale de la norma, porque no se encuentran recursos para parar a quienes no creen en valores como la equidad o la democracia. Cada día más.

Es por eso que el mundo está hecho una mierda. Porque, si los únicos modos para respetar estos valores son ser tolerante con las injusticias o acabar con quien las practica, en la actualidad, somos una auténtica vergüenza.

Los atentados que no evitamos

El jueves, una furgoneta atravesaba las Ramblas de Barcelona haciendo eses, llevándose por delante a cuantos paseantes podía, matando hasta ahora a 13 inocentes y dejando heridas a 80 personas. La gente reaccionaba entonces de varias formas. Algunos huían despavoridos. Otros miraban, quietos y curiosos. Alguno intentaba actuar. Sin embargo, creo que nadie ignoró la situación.

Hace unos años, yendo por la principal calle peatonal de mi ciudad, un hombre se estrellaba a unos 30 metros a mi espalda tras tirarse desde la ventana de su ático. La gente reaccionaba entonces de varias formas. Algunos huían despavoridos. Otros miraban, quietos y curiosos. Alguno intentaba actuar. Sin embargo, creo que nadie ignoró la situación.

Ante la tragedia, la gente nos parecemos bastante. Tal vez por lo que nos acerca a nuestros instintos menos racionales, en la muerte, en el miedo, actuamos de forma parecida.

De hecho, el ciclo de atención informativa en ataques terroristas suele ser muy similar.

gráfica proceso atentados.png

  • Siempre empezamos en el periodo cero, de calma. Hemos tenido atentados anteriormente, tenemos cicatrices de ellos. Sin embargo, permanecemos tranquilos y sin más amenaza que los riesgos de alerta 4 que de vez en cuando nos recuerdan los noticiarios.
  • Es entonces, en el punto 1, cuando se produce el atentado, cuyo número de personas interesadas aumenta de forma exponencial con las horas hasta alcanzar el punto 2, en que toda la atención mediática está focalizada en el acto terrorista.
  • Tras el primer día, de máxima atención, llega el acto multitudinario (punto 3), las declaraciones de quienes coincidieron con los asesinos y qué opinaban de ellos, para posteriormente irse centrando la situación en las consecuencias políticas y la detención de los relacionados aún en libertad (4). Durante las siguientes semanas, la atención de los medios y personas irá reduciendo su presencia hasta acabar, de nuevo, en el periodo 0, donde volveremos a estar tranquilos, recordando el atentado con pena cada cierto tiempo.

La respuesta de la sociedad ante el atentado

manifestaciones contra el terrorismo

La sociedad suele tener unos comportamientos comunes ante estas situaciones.

Los más televisivos son la manifestación y los actos de repulsa. Cuando algo así pasa, la gente suele salir a la calle, encabezada ante las cámaras por representantes políticos poco menos que agarrados de la mano en primera fila. Los minutos de silencio suelen ser también un habitual recurso.

Fuera de ello, está la crítica, en casa o la calle. Tiene múltiples versiones: la crítica al grupo terrorista, la crítica a todos los que tengan origen o religión compartida con el grupo terrorista, la crítica a los que no tenían una bola de cristal para ver que ese camión podía arrollar a un centenar de personas, la crítica a los países e instituciones que atacan a las zonas del grupo terrorista.

Si algo comparten todas estas acciones es la voluntad de que no se repita el acto. Sin embargo, ¿alguno de ellos tiene eficacia?

Que se me venga a la cabeza de primeras, solo la repercusión del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA hace unos años supuso un verdadero cambio en la actitud de la sociedad. Y yo diría que ni siquiera diría fue por los excepcionales movimientos de esta, sino por lo desagradable del propio homicidio.

Pero, si toda la sociedad se une, ¿por qué las medidas sociales, las detenciones y demás no acaban con el terrorismo de este estilo?

“Los orígenes del mal”

Recordemos la gráfica.

gráfica proceso atentados

El momento de mayor impacto social es el 2, siendo el 3 y sucesivos perfectamente interesantes en cuanto a potencia social contra la lacra. Sin embargo… ¿en qué momento nace el atentado? ¿En qué momento se adoctrina a la gente para perpetrarlo, se planea, se gesta?

En el 0.

Cuando la gente pasa ampliamente del tema.

El principal problema de nuestra sociedad ante este tipo de casos es que hacemos la vista gorda ante los síntomas de terrorismo. Una vez se produce el atropello de cien personas, decimos que uno de sus culpables tenía unas ideas “algo radicales”. Que puso en su Twitter en 2015 que mataría a todos los infieles. O que nadie se lo podía esperar. Cuando en realidad lo estás viendo día sí y día también haciendo o diciendo cosas sospechosas. Viendo sin hacer nada.

Porque, si algo tenemos por costumbre, es pasar ante las pequeñas cosas. “No es nuestro problema”. Vamos por la calle, vemos a alguien tirar basura al suelo y no hacemos nada, “¿para qué?: no es mi problema”. Vemos el bullying, pero no decimos nada hasta que el chaval se deprime, se mata o mata a 12 compañeros y un profesor, “no quiero líos”. Escuchamos gritos cada noche dos pisos allí, un cadáver sale tres años después por la puerta con quince puñaladas y aún tenemos los santos cojones de decir que “se veía venir”.

Buena parte de los asesinos de Barcelona eran catalanes. Críados en Cataluña, compañeros de clase de españoles, vecinos, amigos y hermanos de barceloneses que no dudarían en participar en actos de repulsa contra estas masacres y que, sin embargo, pasan de los síntomas porque “no quieren problemas”. Que no me diga nadie que rodeados de gente intolerante con el terrorismo habrían cometido igual el atentado, porque estos monstruos son personas. Personas que conviven con otras personas que forman sus valores, sueños y deseos.

¿Puede alguien caer en una banda terrorista si todo su entorno le lava el cerebro con lo inhumano que resulta hacerlo? Sí. Pero muchos menos. Muchos muchos menos. Y muchos de esos muchos muchos menos serían detenidos antes de cometer atentados si los muchos muchos que los rodean no mirasen para otro lado ante las evidencias de que algo podría estar pasando.

Manifestémonos. Critiquemos terroristas con o sin corbata. Seamos irreverentes si eso hace que esta lacra sangre. Pero no nos lavemos las manos escurriendo la culpa ante nuestras obligaciones como ciudadanos. Un lugar que no tiene tolerancia con los indicios del terrorismo es un lugar en el que el terrorismo lo tiene crudo para nacer. Y el indicio no está en el color de piel o en la religión: el indicio está en las pequeñas cosas que cada día nos encontramos y ante las que miramos hacia otro lado.

Si queremos que ese otro lado no sean pantallas diciendo los muertos de nuestra permisividad, no consintamos que el odio violento nazca entre nosotros. Porque esta gente son personas de nuestra sociedad, y nuestra sociedad no es solo responsabilidad de políticos, profesores, cuerpos de seguridad y demás chivos expiatorios: la sociedad es nuestra madre, padre, hermano, hija y amiga. Y a ellos no les consentiríamos que matasen a otras familias.

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Comenta, comparte, opina, que es gratis. Hay mil cosas con las que ser tolerante: por los mundos rotos que podrían ser los nuestros, no dejemos pasar las pequeñas cosas que pueden acabar en vidas robadas.

El periodismo sin verdad y el autocerrojo informativo

Hace unos post, comentaba algunas de las principales razones del mal periodismo. Hoy vamos a analizar una de las que más polémica genera, tanto por sus implicaciones éticas como por atentar directamente contra los mandamientos del periodismo: .

La parcialidad: una situación conocida y aceptada

En España vivimos un verano de lo más ardiente en cuanto a periodismo de masas. Las tensiones en torno al independentismo catalán se unen a las estivales especulaciones sobre fichajes futbolísticos para dar auténtico espectáculo polémico a las mentes de los lectores y espectadores. Comparemos, como ejemplo, los dos siguientes titulares, prácticamente lanzados a la misma hora por dos diarios de información generalista: El Punt Avui y El País.

noticias contrarias

No, no estamos ante una encuesta diferente. Y no, aunque parezcan contradictorios, ninguno de los dos diarios miente:

confidencial encuesta CEO generalitat

Como podemos ver, simplemente, cada uno ha seleccionado los datos que le convienen para adaptar el titular a los intereses propios, resultando más sorprendentes si cabe por el hecho de que el porcentaje de “Sí” es mucho más grande entre los que afirman que votarían (62,4%) con respecto al de la población general (44,3%).

En cualquier caso, visto lo visto, estamos hablando de dos noticias bastante limpias en cuanto a objetividad de la información: tanto una como otra, al igual que la de El Confidencial, da el resto de datos más abajo en la noticia.

Caso aparte es cuando la verdad es poco menos que un elemento residual.

Cuando existe “La verdad” y “La VERDAD”
la verdad

Ayer, la Guardia Civil entraba en una serie de edificios públicos catalanes para recabar información con respecto al llamado “caso del 3%”. La noticia saltaba cuando los diferentes programas informativos y diarios digitales mañaneros soltaban que, en medio de la citada tensión independentista, la Generalitat había impedido la entrada al organismo de seguridad bajo la batuta del Gobierno central, en lo que podría considerarse una clara afrenta a su autoridad.

Minutos después, corrían las voces de que la Guardia Civil había desmentido que se hubiese puesto traba alguna a su actuación. Al cabo de un poco más, la falta de respeto a la información verídica se hacía notoria, apareciendo incluso discordancias entre las propias fuentes del Govern:

guardia civil no entra generalitat

Como resultado, horas después, cada noticiario poco menos que escogía la versión de la noticia que más le apetecía, dejándonos a los interesados en la realidad de la situación en la más completa oscuridad, al albedrío de nuestro instinto o lo que nos apetezca creer. Un comportamiento penoso para quienes tienen como trabajo encontrar la verdad y hacérnosla llegar.  Un comportamiento que abre la puerta a situaciones de lo más preocupantes.

¿Cerrojo mediático?

Ayer escuchaba unas declaraciones de lo más polémicas por parte de un asistente a un programa de tertulia política. Este “fenómeno” dejaba caer su creencia de que podría estar produciéndose un cerrojo informativo en Cataluña. Cómo no, dado el nivel de libertad de ataque propio de estos programas, no provocó ni un solo alzamiento de ceja en la mesa. Yo, que solo pasaba por el cuarto, me quedé fascinado ante la soberana acusación.

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Como sabréis, el cerrojo informativo o mediático es un orwelliano recurso de despampanante falta de ética, consistente en que los medios de comunicación informativos oculten a su público las noticias de interés que vayan en contra de uno de sus principales grupos de su interés. En general, para hablar de un auténtico cerrojo, el bloqueo afectaría a la posibilidad de que cualquier tipo de información contra los citados grupos —por lo habitual, gobiernos— llegase al pueblo a través de diarios, televisión y similares, siendo reprimidos aquellos intentos de que ocurra. Típico de sociedades autoritarias, el bloqueo mediático suele venir acompañado de un adoctrinamiento a través de los propios medios, al dar relevancia, precisamente, a noticias laudatorias que dejen quedar bien al propio órgano represor.

En cualquier caso, es interesante como, en el universo de internet y la individualización del contenido, el bloqueo mediático puede ser un concepto bastante interesante.

Cerrojos modernos. O no tanto

Tal y como la sociedad digital en países del primer mundo tenemos un acceso a la información objetiva y global mayor, seguramente, que en ningún momento de la Historia, las argucias para manipular el pensamiento social viven una época dorada.

Las técnicas para dar relevancia a contenidos que benefician al grupo de interés y hacer pasar de las que no hacen que se mantenga el “certificado” de ser plural y tratar distintos temas al tiempo que se manipula la opinión del lector o espectador. Por supuesto, excusarse en decir que es lo que este pide para ocultar la mala práctica, todo un mantra.

Oír algo que no nos gusta suele provocar dos resultados: abrirnos la mente y molestarnos. Por desgracia, el ser humano tenemos una clara preferencia entre ser abiertos y estar libres de molestias. Quizás por ello, aun teniendo el mejor momento de siempre para contrastar y ser poco menos que pequeños sabios con un poco de paciencia, la realidad es que nos solemos ver arrastrados por un remolino de ser más y más lo que ya somos, radicalizando nuestros gustos e intereses, pasándolo mal cuando tenemos que hacer algo diferente o, directamente, escuchar al de al lado. ¿Por qué íbamos entonces a elegir conocer opiniones distintas estando solos? ¿Por qué, con la capacidad que a día de hoy tenemos para personalizar más y más el contenido para oír justo lo que queremos escuchar? La personalización es tal que, o estás precisamente interesado en entender las diferentes corrientes políticas o sociales, o acabas por ser un loro repitiendo proclamas basadas en marketing político que tú mismo buscas sin necesidad de que ellos hagan nada.

Porque sí: puede que en realidad el periodismo que buscaba la verdad por encima de los intereses económicos o políticos haya sido solo una fantasía por la que únicamente unos pocos hayan luchado. Porque sí, puede que lo de lanzar piedras a los demás medios como método de crecimiento siempre haya sido un recurso. Pero la realidad a día de hoy, es que si el dinero y lo ideológico se han comido a la verdad en la actualidad periodística es porque nosotros mismos nos hemos encerrado en la cárcel de escuchar solo lo que queremos oír.

Y en la cárcel de nuestra autocomplacencia, aplaudimos el cerrojo informativo que nosotros mismos nos hemos forjado.

 

A solas: dos personas, mucho más que una idea opuesta

En el post de la semana pasada hablábamos de que, en general, la gente tiene mucha mayor capacidad de expresión cuando habla a solas con otra persona. Toda una escapatoria a la represión de ideas fuera de la norma de la sociedad actual. Hoy vamos a tratar otra de las principales conclusiones que podemos sacar de la ya citada campaña de Heineken Worlds Apart: el que las personas somos mucho más que un solo tema intolerable.

El vídeo, e insisto en mi apreciación del anterior post, es una excepcional muestra de la realidad del individuo en uno para uno con respecto a frente a la sociedad, por mucho que la situación tenga el carácter de experimento. Hoy vamos a analizar otra de las circunstancias vistas en él.

En determinado momento la chica trans dice “Nos conocemos muy bien para habernos presentado hace 10 minutos”, a lo que el tránsfobo responde con una sonrisa contenida de altísima sinceridad y comprensión.

El momento es excepcional porque para la actual sociedad de las redes, de la corrección política y todos estos supuestos avances, estas dos personas serían enemigos acérrimos sin ningún tipo de excusa. Al menos no desde el instante en el que el otro lo sepa. Sin embargo, este momento llega y vemos que la chica trans acepta al momento la cerveza y el tránsfobo incluso bromea con la supuesta seriedad del tema para luego aceptarla entre risas a las que se unen las de ella.

La lección para aquellos que fomentan el desprecio, la rivalidad y el odio es tan grande que ya me gustaría ver sus caras. Porque ellos seguramente nunca hayan visto una situación fuera de la teoría, y si la han visto la han tapado entre toneladas de panfletos, tweets ovejiles y vendas de lo que les han enseñado gente que tampoco ha visto una situación real.

worlds apart heineken

Lo que vemos en este extraordinario acto son varias cosas.

La primera es el saber diferenciar entre una persona y una idea odiosa de una persona. A las personas las forman sus ideas y valores. Pero todas, no una. Lo grupal nos invita a catalogar y a quedarnos con tres o cuatro etiquetas diferenciadoras, en especial negativas. Por eso en cuanto una persona que conocemos de segunda línea (por redes, por la tele, por coincidir un día en una fiesta) hace un comentario “inconcebible” para las creencias de alguien sometido a la intolerancia del sistema deja de tener todos los valores positivos de golpe.

Sin embargo, cuando eso nos pasa con un colega con el que tenemos una relación personal —especialmente, con los que hemos tenido conversaciones de cierta intimidad en uno para uno—, entendemos fácilmente que esa cosa odiosa no es más que una característica asquerosa de esa persona, pero no definitoria para romper nuestra relación. De hecho, lo más probable es que tratemos de evitar el tema o ir al debate para entender las posiciones del otro.

Nada que ver con lo que la teoría que nos están metiendo en redes, medios de comunicación y otras herramientas del sistema, fomentando el romper inmediatamente relación para pasar a la guerra con esa persona.

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Las personas somos mucho más que una idea diferente a las de otros. Somos gestos, somos el estar cómodos con los demás. Somos el haber pasado por cosas juntos. Somos sensaciones.

En el vídeo se ve claramente: no por tener ideas diametralmente opuestas en un tema tenemos por qué romper una relación. Obviamente, ante un comentario machista sincero y para mí no justificable de un colega, lo voy a mirar mal o le voy a decir algo. Lo mismo ante cualquier otro tipo de acto que ataque mis valores (prejuicios, odios gratuitos, malas educaciones). Pero lo que para una persona madura y con dos dedos de frente no tiene sentido es abandonar la sala al instante sin dar un punto de vista o sin buscar por qué el otro piensa así, por mucho que cuatro teóricos del pensamiento mediático y redsociálico nos lo hayan intentado meter en la cabeza.

Somos personas. Y las personas, por instinto, no reaccionamos así en un uno para uno. Porque, primero, tenemos muchas más cosas en común que en contra. Y porque a solas, lejos de toda su mentira, somos mucho más abiertos y tolerantes de lo que la sociedad nos empeña en vender, eso sí, bajo las hipócritas banderas de que debemos ser abiertos y tolerantes.

Doy gracias porque ejemplos como el de este vídeo hagan ver a esta gente que solo cree en lo que ve en una pantalla realidades que de otro modo tal vez nunca encontrarían.