La satisfacción que la comodidad del olvido ya no recuerda

Hoy cumple años una de mis personas favoritas.

A mediados del anterior agosto, descubrí que lo había olvidado. Y me sentí extraño. En realidad, no cambió nada: ella no quiere que la felicite, ni por respeto a sus deseos yo pensaba hacerlo. Pero me sentí extraño.

Hubo una época en que nunca olvidaba un cumpleaños. Ni apuntarlos me hacía falta. Era como un reloj interno que me llevaba a acordarme ya días antes. Preparaba un mensaje en condiciones, recordaba los buenos momentos, felicitaba y esperaba las sonrisas, el “Muchas gracias” y la miniconversación posterior.

De pronto, me encontré con Insta y sus +1, Facebook y sus notificaciones y empezaron a pasárseme. Todo un problema cuando la mitad de la gente de la que me importa sus aniversarios lo usa aún menos que yo o, directamente, ni siquiera nos tenemos de amigos. Empecé a ver que “el lunes fue aquel aniversario”, que “no recuerdo si era en marzo o noviembre”. Sentí que una de las partes bonitas de mí se había despedido.

Hay que ver cómo el cuerpo se acostumbra a que seas un gilipollas. Le das algo hecho y pierde funcionalidades. Tenía un amigo que, de tanto usar el reloj digital, olvidó saber qué hora era mirando a uno de agujas. Muchos, que no se saben su propio número de teléfono o de identidad, porque pueden buscarlos en la agenda del móvil o la cartera cuando quieren darlos.

No sé cómo llamar a esto. Adoro los avances, detesto las incapacidades. Al final no sé si somos mejores, más hábiles y ágiles, o simplemente unos dependientes a los que si se nos quita alguna de las ventajas que se nos han dado, nos vemos sumidos en una desorientación e inutilidad ante la que los que llamáis “paletos” nos darían un repaso. Pero qué más da. Al fin y al cabo, nunca nos van a poner al mismo nivel que aquellos que con su pasividad, apoyo u otros actos nos han dejado vivir en ese escalón que consideramos superior. Nunca nos vamos a tener que “rebajar” a ellos, ¿no?

Sea como sea, sin Facebook, ni +1, ni verla en años y años, hoy me he acordado del cumple de María y he sonreído. No sabéis cuando espero poder seguir haciéndolo con el tiempo, por muy lejos que estemos o por muy inútil que sea hacerlo.

Al fin y al cabo, son ese tipo de cosas las que hacen que, dentro de nosotros, podamos seguir notando que —en ciertos momentos— el sentir algo porque sientes, y no porque te favorece, te da una satisfacción que la comodidad del olvido ya no recuerda.

El periodismo sin verdad y el autocerrojo informativo

Hace unos post, comentaba algunas de las principales razones del mal periodismo. Hoy vamos a analizar una de las que más polémica genera, tanto por sus implicaciones éticas como por atentar directamente contra los mandamientos del periodismo: .

La parcialidad: una situación conocida y aceptada

En España vivimos un verano de lo más ardiente en cuanto a periodismo de masas. Las tensiones en torno al independentismo catalán se unen a las estivales especulaciones sobre fichajes futbolísticos para dar auténtico espectáculo polémico a las mentes de los lectores y espectadores. Comparemos, como ejemplo, los dos siguientes titulares, prácticamente lanzados a la misma hora por dos diarios de información generalista: El Punt Avui y El País.

noticias contrarias

No, no estamos ante una encuesta diferente. Y no, aunque parezcan contradictorios, ninguno de los dos diarios miente:

confidencial encuesta CEO generalitat

Como podemos ver, simplemente, cada uno ha seleccionado los datos que le convienen para adaptar el titular a los intereses propios, resultando más sorprendentes si cabe por el hecho de que el porcentaje de “Sí” es mucho más grande entre los que afirman que votarían (62,4%) con respecto al de la población general (44,3%).

En cualquier caso, visto lo visto, estamos hablando de dos noticias bastante limpias en cuanto a objetividad de la información: tanto una como otra, al igual que la de El Confidencial, da el resto de datos más abajo en la noticia.

Caso aparte es cuando la verdad es poco menos que un elemento residual.

Cuando existe “La verdad” y “La VERDAD”
la verdad

Ayer, la Guardia Civil entraba en una serie de edificios públicos catalanes para recabar información con respecto al llamado “caso del 3%”. La noticia saltaba cuando los diferentes programas informativos y diarios digitales mañaneros soltaban que, en medio de la citada tensión independentista, la Generalitat había impedido la entrada al organismo de seguridad bajo la batuta del Gobierno central, en lo que podría considerarse una clara afrenta a su autoridad.

Minutos después, corrían las voces de que la Guardia Civil había desmentido que se hubiese puesto traba alguna a su actuación. Al cabo de un poco más, la falta de respeto a la información verídica se hacía notoria, apareciendo incluso discordancias entre las propias fuentes del Govern:

guardia civil no entra generalitat

Como resultado, horas después, cada noticiario poco menos que escogía la versión de la noticia que más le apetecía, dejándonos a los interesados en la realidad de la situación en la más completa oscuridad, al albedrío de nuestro instinto o lo que nos apetezca creer. Un comportamiento penoso para quienes tienen como trabajo encontrar la verdad y hacérnosla llegar.  Un comportamiento que abre la puerta a situaciones de lo más preocupantes.

¿Cerrojo mediático?

Ayer escuchaba unas declaraciones de lo más polémicas por parte de un asistente a un programa de tertulia política. Este “fenómeno” dejaba caer su creencia de que podría estar produciéndose un cerrojo informativo en Cataluña. Cómo no, dado el nivel de libertad de ataque propio de estos programas, no provocó ni un solo alzamiento de ceja en la mesa. Yo, que solo pasaba por el cuarto, me quedé fascinado ante la soberana acusación.

Libertad-expresion-Derecho-Constitucional.jpg

Como sabréis, el cerrojo informativo o mediático es un orwelliano recurso de despampanante falta de ética, consistente en que los medios de comunicación informativos oculten a su público las noticias de interés que vayan en contra de uno de sus principales grupos de su interés. En general, para hablar de un auténtico cerrojo, el bloqueo afectaría a la posibilidad de que cualquier tipo de información contra los citados grupos —por lo habitual, gobiernos— llegase al pueblo a través de diarios, televisión y similares, siendo reprimidos aquellos intentos de que ocurra. Típico de sociedades autoritarias, el bloqueo mediático suele venir acompañado de un adoctrinamiento a través de los propios medios, al dar relevancia, precisamente, a noticias laudatorias que dejen quedar bien al propio órgano represor.

En cualquier caso, es interesante como, en el universo de internet y la individualización del contenido, el bloqueo mediático puede ser un concepto bastante interesante.

Cerrojos modernos. O no tanto

Tal y como la sociedad digital en países del primer mundo tenemos un acceso a la información objetiva y global mayor, seguramente, que en ningún momento de la Historia, las argucias para manipular el pensamiento social viven una época dorada.

Las técnicas para dar relevancia a contenidos que benefician al grupo de interés y hacer pasar de las que no hacen que se mantenga el “certificado” de ser plural y tratar distintos temas al tiempo que se manipula la opinión del lector o espectador. Por supuesto, excusarse en decir que es lo que este pide para ocultar la mala práctica, todo un mantra.

Oír algo que no nos gusta suele provocar dos resultados: abrirnos la mente y molestarnos. Por desgracia, el ser humano tenemos una clara preferencia entre ser abiertos y estar libres de molestias. Quizás por ello, aun teniendo el mejor momento de siempre para contrastar y ser poco menos que pequeños sabios con un poco de paciencia, la realidad es que nos solemos ver arrastrados por un remolino de ser más y más lo que ya somos, radicalizando nuestros gustos e intereses, pasándolo mal cuando tenemos que hacer algo diferente o, directamente, escuchar al de al lado. ¿Por qué íbamos entonces a elegir conocer opiniones distintas estando solos? ¿Por qué, con la capacidad que a día de hoy tenemos para personalizar más y más el contenido para oír justo lo que queremos escuchar? La personalización es tal que, o estás precisamente interesado en entender las diferentes corrientes políticas o sociales, o acabas por ser un loro repitiendo proclamas basadas en marketing político que tú mismo buscas sin necesidad de que ellos hagan nada.

Porque sí: puede que en realidad el periodismo que buscaba la verdad por encima de los intereses económicos o políticos haya sido solo una fantasía por la que únicamente unos pocos hayan luchado. Porque sí, puede que lo de lanzar piedras a los demás medios como método de crecimiento siempre haya sido un recurso. Pero la realidad a día de hoy, es que si el dinero y lo ideológico se han comido a la verdad en la actualidad periodística es porque nosotros mismos nos hemos encerrado en la cárcel de escuchar solo lo que queremos oír.

Y en la cárcel de nuestra autocomplacencia, aplaudimos el cerrojo informativo que nosotros mismos nos hemos forjado.

 

Must show go on?

El Mad Cool Festival de Madrid se convertía en noticia de referencia el pasado viernes cuando uno de los bailarines acróbatas de los espectáculos entre actuaciones, el experimentado Pedro Aunión fallecía tras precipitarse desde más de 30 metros realizando su performance ante una amplia muchedumbre de asistentes al potente evento. Tras la evidente conmoción, la polémica saltaba a la palestra al decidirse proseguir con el multitudinario evento y la esperada actuación de los californianos Green Day.

La pregunta, clara: ¿debería haberse cancelado el programa?

pedro aunión

El finado Pedro Aunión. Ánimo a su familia y pareja y que descanse en paz.

A favor: cancelar

“¡Por supuesto!” “¡¿Pero es que acaso no lo han hecho?! ¡¿Qué tipo de monstruos son?!”

La opinión en redes saltaba como polvorín ante llamarada. Y es que la teoría es clarísima: “la vida es lo más importante y como respeto a la víctima hay que cancelar todo, todo el mundo a casa, recogemos los altavoces y hasta el año que viene —y ya veremos— no se vuelve a tocar.”

Las cuentas defensoras de este espíritu vivieron una nueva carroñera noche de éxito en las redes, con follows y MG por doquier. Al fin y al cabo, es “lo que había que hacer”.

No: show must go on!

Cómo no, “lo que no hay que hacer” se va a llevar más líneas aquí. Su análisis es bastante más interesante que el de la posición quedabién de turno.

Por un lado, me cuesta creer que alguien con la experiencia de Pedro Aunión quisiese la cancelación del festival: si algo tienen los artistas que más valen la pena es un respeto por su público mayor que el de su propia satisfacción. Aunque tuviese todo el derecho, que para algo su vida fue dedicada al mundo del espectáculo, no pienso que alguien con su veteranía quisiese mandar a 40.000 personas a casa por su propio fin. En cualquier caso, este no es el tema, porque esto último es una decisión de otros.

pedro aunión actuando

Pedro durante una de las actuación de su dilatada carrera

Como bien dice un amigo mío, lo que la gente tiene a día de hoy es mucha teoría, y la teoría —en la época de lo políticamente correcto— está clarísima: alguien ha fallecido, cerramos el chiringuito, todos a casa. A quien no le guste, lo atacamos porque es un monstruo sin corazón, empatía, y demás complementos al parecer hoy por hoy dominantes de la sociedad.

Qué fácil hablamos. Qué fácil nos lavamos la conciencia.

Porque la realidad es que, si la gente hubiese querido irse, se hubiese ido sin necesidad de que el festival se detuviese. ¿O no?

¿Se estaba atado a permanecer en él? En absoluto. Sin embargo, el programa sigue adelante y el malestar interno se lava con la lejía de que es culpa de los organizadores.

¿Se ha ido gente? No me hacen falta los datos: por supuesto que alguna sí. ¿Sabía todo el festival lo que había ocurrido? En absoluto. Ahora bien, que la mayor parte de la asistencia que supo de la noticia se quedó en la Caja Mágica es algo fuera de duda, y a nadie le obligaron a hacerlo.

Defensores de lo políticamente correcto, llamadles inhumanos. Detractores de la presión social, decid que son unas ovejas, que se quedaron porque es lo que hizo todo el rebaño. El resto, aceptad la tercera de las realidades vistas en el Mad Cool: la empatía teórica acaba donde el interés práctico individual es mayor.

Entre rendir fuerte respeto a un desconocido o ver el espectáculo por el que han invertido horas, gastádose un pastizal y no habiendo oportunidad de volver a repetirlo “en años”, que la victoria recaiga en la satisfacción personal no debería sorprender a nadie.

Pero la teoría está ahí, claro. Al menos desde fuera.

La importancia de la presencia

mad-cool-2017-recinto

Recinto del Mad Cool al día siguiente de la tragedia (Fuente: Dod Magazine)

La opinión en este tipo de casos se distingue fácilmente por una línea perfectamente delimitada: la presencia en el acto. Si hiciésemos una encuesta ANÓNIMA Y SINCERA a asistentes y gente en internet sobre si se debería haber cancelado el espectáculo, la diferencia de resultados sería perfectamente predecible. Y es que aquí, como en gran parte de los ambientes de esta vida, la teoría la hace la gente que no interviene en la práctica.

Documentándose para hacer el post, uno se encuentra con que la mayor parte de publicaciones sobre el tema de asistentes están a favor de que el programa siguiese adelante; sin embargo, los que no son de este tipo de eventos tildan con facilidad a los otros de inhumanos y movidos por el dinero y el placer personal.

¿Quién debe decidir si se debe seguir o no? ¿Los participantes? ¿La sociedad en general? ¿Los propios artistas, en una especie de cláusula tipo cada vez que se firme participar en una actuación así?

¿Es siempre así?

El mundo de la música es muy interesante para este tipo de gestos. Los propios Green Day se suman a una buena lista de artistas que dicen que de haber sabido de la muerte del espectador o, en este caso, de su compañero no hubieran tocado. Habiendo tocado. Muchos artistas de renombre (los que solo tienen nombre no tanto) tiran de corrección política suspendiendo conciertos multitudinarios por supuesta consideración a otros, o bien tocan solo porque los fallecidos “merecen un homenaje de toda esta gente”. El público general les aplaude, emocionado. A mí, en general, me parecen gestos con motivaciones ajenas a las propias víctimas. Al menos las principales.

La comparativa entre mundos es muy interesante. Por ejemplo, cuando un compañero de trabajo muere, en la mayor parte de empresas con más de cinco trabajadores se sigue trabajando al día siguiente. El caso del deporte es llamativo.

marco simoncelli adiós

Tras muertes en el circuito, como la del motorista Marco Simoncelli en 2011, las carreras suelen cortarse por mucha asistencia y desplazamientos que haya. En el caso de paradas cardiorespiratorias en partidos de fútbol, el encuentro suele también ser suspendido. De hecho, casos como el fallecimiento del camerunés Patrick Ekeng en Rumanía han llegado a hacer suspender toda una jornada de liga, final de Copa incluida.

Llamativo que este mundo considerado por muchos de “bestias y gente con pocas luces” tenga lo que para ellos más corazón que el supuestamente mucho más culto de la música y el espectáculo. Al fin y al cabo, es en él donde el gran Freddie dijo aquello de que el show debía seguir adelante.

Hipócritas del clic

Cuando de dar mi opinión se trata este año, no me queda duda de que la hipocresía de la sociedad como conjunto es uno de mis grandes blancos de crítica. Que si Hipócritas endiosados, que si lo políticamente correcto, que si todos odiamos a Trump pero luego gana las elecciones… Lo de decir lo que todos quieren escuchar para recibir el aplauso y luego no practicarlo está más extendido que una masa de pizza ultrafina.

Hoy rajaré sobre una de las hipocresías más típicas de nuestra sociedad: el apoyo incondicional que se queda en un clic.

change org

Qué fácil es todo contigo

Sin duda, una de las noticias más comentadas estos días en mi ciudad es la polémica generada recientemente por la expulsión de dos bañistas del agua de una de las piscinas más populares de la zona por llevar los pechos al descubierto. La medida copó las noticias más buscadas del mayor periódico de la ciudad fechas y fechas, y fue ampliamente seguida en redes sociales y medios locales y autonómicos. El cénit llegaba este pasado domingo, con la multitudinaria quedada de repulsa en las mismas instalaciones para reivindicar la libertad del gesto.

Según La Región, Atlántico y otra prensa digital, 9 personas hicieron acto de presencia activamente reivindicativo.

reivindicación oira topless

Fuente: La Región de Ourense

“Sí, esperábamos más gente apoyándonos. Se implican mucho en las redes pero ir más allá ya es otra historia”, cito de las declaraciones de las afectadas por la expulsión publicadas por el periódico.

Desgraciadamente, es lo que tiene la gran época de la hipocresía del clic: apoyar a una causa sentadito en el sofá con el portátil es una maravilla. Ahora bien, levantar el culo y dar la cara, eso está en desuso.

“Comparte esta iniciativa con todo ser viviente y firma la petición”. Cómo no, ahí estamos prontos si no hay formulario de por medio. Y si lo hay y no hay otra cosa que hacer, pues se rellena. ¿Meter presión a otras personas para que firmen a base de compartir y exigir? Pues claro que sí. Ahora bien, ¿movilizarse más allá del “Publicar en tu biografía”? Y qué más. ¿Hacer algo de forma activa? Lo que nos faltaba.

Vivimos en la época de la reivindicación. De la lucha por los nuevos valores sociales. Por la justicia social. Y resulta que de la mitad de la mitad de la mitad que apoya a clics, solo la mitad de la mitad va a una manifestación, y la mitad como plan de tarde con los amigos, a reírnos de ver como la autoridad hecha policías nos miran desde las jaulas de no poder hacer nada. “Y si eso, ya de paso, reclamamos algo”.

¿Qué narices nos pasa? ¿Cómo hay tan pocos que practiquen lo que tantos apoyan?

Pues obviamente porque la mayoría, la amplia mayoría, no da clic porque quiera moverse. Da clic porque le hace sentir mejor, le hace creer que contribuye o le da una imagen delante del resto, cuando lo que en realidad hace es lavarse la cara por las mañanas en lugar de meterse en la santa ducha a quitarse el tufillo a falsedad que lleva por bandera.

Si crees en algo, reivindícalo. Si sientes algo, muévete. Pero, cariño: si te crees que por darle Me Gusta a una publicación estás siendo estandarte de un tema, no solo es que estés siendo hipócrita con la gente (que sí, con todas las letras), es que encima te estás engañando.

A solas: dos personas, mucho más que una idea opuesta

En el post de la semana pasada hablábamos de que, en general, la gente tiene mucha mayor capacidad de expresión cuando habla a solas con otra persona. Toda una escapatoria a la represión de ideas fuera de la norma de la sociedad actual. Hoy vamos a tratar otra de las principales conclusiones que podemos sacar de la ya citada campaña de Heineken Worlds Apart: el que las personas somos mucho más que un solo tema intolerable.

El vídeo, e insisto en mi apreciación del anterior post, es una excepcional muestra de la realidad del individuo en uno para uno con respecto a frente a la sociedad, por mucho que la situación tenga el carácter de experimento. Hoy vamos a analizar otra de las circunstancias vistas en él.

En determinado momento la chica trans dice “Nos conocemos muy bien para habernos presentado hace 10 minutos”, a lo que el tránsfobo responde con una sonrisa contenida de altísima sinceridad y comprensión.

El momento es excepcional porque para la actual sociedad de las redes, de la corrección política y todos estos supuestos avances, estas dos personas serían enemigos acérrimos sin ningún tipo de excusa. Al menos no desde el instante en el que el otro lo sepa. Sin embargo, este momento llega y vemos que la chica trans acepta al momento la cerveza y el tránsfobo incluso bromea con la supuesta seriedad del tema para luego aceptarla entre risas a las que se unen las de ella.

La lección para aquellos que fomentan el desprecio, la rivalidad y el odio es tan grande que ya me gustaría ver sus caras. Porque ellos seguramente nunca hayan visto una situación fuera de la teoría, y si la han visto la han tapado entre toneladas de panfletos, tweets ovejiles y vendas de lo que les han enseñado gente que tampoco ha visto una situación real.

worlds apart heineken

Lo que vemos en este extraordinario acto son varias cosas.

La primera es el saber diferenciar entre una persona y una idea odiosa de una persona. A las personas las forman sus ideas y valores. Pero todas, no una. Lo grupal nos invita a catalogar y a quedarnos con tres o cuatro etiquetas diferenciadoras, en especial negativas. Por eso en cuanto una persona que conocemos de segunda línea (por redes, por la tele, por coincidir un día en una fiesta) hace un comentario “inconcebible” para las creencias de alguien sometido a la intolerancia del sistema deja de tener todos los valores positivos de golpe.

Sin embargo, cuando eso nos pasa con un colega con el que tenemos una relación personal —especialmente, con los que hemos tenido conversaciones de cierta intimidad en uno para uno—, entendemos fácilmente que esa cosa odiosa no es más que una característica asquerosa de esa persona, pero no definitoria para romper nuestra relación. De hecho, lo más probable es que tratemos de evitar el tema o ir al debate para entender las posiciones del otro.

Nada que ver con lo que la teoría que nos están metiendo en redes, medios de comunicación y otras herramientas del sistema, fomentando el romper inmediatamente relación para pasar a la guerra con esa persona.

8-Heineken-WorldsApart-Campaign-OpenYour-World-Strangers-Controversial-Unite-Ads

Las personas somos mucho más que una idea diferente a las de otros. Somos gestos, somos el estar cómodos con los demás. Somos el haber pasado por cosas juntos. Somos sensaciones.

En el vídeo se ve claramente: no por tener ideas diametralmente opuestas en un tema tenemos por qué romper una relación. Obviamente, ante un comentario machista sincero y para mí no justificable de un colega, lo voy a mirar mal o le voy a decir algo. Lo mismo ante cualquier otro tipo de acto que ataque mis valores (prejuicios, odios gratuitos, malas educaciones). Pero lo que para una persona madura y con dos dedos de frente no tiene sentido es abandonar la sala al instante sin dar un punto de vista o sin buscar por qué el otro piensa así, por mucho que cuatro teóricos del pensamiento mediático y redsociálico nos lo hayan intentado meter en la cabeza.

Somos personas. Y las personas, por instinto, no reaccionamos así en un uno para uno. Porque, primero, tenemos muchas más cosas en común que en contra. Y porque a solas, lejos de toda su mentira, somos mucho más abiertos y tolerantes de lo que la sociedad nos empeña en vender, eso sí, bajo las hipócritas banderas de que debemos ser abiertos y tolerantes.

Doy gracias porque ejemplos como el de este vídeo hagan ver a esta gente que solo cree en lo que ve en una pantalla realidades que de otro modo tal vez nunca encontrarían.

A solas: tomar algo y la libertad de expresión

La pasada semana, un buen amigo me pasaba el siguiente vídeo de minuto y pico, de la campaña de Heineken Worlds Apart:

Casi lloro.

Obviamente lo de tomarse una cerveza es lo de menos. Quién sabe también cuántas personas se habrán marchado tras las declaraciones del otro o cuántos se quedan por aparentar. Pero con lo que yo me quedo, y a lo que dedicaré las dos próximas entradas, es con que la sociedad siempre nos aferramos a las diferencias para alejarnos del de al lado cuando, en general, tenemos mil cosas diferentes en las que coincidimos, siendo mucho más abiertos a las opiniones fuera de nuestra norma en el uno para uno. Hoy hablaremos precisamente de esto último.

cafe1

Que salte la alerta de vídeo inadecuado en un vídeo tan limpio como el que acabáis de ver arriba ya hace entender la falta de posibilidad de expresión de nuestra actual sociedad occidental.

Como hemos comentado en post previos, la corrección política vive un periodo casi represivo. Escudándose en ella, quienes no toleran opiniones distintas a las suyas limitan el que los pensamientos polémicos sean exteriorizados. En conversaciones grupales, la presión social se encarga de mantener las ideas bajo la misma corriente, ahogando las individuales, mientras que las redes sociales linchan a cualquiera que haga un comentario que las personas con mente de ovejas consideren fuera de lugar.

Por el contrario, en el vídeo podemos ver, simulada, una de las escasas situaciones en la que la libertad de pensamiento aún tiene algo de cabida: el uno para uno. Cuando dos personas quedan y tienen que estar un rato juntas, se produce una especie de vacío legal para la represión social del pensamiento ovejil, del cuñadismo, de la corrección política más autoritaria, de las banderas de movimientos sociales que luchan contra los valores de otros en vez de dar a ver los suyos propios.

Por supuesto, hay gente que ni así va a dejar ser uno mismo. Gente que ni siquiera va a serlo ella, disfrazada de estandarte de lo que hay que decir y no de lo que de verdad lleva dentro. Pero, normalmente, en ese uno para uno vamos a ver una realidad que nos han intentado tapar a base de opiniones sobre la sociedad en vez de sobre los propios individuos: el ser humano, individualmente, uno para uno, quiere entender a la persona con la que comparte conversación a solas.

Y eso es maravilloso.

Dos-personas-hablando-al-atardecer

No voy a alargar más mi post de hoy. No lo voy a hacer porque creo tan firmemente en ello que solo tenéis que probarlo.

Escoged a la persona que queráis. Mejor dicho: escoge a la persona que quieras. Siéntate con ella en una terraza —o en una cafetería o en una mesa de restaurante, qué más da— y habla. Habla. Habla. Y cuando la conversación se vaya a un punto en el que las diferencias puedan emerger, debate. Y si te salta con un comentario que intente cortar tu expresión, no le sigas la corriente, y razónalo. Hazle ver por qué piensas así aunque “no tengas derecho” a pensarlo. Ahí verás que la otra persona, en la práctica totalidad de las ocasiones, va a escucharte, esté de acuerdo o no, y va a opinar con libertad de ese tema.

Podéis llegar a un acuerdo, podéis no llegarlo. Podéis aprender algo los dos, uno o ninguno. Podéis llegar a conclusiones que ni uno ni otro hubieseis esperado. Pero lo más importante es que, salvo raras excepciones, os daréis cuenta de que aún queda un lugar para poder ser libre de hablar de lo que uno piensa. Uno donde poder escapar del pensamiento de ovejas en el que la sociedad —bajo diferentes banderas, partidos, manifestaciones y movimientos— nos intenta encerrar. Ese lugar es a solas frente a otra persona.

Mientras dos personas podamos quedar, nuestra libertad de pensamiento siempre podrá crecer entre su maleza.

7 razones del mal periodismo

El periodismo pasa por años negros en cuanto a la calidad y objetividad de su contenido. Día tras día nos encontramos con noticias de nula dudosa imparcialidad donde quiera que miremos, al tiempo que la figura del periodista es denostada a cada paso. Hoy analizaremos algunas de las inacabables razones de por qué el nivel de credibilidad del gremio pasa por un momento rayano al escarnio público.

1. El consumismo de noticias

periodistas

Uno de los motivos más achacables es la barbaridad de artículos que salen por minuto. Si antiguamente los diarios hacían honor a su nombre, la realidad digital actual nos lleva no solo a la instantaneidad del contenido de la que hablaremos seguidamente, sino a estar obligados a que tener noticias suficientes para satisfacer a usuarios que las engullen una tras otra mediante las redes, el hipervínculo o las relacionadas posteriores.

Tal cantidad de ingesta lleva a la producción de contenidos de interés residual y complementario, por lo habitual no excesivamente trabajados o con información no relevante para el público general. Además, la duración de los noticiarios se extiende, así como se multiplican los canales de informativos 24 horas y las tertulias.

2. La instantaneidad del contenido

fav mg

Relacionado con el anterior, es uno de los males más reputados de la actualidad. Dado que como todos sabemos “no importa la calidad del contenido, sino llegar el primero”, difícilmente adquiere un nivel de contraste y legibilidad decente. Esto lo escudan en diferentes fórmulas como el “aparentemente” que en posteriores versiones del artículo y nuevas publicaciones corrigen por la realidad según se va moldeando. Un atentado puede llegar a ser perpetrado hasta por tres identidades terroristas diferentes, así como por un coche bomba, un camión y una mochila explosiva según las horas pasan. Lo que importa es tener noticia fresca que la gente lea y comparta para que ya esté bien difundido cuando la verdad llegue.

3. La parcialidad aceptada

portadas deportivas falsas

Lo de los diarios deportivos ya es más cachondeo que otra cosa

No creo que nadie con dos ojos en la cara se lleve las manos a la cabeza si digo que el periodismo actual está más sesgado que el público de una plaza de toros en una votación sobre la prohibición de la tauromaquia. Sin embargo, no por evidente cabe ignorar que el reportero imparcial y dado a la verdad yace en alguna fosa común de las letras informativas.

El medio de comunicación lleva años obedeciendo a intereses muy diferentes a los que propone el código deontológico. En cualquier caso, la parcialidad va mucho más allá de esta, y ya llega el punto de que el periodista —más que trabajar con el grado de subjetividad innato del género humano—, hace suya la libertad de tejer los hechos como buenamente le plazca en aras del éxito de audiencia, personal en su carrera y de escarnio, ya de paso.

4. Las erratas y el bajo nivel ortográfico general

se escoña

Y no, no es coña

Puede parecer una gilipollez con respecto al resto, pero la disminución de la calidad de escrita en los últimos años está afectando bastante al nivel de las publicaciones. Una de las máximas clásicas hacía al periodista un profesional en el uso del lenguaje; la realidad actual es que no puedo leer el periódico de mi provincia sin una media de errata por página. Y hablo de la versión impresa. Fruto de la instantaneidad y el consumismo de noticias que arriba comentábamos, lo de las noticias web ya es el cachondeo. Repeticiones constantes por las prisas, redacción de niño de bachillerato en las noticias secundarias, reducciones de la publicación para que entre en el espacio que provocan pérdidas de sentido en el contenido… “la lista es interminable, monada”.

5. El intrusismo

Hoy mi padre me comentaba algo de “un tertuliano, bueno, un periodista, no sé bien quién era”. Yo le dije que tertuliano era lo único seguro, porque es que parece ser que lo de tener periodistas más allá del moderador en programas tildados de informativos tiende a la desaparición.

Si bien el paro en el sector aumenta como la espuma por la aparición de más y más hornadas de nuevos titulados, día tras día nos encontramos con que la mayor parte de participantes en papeles destinados a ellos son ex algo. Exfutbolistas, expolíticos, exconomistas, excétera, que no solo no tienen suficiente base como para defender los valores del oficio, sino que encima van deambulando por las diferentes televisiones y medios, restando oportunidades y minutos a gente más capacitada que se ve trabajando en otra cosa, redactando por cuatro duros en medios de poca monta o por dos en las páginas que nadie lee de los diarios grandes.

josep-lluis-merlos-movistartv_0

También brillas casos como el de meter a un periodista que no domina un tema en una emisión multitudinaria, generando polémicas como la del especialista en motor Josep Lluís Merlos comentando esta temporada el fútbol con evidentes lagunas de conocimiento futbolístico.

6. La “rosificación” de la prensa multicolor (La tertulia y lo barato.)

Hace unos años empecé a odiar Telecinco por su habitual formato de tertulia sobre la prensa del corazón. Como un cáncer en el de la televisión, el modelo se ha extendido a la práctica totalidad de canales y géneros periodísticos. Tertulia política, tertulia económica, tertulia deportiva… y en todas ellas el mismo modelo de mesa redonda en el que tienes al “bueno”, al “malo”, al invitado del día, el que no se entera de mucho pero es guapo, el que se entera pero no le hacemos caso porque no levanta la voz y el moderador que, en general, se ríe por el teatro.

tertulia 13

Esta basura no tiene derecho a llevar el nombre del periodismo, pero que directores de diarios e informativos tomen parte en esto no deja otro remedio. La mayor verdad para el gran público no lo es ella: es el espectáculo.

7. La libertad de ataque

¿Qué voy a decir de expresión? Escudándose en ella, el periodista actual puede poco menos que atacar a la dignidad de alguien, llevándose como mucho un juicio del que saldrá reforzado ante la sociedad del “es que uno ya no puede ni decir lo que piensa”. Las barbaridades supuestamente periodísticas que estamos viendo en la actualidad en ciertos programas y diarios rozan la ilegalidad, pero se sostienen en base a que la denuncia solo los hace más famosos. Recordemos que no estamos debatiendo aquí la libertad de soltar animaladas por tweet: hablamos de gente que se supone tiene un trabajo basado en la búsqueda de contar la verdad desde lo objetivo.

tertuliano error ingenuo

Una última reflexión

Hace unos años, en mi máster, tuve el placer de recibir una clase de Don Manuel Campo Vidal, reputado comunicador de mi país. Tocanarices,en el turno de preguntas, se me ocurrió preguntarle sobre unas contemporáneas declaraciones del también don Iñaki Gabilondo en las que hablaba de que a día de hoy (o entonces) era necesaria la figura del periodista opinador, que da la noticia y su punto de vista. Si Campo Vidal fuese tertuliano me hubiese tirado su silla a la cabeza, pero —como educado profesional— rindió todos sus respetos a la opinión de alguien con la trayectora de su colega de profesión para luego recordarnos que un periodista tiene que ser imparcial poco menos que por definición. Su declaración se me quedó grabada.

Tres años después siento como si la hubiese escuchado en un sueño: la realidad me hace ver a ese hombre de bigote como un mártir de una religión hace mucho muerta. Y a mí un fiel que ya no tiene dios.

_______________________________________

En fin, por hoy, llegan, pero ¿qué más problemas periodísticos ves? ¿O estás encantado con la realidad? Comenta, comparte, tírame sillas a la cabeza por mi propio intrusismo y esas cosas.