La mordaza a lo divergente (La muerte del conocimiento personal no certificado – Final)

Y llegamos al cierre de esta minisaga de posts.

Si todos los entes de poder censuran el pensamiento diferente, novedoso y fuera de norma, ¿queda alguna posibilidad de que alguien fuera de ellos aporte algo nuevo?

La gravedad de la masa al cuadrado

Para estos post, el buscador, la justificación de experto, los medios de comunicación y los líderes de opinión son cuatro de los grandes jinetes del apocalipsis del punto de vista novedoso. Aquellos aparentes titulares del conocimiento a día de hoy, de la razón que podemos usar para desprestigiar la de cualquier otra persona.

Aun así, a gusto del lector catastrofista o cuñado del pensamiento conspirador, se le pueden sumar fácilmente términos como los gobiernos, la economía y demás familia. ¿Por qué no? ¡Dejémoslos ahí si queremos, quitemos los que no nos interesen, hagamos lo que nos salga en un acto de rebeldía ante la constante búsqueda de la precisión absoluta! Porque la cantidad de entes que metamos en el saco es indiferente.

Lo relevante de este post es aquello que los une y que, por muy de forma diferente que elijamos, siempre va a acabar por coincidir: son entes colectivos, no personas.

Entes que se forman a partir de la conjunción de múltiples interacciones y actuaciones sociales y no tanto. Actuaciones que, como ya sabemos, no se mueven por el pensamiento individual y humano de sus miembros, sino por una conciencia de tira y afloja, de poder de unos sobre otros, de mayorías o autoritarismos y de dependencia de cualquiera de sus partes y términos del grupo, de esa coherencia sin alma de la que hablamos en el post de los líderes de opinión.

Son entes colectivos, sin pensamiento propio, raciocinio. Entes que saben que de la no presencia de realidades rompedoras depende su supervivencia.

Y entes que no son pocos.

El silencio absoluto

A lo largo de los anteriores post —desde aquel móvil salido del bolsillo para quitar credibilidad a la palabra de la persona con la que se toma algo—, hemos extraído múltiples conclusiones de cómo el pensamiento fuera de norma puede ser silenciado.

No es que la situación sea nueva. Universalmente conocidos son casos como el de la Tierra girando alrededor del Sol o el bosón de Higgs, realidades actuales tomadas por locuras censurables en su momento.

Sin embargo, analicemos pues a partir de algunos de los métodos de silenciado de la actualidad cómo prácticamente cualquier tipo de verdad nueva puede ser anulada con estas premisas y veamos adónde nos lleva esto:

  • Solo lo publicado y visible tiene validez. Si no se expone en libro o web, no tienes credibilidad.
  • Solo la palabra de quienes tienen poder de opinión o de grandes poderes tiene validez. Si quien sabe mucho del tema dijo en algún momento algo que se oponga, aun en situaciones bien distintas, no tienes credibilidad.
  • Solo lo que los medios de comunicación dicen ha ocurrido. Si dices haber visto algo que la prensa publicaría al momento pero no lo ha hecho, no tienes credibilidad.
  • Solo lo aceptado por masas tiene validez. Si vas en contra de lo que la opinión pública defiende en redes, no tienes credibilidad. Si no tienes público de redes por detrás, tampoco tienes credibilidad.

Básicamente, estos puntos nos indican lo difícil que será que una persona anónima aporte conocimiento a la sociedad, y lo prácticamente imposible que será que lo aporte fuera de norma. Porque:

  1. El pensamiento gris no es escuchado por las masas.
  2. El pensamiento gris es silenciado por la cultura de masas.

Entonces, y más allá de la mordaza, ¿qué le queda al pensamiento divergente?

Las palabras más allá de la mordaza

No puedo evitar ver la masa generalista como un planeta flotando sobre una ciudad desierta en busca de los últimos brotes de pensamiento nuevo para absorberlos y hacerlos desaparecer entre sus nubes de tormenta y datos.

A lo largo de los siglos, el pensamiento se ha renovado habitualmente con los grandes cambios y la ausencia de memoria. Sin embargo, lo digital ha dado una precocidad de implantación de tecnologías que vuelve el cambio casi cotidiano, así como imposibles el olvido y el recuerdo en base a la recopilación sin fin de datos: ha generado un ecosistema retroalimentado muy difícil de alterar en multitud de aspectos, y cuyos cambios más lentos —o menos rápidos, mejor dicho— parecen poco menos que inexorables.

De la polarización de opiniones hablaré pronto, por encantarme y apasionarme, pero hoy me quedo —introduciendo el resumen con las conclusiones— con que la mordaza al pensamiento divergente más puro y poco corriente es una de las grandes tendencias más tapadas por la amada sociedad del conocimiento.

Con eso, y con otra cosa.

Con que, por lógica y volviendo a donde empezamos, hay algo que siempre debemos aprovechar. Algo que siempre ha estado ahí, que antaño fue importante y ahora existe pero ya no se ve, como una mancha y su recuerdo en la pared. Me quedo con que existe ese lugar en el que, quizás, tengamos la oportunidad de ver nacer algo nuevo una vez más.

Un lugar donde no hay cámaras o micrófonos de medios grabando. Uno donde sus mayores expertos y sabios seguramente nunca habrán publicado nada. Uno donde los móviles se quedan en los bolsillos o sobre la mesa, boca abajo, y no hay MG a los grandes comentarios, ni retuits a los pensamientos más originales.

Ese lugar es cualquiera de las conversaciones a solas con la gente de nuestra confianza. Tan profundas y tan poco como queramos. Tan superfluas y tan intensas como nos dejemos. Tan abiertas como nos permitamos, tan prohibidas como otros quieran.

Tan libres como nunca en la vida lo será un tuit, un artículo o una búsqueda de Google.

Y es que ahí, en los espacios pequeños, en la interacción entre dos personas y no entre una masa uniforme de líderes dependientes y esclavos de la coherencia, es donde nace la creatividad, la originalidad y la realidad nueva.

Porque la creatividad pura solo surge en el desconocimiento.

Y porque el conocimiento verdaderamente nuevo solo puede nacer de lo que aún no conocemos.

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Bueno, esta saga de post ha sido un regreso por mi parte de lo más enriquecedor, espero que os hayan gustado. A mí particularmente me producen tanto inquietud, como preguntas de adónde ha podido llevar esto en el pasado, como las satisfacción de saber que mientras queden dos personas a solas y el mismo lenguaje habrá cosas que no nos podrá quitar nadie, humano o seudohumano.

Si te ha gustado y crees que a alguien más sí, no dudes en compartirlo por redes, emegearlo y demás. Gracias por llegar hasta aquí y espero que lo hayas disfrutado tanto como yo ^^

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Líderes de opinión silenciada (La muerte del conocimiento personal no certificado IV)

Antes de alcanzar el definitivo, llegamos al penúltimo post sobre cómo la sociedad silencia a quien no piensa lo mismo que ella.

Hemos hablado de cómo la conectividad deslegitima la opinión original de quienes queremos. Hemos tratado cómo los pecados y limitaciones de lo académico no le dejan llegar a tratar cada pequeña idea de estos. Pasamos, por obvio, de cómo los intereses de los medios de comunicación van contra el pensamiento divergente. Y llegamos por último a este, los poderes y líderes de opinión. Aunque no la tengan.

Producto de admiración

Si bien en el pasado, era el poder, la experiencia o los éxitos quienes otorgaban a ciertas personas cierta aura de sabiduría que nos hacía creer en ellos, el mayor número de líderes de opinión de los últimos tiempos obtienen su poder del entretenimiento.

Si bien esta tendencia no es novedosa (solo hay que pensar en el mundo del corazón, el deporte y la música a lo largo en el siglo XX), el liderazgo de opinión ha experimentado una nueva explosión por la aparición del fenómeno más importante en cuanto a relaciones humanas de seguramente toda la Historia: las redes.

El entretenimiento se ha diversificado hacia la personalización y, si bien en décadas anteriores la popularidad estaba en la mano de un número de personas grande pero limitado, ahora existe una cantidad de líderes de opinión vasta e inabarcable. Más allá del público altamente generalista —poco dado a profundizar y descubrir, marcado por las principales figuras pop en sentido amplio—, una y otra gente han encumbrado a numerosas personas a partir de sus propios gustos profundos, dando paso a toda una marea de líderes de opinión de menor grado: gente con un número de likes y seguidores relevante que, unida, permiten llegar a una buena cantidad de población interesada en un tema específico.

Esto tiene ventajas para la diversidad, sin ningún tipo de duda. En primer lugar, se ha dado alas a la posibilidad de customizar el entretenimiento hasta el punto de que difícilmente dos personas adultas y amigas de nueva generación van a compartir fuentes de entretenimiento ni al cien ni al ochenta por ciento. Además, se ha bajado mucho el listón en cuanto a alcanzar cierta popularidad, permitiendo acceso a ella a personas antaño desterradas, así como se han abierto grandes oportunidades a gente o grupos antes marginados que —por poder llegar su mensaje muy lejos y por la protección que les ofrecen las pantallas en cuanto a no silenciarlas— han alcanzado poco menos que una edad dorada.

Sin embargo, si nos acercamos al bello cuadro de la diversidad en redes, es posible apreciar una serie de grietas que, sean lo suficientemente grandes o no, hacen que la obra se vea ligeramente deformada.

El ciclo de vida de la red social

Puede que muchos popus nieguen lo siguiente; me quedo con que cualquier persona con pensamiento crítico que haya vivido el crecimiento de ciertos perfiles sabe que es una verdad como un puño: cualquier red social y sus emblemas experimentan una evolución hacia el ovejismo tan dura como común a lo largo de los años.

Las redes sociales nacen, crecen y mueren de un modo muy parecido al clásico ciclo de vida de un producto en marketing:

Ciclo de vida del producto y las RRSS

  • En primer lugar, no son muchos los que entran, por las alternativas de entretenimiento: solo una serie de pioneros innovadores lo hacen. Habitualmente, se trata de gente productora de contenido, que aporta a la red y la enriquece. Por su parte, hay un cierto rechazo social por parte del público general, un “yo no me voy a hacer esa cosa, estoy muy contento con mi Facebook”.
  • Si la red no se muere, se suele producir el crecimiento y cada vez entra más y más gente. Los primeros líderes de opinión, los innovadores tempranos, habrán alcanzado ya una cierta popularidad y poder por el tiempo dentro: dispondrán de un número de seguidores aceptable, realizarán un contenido más elaborado, tendrán buen rollo con la gente que estaba y en general será una comunidad feliz. De hecho, lo que les hace destacarse entre los innovadores es que los líderes tienden a ser gente con una opinión fresca, que aporta, que le pone horas también, gente diferente y atractiva ante un público también innovador.
  • Llega entonces la adopción por parte de una mayoría. Conforme los líderes de otras entran en la nueva, van reclamando la atención. Empiezan a atraer a sus ejércitos de seguidores y a “enfrentarse” por la que acumulan aquellos que llegaron antes. He ahí cuando se produce el gran desastre para las nuevas corrientes que aporta una red social: las consecuencias del duelo, la homogeneización. Los líderes pioneros de la red se ven abocados a ser considerados viejas glorias, a llamar la atención con mensajes de odio al nuevo modelo —volviéndose unos haters—, a parecerse cada vez más al modelo popu —recibiendo las iras de sus seguidores clásicos o transformándolos— o incluso a la desaparición y búsqueda de nuevas redes. Los líderes populares llegados de las otras tratan por lo general de imponer sus tendencias, adoptando eso sí, algunos de los hábitos más populares en la nueva app. Todo un ejemplo de lo que la política de colonias y la invasión de nuevos territorios sería de ser llevada al modelo digital.
  • Lo siguiente es la madurez del producto. Ese periodo cada vez más triste en el que la app se va pareciendo cada vez más y más a lo de siempre, entran rezagados que dijeron que nunca se lo harían y no producen contenido —solo observan, no aportan—. Los primeros innovadores no populares o venidos abajo tenderán a salir de ella y “buscar nuevas tierras”, mientras los popus gobernarán de nuevo con mano de hierro con contenidos manidos y buscalikes.
  • Obviamente, la red muere con la decadencia y el adiós de grandes cuentas por irse a nuevas redes sociales, dejando atrás muy pocos usuarios que están por pura rutina, por mantenimiento de relaciones o porque la red va evolucionando hacia algo minoritario que les gusta.

Las redes y el pensamiento divergente

Las redes y la opinión van altamente vinculadas. De hecho, no ha habido nunca momento de tal difusión de la opinión como el que estas han generado. Sin embargo, ¿qué papel juega la opinión diferente en el modelo de redes?

Obviamente, la opinión original tiene su mejor momento con los pioneros. El pionero en una red social tiene la opción de dar su opinión de forma bastante más libre que una vez la red esté más avanzada. El público es pequeño con respecto a los posteriores, por supuesto, pero en general la opinión es escuchada, de media, por mayor número de gente, ya que la poca presencia de contenido evita que el resto lo ahogue y la apertura mental del innovador va a ser habitualmente mucho más elevada que la de aquellos que lleguen en etapas posteriores siguiendo como ovejas al rebaño.

Obviamente, los afortunados que pasen a ser líderes de opinión en fases posteriores van a ver su voz proyectada a muchísimos más. Por lógica, esto debería suponer grandes noticias, ya que tienes una voz innovadora llegando a grandes masas por la popularidad adquirida. La realidad, sin embargo, es más dolorosa.

Entre las causas está el que el número de líderes de opinión es muchísimo menor que el de productores de contenido, siendo el ascenso de la popularidad por innovación de pensamiento muy, muy poco frecuente. Claro que a todos se nos vienen grandes modelos de crecimiento con contenido original que han llegado a la cima; sin embargo, si lo ponemos en una balanza con los que lo producen y no llegan, o en otra con los que llegan por medios muy diferentes como el dinero o los comentarios buscalikes, el que una voz original llegue a las multitudes y se mantenga es un rara avis. De hecho, más aún si tenemos en cuenta la triste realidad: el condicionamiento del público.

Creo que todos lo hemos oído de un modo; si no, le daré forma a un lema de la realidad de las redes: al principio, uno publica lo que quiere; con el tiempo, uno publica lo que quieren. Esto se debe principalmente a dos razones.

Una es el que según se avanza en el perfil, se desnaturaliza y aparta poquito a poco de la persona para pasar a ser un ente ajeno a la verdad de la propia: llega un punto en que el instinto te invita a no poner ciertas cosas por considerarlas irrelevantes para la cuenta, siendo las más personales unas de las más típicas.

La otra gran razón es la crueldad de redes. Si bien lo políticamente incorrecto puede ser aceptado en algunas cuentas, siendo la principal fuente de aprecio para muchas, el que se haga comentarios que no vayan en línea con el discurso previo suele provocar graves daños en las cuentas, tanto en forma de rechazo por parte de los seguidores como de ataques por parte de desconocidos, competidores o la propia red.

Por ejemplo, a un perfecto ateo puede gustarle la Navidad por ser una tradición muy típica de aquí, más vinculada a lo familiar y los días de vacaciones que a un componente religioso. Sin embargo, difícilmente un ferviente defensor del ateísmo en redes colgaría una imagen disfrutando de ella, ya que lo más probable es que la crueldad de redes le atizase y desprestigiase, cuando es la nostalgia y demás valores los que le hacen sentirse a gusto en la festividad, con independencia de la religión. Es decir, el perfil ateísta de este ejemplo ocultará parte de la realidad y de la creación original de contenido por las consecuencias “injustas” que le puedan suponer, ya que para ella seguirá siendo una persona perfectamente atea a la que le gusta la Navidad, pero a su público no, que es el que importa en redes.

La antinaturalidad de lo social

En comportamientos como ese último por parte de las redes se juntan dos componentes de análisis muy querido para mí durante los últimos años: el cómo los grupos de gente desnaturalizan el comportamiento natural de los individuos y cómo la gente no perdona la pérdida de identidad.

La red social es una máquina de destrucción del pensamiento original público por combinar a la vez la alta visibilidad de la pérdida de coherencia en comportamiento con la alta presencia de haters y gente a la que salta para poder quitar prestigio a otra.

Si ya de por sí el ser humano tiene incoherencias de comportamiento, el ser humano original, directamente no es coherente. Porque es precisamente esa incoherencia la que le hace ser original.

En su conjunto, la red social es un ente que busca la coherencia de comportamiento de lo seguido (incluso en la irreverencia) y que busca reducir lo que se sale de ella, en un claro instinto de grupo. La enorme cantidad de gente que forma esa masa social hace que siempre haya alguien que vaya a atacar con un argumento de supuesta coherencia de comportamiento a lo que se salga de la norma y la propia masa no será capaz de quitarle la razón porque en el fondo, socialmente, son súbditos del poder grupal.

Y entonces… ¿qué son los grandes líderes de opinión?

Coherencia pura con su perfil. Porque la naturalidad original va contra la naturaleza de la masa grupal que los hace nacer.

Los líderes de opinión son gente que gana seguidores y atención cuanto más coherencia interna tenga su perfil. Si es un perfil de bromas, cuanto más bromas haga; si es un perfil de maquillaje pijo, cuanto más maquillaje pijo haga; si es un perfil de probar cosas nuevas, cuanto más al día esté con las cosas nuevas; si es un perfil político, cuando suelte una frase manida sobre su oposición; si es una persona honesta, cuando diga lo que nosotros pensamos.

Mientras que los líderes de opinión son gente que pierde seguidores y atención cuanto más se salte la coherencia de su perfil. Si es un perfil de bromas, cuando cada cierto tiempo haga comentarios serios y sin ningún tipo de ironía; si es un perfil de maquillaje pijo, cuando se ponga a hacer maquillaje choni; si es un perfil de probar cosas nuevas, cuando se estanque en las de un patrocinador; si es un perfil político, cuando diga que el partido opuesto ha tenido mucha razón en cierto comentario; si es una persona honesta, cuando diga algo con lo que no estamos de acuerdo.

Entonces, ¿los líderes de opinión tienen una opinión confiable? Tienen una opinión coherente con lo que mucha gente espera que hagan, nunca una opinión fuera de su norma, ya que si no son nuestros líderes, no creeremos en ella, y si lo son, les atacaremos y despreciaremos por salirse del camino que la red social, su gente, su partido, sus fans, su masa, le ha marcado.

Liderazgo de opinión y el pensamiento divergente: enemigos íntimos

¿A alguien le extraña esta afirmación? Lo cierto es que es bastante obvia.

Cuando hablamos de líderes de opinión, hablamos de personas con mucha gente detrás: ¿cómo alguien puede llevar a tantos detrás con un pensamiento fuera de norma? Con un pensamiento dentro de una norma más pequeña de la que apreciamos, pero lo suficientemente grande como para aglutinar a muchos, en general, no visibilizados. Vuelve a no haber creatividad de pensamiento.

¿Significa eso que la persona no tiene pensamiento divergente? No tiene ni mucho menos por qué. En el caso de personas que llegaron a ser lo que son a partir de una innovación de pensamiento, lo más probable es que encuentres a grandes pensadoras, y con recursos. Pero a solas. El gran problema está en que en los modos que tomamos su pensamiento, estas personas están condicionadas por la visibilidad y el gran control (o Hermano) que es su público, el cual (entendido como ente plural y no como individuos) tiene como naturaleza ir en contra de que aporte pensamiento divergente.

Así pues, no esperemos la innovación pura y la naturalidad de pensamiento en quien está atado a una presión social de tal calibre. Quien es líder de muchos debe su epíteto a quienes lidera. Así que el poder nunca será de su persona, sino de la masa —fría, inhumana y correcta— que le impide la natural incoherencia.

Aquella que aparece al hablar a solas con cualquier persona querida, aunque no sea omnisciente.

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Ante todo, gracias por llegar aquí y leerme: estoy bastante satisfecho con este y me hace feliz saber que realmente he podido compartir mi opinión con alguien. Si quieres puedes compartirlo, darle Me gusta y demás familia. Como de líder de opinión no llego ni a la ele, falta que le hace para que no se pierda en el olvido.

Por quien hacemos callar a quien queremos (La muerte del conocimiento personal no certificado II)

En la primera parte, Injustificado, tocamos el tema de cómo la credibilidad antes intocable, la de las personas queridas, se está viendo apaleada por la precoz introducción de la información móvil y la creencia de la omnisciencia e imparcialidad de internet a la hora de dar la razón o quitársela a la persona con la que se charla.

Hoy vamos a profundizar más en los dilemas que está suponiendo la falta de control de este implacable juez disfrazado de herramienta de apoyo.

Memorias del ceño fruncido

Recordemos el supuesto bien conocido. Charlas con un amigo, pareja, familiar, persona allegada y/o querida en general y le cuentas algo que has visto o conoces. La otra persona frunce el ceño (siempre fruncen el ceño), tira de móvil y te dice que eso no es verdad a partir del primer o segundo resultado que le aparece en Google a partir de un par de palabras clave. En la mayor parte de casos aceptarás la información—te habrás equivocado, a saber—, pero habrá en otros que no porque, narices, has visto cómo si le echas agua al fuego lo apagas, por mucho que diga internet. Y la otra persona, si te pones ciertamente irritado o incluso amenazante, tal vez te dé la razón con el ceño fruncido que indica que como a los tontos, porque lo que tiene en su mano es verdad con mayúscula.

Pero… ¿quién narices hace que eso sea verdad en mayúsculas?

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Verdades del juez plural

El funcionamiento básico de un buscador es conocido por casi cualquier usuario: introduces las palabras que consideras y busca el resultado más relevante para esas palabras.

“¿Relevante por qué?”, claro. Eso ya es más complicado.

Como todos sabemos, los parámetros de configuración de búsqueda de Google y similares, están sometidos a una serie de variaciones según nuestro historial y preferencia definidas de un modo u otro, pero —más allá de ello— la variable que siempre ha resultado más importante ha sido el posicionamiento del término buscado, bien sea pagando (SEM) o, sobre todo, por propia adecuación del contenido a lo que el famoso algoritmo de Google busca (SEO).

Al algoritmo, si tratamos de compactar en un término sus partes (como las referencias en otras páginas, la calidad del contenido, accesibilidad y demás), lo que más le importa para que aparezca un contenido es la aceptación del público de ese material. Viene a sumar la parte más “subjetiva” —que la gente lo comparta o lo mencione en otros lados, que esté enlazado— con la fácilmente medible para un motor así: el que el contenido sea original (no esté repetido por ahí adelante), la web entre en los códigos típicos de accesibilidad, sea responsive, etcétera. Además de (por supuesto) que las palabras que buscas y clave estén en ese contenido.

Pero vamos, que —en definitiva— el no tonto buscador va a intentar que salga el contenido más potencialmente aceptado por el que lo busca para que la satisfacción que dé le haga repetir. Y la maximización de esa aceptación en búsquedas de términos aleatorios que pueden surgir en una conversación casual con una persona cercana sobre algo que el que busca no domina del todo (por eso tiene que buscarlo) se realiza ofreciendo en primer lugar resultados que sean capaces de satisfacer a una gran cantidad de población que busque eso. Es decir, contenidos que basan su credibilidad no en su veracidad, sino en la cantidad de gente que los ve, puede ver o comparte. Gente que, en la práctica totalidad de casos, no podrían ser productores de esa información, sino que son simples espectadores de ella, simples consumidores de ella, simples aceptadores de ella, como quien está buscándola. Ese que, recordemos, busca porque no sabe la respuesta a lo que está buscando.

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Por quien hacemos callar a quien queremos

¿Es entonces veraz el contenido que se está ofreciendo? O mejor dicho: ¿es veraz el contenido que se está usando para deslegitimar la palabra de la persona allegada? Pues dependerá del productor del contenido, no del resultado en Google.

Porque a la posición y relevancia del resultado que lees lo que le da la legitimidad y posición en la búsqueda son dos cosas:

A: la gente que comparte, visita o enlaza el contenido indicado por el resultado.

O B: un responsable de SEO eficiente. Uno que sepa o acierte cómo configurar su web y contenidos para que ante esa búsqueda de resultados su página aparezca primero.

Ignorando la orwelliana creencia de que Google pueda llegar a ofrecerte el contenido que le interese por sus propios fines, esos dos de arriba son los jueces de verdad que utilizamos para deslegitimar la verdad de las personas que nos rodean tirando de móvil: masas de desconocidos —cuya opinión imagino que te importa porque son muchos y no porque sean personas queridas— o unos especialistas del SEO.

Obviamente, si alguien nació en 1984, difícilmente el resultado de búsqueda te va a decir que nació en el 87 por fastidiar. Pero, por favor, un poco de cabeza a la hora de decidir si nos compensa estar dudando constantemente de la palabra de la persona con la que nos estamos tomando algo.

Si estás en tu tiempo libre con alguien y aunque luego te informes si te deja la espinita, tal vez debería importarte un poco más su opinión que la de una montaña de datos de desconocidos en Google. Si no es así, mejor vete a casa y aprovecha el tiempo con aquello que de verdad quieres: puede que no sean personas, pero tienen las respuestas que amas más que estas.

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Si estás hasta las narices de que se dude de tu palabra móvil en mano, no dudes en compartir, seguirme aquí o en Twitter y demás. ¡Nunca se sabe cuándo podrías utilizarme para contradecir a la gente con la que tomes algo!

Por qué me gusta San Valentín

Es de sobra sabido que San Valentín es una especie de referente de la muestra de amor forzosa y el impuesto gusto por la fotografía de pareja en red social. Una seudofestividad con claros tintes comerciales y todo ese rollo. Un burdo intento de generar sentimiento de soledad en los solteros. Una excusa deleznable para que madres manden cadenas de WhatsApp sobre el amor y la amistad.

En resumen, es de sobra sabido que San Valentín es una efeméride criticable a más no poder.

A mí, sin embargo, me encanta.

¿La novia y el polvo de rigor? La realidad es que no solo me encuentro a cien kilómetros de la churri, sino que me lleva gustando mucho tiempo pese a ser la primera vez en veintitantos años que tengo pareja en catorce de febrero.

¿Será por la omnipresencia de mi amada música romántica? Lo más romántico que voy a tener tiempo de escuchar hoy va a ser el himno de la Champions.

¿Me gusta por ser un empalagoso? Mi corazón ya solo trabaja de martes a jueves, y aun así casi vomita ante el doodle de San Valentín. Querer, quiero mucho; sentir, siento otro tanto; pero sí que tengo la sensación de que, en algún momento, me han quitado el azúcar a puro dolor. Tal vez me lo haya hecho solo. Solo sé que estoy empapado de charcos ahora más dulces que nunca.

Entonces, ¿cómo es posible que me guste San Valentín? A mí, que tengo hipocresía y crítica social entre mis etiquetas con más posts, ¿cómo puede gustarme esta salsa rosa contaminada, mar de corazones de plástico, latifundio de gruñidos de solteros que no quieren serlo?

Pues San Valentín me gusta porque, de pronto, se siente.

Me gusta porque me recuerda que, en este mundo sórdido y de tener que mantener los sentimientos callados, se puede decir que se quiere y se ama.

Me gusta porque no me trae de vuelta las penas de los fracasos, sino la ilusión de todas aquellas veces de latir amor juvenil y sincero.

Me gusta porque, en los gestos y miradas de las parejas forzadas a demostrarse algo en persona, veo aflorar recuerdos de aquellas veces en que se quisieron con ganas, ahora tal vez muertos, pero no del todo enterrados.

Y también me gusta porque gusta y no gusta.

Me gusta porque ilusiona y mata, da odio y sana, quema y extasía. Me gusta porque, año tras año, revuelve, para mal y para bien. Porque todo un mundo de gente que siente que ha conseguido no sentir parece sentir algo, bueno o malo, por él.

Sí, me gusta San Valentín. Me gusta, lo siento: me gusta porque siento, y sienten, y sentimos y no lo sentimos. En San Valentín no sentimos que no nos guste sentir, ni sentimos sentir. Simplemente lo hacemos: sentimos, sentimos y seguimos sintiendo.

Y ahí, al pie de este arcoíris de nostalgia, asco, desprecio, envidia, dolor y —cómo no— amor, yo sonrío.

Porque el amor correspondido y el de foto pueden ser o no bonitos. Pero ver a todo un mundo sentir es maravilloso.

Inconexo desconectado

Me siento desconectado. ¿O tal vez me sienta inconexo?

No sé cómo pronunciar esta sensación de volver a las teclas tras más de quince días sin usar un ordenador por puro ocio y no echarlo de menos ni por un instante. ¿Estoy desconectado o más bien inconexo?

Para saberlo, tal vez haga falta decir que tampoco he mirado apenas el móvil. Me lo olvido en Modo avión; se me apaga y no me importa, y sí: aunque roce redundancia y oxímoron, no: no lo he echado de menos.

Tengo el Insta desatendido. Pierdo en los Fantasy. A Facebook ya ni le miro porque me recuerda a cuánto lo odié hasta fingir ser su amigo un rato. En algún lugar del WhatsApp que solo he abierto para sonreír dos veces al día, su sombra me observa echándome en cara el rechazo. Pero no: no he echado de menos nada.

Quizás alguien pregunte por la tele… ¿aún queda alguno? Vi un par de pelis el sábado, un capítulo de algo hace nueve días y, vale: ayer y hace una semana, un cacho de OT con mi compañera de piso. Sin embargo… ¿la he echado de menos? ¿Esas tardes de mirarla con mis padres, “evenings” de tenerla de fondo, noches del partido en abierto un lunes o viernes según a Gol le coincida? Nah, lo siento: supongo que estoy inconexo. O desconectado, no sé.

Lo que sí sé es que debe de ser duro. Digo, para aquella gente que vive de la coletilla de que, para los jóvenes, la pantalla es nuestra vida. Ver cómo alguien de esta edad la pierde entre paseos, viajes, trabajos, deporte, cafés, charlas interminables, jam sessions y otros trastornos debe de escocer horrores bajo la nariz retorcida de perenne disgusto.

Pero lo cierto es que sí: aunque a algunos les pueda resultar increíble, la juventud puede vivir tanto o más fuera de nuestros dispositivos. Los jóvenes no estamos muertos, no, y solo a veces de parranda. No es que no sepamos vivir, valorar las cosas, sentirlo todo, sino que sabemos adaptarnos a estar siempre latiendo por algo. Porque —al contrario que ellos, odiadores (que no haters)— sabemos vivir fuera y dentro del mundo tras nuestras pantallas.

En ellas, latimos. Descubrimos. Aprendemos. Crecemos. Escribimos. Ligamos. Fracasamos. Triunfamos. Nos emocionamos.

Y fuera también.

Conectados. Desconectados. Conexos. Inconexos. Desconexos. Inconectados.

Humanos.

3 estrategias del pelota eficaz en redes sociales (y un apunte para la gente honesta)

Ayer comentaba con una amiga lo mal que se me da el tema redes sociales en lo personal, pese a ser un tío con bastante experiencia y formación en el tema. Y es que, para quien aún no lo sepa, una de las bases de las redes sociales es la cara y el hacer la pelota.

No estoy criticando a quien lo hace: es hipócrita y cuñado venir con pancartas de “Odio eterno a los lameculos” cuando nuestra sociedad se lleva moviendo en estos fueros desde tiempos de Poniente y la Tierra Media. Simplemente hay gente que sabe y gente que no. Pelotas inteligentes y halagadores retrasados, como yo mismo.

Analicemos 3 grandes diferencias entre el funcionamiento del pelota exitoso y el fracasado en redes sociales.

Diferentes Pelotas

Receptor y circunstancias del halago

El pelota retrasado halaga cuando ve algo digno de halago y critica cuando tiene confianza con la otra persona o se le pide. Ambas cosas no dependen del número de seguidores o popularidad que el otro tenga. Mal.

El pelota inteligente halaga a quien tiene seguidores y halagos, y lo hace cuando ve que hay algo que halagar o, directamente, es un buen momento. A quien no tiene poder, seguidores o más halagos, como mucho, le da like, aunque el contenido o el motivo de halago le parezca evidente.

muchos likes

Utilidad y cantidad del halago

El pelota retrasado no interviene cuando no puede aportar nada. Normalmente, participa cuando ve que su opinión tiene una utilidad, y una vez la da, suele recibir la respuesta con un MG de “Leído” sin seguir dando coba.

El pelota inteligente, por su parte, comenta por comentar en publicaciones que saben que otros ven. Realiza una labor extensiva (comenta a la mínima y a quien sea sin que le importe su interés en el contenido o su calidad), normalmente con comentarios genéricos que poco ofrecen. Además, hay quienes no dudan en introducir spam para recibir visitas. Peticiones de follow, de leer esto —“que tiene mucho que ver”—, y demás familia.

spam en comentarios

El tipo de follow

Fuera de posibles followbacks, el pelota inteligente sigue a popus y a conocidos. Fuera de posibles followbacks, el pelota retrasado sigue a gente cuyo contenido le interesa, con independencia del número de follows o relación.

En el caso del pelota inteligente, los conocidos facilitan la inclusión en conversaciones en las que participen y la obtención de MG. Comentarios, menciones y demás pasan pues a sucederse, con el considerable crecimiento y acercamiento a cuentas de más seguidores. El que se mueve con gente con muchos followers vuelve exponenciales sus apariciones en muros y tweetlines de otros —lo que en marketing digital llamamos impresiones—, multiplicando la posibilidad de nuevos follows y crecimiento de la cuenta, normalmente apoyada en una sucesión de RT o respectivo “Compartir” según la plataforma que se suceden con frecuencia cada vez menor.

El pelota retrasado, por su parte, comentará mucho menos, se llevará muchos menos MG por la tradicional costumbre de las redes de no dar likes a publicaciones que aún no tienen muchos y perderá seguidores útiles, ya que al seguir a lo que algunos llaman “pocosfollowers”, con mucha menor participación, producción de contenido e interacción que el público objetivo del pelota inteligente.

patos follow

En resumen: 3 consejos para un pelota eficaz

  • Sigue a tus conocidos y a las cuentas populares, para poder hacer comentarios cuñados sobre ellas y los trending topic y llevarte RT y “Compartir” varios.
  • No pierdas el tiempo con cosas que te interesen y tengan poca repercusión. Ya lo harás cuando seas popular y retuiteen cualquier cosa por este hecho, dejándote además como bohemio o alternativo.
  • No te mates en hacer un halago útil. Puede llegar más a la otra persona, pero en general no llegan a ella si tiene bastantes followers y el comentario cuñado público hace que muchas más lo apoyen, generándote followers en torno a esa persona que te acercarán más a que pueda llegar a leerte en algún momento.

Apunte para la gente honesta

Gracias.

Por ser honestos con vuestros sentimientos. Por creer en la calidad del contenido por encima del envoltorio de los followers. Por los comentarios que no os van a dar follows útiles pero si hacer recibir sonrisas sinceras.

Gracias por trabajar con ilusión en un mundo de trepas y deshonestos. Gracias por inspirar historias de superación desde la pureza de comportamiento. Por ser grandes desde lo pequeño. Por creer en la gente que no cree en nada.

Seguramente no tengáis, no tengamos, seguidores acordes a nuestro contenido. Nuestro nombre no sea reconocido y nuestros actos reputados.

Pero, joder, qué orgulloso me hacéis sentir.

Cambiéis, cambiemos o no; crezcáis, crezcan nuestras cuentas o no, gracias por ello.

respect

El mundo está hecho una mierda

Odio los cuñadeos con toda mi alma, pero el mundo está hecho una mierda.

mi-was

La mitad asentiréis con la cabeza. Mala señal. Buena parte diréis que esto lleva así desde siempre. No sé yo.

Hace unos años, se invadía Iraq en la procura de unas armas nucleares que no existían, al parecer. A día de hoy, el Kim Jong Un de los cojones hace pruebas con misiles de largo alcance y bombas de hidrógeno cada dos semanas. De aquellas, Estados Unidos, la potencia más grande del mundo de boquilla, tenía como presidente a un burro. Ahora tiene a un populista hijo del ser natural y decir lo que uno piensa aunque se sea un burro. Uno de esos que en las pelis de acción de los 90 está deseando apretar el botón rojo para destrozar el país enemigo y defender las barras y estrellas. Aunque la mitad de ellas acaben rotas, recubiertas de cenizas y sangre.

En Europa, en el siglo XXI, asesinos con banderas religiosas atraviesan calles plagadas de peatones buscando acabar con el mayor número de vidas occidentales posibles, en supuesta respuesta a que compatriotas de occidentales estén acabando con suyas en Oriente medio. Luego se suicidan o los matan a tiros.

En determinado momento, quedamos en que los asesinos tenían que acabar encerrados por lustros, en el olvido, penando. Pero bueno, es que el mundo está hecho una mierda.

txapote y amaia asesinos miguel angel blanco

Amaia y Txapote, asesinos, en uno de sus tantos juicios

Pongamos que en un país democrático se programa un acto multitudinario que va contra la Ley. Cualquiera, desde el punto de vista externo pensaría “ese acto no se va a producir”. ¿Y cómo se detendría? Pues con los instrumentos del país para evitar y sancionar la ilegalidad. Como mucho, a alguno se le ocurriría decir que habría que meditar cambiar la Ley, cosa que ya se ha hecho y por mayoría desechado, en cuyo caso habría que hacerlo.

Sin embargo, estamos a cinco de septiembre y aquí, dentro de unas semanas, hay un acto ilegal según las leyes, programado desde hace meses y que se va a hacer de todos modos. No malinterpretéis mi posición como en contra o a favor —eso queda para mí y solo para mí—, pero desde la situación teórica, cabría esperar que los “instrumentos de la Ley” lo evitasen. No va a pasar.

Ayer, un conductor atropellaba sin concierto a varias personas en una terraza en Huelva. Era un gilipollas huyendo con media familia de una disputa con otra.

Hace unos años, un par, pasa esto y la gente llamaba a la Policía y se le acorralaba más o menos para que no huyese. A este casi lo linchan, dándolo por terrorista del DAESH. Ahora no pensamos, simplemente, actuamos. Nos tomamos la justicia por la mano, erigidos en acusación, jueces y verdugos, omniscientes, sabelotodo.

En otro caso teórico y archiconocido por la opinión pública de mi país, una sentencia obligaba a un progenitor a devolver al otro unos niños por habérsele otorgado la custodia. El primer progenitor huye con los chavales y se esconde durante semanas para evitar el que el otro se haga con lo que la Ley le concede. Mucha gente sabe perfectamente dónde están los niños, pero se calla. Los cuerpos del orden no consiguen encontrarlos y dárselos al progenitor legítimo. Finalmente, al borde de expirar el plazo para una sanción más grave, el primer progenitor los entrega sin mayores perjuicios y el otro se los lleva, para indignación del público general. Contra el legítimo custodio.

Y es que este hombre, el padre, tiene una condena por maltrato de su mujer, la madre, 8 años atrás, habiendo tenido su segundo hijo juntos 4 años después, con mutuo consentimiento. Quien quiera más datos del caso Juana Rivas tiene suficiente información para contrastar en la red; como en el otro, mi opinión subjetiva me la guardo para mí mismo. Lo que importa para decir que el mundo está hecho mierda es que para la Ley hay situaciones no relevantes que para el público de televisión, radio e internet tienen una importancia suma.

Ah, y por supuesto…

es que nadie piensa en los niños

Me encanta cómo todos miran al oso camuflado

Ya llegado a este punto, creo que es fácil ver que lo que está ocurriendo a día de hoy de forma exagerada es que la Justicia que hemos creado con miles de juicios, jurisprudencias y expertos en casos pasados no se parece en nada a la de la opinión pública externa y con datos sacados de internet y noticiarios, cuyo poder es cada día mayor.

Durante milenios, se reivindicó la figura de una justicia imparcial, mientras que ahora la justicia la hace el medio de comunicación. Un medio de comunicación que se mueve por la audiencia. Gente que lo ve desde fuera y que se mueve por oír lo que quiere oír. Cadena de realidades que difícilmente oscurece la de que el material de los medios y las redes ofrecen está intentando imponerse a las pruebas y declaraciones de un juicio imparcial sin condicionantes sociales.

¿Y qué ocurre entonces?

Ocurre que en vez de diálogo tenemos guerras. En vez de democracia tenemos hacer lo que nos salga. Tenemos lo de tomarse la justicia por su mano como un acto perfectamente cabal y libre de castigo. Tenemos una corrupción omnipresente. Miles de muertes en las propias casas al año por gente que luego se suicida sin penar. Linchamientos sociales por cosas que no se han hecho. Tenemos ataques indiscriminados a la justicia general sin condena, y ataques mínimos que no hacen daño a nadie castigados con cárcel o sumas económicas astronómicas para el bolsillo de quien sí cree en la justicia de balanza y venda en los ojos.

Ocurre que Estados Unidos y Corea del Norte iniciarán guerra, y que Occidente y el DAESH seguirán matándose, porque la única manera que nos han dejado para solucionar conflictos es la muerte de quienes van en contra.

Qué locura. Qué imbéciles. Pero es que— en este mundo en que ni el dinero, ni la cárcel, ni el alejamiento, ni ninguna de las medidas que se toman por la justicia parecen importar a algunos— parece que la única solución que hay es la muerte. Acabar con el pensamiento de raíz. Matar a quien se sale de la norma, porque no se encuentran recursos para parar a quienes no creen en valores como la equidad o la democracia. Cada día más.

Es por eso que el mundo está hecho una mierda. Porque, si los únicos modos para respetar estos valores son ser tolerante con las injusticias o acabar con quien las practica, en la actualidad, somos una auténtica vergüenza.