Críticas poco fiables I: Osito, mi adorado osito

La literatura de calidad vive momentos de incertidumbre. Si bien los lectores más avezados tienen mayor acceso a la información que nunca, la cantidad de nueva producción, la crisis de lectores en las nuevas generaciones y los curiosos gustos por obras de supuesta profundidad sin demasiado sentido han conducido a un periodo en que la lucha entre las opiniones del público general, las de quienes se la dan de cultos y las de los que de verdad entienden acaba por desorientar al común de los mortales.
Así pues, lanzo esta sección para, cada cierto tiempo, analizar irónicamente una obra artística de escrita (novela, relato corto, letra de canción, guion) que, por diferentes razones, alcanza la fama con dudoso entendimiento.
Como homenaje a los buenos ratos que me ha dado, la obra inaugural a analizar será el elegíaco poema Osito mi adorado osito.

¿Por qué Osito mi adorado Osito?

Osito mi adorado Osito fue una reputada participante en el IV concurso de Sttorybox tras poner al público detrás dedicando el poema a su supuesta mascota muerta el día de la publicación.
La obra, en cuatro partes de variadas estructuras y temáticas plagadas de despampanantes faltas de ortografía y expresión, guarda una serie de características que tan pronto pasan de la cháchara intrascendente a una sentida e improcedente lírica ajena a la panegírica temática de la despedida de un perro.
El poema triunfó de forma despampanante en este concurso de voto público, llegando a estar durante la práctica totalidad del certamen en el puesto número 2 de entre 1400 relatos, aupada por los votos de los propios participantes de la red social gracias a un spam potentísimo y la pena por el pobre perro.
Pero, dado que de ser un relato del montón no llamaría tanto la atención dos años después, pasemos a analizar algunos de los elementos internos que convirtieron a la obra de SexyLover122 en una de las mayores aberraciones vistas en un certamen de estas características sin la presencia de Forocoches por detrás.

sexylover 122

Avatar de su afamado autor

Las catástrofes del texto

Está claro que la falta de calidad de escrita es de las características más reconocibles del texto. Un ejemplo:

¿ Te acordás , sagrado amiguito ?,

aquéllos preciosos días…

cuando jugabas a la pelota, ¿la ” dominabas ” y la

mordías?.

¿ Recuerdas cómo llorabas , si de la bicicleta caía ?…

y yo te abrazaba y acariciaba.

Ese eterno amor, que no moriría.

! Estalla, corazón !. 

Extracto de Osito mi adorado Osito, por SexyLover122

Su uso de espacios, acentos y signos de puntuación dan espectáculo a un texto capaz de derretir las córneas de alguien escrupuloso con este tipo de temas. Que se fastidien. Es fácil ver contenidos en los que falta acentuación; Osito toma distancia de las masas, acentuando, espaciando y puntuando más de lo necesario.
Su gusto por la exuberancia en los saltos de línea sigue las actuales tendencias de verso libre y frases lo más cortas posibles, que faciliten el entendimiento frente a las ofensivas oraciones con más de tres sintagmas. Observen cómo se recrea haciendo de un verso, entre dos y cuatro:

Eras tan, pero tan chiquito,

que dormías dentro de los

zapatos de

papá.

A quien,le hiciste

“pelota”,

si la mente no me

falla, al menos,

media docena.

Osito, el perro eterno

Osito no solo “hacía «pelota»” en los zapatos de uno de sus dueños: estamos ante un personaje profundo, complejo, capaz no solo de inspirar al protagonista narrador a sentimientos al borde de la incoherencia, sino de dar lecciones de bondad y maldad:

! Eras una bola de pelos encantadora !.

¿ Recordás adorado amiguito, cuando

le diste una probadita, a un centenar

de gatitos, para darles luego, sagrada

sepultura ?.

Porque, no sé, quizás sentiste, un

sentimiento parecido, a este

dolor humano.

Porque, a pesar de ser un perrito,

debes de tener vivo, el

espíritu

de un

ángel.

O tal vez, en otra vida,

fuiste un digno

sepulturero.

Seguramente estemos ante uno de los momentos más intensos de la elegía. El encantador animal le dio “una probadita” a un centenar de gatos para posteriormente tal vez sentir dolor humano y enterrarlos, con el espíritu de un ángel. ¿O tal vez no?:

! Eras fatal, negrito !

! Fuiste más dañino, que

la Peste Negra en

Europa ! …

! pero aún así, te queríamos ! .

El narrador

¿Estamos ante un caso del popular narrador poco fiable? Si bien Osito era un animal extraordinario, está claro que las características de su dueño tienen mucho que ver en la fascinación que en él despertaba.
A lo largo de los versos, Osito mi adorado Osito nos conduce por todo un laberinto de sensaciones en el otro gran protagonista. Sensaciones que alcanzan momentos al borde de lo extremo.
Vayan sacando sus pañuelos:

Y te encontré, chapoteando en una lágrima

de luna.

Y hasta te vi en la fantasía de algún poema

de

Neruda.

Rodé a las páginas de un sueño,

donde dos almas eran una.

Y el infinito era el incienso,

del tierno beso de la

bruma.

Y las galácticas estelas de nuestro amor,

se hacían

espuma.

Y el resplandor del universo,

era la magia de la luna.

Rocé el hechizo de las musas,

extasiadas y desnudas.

Me ajusticiaba la nostalgia,

y me acribillaron, ya, las

dudas.

Exhalé fotografías, de pinares y de

ríos.

Y respiré de la dulzura,

de tus ojos, en los míos.

Inauguré una ceremonia, de canallas

y de bueyes.

Y le prendí fuego a los dioses,

el alarido de los reyes.

Fumé el cigarro de la vida,

y la nicotina fue mi abrigo.

Y vomité soles ardientes,

hasta quedarme sin

amigos.

Esparcí un llanto de amargura,

por las estrellas y los ríos.

Y besé en la boca a la locura,

porque no estabas ya conmigo.

wtf gif
El nivel de metáfora es tal que uno ya duda de los verdaderos sentimientos de este protagonista.
¿Es el cánido Osito en realidad humano? ¿Un humano que hace pelota en los zapatos de papá? ¿Se encuentra el protagonista sumido en el dolor de la pérdida hasta el punto de ver alterada su percepción? Porque recordemos que, según su autor, el relato es un homenaje a su perro muerto ese mismo día. ¿Ha perdido a todos sus amigos en un día solo por poner el relato? ¿Sería de extrañar?

Ovejero, mi ovejerito,

quisiera volver a ser niño.

Para colmarte de mil abrazos,

y pagarte todo con mi cariño.

Ovejero, mi ovejerito.

Los extraños momentos de lucidez

No quiero decir que en algún momento no haya lucidez en tan aplaudida muestra de literatura (recordemos que tiene 443 MG en una red social en la que pasar de 50 es un éxito). Lo que está claro es que, por momentos, algo cambia.
Sin querer vulnerar en caso alguno el estratosférico nivel de creatividad métrica que demuestra el autor en el original de este pasaje, me he permitido adaptarlo a un estilo de verso más mundano, tras haberlo extraído del capítulo de desenlace. El resultado llama la atención:

Ya las luciérnagas preludian tu partida.

La despedida de aquel hechizo entre los dos.

No sembraré mis esperanzas en el lodo.

Ya nunca más florecerá la luz del sol.

Ya nunca más caminaremos codo a codo.

Seré una lágrima que el tiempo se llevó.

 

No habrá un incendio en las cascadas de mi alma,

ni resplandores, de agua salina y aguarrás.

Ya no habrá amores que den luz a los colores.

Ni sinsabores, ni palomas de la paz.

No habrá ya vértices que besen otros labios,

ni el erotismo de un perfume de mujer.

No habrá ya hombres que por amor se vuelvan locos.

Solo cadáveres teñidos de un ayer.

(…)

Nunca jamás, veré llorar de amor las flores,

Ni, nunca más, mi corazón ha de latir.

No escribiré ya tus memorias en las nubes,

ni besaré aquella enigmática mujer.

No existirán sillas de ruedas hechas de flores.

Como tampoco, veré a mis hijos florecer.

No correremos, ¡ya no más!, por esas playas

que fueron cielo de un precioso atardecer.

No esconderé bajo mi almohada los fantasmas,

ni te amaré como ese día yo te amé.

Jamás me embriagaré del suspirar de las gaviotas,

jamás mis ángeles desangrarán tus copas rotas,

ni las tinieblas, se esfumarán en el Edén.

Vomitaré las putas llamas del infierno.

Cosmogonías del futuro del ayer.

Se eclipsarán, de desazón todos los soles.

La tibia lluvia, ácido beso,

de una mujer.

Sí. Increíblemente, el extracto pertenece a Osito mi adorado Osito, la historia de un perro muerto.
Fuera de los abundantes lugares comunes, parece patente que el nivel de escritura es bien distinto. También el tono. También todo. Todavía sorprendido, dos años más tarde, he escogido alguno de los extractos para comprobar un posible plagio. Ni rastro de él.
Más pruebas que dejan ver por qué Osito mi adorado Osito es digno de estudio.

Conclusiones si fuese imbécil

tus tetas sexylover

Por desgracia para la literatura, los posteriores trabajos de SexyLover no lograron alcanzar la popularidad pese a que su calidad raya la de Osito

En mi opinión, Osito… es lo más cercano a una obra maestra de la literatura actual que vamos a encontrar. Cualquier experto en el tema que se precie debería llevar una estampita del modelo italiano en la cartera. Christopher Nolan y Manuel Bartual deberían hacer a Osito protagonista de su próxima aventura. La profundidad que alcanzan las páginas del gran panegírico de la última década tendrían que provocar que las principales editoriales nacionales e internativas se peleasen por sus derechos durante por lo menos tres años, acabando por lanzar tiradas de ciento veinticinco mil ejemplares más una hamburguesa, que se habrían de servir en cada ayuntamiento cada comienzo de mes.
Me despido con los versos del gran poeta de nuestro siglo, en el cierre de su maravillosa obra cumbre:

! Ay !, mística daga,

de hoja gris y recortada.

! Ya deja !.

! Deja mi sangre correr !…

 

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Por qué el amor es útil para una buena ficción

El otro día recibía el mensaje de una colega con un excelente gusto literario agradeciéndome la recomendación de La verdad sobre el caso Harry Quebert:

terminado harry quebert

Lo cierto es que la novela de Jöel Dicker es un librazo por muchas razones. Entre ellas:

terminado harry quebert 3

Conociendo su nivel como lectora, me llamó bastante la atención el que no estuviese acostumbrada a la combinación entre estos géneros. Bueno, y también porque…

terminado harry quebert 4

Ficción y realismo interno: un matrimonio forzoso

Hace nada me puse a ver Juego de Tronos. Gran serie, sin duda: me la acabé en un mes. Sin embargo, había algo, positivo o no, que me pasaba con una frecuencia pasmosa: veía lo que iba a pasar a continuación.

you know nothing edward

Al contrario que muchas personas queridas, yo soy de las que se tapan los ojos ante el autospoiler: me gusta disfrutar las historias desde dentro, meterme, que me ciegue la suspensión de incredulidad. Sin embargo, con GOT me era imposible hacerlo, porque (al contrario que lo que la opinión general presume, diciendo que acaba con personajes a lo loco) la serie, salvo escasas excepciones, tiene una gran coherencia argumental.

La coherencia tiene que ver con eso que explicamos en Realismos y fantasías: el realismo interno. Para salvarse de la quema del espectador o lector, cualquier historia tiene que respetar una serie de valores que el universo de la propia propone. Si en medio de El Retorno del Rey apareciese Darth Vader, la gente quemaría el libro o tiraría Coca-Colas a la pantalla por insultarles. Si queremos colar un elemento de fantasía en una historia realista, más vale que haya cosas que nos puedan hacer entenderlo o el ataque va a ser claro.

Una de las tendencias más queridas de la actualidad es que esa coherencia se extienda también a lo argumental. Cuando esto ocurre, la gente suele quedarse satisfecha por un par de razones principales: hace sentir listo y hace sentir satisfecho, guste o no (“Es como tiene que ser”).

El principal problema nace, por supuesto, en uno de los grandes principios de la ficción: el ofrecer algo que no existe, nueva realidad.

Leía hace poco que consumir ficción mejora los parámetros de empatía (“mentalización”, decía). Si siempre nos movemos mediante las cosas que sabemos, nuestra mente se va cerrando, mientras que si nos ponemos ante realidades que no conocemos o nos sorprenden, aprendemos y crecemos.

leer imaginar

¿Por qué el amor es útil para una buena ficción?

Pues que es el perfecto enlace entre la coherencia y lo impredecible.

El amor es un sentimiento universal, y rara es la persona que no conozca los macabros efectos que puede tener en el correcto raciocinio. De ahí que —utilizándolo con inteligencia— sea una herramienta fabulosa para generar ‘vértigo’ en el argumento sin que el realismo interno falle.

Manuel Bartual y el reciclaje del relato corto

La rama creativa de Twitter vive unas de sus semanas más intensas del año con la aparición de un extraordinario fenómeno de público: la inquietante historia de las vacaciones del ilustrador Manuel Bartual. Si bien pondría el hilo para que pudieseis disfrutar de la maravillosa obra antes de avanzar en el post, solo puedo remitiros a su cuenta: tal hilo no existe, solo tuits que avanzan desde el mediodía del 21 de agosto a la pretarde del 26, en la que el esperado desenlace llega.

No sin mi recomendación de disfrutar del extraordinario episodio antes de continuar, analicemos pues —sin abusar de spoilers— algunas de las cosas a trabajar para que el relato corto actual de gran público no se extinga. Y de paso, el éxito de este divertido episodio del internet de nuestros días.

bartual portada

Así empezaba todo

El relato corto de Manuel Bartual luce inmenso por varios elementos que marcan las principales características del entretenimiento de masas actual: se basa en lo hiperbreve, es fácilmente viralizable, tiene componente audiovisual, es interactivo, no de único momento y generalista.

Hiperbrevedad

Si bien no consideraría a Twitter en su mejor momento histórico, una vez que las ovejas se han comido a los lobos no vendidos al público impersonal, el modelo de texto hiperbreve es todo un emblema de la sociedad de esta década, siendo el hilo —esa serie de tuits encadenados a base de articularlos como respuesta— el principal elemento a tener en cuenta en este momento.

Como si de un buen cliffhanger se tratase, el hilo favorece la continuación. Si bien el texto de Manuel Bartual no lo es como tal y podría ocupar unos cuantos folios de Word, el hecho de que esté tan acotado en digeribles 140 caracteres hace que para quien cree imposible tragarse su duración real sea ameno hacerlo.

En otras palabras, los que ven una locura leerse un relato corto de diez, quince páginas, se lo están engullendo a dos carrillos.

Viralidad y compartibilidad

Si bien la viralidad tiene un cierto componente de lotería, lo exponencial del modelo Twitter facilita las cosas. Antiguamente, necesitabas estar en el muro en ese momento para ver el RT, pero la nueva distribución de los contenidos de este por popularidad y supuestos intereses del tuitero, sumada al que en dispositivo móvil tengas una notificación conque apenas dos o tres de tus seguidores den MG a una determinada publicación, hace que un tuit eficaz sea fácilmente viralizado.

Tema aparte sería el tipo de seguidores que tejen los mimbres. Dice el diario El Mundo en una reciente entrevista a Bartual que tenía “solo 16000 seguidores” antes de este fenómeno como si fuese nada, pero lo que está perfectamente demostrado es que a la gente le duele mucho más dar un RT a alguien con cien seguidores que a alguien con cien mil. Y si no, solo hay que pensar en el porcentaje de gente que vais a emegear o compartir este post aunque os haya gustado.

Audiovisualidad

No escribiré un ensayo acerca de lo audiovisual que está el mundo del entretenimiento, más que nada porque seguramente la interactividad ya lo haya destronado como principal característica en este momento. Sin embargo, el haber introducido vídeos e imágenes para favorecer al lector profano de la literatura el meterse en la historia es clave para la plenitud de su eficacia.

Siempre he creído que en épocas de plenitud de ocio y tiempo libre la imaginación vive sus épocas doradas. Sin embargo, Twitter, lleno de gente con horas y horas de tiempo en la nada dedicadas a ver si pueden encontrar una grieta en el discurso de alguien para hacer sangre, parece no tener suficiente imaginación como para que entre los 10 contenidos más emegeados del relato de Bartual no estén los que llevan una imagen o vídeo. El público oveja no tiene nivel para caer en la suspensión de la incredulidad sin contenido audiovisual, y Bartual lo consigue sin dificultad alguna dándoles lo que quieren. Precisamente lo que está condenando a la literatura tradicional en la actualidad.

Interactividad

En algún momento del tiempo, las personas hacíamos lo que le gustaba en cuanto a ocio. Ahora, eso queda relegado a momentos en los que no haya nadie que pueda saberlo, poniendo nuestro Spotify en sesión privada para que nadie sepa que en realidad ese tipo de música nos gusta.

Me atrevería a decir que, a día de hoy, el 80 por ciento del ocio no es por motivación personal, sino por poder comentarlo con alguien. Hace cuatro años, en mi TFM, comentaba que el entretenimiento ha pasado a tener dos partes claves y de importancia clave en general: el contenido y lo que se comenta del contenido. Que, en sí, es interacción.

Se nos ha metido en la cabeza que es casi obligación comentar lo que nos parece. La gente sigue series para poder comentarlas con los colegas. Si vemos una peli, hay que valorarla en Filmaffinity, poner un tweet o decirle a alguien en WhatsApp que la acabamos de ver casi por obligación, cuando antiguamente el ocio de este tipo solía ser bastante individual.

En el Caso Bartual, parte de su publicidad se gesta en lo comentable que era en su proceso, en esa interacción perfectamente prevista con los que lo hacían, en el que la gente apareciese por todos lados hablando de ello. Y al final, es lo de siempre, el ser humano, quiera o no, lleva dentro ese espíritu de querer estar enterado de lo que todo el mundo habla, ya sea por curiosidad, cotilleo o no querer sentirse aislado.

Alargamiento en el tiempo

El contenido puntual no tiene sentido comercial ni, parece ser, artístico a día de hoy.

El otro día tuvimos el Mayweather-McGregor. Fue una noche, unas horitas, y sin embargo nos taladraron meses, generándonos interés en gente que sabemos de boxeo lo mismo que de exportación india en la época de la guerra de los Balcanes.

La realidad del ocio de hoy se extiende, golpea muchas veces, mucho tiempo. Deja que la gente haga grande la bola, tal y como libros cortos se dividen en dos o tres partes al ser llevados a la gran pantalla.

El relato de Manuel Bartual que podría haber publicado de golpe explicando lo pasado, es espaciado durante casi una semana por su ajuste al tiempo real. Durante ese tiempo, las notificaciones, comentarios y referencias llegaban por mil lados diferentes y durante todo el día, haciendo omnipresente la historia para cualquiera relacionado con la red del pájaro azul, llevándolo al TT con gran facilidad. Seguramente, el mayor acierto del fenómeno haya sido este espaciado.

Generalidad

Le preguntaban en la citada entrevista de El Mundo sobre las referencias a la serie de culto Perdidos (Lost). Realmente, hay clichés del género por doquier: todo un homenaje a los recursos más trillados del género de misterio, capitaneados por autores de esos que o se consideran intemporales o desfasados. Sin embargo, la historia genera fascinación en el público, como si nunca hubiesen visto algo semejante.

Estoy convencido de que todos han estado ante historias de misterio en las que ocurren los diferentes episodios visto en el relato de Bartual. Sin embargo — ya por la lejanía temporal, la renuncia a seguir estando en contacto con el género o demás familia—, los acogen con una felicidad inaudita para alguien que tiene a mano miles de relatos del género con esos elementos. La clave es que el público del relato no busca este entretenimiento, sino que se une a él solo cuando —como decíamos antes— le vale para comentarlo con otra gente. Y para que eso pase, para que otra gente haga lo que ellos quieren hacer en el fondo, recibir el placer de las viejas referencias que su memoria lejana les trae, el relato tiene que ser generalista para el público al que va orientado. Fácilmente digerible para que las ovejas rumiantes que plagan la red no se indigesten con un argumento demasiado elaborado para seguirlo durante más de 5 párrafos, digo, tweets.

manuel bartual tras éxito

Reciente tweet de Bartual tras el éxito

Por último, no sin recomendar a mis lectores que disfruten de la magnífica realidad de relatos de misterio que las bibliotecas nos ofrecen, me gustaría mostrar las diferencias con el no-éxito previo de Manuel Bartual: un hilo (esta vez sí) que publicaba tan solo 15 días antes de la historia que le vuelve más famoso.

https://twitter.com/i/moments/897536022279405568

  • El humor es tan importante como el misterio
  • No busca la interacción directa con el público
  • Lo publica en versión hilo
  • Segunda persona en vez de primera
  • El humor es personal, distinto
  • Entero el mismo día
  • Llega a haber un tweet a las 6 y media de la mañana de su país (poca audiencia)
  • No lo ve ni una milésima parte de gente

La principal diferencia entre ambas historias en cuanto a importancia para lo que hemos hablado aquí es que una fue perfectamente diseñada para dar de comer a Twitter y la otra da de comer, mucho o poco, a la cultura.

Es para pensarse qué debe hacer el mundo editorial en este en el que lo gastado eclipsa a lo que aporta. En si es más importante entretener unas semanas o brillar en cuartos oscuros por los siglos de los siglos.

el mundo bartual

Gracias a Manuel Bartual por haberme entretenido a mí y a muchos colegas con su relato de vacaciones, y gracias por escribir algo tan simpático como El peso de la verdad. Y si, la foto es de la omnipresente entrevista de El Mundo

Diario del no WhatsApp

Prólogo

El joven salió del vehículo para atravesar la plaza en dirección a un portal. Antes, se cargó con un abrigo, una carpeta, una botella de agua, una bolsa del H&M del tamaño de un saco de Papá Noel y las llaves del coche, que cerró no sin dificultad.

A medio trayecto, detuvo sus pasos, apretó sus libres codos contra los costados y observó sus agobiadas manos por unos segundos, como pidiéndoles explicaciones. Entendiéndolas incapacitadas, volvió atrás hasta alcanzar una de las ventanillas delanteras del vehículo. Cabeceó: parece ser que sí llevaba las llaves de casa en alguno sus inaccesibles bolsillos.

El perchero andante reemprendió pues su renqueante caminar hacia el otro lado de la adoquinada plazuela, mirando hacia las que debían de ser sus cortinas con evidente esperanza de tener a alguien en casa.

Fue entonces cuando ocurrió.

A cámara lenta, algo pequeño escapó de su voluminosa carga para al momento bañar la estampa en el breve, agudo, pero fuerte sonido que salpicó el empedrado.

Cándido, el chico miró en derredor, buscando respuesta a su duda sobre la naturaleza del objeto caído.

Mientras contemplaba su negra figura tendida cuan larga era —tostada de ley de Murphy, allí, en perfecto decúbito ventral sobre uno de los adoquines— supo que no necesitaba darle la vuelta para confirmar lo ocurrido. Había hecho un post sobre ello tiempo atrás.

Tratando de mantener la dignidad ante los espantados ojos de una pareja en un coche a un lado, recogió su móvil del suelo y —tras un leve vistazo— atravesó el portal, mal cerrado, como si nada hubiese cambiado. Una vez al amparo de su domicilio, acarició con cariño su pantalla.

El leve corte en la yema de su dedo no le dolió más que ver las tres enrevesadas telarañas en el cristal.

Lunes, 16 de enero, 23,43

Acabo de traspasar todos los archivos de almacenamiento interno posibles a uno de mis pen. No estoy seguro de que vaya a ser suficiente.

Las palabras de la dependiente han sido trasparentes como el hielo de su significado. “Lo borrarán todo”.

Temo por los pequeños retazos que puedan desaparecer. Tras su regreso de Madrid el viernes, ¿sabrá mi teclado predictivo que después del primer “ja” que le escriba seguramente vendrán dos más si me hace gracia y unos cuantos en mayúscula si me hace mucha? Dicen que irse a la capital cambia a la gente; a los móviles, directamente, les lavan el cerebro.

“Oh, mi pequeño.”, pienso mientras redacto estas tibias líneas de despedida notando como la eñe se me clava, “¿Traerá tu regreso un nuevo amanecer a nuestra amistad?”

Por el momento, la noche es oscura. Como el saber que mañana ya no estaré contigo, sino con otro.

Otro con el que hace mucho que no me acuesto.

Martes, 17 de enero, 22,33

No va.

No logro entenderlo. Lo he puesto a cargar y ahí se ha quedado, con su nombre en ristre sobre un fondo negro.

Lo he reiniciado, pero por mucho que lo haga permanece en la misma posición. No logro comprenderlo: cuando lo jubilé solo tenía cierto problema con la batería, pero se encontraba en perfectas condiciones. Ahora lo que no se encuentra es la “aplicación System”, y yo estoy preocupado.

Siendo alguien con un fuerte odio a la pérdida de tiempo sin felicidad justificada, alcanzo La sombra del viento, en la mesa. Me apetecía releerlo antes de ponerme con el nuevo, pero —como de costumbre— cada día leo más y, por tanto, menos. Ahora, incapaz de conectarme a un WhatsApp estresado de mensajes deseosos de enviar el doblecheck, me veo abocado a la literatura que tanto me dio un día.

Me siento traidor mientras lo abro.

Miércoles, 18 de enero. 23,55

Es un libro precioso. Apenas lo recordaba. No puedo evitar irme a cama con una sonrisa en el rostro.

Mi móvil viejo brilla negro más allá, cargando no sin dificultad. Al parecer, desde que no lo uso se ha vuelto un exquisito con lo que le enchufan. Mi madre, que tiene el mismo, me ha dicho que este cargador tiene la punta muy pequeña y el nuestro necesita una más gorda, pero como lo importante es saber usarla, ahora chupa sin problemas. Con el cable enrollado a su alrededor dentro de una de mis zapatillas de casa, eso sí.

No sin paciencia, he conseguido actualizarle el Instagram y subir un Stories alertando de que estoy incomunicado. Mi frugal imaginación me atiza con un WhatsApp lleno de aterradores mensajes.

De póstumas despedidas tras expandirse el rumor de que he sufrido un fatídico accidente bailando salsa. De declaraciones de amor de chicas que me gustan convertidas en “como no contestas me he ido con el gilipollas de mi ex”. De cadenas con el negro del WhatsApp escondido en algún lugar de la imagen.

Intentaré dormir, aunque no creo que lo consiga. No puedo evitar sentir una alargada presencia a mi espalda.

Jueves, 19 de enero. 23,15

La victoria del Barça en Anoeta tras una década de descalabros me ha distraído lo suficiente como para no pensar en ello, pero en fin: este diario no está dedicado al sexo, sino a la ausencia de WhatsApp.

Creo que estoy medio desintoxicado. Mañana a mediodía he de ir a por mi móvil. Yuli, la dependienta, me ha dicho que para esa hora estaría al cien por cien. Menos mal: pasar el finde sin WhatsApp podría suponerme descanso, y eso sí que no.

Ahora, me apetece leer.

Viernes, 20 de enero. 00,50

Acudí a Yuli pasado mediodía. “Vienes a por el móvil”, su afirmación bañada de interrogaciones no pronunciadas. Cuando mi sonrisa de asentimiento topó con el gesto negativo de su cabeza, mi mundo se fue a ese lugar en el que ahora habita MySpace.

—No…

—Han dado aviso de que lo traerán antes de las 3.

—Pero yo a las 3 me voy, tú cierras de una y media a cuatro y son las… la… oh, mierda.

—Así es…

Observé mi antaño hermoso Alcatel con tristeza, creyendo ver el hueco vacío del WhatsApp en su negra pantalla. Aunque, bueno, puede que aquí haya añadido un cierto dramatismo no real en esta afirmación para darle más emoción a lo en verdad ocurrido:

—No te preocupes. En cuanto llegue, quedamos y te lo doy. Vivo aquí al lado.

 

Ahora, la pantalla de mi móvil resplandece tras el cuco plastiquito para que no se raye en la caja. No tengo intención de quitárselo en un par de días.

La telaraña ha desaparecido de su perlado rostro y las fotos vuelven a ser fotos y no imágenes de la cabecera de Black Mirror. Sorprendentemente, el corrector sabe lo que quiero decir cuando escribo “ja”. Sonrío pensando en cómo Yuli escribió en el pedido que por favor no lo borrasen. No quedan vendedores así.

En definitiva, me siento como si aquella fatídica tarde, aquella en la que la pantalla se rompió al abalanzarme sobre el niño para que no lo atropellase aquel gigantesco camión, solo hubiese sido un mal sueño.

Una pesadilla a la que agradezco el haberme vuelto a encontrar con mi viejo móvil, que tanto me dio en su momento. El hacerme ver que nunca hay que volver atrás si tienes el portal abierto. Pero, sobre todo, el que me haya hecho recordar (por primera vez este año) lo mucho que disfruto leyendo libros.

Ahora sé que no volveré a dejar de hacerlo por el WhatsApp. No, ya no.

Nunca lo volveré a hacer.

Epílogo

Tres días después, el joven, entre sábanas, despidió a su colega con un emoticón de beso con corazoncito. Otras tres conversaciones le esperaban.

Aconsejó en una que descansase esa semana, que ya había hecho bastante, y que a veces hay cosas que no dependen de nosotros mismos por mucho esfuerzo y sentimiento(s) que pongamos en ellas. En otra, rió y sonrió mucho más que lo que la pantalla fue capaz de demostrar a letras. La tercera, de un grupo, pasó de abrirla: era una imagen sin venir a cuento, en la que se palpaba una negra presencia de cola muy larga.

Cuarenta y cinco minutos después, pulsó el avioncito, dejó el móvil junto al libro —intacto desde el anterior jueves— y se acurrucó entre las sábanas.

 

Eran en torno a las tres de la mañana cuando un fuerte sonido bañó la estampa en un breve, agudo, pero fuerte sonido que salpicó su almohada.

Contemplando la negra figura tendida cuan larga era sobre la alfombra, y pese a haber escrito un post sobre ello, no se encuentra capaz de explicarse lo sucedido.

De su ejemplar de La sombra del viento nadie volvió a saber nada.

Más vale nada

Más vale.

Prevenir que curar. Pájaro en mano que ciento volando. Una imagen que mil palabras.

Vale.

Más.

Loco que necio. Tuerto que ciego. Cabeza de ratón que cola de león.

Si el refranero lo dice…

Más vale pobre hombre que hombre pobre. Vieja sola que mil mozas. Ser un mal realizador que un magnífico ideador.

No sé yo… No: prefiero ser pobre que un pobre hombre; mil jóvenes que una anciana; tener ideas grandes que ser un pobre amargado.

Supongo a veces más vale ir contra corriente que dejarse llevar por mareas de aprobación popular. Estar solo que mal acompañado. Perder que fracasar.

Más vale.

Y puede ser que para algunos, lo haga más poco que nada, un hoy que diez mañanas o el que hablen mal que el que no hablen, pero ¿qué queréis que os diga?

No pienso daros post de mierda no teniendo tiempo para currármelos. No pienso rebozaros de tonterías vacuas por poner uno cada siete días justos. No pienso haceros eso.

Porque más vale poco bueno que mucho malo.

Que lo bueno llegue tarde, que el que nunca llegue.

Y nada.

A esos que leéis esto, os invito a que no dejéis que nadie os robe tiempo con basura hecha letras. Hay mucho donde elegir: si no sonreís o crecéis con ello, no desangréis vuestra vida cortándoos con contenidos sin sangre.

Y, por favor, compañeros creadores a los que vuestro trabajo se os reconoce: no publiquéis cuchillas para quienes os siguen. No habrá refrán para esto, pero ni ellos, ni vosotros, ni nadie merece la mediocridad.

Más vale nada.

El V concurso de relato de Sttorybox y el humano ante la falta de ética

Tras el portentoso éxito de público del IV concurso de Sttorybox, la red social para escritores aficionados regalaba a sus usuarios y su propia página la oportunidad de un nuevo espectáculo literario popular con un V certamen lanzado en los albores de la Navidad, prometiendo —gracias al tiempo libre típico de las épocas festivas— la más encarnizada lucha de talentos aficionados en la historia de su web, aun con las ausencias de estrellas como Malori, mariarodar o Tritio.

Hoy, ofrecemos un primer epílogo a 21 días en un concurso de voto público con el resumen de las fases eliminatorias de este espectacular quinto concurso de Sttorybox, así como una escalofriante reflexión final sobre su extrapolación al comportamiento humano general ante la falta de ética.

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Las nuevas bases

Tras la extravagante victoria de un La factoría desconocido para la mayor parte del público y con claros errores gramaticales desde la primera línea, la nueva edición arrancaba con un claro compromiso por parte de la administración por hacer que los errores pasados se subsanasen, refrendado en unas nuevas bases centradas en acabar con el principal problema del anterior concurso: el voto falso.

Spam en comentarios, uso de cuentas clones, creación de relatos de autopromoción y demás familia habían conseguido aupar a los primeros puestos del ránking relatos infumables que —una vez fueron puestos en vereda con la llegada del unicornio— ya tenían suficientes votos como para mantenerse salvados durante las cuatro fases del concurso.

La joven administración de Sttorybox demostró una voluntad de limpieza mayúscula, innecesaria para sus intereses personales, dejando patente una atención por sus usuarios que —en mi opinión— en ningún momento se ha valorado como se merece. Todos los anteriores supuestos fueron prohibidos bajo pena de baneo de cuenta (medida que, eso sí, no se ha aplicado hasta ese extremo cuando tal vez debería), llevándose a cabo una política de investigación de las cuentas denunciadas en la que la constatación de alguno de estos hechos suponía la pérdida de los MG falsos.

bases 50 concurso SB

Además, las numerosas quejas por la preselección final de la anterior fueron escuchadas. Tras pasar de unos 200 a 25, algunos de los relatos estrella quedaron fuera, mientras extraños finalistas de talento dudoso aparecieron en el listado, generando indignación en el colectivo de participantes. Ante esto, se eliminó el acceso a la siguiente ronda por porcentaje a solo los 50 relatos más votados por el público, lo cual permitiría una elección de finalistas más minuciosa, trabajada y justa.

Por último, los votos no serían acumulativos, solo contando los de la última caja en cada una de las ahora cuatro rondas, en para mí la mejor medida para asegurar el que el trabajo en el concurso fuese estable a lo largo de sus dos meses.

Con todo ello, el concurso experimentaba una sustancial mejora de condiciones para el participante, la ya citada demostración del trabajo de la gente de SB por mejorar más y más sus prestaciones y su capacidad para escuchar las propuestas de mejora.

miriam y su unicornio.png

Miriam, principal cara visible de Sttorybox, sobre su unicornio

El récord y las tres primeras rondas

Como ya he comentado, la Navidad hacía prever una importante subida en el nivel de participación del concurso, aun cuando en anteriores ediciones este había ido aumentando casi exponencialmente.

Lo de esta fue abismal.

A cierre de primera ronda o periodo de inscripción y pese a que en este caso solo se podía poner un texto por participante, más de 3000 relatos tomaban parte en el juego, aumentando a un ritmo galopante y generando, por el modelo de concurso, una desaparición de participantes en un mar de rivales. En otras palabras, una vez el relato entraba a concurso, o interactuaba o desaparecía bajo el peso del resto de concursantes sin ser leído más que por una o dos personas. Esto fomentó muchísimo la citada interacción entre concursantes, así como la lectura de otros relatos al haberse vetado el comentario fácil (“Me encanta” “Qué guay” “Maravilloso”).

Esta primera fase fue seguramente la más caótica y divertida de la historia del concurso (con permiso de la ronda final), dando un verdadero espectáculo.

La segunda ronda fue recibida con la sorpresa de que los MG no fuesen acumulativos. Muchos habían querido guardarse un buen colchón de corazoncitos para luego tumbarse a la bartola, pero esta vez no iba a funcionar. Tanto esta como la tercera pasaron sin mayores contratiempos ni sorpresas, con apenas una o dos caídas renombradas por episodio, así como algún inesperado abandono.

La principal novedad de formato de esta edición fue tener que elegir inicio entre ganadores de miniconcurso previo

La ronda final

Ya con la caída a 125, se había visto alguna minipráctica deshonesta en aras de superar la ronda. Tal vez por ello, la cuarta ronda prometía un espectáculo inético de dimensiones bíblicas, que narro en este caso sobre mi propio ejemplo como participante de relato con capacidad objetiva de final y sin peticiones de MG fuera de la página.

En un primer momento, traté de seguir con mi limpia política: leerme lo de los demás, dar corazoncitos y comentar a los que me guste. Con lentitud asombrosa, tardé en torno a un día en caer en la cuenta de que: A. Leerse cuatro cajas seguidas cuando la gente no sabe medir tamaño lleva un laaaargo rato; y B. al contrario que antaño, por mucho que me matase a leer y comentar, los esfuerzos y MG no volvían de vuelta.

Ahí me di cuenta de que —pese a haber estado todo el concurso por encima del 40— no iba a pasar a la final de los 50 primeros: dado que prácticamente nadie se leía enteros los relatos, la principal ventaja de los de calidad se venía abajo, imponiéndose la de los llamados “populares”, la de aquellos que tienen recursos para movilizar gente y hacerles dar Me Gusta a los relatos por amistad y no por calidad.

Ese momento es duro para alguien competitivo y que ha trabajado bien los dos meses: los pensamientos oscuros te llegan a la cabeza. “Haz trampa, qué más da”, escuchas en tu mente. De hecho, gente ahora en la final me invitaba sutilmente en comentarios a hacerlas. Sin embargo, el “milagro” ocurrió y, a base de defender el jugar limpiamente, surgió una suerte de colectivo interno en favor de ayudar a los pazguatos incapaces de subir puestos por no tener cara para pedirle a amigos antiliteratura que te voten en un concurso literario.

Así pues, gente como monjedelapaz remontó una barbaridad pese a estar condenada, y pese a que yo me esforzaba porque los votos me llegasen por mi esfuerzo y método limpio (salvo los dos que tenía claro que iba a pedir a dos de mis mejores amigos en caso de verme mal), los únicos que recibía venían de estas almas caritativas, que llegaron a auparme por encima de la línea de corte, donde me correspondía entrar, pero de forma injusta para otros en mi situación que, mereciéndolo tanto como yo, esperaban la muerte muy lejos de la frontera de los 50.

El caso es que tanto daba: en cuanto mi relato pisaba campos de salvación, los que caían por debajo de ella recibían de pronto 10 MG salidos de quién sabe dónde, mandándome de nuevo al infierno. Tengo muy claro que de haber obtenido 1000, la línea de corte hubiese estado en 1001. ¿De dónde los sacaban? Eso es cosa de la administración.

El jueves noche —día del cierre—, tras pasar la tarde lejos de internet entre examen, clases y nacimiento de mi nueva sobrina (gracias, gracias 😉 ), llegué a casa y vi cómo el puesto 60 me cobijaba a 8 MG de la final. Sttorybox había quitado falsos en algunas cuentas (que no echado los relatos, tal y como ponía en las bases), mientras que el corte había subido de golpe y equilibrádose más allá, siendo la distancia entre 30 puestos de los clasificados de solo 10 MG.

Con la absurda esperanza de que alguno de los traidores a la justicia de la calidad hubiese aprovechado el estrés de los administradores para hacerse cuentas clones que les repercutiesen en una futura eliminación al comprobar que los 50 clasificados lo estuviesen limpiamente, pedí los dos MG antes citados a mis dos amigos y caí eliminado en el 58º llegadas las doce de la noche, fuera de la salvación que la mayor parte de finalistas saben que merecía, bien por conocerme, bien por saber la suya injusta. Y como yo, tantos.

Mientras, en la final, unos 30 relatos sin capacidad para aspirar a nada cuentan las horas para ser eliminados por el jurado y refunfuñar contra la capacidad objetiva de este. Aún encima, habrá que darles la enhorabuena y aceptar que son mejores que nosotros por estar más arriba.

Pero yo hoy, no lo haré.

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Extracto de NO ME IMPORTÓ PORQUE YO YA ESTABA MUERTO, actual número 4 del ránking.

Para los que echan la culpa a Sttorybox

Si queréis un monólogo antispam y contra este tipo de participantes, tenéis uno precioso en el final de la segunda parte de 21 días. Aquí va una crítica no solo al modelo de injusticia que supone atacar a quienes dan la oportunidad de participar en un concurso de desarrollo abierto, sino a aquellos que consideran que la culpa de los delitos cometidos en una sociedad la tienen los jueces o legisladores.

En el pasado IV concurso (y como en todos), SB batió récord de participación. De hecho, la distribución del pase de ronda por porcentaje hizo llegar a la final unos 300 relatos cuando —según lo visto en este— se esperaban unos 50. Esto nos permite más o menos calcular que pretendían conseguir unos 200 participantes:

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Al cierre del plazo de presentación participaban, creo recordar, 1300 relatos, por no hablar del número de usuarios que pudieron llegar a registrarse para dar votos falsos. Una auténtica animalada de éxito.

Sin embargo, y cuando pudieron tumbarse a la bartola a esperar el nuevo récord en el quinto (en época navideña), esta gente fijó unas reglas mucho más estrictas, en base a escuchar y aceptar las críticas de quienes los habíamos puesto a caldo. Esto presumía una eminente bajada de porcentaje de participantes, ya que suponía que muchos de los que habían hecho trampas fáciles no participarían ante la imposibilidad de hacerlas (menos aún con la reducción de plazas finalistas).

Algunos de aquí pensarán que los certámenes se hacen por amor al arte, pero cualquiera con mínimos conocimientos en marketing actual sabe que el concurso es una estrategia de expansión de imagen de marca, llamada a nuevos usuarios e interacción de los ya fidelizados. Limitando la apertura de actos en el certamen endureciendo las bases, ¡los administradores se estaban tirando piedras a su propio tejado! ¡Estaban yendo en contra del objetivo de cualquier empresa!

Y sin embargo, ahí está la recompensa al buen trabajo: 3300 relatos a concurso. De seguir con el método antiguo, tal vez llegasen a 5000.

Además, durante, han trabajado en la plataforma (Sttorypics, concurso Instagram, diseño), restado MG falsos, escuchado quejas y rebosado una amabilidad a mi punto inmerecida por gran parte de críticos que han llegado a tildarlos de apelativos indignos. ¿Ataques recibidos por qué? Porque en la final tenemos un porcentaje descomunal de relatos de presencia inmerecida.

Estos señores y señoras han conseguido entrar en base a aprovechar los ya escasos puntos débiles de las bases: la imposibilidad de vetar la entrada de nuevos usuarios parciales y solo nacidos para votar relatos de amigos y la de hacer publicidad exagerada en soportes ajenos a la propia plataforma.

Cada opción para limitarlo es peor que la anterior. Si bien Sttorybox tendría opción a restringir los votos a los de los propios concursantes, eso le supondría un atentado a la libertad de expresión de los fieles que no participen en el concurso; si priva de poder hacer publicidad en otras plataformas, pierde sentido la realización del concurso; un número de MG limitado por usuario supone que los verdaderos lectores dejen de leer una vez acabados.

Solo el filtro ortográfico bajo denuncia o el voto ponderado según prestigio del usuario, propuestos en los comentarios de la primera caja de mi última historia-protesta, pintan como soluciones factibles para limpiar un poco el concurso, suponiendo de nuevo un apaleamiento a las aspiraciones de nuevos usuarios de la directiva de la página, en aras de hacer un certamen más limpio.

Y seguirán recibiendo críticas. ¿Por qué? Porque habrá quien vuelva a encontrar modos de saltarse la limpieza y estar en la final.

Entonces, queridos lectores, queridas lectoras, viendo que los esfuerzos de la administración son completamente demostrables, ¿por qué narices se los sigue atacando, desmotivando y dándoles razones para dejar de hacer esfuerzos y concursos cuando es evidente que el verdadero cáncer de sus concursos y origen de TODAS (si os fijáis, TODAS) las críticas no son ellos, sino la pandilla de ladrones de esperanzas que roban la posibilidad de estar en la final a relatos de calidad con obras que solo un ciego literario podría considerar como aspirantes a ganar algo?

Esta chusma despreciable (ellos saben quiénes son, siéntase identificado quien sabe que no está ahí con justicia y posibilidades) son todo aquello que indigna a participantes, desprestigia el certamen y genera el malestar y la vergüenza en las rondas definitorias. Y de ellos se pasa olímpicamente. ¿Por qué?

Porque nos hemos metido en la cabeza de que los tramposos, los injustos y los trileros forman parte de nuestra sociedad y hay que aceptarlos.

Lo cual es preocupante. Porque da muestras de lo que tiene que estar pasando a diario en la calle. Si no somos capaces de reprocharle por comentario a un relato malo su presencia en una ronda superior a su nivel, siendo la mayor parte de cuentas de la plataforma anónimas, ¿qué se hace cuando una injusticia nos pasa delante en nuestras vidas, en las que tenemos cara?

¿Separaríamos a dos personas que se liasen a ostias delante nuestra? ¿Reprocharíamos a los estafadores su comportamiento? O lo que es peor: ¿amenazaríamos, denunciaríamos y escupiríamos a maltratadores al primer síntoma? ¿O nos vamos a quedar en casa diciéndole al Telediario “Otra más. Qué hijos de puta. A estos los jueces tenían que colgarlos”?

Eso es precisamente lo que estamos viendo en Sttorybox: el que se ataque a los jueces por no ser capaces de parar las faltas de ética en lugar de ir a por estos cabrones, denunciar lo que están haciendo y avergonzarlos hasta hacerlos desistir. Y por no hacerlo estamos como estamos.

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En las dos últimas rondas, un relato de la cabeza desapareció por acción popular

Un último canto contra las aspirinas del alma

Me gustaría acabar con un último canto a la justicia más allá de cualquier concurso o pequeño juego menor.

No seáis cobardes a la hora de denunciar, atacar y afrontar las injusticias y actos delictivos.

Es muy fácil criticar a quienes están en despachos, pero la verdadera justicia no se hace en cámaras estatales u órganos de poder. Se hace a diario y en pequeños actos.

La hace la gente. La hace el pobre y la hace rico, el obrero y el jefazo, el político y el votante.

No os mintáis. No le deis aspirinas contra la culpa a vuestras almas.

Luchad por las de todos.

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Y ahora que has llegado hasta aquí, no me fastidies: comenta, comparte, haz lo que tengas que hacer, pero muestra tu opinión al respecto. Hayas participado o no, difícilmente no tendrás opinión acerca de como mínimo el apartado social. Desde el respeto, deja que se te escuche.

Epílogo (fallo del V concurso de relato de Sttorybox)

  • Sttorybox comentó uno por uno los 50 relatos finalistas. Comportamiento enorme.
  • La práctica totalidad de mis favoritos por capacidad objetiva (por no decir todos) fueron finalistas o recibieron la mención de honor.
  • Todos los faltos de corrección gramatical y ortográfica se quedaron fuera con independencia de su posición.
  • ChufiJim se llevó el título a mejor relato con uno de mis favoritos en cuanto a calidad objetiva.
  • El jurado fue justo.

La Hermione negra y la realidad tras el tweet de la discordia

Noma Dumezweni, nueva Hermione

Hermione como trending topic

El otro día me pasó un caso curioso en Twitter.

Es de sobra conocido que entre mis virtudes se encuentra una suerte de apertura mental a las opiniones que rehúye el comentario brusco y unilateral acerca de casi cualquier tema. Sin embargo, el otro día caí en el hacer uno de estos de una vez o dos al trimestre al pulsar en la palabra Hermione para ver qué la hacía ser uno de los temas más populares en Twitter y descubrir que lo era porque la actriz que la iba a interpretar en la nueva obra de teatro, continuación de la saga Harry Potter, es negra.

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Berg, me repugna bastante verlo: es el típico tweet-mina de polémica: ese #racism final es una bomba de relojería y reacciones. A estas horas —y atendiendo a mi definitorio equilibrado comportamiento— casi desearía no haberlo puesto, pero bueno, así es la red social del pájaro azul: un lugar donde o piensas veinte veces las cosas antes de ponerlas y siempre llegas tarde (mea culpa) o donde sacas lo que piensas sin pensar (qué paradoja) y te llevas palos y aplausos a partes iguales, como fue el caso.

Por un lado, tenemos el “cuánta razón” a base de RT y FAVs (perdón: MG) a los que no estoy demasiado acostumbrado por lo mal tuitero que soy; por el otro, la clara defensa del no racismo en el querer que Hermione no sea negra.

Toca analizar las dos posturas extremas y el verdadero porqué de mi hashtag #racism en ese comentario.

“Te das cuen…” y “el #Racism sobra”

Por un lado, tenemos la opinión de que el que una persona encarne a un personaje de otra etnia es algo perfectamente normal. No muy difícil de entender y defender, se basa en el que la raza no es algo más relevante que la capacidad de interpretación de un personaje que pueda tener un intérprete con independencia del color de su piel.

Mucha gente todavía se está tirando de los pelos por el hecho de que Will Smith no acabase siendo Neo en Matrix, aun cuando a día de hoy cuesta no ver al para mí insípido Keanu Reeves en este papel.

keanu reeves meme

En la otra orilla, tenemos la postura en contra, también fácilmente defendible. Y es que no hay cosa que toque más las narices a un fan que el que la adaptación de la historia se pase por el forro el imaginario colectivo de los seguidores.

Que uno se imagine al protagonista como Taylor Lautner y en la adaptación a la gran pantalla aparezca Nicholas Cage suele generar una indignación de lo más notable: al fin y al cabo, te están destrozando tu mundo imaginario y, para una época en la que la alta tasa de paro ha derivado en un auge del tiempo libre para crear nuevos mundos y cabreos innecesarios en nuestras mentes, esto es sabrosa carnaza.

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Imágenes del fail al elegir actor para adaptar al bellísimo vampiro Edward Cullen

El verdadero motivo del #racism

Turno para ver la realidad tras el tweet. Y es que el motivo de mi sorpresa ante el que Hermione haya llegado a ser uno de los temas más populares de la popular red social no está en el que considere racista a la gente que ve su imaginación rota o la que busca una calidad de adaptación buena, tal y como yo siempre la he buscado.

Lo que me llama la atención es el número de gente que lo ha hecho en este caso, por un hecho de tan mínima magnitud.

Y me explico con una comparación.

Cuando Daniel Craig fue investido 007, hubo bastante polémica (“por favor, un Bond rubio, qué locura”). Casino Royale, si no me bailan los ceros, recaudó en torno a 600 millones de dólares, con una cifra de espectadores colosal. Aunque los porcentajes de gente a la que le importa el color de pelo de Bond y el de piel de Hermione sean diferentes, ¿cuántos de los indignados con lo de ella van a ver la obra de teatro? Por mucha taquilla que haga (que la va a hacer) el teatro no va a llegar a la suela de las cifras del cine, por motivos obvios como el tener que desplazarse al Palace Theatre de Londres para ver a Noma.

Sumémosle ahora una incógnita más a esta ecuación: sin buscarlo en Google o haberlo leído en los últimos días, ¿qué porcentaje de los lectores de Harry Potter pueden apostarse su vida a que en alguna parte de los libros se dice la etnia de Hermione?

Ahora, sumemos.

Del ratio de gente que cree que en el libro se dice con claridad que Hermione no es negra, ¿cuántos van a ver la obra de teatro?

Esta ínfima proporción de gente es a la que verdaderamente podría importarle que Hermione fuese negra, asiática, caucásica o verde. Y digo podría porque hay gente a la que no le importaría.

¿Me va a tratar de convencer alguien de que este minúsculo porcentaje de personas convirtió a Hermione en TT?

No.

No os mintáis.

No.

Lo que hizo a Hermione hacerse uno de los temas más populares del día después de unas Elecciones Generales es que a mucha gente le indigna que una persona negra encarne a un personaje que antes interpretó una blanca. Y eso, como dije en el tweet, a mí me hace creer que algo va muy mal.

Una última reflexión

thornton

Este es Paul Thornley, el nuevo Ron Weasley. El amigo de Harry que todos los fans de la saga sabemos que es pecoso y pelirrojo.

Nunca será TT.

Siendo blanco, lo único que importa es que sea un buen actor.