Inconexo desconectado

Me siento desconectado. ¿O tal vez me sienta inconexo?

No sé cómo pronunciar esta sensación de volver a las teclas tras más de quince días sin usar un ordenador por puro ocio y no echarlo de menos ni por un instante. ¿Estoy desconectado o más bien inconexo?

Para saberlo, tal vez haga falta decir que tampoco he mirado apenas el móvil. Me lo olvido en Modo avión; se me apaga y no me importa, y sí: aunque roce redundancia y oxímoron, no: no lo he echado de menos.

Tengo el Insta desatendido. Pierdo en los Fantasy. A Facebook ya ni le miro porque me recuerda a cuánto lo odié hasta fingir ser su amigo un rato. En algún lugar del WhatsApp que solo he abierto para sonreír dos veces al día, su sombra me observa echándome en cara el rechazo. Pero no: no he echado de menos nada.

Quizás alguien pregunte por la tele… ¿aún queda alguno? Vi un par de pelis el sábado, un capítulo de algo hace nueve días y, vale: ayer y hace una semana, un cacho de OT con mi compañera de piso. Sin embargo… ¿la he echado de menos? ¿Esas tardes de mirarla con mis padres, “evenings” de tenerla de fondo, noches del partido en abierto un lunes o viernes según a Gol le coincida? Nah, lo siento: supongo que estoy inconexo. O desconectado, no sé.

Lo que sí sé es que debe de ser duro. Digo, para aquella gente que vive de la coletilla de que, para los jóvenes, la pantalla es nuestra vida. Ver cómo alguien de esta edad la pierde entre paseos, viajes, trabajos, deporte, cafés, charlas interminables, jam sessions y otros trastornos debe de escocer horrores bajo la nariz retorcida de perenne disgusto.

Pero lo cierto es que sí: aunque a algunos les pueda resultar increíble, la juventud puede vivir tanto o más fuera de nuestros dispositivos. Los jóvenes no estamos muertos, no, y solo a veces de parranda. No es que no sepamos vivir, valorar las cosas, sentirlo todo, sino que sabemos adaptarnos a estar siempre latiendo por algo. Porque —al contrario que ellos, odiadores (que no haters)— sabemos vivir fuera y dentro del mundo tras nuestras pantallas.

En ellas, latimos. Descubrimos. Aprendemos. Crecemos. Escribimos. Ligamos. Fracasamos. Triunfamos. Nos emocionamos.

Y fuera también.

Conectados. Desconectados. Conexos. Inconexos. Desconexos. Inconectados.

Humanos.

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Ignorante

Creo que ha llegado el momento de ser sincero. O al menos —ya que sincero he intentado serlo siempre— de mostrar una pizca del agujero que en realidad llevan las entradas de este blog. Estáis ante un ignorante.

Durante todos estos años, me he esforzado en transmitir algo de lo que llevo dentro. Mucha gente ha confiado en mis palabras; mucha, me ha hecho llegar buenas apreciaciones con respecto a mi trabajo en estas páginas digitales; mucha (porque con que hubiese sido una persona sería ya mucha gente) me ha dado las gracias por haber escrito algo que le ha ayudado en determinado momento. Me hace muy feliz haber vivido cada una de estas pequeñas situaciones. Alguna especialmente la recordaré durante muchos años.

Sin embargo, hoy me gustaría decir a aquellos que confiaron en mí en algún momento, que no se dejen llevar al engaño de creer que lo que digo se graba en piedra, porque lo que ante vosotros tenéis delante no es otra cosa sino un perfecto ignorante.

A lo largo del tiempo aquí, he hablado de temas en los que no me he formado en ninguna clase certificada. He teorizado sobre realidades sin tener un corpus académico que avale mis apreciaciones. He comentado situaciones sin leerme antes amplia bibliografía del tema y he hecho sentir a quien confió en mi palabra que ciertas percepciones son poco menos que verdad absoluta, cuando en realidad no soy más que un chico en una habitación, abriendo su mente corta de omnisciencia a un público al que no veo la cara. Un ignorante.

Alguien que normalmente prefiere emocionarse con una novela de ficción a leerse un tratado de economía primermundista. Alguien que elige irse a dar un paseo por su ciudad a solas a ver la serie que por cultura general debería conocer de cabo a rabo. Alguien que se sienta en el sofá junto a sus padres o escucha a amigos y colegas por las noches en lugar de informarse de las cosas de las que al día siguiente va a hablar en el blog con su nombre. Transmitiendo su ignorancia a todos los que —al día, a la semana siguiente, cuando quiera que lean ese post perdido entre la maraña de internet— confían en su palabra.

Es por eso que hoy quiero no pedir perdón a todas aquellas personas que en algún momento habéis creído en mí y lo que aquí os he dicho, sino reconocer ante vosotros una verdad que tal vez un día di por hecha que sabíais y desde entonces ya siempre olvidé recordar aquí: soy un ignorante.

Y sí, a veces me esfuerzo por crecer. Sí, a veces, tal vez suena la flauta y resulto dar en el clavo con mi maza de falta de verdad del tamaño del Empire State. Sí que es verdad que soy alguien que a menudo encuentra gente que sabe más que él e intenta aprender un poco porque es un ignorante. Sí que soy una persona que escucha la opinión distinta, sí alguien que quiere ser mejor alguien.

Pero, ay: quien lee esto tiene que saber que soy un ignorante.

Cuando queráis o quieras verdades, vete a una biblioteca técnica. Léete tesis doctorales. Busca datos recopilados por organismos oficiales. Haz másters, cítate con condecorados estudiosos del tema.

Aquí no vas a encontrar verdades absolutas. Seguramente, nunca incluya un listado de bibliografía ni unos resultados de investigación en mil personas. Mi experiencia no es ley: todo lo que he vivido no es más que una individualidad que para nada debe ser extrapolable a algo más que entretenerse o sacar una sonrisa momentánea. No, no me hagas caso si digo algo, porque no soy nadie para que se me haga caso: soy solo una persona, en un mundo muy grande en que la verdad la hacen las masas, no los individuos que podemos tener corazón, sentimientos, experiencias, vidas y sueños, pero al parecer no verdad.

No creas en mí nunca, porque mi ignorancia te hará peor y acabarás como yo, ignorante.

Eso sí, que sepas que estaré aquí. Y que, si en mi mano está, seguiré intentando que mi vida no muera, que mis experiencias no se pierdan, que lo que soy se quede un poquito más aunque sea por puro egoísmo y ganas de emocionar.

Puede que yo nunca tenga la verdad, pero sí tengo emoción.

Y yo creo que la emoción es algo que no se puede robar. Ya sabes: soy un ignorante.

Bienpensados (y lobos de menos dientes)

“Piensa mal y acertarás” y fallas. Puf…

Confiar o no supone uno de los grandes dilemas humanos en cuanto a felicidad en colectivo. El egoísmo típico del ser humano en la práctica totalidad de sus etapas nos ha llevado a estar caracterizados por la desconfianza. La autoprotección y conservación nos invitan a no fiarnos de quien nos rodea.

“No hables con desconocidos”, “Desconfía de quien no tiene nada de malo”, “El hombre es un lobo para el hombre”, pero… ¿no es parte del alimento de ese lobo la propia desconfianza?

El proceso es cíclico: quieres confiar en alguien, te defrauda, te pones la coraza y dejas de hacerlo; cuando no lo haces, generas desconfianza. Y ahí nos quedamos solos.

Aunque suene mal, todo el mundo parece estar encantado con esta propuesta. Lejos del daño de ser defraudado, el que solo te fíes de grupos pequeños parece un precio de lo más asumible. “Solo puedes fiarte de la familia”. “Los amigos de verdad se cuentan con los dedos de la mano”.

Y, sin embargo, te encuentras con que hasta esa gente inesperada te defrauda. Muchas veces, tu mente lo oculta (“Son cosas suyas”, “Es que es así”) pero la realidad es que el golpe no suele ser inferior que el que supone el que te pueda dar un desconocido o alguien de quien nunca te has fiado. Al fin y al cabo, si alguien nuevo llega a tu vida… ¿qué daño te puede hacer? ¿Es que acaso tenías pensado darle tus ahorros? ¿Llevarlo a tus cenas familiares? ¿Ponerlo en tu testamento? Muchas veces nos ponemos los escudos contra amenazas que tienen de esto lo que una Wii en medio del Ártico.

Y he ahí que, especialmente en relaciones mantenidas en el tiempo, generamos una serie de circunstancias cuya utilidad es cuanto menos discutible:

  • Tenemos una amenaza más. El nuevo agente del que dudar en nuestro entorno es un potencial enemigo con el que tenemos que estar alerta, siendo en la mayor parte de casos una falsa alarma y una completa pérdida de tiempo.
  • Generamos un entorno hostil. La desconfianza suele hacer incómodo compartir espacio. En muchos casos esta situación es patética, porque precisamente el buen ambiente repercute en el contento mutuo, así como el pensar mal irrita y vuelve el compartir localización de forma obligada una tortura.
  • No crecemos. Esto es típico del ser humano, muy de la popular teoría de la zona de confort. El ser humano busca el “virgencita, que me quede como estoy” instintivamente, de ahí que quede al gusto de cada uno el considerar como bueno o malo el no aprender cosas de quien está al lado, lo cual se da mucho menos cuando no te fías de él.
  • El acierto o el error.

El acierto y el error

Este es un dilema muy típico a la hora de analizar qué supone confiar en alguien o no. En un tremendo despliegue de recursos técnicos, he elaborado la siguiente tabla:

Acierto Fallo
Confiar Alegría Decepción
Desconfiar Satisfacción Hecatombe
  • Cuando se confía en alguien y esta confianza es devuelta con la sensación de que ha valido la pena, los resultados suelen incluir buen rollo, contento y amenazas que desaparecen, entre otros.
  • Cuando se confía en alguien y la otra persona resulta no ser digna de tal, el resultado suele ser la decepción. Hasta entonces, nuestro personaje habrá experimentado la falta de alarma y de sensación de incomodidad, y tras la decepción tendrá o bien rotura de relación o bien desconfianza y rencor hacia esa persona. Que más o menos es lo que tendría si desconfiase de ella en el primer momento.
  • Cuando se desconfía y el otro resulta acabar dando motivos para ello, se obtiene una satisfacción oscura, un “lo sabía”. Hasta que eso ocurre (y también después) se mantiene el estado de alarma y peligro, el ambiente está enrarecido desde un primer momento y parece estarse buscando siempre el punto débil para poder llegar al citado “lo sabía”.
  • Cuando se desconfía de alguien y luego resulta que descubres que era una buena persona, es un golpazo. Por eso muchas veces, el cuerpo se resiste a aceptarlo hasta que el otro deja el grupo o ambiente sin haber ocasionado nada que mereciese tal desconfianza. Durante todo el tiempo hasta entonces, quien desconfía tendrá el estado de alarma y el menor grado de buen ambiente, para posteriormente llegar a la sensación, con la partida, de que no valió la pena.

Conclusiones de un bienpensado

Ninguna de las posturas es mejor que otra de por sí.

Habrá gente que valore más su inmovilidad a cambio de ciertas dosis de alerta e incomodidad a cambio de no llevarse una decepción momentánea en algún momento, mientras que estará quien prefiera arriesgarse a esta, estar jodido unos cuantos días y haber estado un mucho mayor porcentaje de tiempo en un buen entorno, sin la mosca detrás de la oreja para poder decir “te lo dije” con una sonrisa de quien pone por delante de estar a gusto el llevar la razón.

Lo que sí quiero defender como bienpensado es que entre los mayores arrepentimientos que a alguien justo da la vida están esas veces en que coges tirria a alguien por la desconfianza y luego resulta que era buena gente. Ahí sí que no te queda otra que tirar de coraza. De mentirte, de decirte a ti mismo que había motivos, que “bueno, quién sabe” y demás familia. Porque cuando eso pasa y te estrellas con la realidad de que has estado jodido y jodiendo por ser un desconfiado de mierda, cuando podías haber tenido mil buenos ratos de buena gente, solo te queda mentirte para no mirarte al espejo sin ver que te has equivocado.

El hombre es un lobo para el hombre, sí, pero la generalización también. Aunque tenga menos dientes.

3 estrategias del pelota eficaz en redes sociales (y un apunte para la gente honesta)

Ayer comentaba con una amiga lo mal que se me da el tema redes sociales en lo personal, pese a ser un tío con bastante experiencia y formación en el tema. Y es que, para quien aún no lo sepa, una de las bases de las redes sociales es la cara y el hacer la pelota.

No estoy criticando a quien lo hace: es hipócrita y cuñado venir con pancartas de “Odio eterno a los lameculos” cuando nuestra sociedad se lleva moviendo en estos fueros desde tiempos de Poniente y la Tierra Media. Simplemente hay gente que sabe y gente que no. Pelotas inteligentes y halagadores retrasados, como yo mismo.

Analicemos 3 grandes diferencias entre el funcionamiento del pelota exitoso y el fracasado en redes sociales.

Diferentes Pelotas

Receptor y circunstancias del halago

El pelota retrasado halaga cuando ve algo digno de halago y critica cuando tiene confianza con la otra persona o se le pide. Ambas cosas no dependen del número de seguidores o popularidad que el otro tenga. Mal.

El pelota inteligente halaga a quien tiene seguidores y halagos, y lo hace cuando ve que hay algo que halagar o, directamente, es un buen momento. A quien no tiene poder, seguidores o más halagos, como mucho, le da like, aunque el contenido o el motivo de halago le parezca evidente.

muchos likes

Utilidad y cantidad del halago

El pelota retrasado no interviene cuando no puede aportar nada. Normalmente, participa cuando ve que su opinión tiene una utilidad, y una vez la da, suele recibir la respuesta con un MG de “Leído” sin seguir dando coba.

El pelota inteligente, por su parte, comenta por comentar en publicaciones que saben que otros ven. Realiza una labor extensiva (comenta a la mínima y a quien sea sin que le importe su interés en el contenido o su calidad), normalmente con comentarios genéricos que poco ofrecen. Además, hay quienes no dudan en introducir spam para recibir visitas. Peticiones de follow, de leer esto —“que tiene mucho que ver”—, y demás familia.

spam en comentarios

El tipo de follow

Fuera de posibles followbacks, el pelota inteligente sigue a popus y a conocidos. Fuera de posibles followbacks, el pelota retrasado sigue a gente cuyo contenido le interesa, con independencia del número de follows o relación.

En el caso del pelota inteligente, los conocidos facilitan la inclusión en conversaciones en las que participen y la obtención de MG. Comentarios, menciones y demás pasan pues a sucederse, con el considerable crecimiento y acercamiento a cuentas de más seguidores. El que se mueve con gente con muchos followers vuelve exponenciales sus apariciones en muros y tweetlines de otros —lo que en marketing digital llamamos impresiones—, multiplicando la posibilidad de nuevos follows y crecimiento de la cuenta, normalmente apoyada en una sucesión de RT o respectivo “Compartir” según la plataforma que se suceden con frecuencia cada vez menor.

El pelota retrasado, por su parte, comentará mucho menos, se llevará muchos menos MG por la tradicional costumbre de las redes de no dar likes a publicaciones que aún no tienen muchos y perderá seguidores útiles, ya que al seguir a lo que algunos llaman “pocosfollowers”, con mucha menor participación, producción de contenido e interacción que el público objetivo del pelota inteligente.

patos follow

En resumen: 3 consejos para un pelota eficaz

  • Sigue a tus conocidos y a las cuentas populares, para poder hacer comentarios cuñados sobre ellas y los trending topic y llevarte RT y “Compartir” varios.
  • No pierdas el tiempo con cosas que te interesen y tengan poca repercusión. Ya lo harás cuando seas popular y retuiteen cualquier cosa por este hecho, dejándote además como bohemio o alternativo.
  • No te mates en hacer un halago útil. Puede llegar más a la otra persona, pero en general no llegan a ella si tiene bastantes followers y el comentario cuñado público hace que muchas más lo apoyen, generándote followers en torno a esa persona que te acercarán más a que pueda llegar a leerte en algún momento.

Apunte para la gente honesta

Gracias.

Por ser honestos con vuestros sentimientos. Por creer en la calidad del contenido por encima del envoltorio de los followers. Por los comentarios que no os van a dar follows útiles pero si hacer recibir sonrisas sinceras.

Gracias por trabajar con ilusión en un mundo de trepas y deshonestos. Gracias por inspirar historias de superación desde la pureza de comportamiento. Por ser grandes desde lo pequeño. Por creer en la gente que no cree en nada.

Seguramente no tengáis, no tengamos, seguidores acordes a nuestro contenido. Nuestro nombre no sea reconocido y nuestros actos reputados.

Pero, joder, qué orgulloso me hacéis sentir.

Cambiéis, cambiemos o no; crezcáis, crezcan nuestras cuentas o no, gracias por ello.

respect

El conflicto y la determinación de prioridades (Caso referéndum independencia Cataluña)

Seamos breves y vayamos al grano. La siguiente exposición es tan sencilla de entender que no es necesario más que prestar un mínimo de atención y no estar razonando cómo contestar. No hay mucho que contestar: esto es un post, no una conversación, y dado que nadie comenta nunca, no veo por qué ahora vas a estar pensando una posible respuesta.

Cuando dos personas están enfrentadas es, normalmente, porque tienen intereses distintos. Parecido a lo que dijimos en el post sobre la ruptura de principios a la hora de hablar de personas cuyos valores chocan, entre las estrategias más comunes en estos casos están la huida, el “habla cucurucho que no te escucho”, la rotura de relación, el enfrentamiento hasta someter al otro o lo que entonces llamamos “traducción” (adaptar momentáneamente algún principio por ser más importantes otros).

La base de elección de un método u otro es el fijar prioridades.

Por ejemplo, si dos niños en el parque se pelean y al día siguiente juegan juntos ante la estupefacción de sus padres es porque dan prioridad a la diversión (su objetivo) frente al rencor. En el caso que veíamos en el otro post, el personaje protagonista del ejemplo tenía que romper, frustrarse o mentir para solucionar su problema con su pareja, teniendo que elegir (respectivamente) dar prioridad a ser sincero, la felicidad de su pareja a cambio de la suya o sus ganas de descubrir cosas nuevas.

Parece simplista, pero —por lo general— la vida funciona así, y cuando nos encontramos con esa confrontación de opiniones el desenlace es tan simple como que las partes tomen unas prioridades.

Ejemplo de hoy: crisis del referéndum sobre la independencia de Cataluña

El ejemplo ineludible a día de hoy es la situación política en la confrontación entre los gobiernos español y catalán en torno a la independencia de la nación histórica al noreste de la península ibérica.

El gobierno catalán anuncia un referéndum para que los ciudadanos voten si su comunidad se va del país ibérico o no, votación fuera de los cauces legales de España. La Fiscalía de este país decide tomar medidas contra la multitudinaria ilegalidad según su Constitución, mientras que el Govern prosigue con ella, bajo la premisa de que una votación democrática no puede ser ilegal. Todo esto termina con numerosos enfrentamientos entre algunos de quienes acuden a votar y algunos de quienes por ley están obligados a impedirlo, generando un fuerte odio entre partidarios de la legalidad y de la votación, de nacionalistas catalanes y “nacionalistas españoles”, y otros tantos bandos, bajo la atenta mirada de unos medios frotándose las manos ante los aumentos de audiencia en horas bajas, unos partidos políticos secundarios inútiles e inutilizados y numerosos ciudadanos sin bando, viendo con preocupación las cargas policiales a defensores de la votación y los sillazos a agentes enviados a evitarla.

Aplicación del supuesto

Según lo visto arriba, lo que tenemos podría ser simplificado cual ecuación, teniendo en cuenta que los que pueden poner fin a esta situación son, principalmente, dos entes: el gobierno español y Govern catalán.

Así pues, ¿cuáles están siendo las prioridades de cada uno?

La del Gobierno español, la legalidad por encima del bienestar del ciudadano.

La del Govern catalán, la votación por encima del bienestar del ciudadano.

¿Queréis más?

La prioridad de los medios, la audiencia. La prioridad de los demás partidos, el ganar votos. La prioridad de los ciudadanos no polarizados tras uno de los otros entes, el bienestar ciudadano, en general.

Qué diferente todo, ¡cuántos intereses!, diréis algunos.

Pero la realidad es que todos los miembros de este puzle, en alguna parte de sus seres, tienen entre sus objetivos uno común. Sí, sí: Govern, Gobierno, otros partidos, medios y ciudadanía general tienen un objetivo común.

El bienestar de la ciudadanía.

Y no, no nos riamos de la formulación ni nos tapemos los ojos con vendas de que los que no nos caen bien no lo quieren. A cualquiera de los dos gobiernos les interesa que se esté bien para que se les siga votando; a los medios les interesa, porque a más bienestar social, más consumo y más publicidad que los finanza; y a la gente sin más, ¿acaso no le va a interesar estar bien?

Así pues, ¿por qué narices no se prioriza el mínimo común múltiplo de toda esta pamplina y a partir de ahí se llega a un entendimiento? ¿Por qué, cuando se está viendo nítidamente que hasta que esto ocurra no va a haber solución caída del cielo?

Que cada uno saque sus propias conclusiones. Pero, por favor: no seáis idiotas y priorizad el que la gente esté bien y no el atacar a los demás. Ya hay de sobra quien lo haga.

Inacción y mentiras o Lo intolerable según Genovese

Uno de los casos más conocidos en cuanto a lo inhumano del comportamiento social es el asesinato de Kitty Genovese en 1964. Centrémonos en la principal versión generalista del caso práctico.

La joven Catherine Genovese regresa a su casa en Queens, Nueva York, cuando un hombre la asedia y apuñala en plena calle. Según la historia popular, entre 37 y 38 personas permanecen sin prestar auxilio a la joven, que agoniza durante una media hora hasta su fallecimiento. La sociedad neoyorquina queda horrorizada y fascinada al descubrir el caso en la portada del New York Times:

asesinato kitty genovese times

Según el artículo, podría haber sido atacada hasta en tres ocasiones distintas

El caso Genovese es interesante por muchas razones. Por duración y conclusiones, hoy analizaremos dos de las que mayor interés han despertado hasta ahora: la inacción individual en lo grupal y cómo la realidad se ha deformado para favorecer otros intereses.

La otra realidad

Pese a que en la actualidad las encontramos con demasiada frecuencia, situaciones como la de la muerte de Kitty parecen increíbles. De hecho, y pese a que es por muchos considerado como un emblema, no es el más verídico. Como viene siendo habitual, la distancia temporal, el boca a boca y la prensa moldearon la realidad según convenía para dar lugar a una estampa sencilla y digna de polémica generalista.

kitty genovese 37

El efecto más interesante seguramente sea el de cómo la prensa ha hecho lo que le ha dado la gana para atraer la atención del lector. A día de hoy uno de los métodos más habituales para atraer atención es el uso de números en titulares (7 razones del mal periodismo, 8 perfiles oscuros típicos del gestor de contactos). Según parece, el llamado clickbait ya estaba ahí de aquellas.

El comercial periodista se encargó de llamar la atención poniendo un número, aun no estando este demasiado fundado. Como puede verse en la imagen, incluso varía en el propio artículo de 37 en el titular a 38 en las primeras líneas del cuerpo. El número real, la realidad, daba igual. Varios testimonios de la época hablan de que se llamó a la policía. Otros de que alguien llamado Sophia Farrar salió en su auxilio. Pero esto daba igual, porque el señor Gansberg haría llegar a la opinión pública una historia atractiva que conmovió y conmocionó a la sociedad americana y mundial a posteriori, volviéndose un caso de estudio que aún a día de hoy protagoniza documentales, noticias o post como este. Incluso al caso se le considera como uno de los orígenes de la activación del 911. En ningún caso una versión más verídica hubiera supuesto mayor incidencia en las crónicas de una ciudad con una de las tasas de delincuencia más altas del mundo.

Una de las conclusiones que podemos sacar del caso Kitty Genovese es, pues, el hecho de que para gente desconocida, la realidad es mucho menos importante, relevante e inspiradora que el relato que se crea de ella. De hecho, la prensa, aparente defensora de la verdad, lleva condicionándola para el interés de su público desde su nacimiento.

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La inacción

La razón más importante de la popularidad del caso Genovese es sin embargo —y como no puede ser de otra manera— el haber servido inspiración para multitud de estudios acerca del comportamiento individual en grupos. El titular, bastante claro: en lo colectivo se toleran cosas poco menos que inconcebibles en lo individual. Casi inhumanas.

Dado que el tema general está trillado, centrémonos en la particularidad del caso de Genovese, la llamada inacción: que no hagamos lo que nos sentimos obligados a hacer porque hay suficientes personas como para que lo haga otra, o por creer que si no lo está haciendo otra es porque tal vez no sea lo que hay que hacer.

Es como si la presión social aplastase el entendimiento individual, y que cuantas más personas formen el grupo de comportamiento pasivo, más complicado fuese hacer algo.

Si bien es posible que el caso más escandaloso sea, precisamente, el que vivimos en situaciones como la de Genovese —que en persona nos topemos con una situación de vida o muerte y no actuemos— la teoría es fácilmente extensible a otras situaciones menos instantáneas.

Cuando por la calle vemos a alguien pedir, habitualmente no se da, siendo un motivo clásico el pensar lo de que mil personas más pasan y “alguno dará”. También el que aquí, a base de comedores sociales, hospitales y albergues, nadie muera de hambre. Pero la realidad es que si todos hiciésemos lo mismo y esa fuese su única fuente de ingresos, el vagabundo general acabaría muerto de hambre. De hecho, eso es lo que sucede con multitud de familias a las que se nos ofrece prestar colaboración cuando paseamos por las calles del centro y se nos abalanzan jóvenes con carpetas de diferentes ONGs, de las que huimos despavoridos. El debate sobre lo ético o no que es no dar en un mundo superpoblado es otro, claro, pero que hay gente que muere por no colaborar es evidente.

Aún así, hay casos de inacción bastante menos considerados alarmantes y contra los que en multitud de ocasiones no hacemos nada.

  • Maltrato y bullying. Si bien sus características son distintas, la realidad de actuación e inacción es muy similar. Cualquiera que lo presencie o note síntomas (tanto agredido como familiar, como compañero, como amigo) puede denunciarlo, tomándose medidas. Y sin embargo nos encontramos cada cierto tiempo al tonto de turno diciendo que “se veía venir”.
  • Corrupción. Mucho rasgarnos las vestiduras cuando un alto cargo político sale condenado, pero cuando a menudo vemos a gente delinquir o presumir de hacerlo, nos quedamos de brazos cruzados y les ponemos una sonrisita. Ya lo pillará otro.
  • Egoísmo. Nos lamentamos del que solo piensa en sí mismo, pero no tomamos medidas contra quien nos roba derechos en actos que, si nosotros llevásemos adelante, acabarían con nuestra lapidación social. Miramos al de al lado y comentamos con él que “bueno, es así”.
  • Racismo, machismo, misandria, homofobia y otros odios. Muchas veces, la tolerancia con comentarios de este tipo se escudan en pensamientos de que “lo dice de broma, se ríe del estereotipo”. Si no sabemos diferenciar entre humor y odio, somos gilipollas, y si lo diferenciamos y no reaccionamos, despojos humanos.
  • La prensa falsa.

La prensa falsa y no más Genoveses

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Lo que pasa cuando buscas imágenes representativas de prensa falsa y todopoderosa

Yo soy un relatista, y por tanto, cuando trabajo como tal, un mentiroso. Un creador de realidad que no existe. La prensa, sin embargo, tiene que ser honesta, o tiene que reconocer no serlo.

A día de hoy, no se debe consentir un caso Genovese. Ni no salvando a una nueva Kitty, ni mintiendo descaradamente a la población en lo periodístico. Y si ocurre hay que pensar en consecuencias reales.

Hay que atacar a la prensa que se vende fiable y miente. Hay que pensarse el que existan medidas para acabar con la verdad comercial. Una cosa es la libertad de prensa, otra la libertad de engaño. La prensa es libre de mentir, pero el lector tiene que estar en su derecho de saber que pueden estárselo haciendo. Porque de no hacerlo, la prensa está condicionando, engañando y creando mentes a su voluntad sin más perjuicio que amenazas de demanda por perjurio que se saldan con palmaditas en la espalda o cuatro duros de sus bolsillos de magnates de la información y el embuste.

Y hay que tomar medidas con la gente que no hace nada. Con quienes ven morir a Genoveses y no hacen nada. Puede que esté en nuestro ADN, puede que nunca sea condenable en un juicio el que se haya pasado, pero quien ve cómo alguien golpea —roba, siembra odio, roba derechos, maltrata— y no hace nada merece castigo. Porque no será tan culpable, pero es culpable. Aunque solo sea de no hacer nada.

El mundo está hecho una mierda

Odio los cuñadeos con toda mi alma, pero el mundo está hecho una mierda.

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La mitad asentiréis con la cabeza. Mala señal. Buena parte diréis que esto lleva así desde siempre. No sé yo.

Hace unos años, se invadía Iraq en la procura de unas armas nucleares que no existían, al parecer. A día de hoy, el Kim Jong Un de los cojones hace pruebas con misiles de largo alcance y bombas de hidrógeno cada dos semanas. De aquellas, Estados Unidos, la potencia más grande del mundo de boquilla, tenía como presidente a un burro. Ahora tiene a un populista hijo del ser natural y decir lo que uno piensa aunque se sea un burro. Uno de esos que en las pelis de acción de los 90 está deseando apretar el botón rojo para destrozar el país enemigo y defender las barras y estrellas. Aunque la mitad de ellas acaben rotas, recubiertas de cenizas y sangre.

En Europa, en el siglo XXI, asesinos con banderas religiosas atraviesan calles plagadas de peatones buscando acabar con el mayor número de vidas occidentales posibles, en supuesta respuesta a que compatriotas de occidentales estén acabando con suyas en Oriente medio. Luego se suicidan o los matan a tiros.

En determinado momento, quedamos en que los asesinos tenían que acabar encerrados por lustros, en el olvido, penando. Pero bueno, es que el mundo está hecho una mierda.

txapote y amaia asesinos miguel angel blanco

Amaia y Txapote, asesinos, en uno de sus tantos juicios

Pongamos que en un país democrático se programa un acto multitudinario que va contra la Ley. Cualquiera, desde el punto de vista externo pensaría “ese acto no se va a producir”. ¿Y cómo se detendría? Pues con los instrumentos del país para evitar y sancionar la ilegalidad. Como mucho, a alguno se le ocurriría decir que habría que meditar cambiar la Ley, cosa que ya se ha hecho y por mayoría desechado, en cuyo caso habría que hacerlo.

Sin embargo, estamos a cinco de septiembre y aquí, dentro de unas semanas, hay un acto ilegal según las leyes, programado desde hace meses y que se va a hacer de todos modos. No malinterpretéis mi posición como en contra o a favor —eso queda para mí y solo para mí—, pero desde la situación teórica, cabría esperar que los “instrumentos de la Ley” lo evitasen. No va a pasar.

Ayer, un conductor atropellaba sin concierto a varias personas en una terraza en Huelva. Era un gilipollas huyendo con media familia de una disputa con otra.

Hace unos años, un par, pasa esto y la gente llamaba a la Policía y se le acorralaba más o menos para que no huyese. A este casi lo linchan, dándolo por terrorista del DAESH. Ahora no pensamos, simplemente, actuamos. Nos tomamos la justicia por la mano, erigidos en acusación, jueces y verdugos, omniscientes, sabelotodo.

En otro caso teórico y archiconocido por la opinión pública de mi país, una sentencia obligaba a un progenitor a devolver al otro unos niños por habérsele otorgado la custodia. El primer progenitor huye con los chavales y se esconde durante semanas para evitar el que el otro se haga con lo que la Ley le concede. Mucha gente sabe perfectamente dónde están los niños, pero se calla. Los cuerpos del orden no consiguen encontrarlos y dárselos al progenitor legítimo. Finalmente, al borde de expirar el plazo para una sanción más grave, el primer progenitor los entrega sin mayores perjuicios y el otro se los lleva, para indignación del público general. Contra el legítimo custodio.

Y es que este hombre, el padre, tiene una condena por maltrato de su mujer, la madre, 8 años atrás, habiendo tenido su segundo hijo juntos 4 años después, con mutuo consentimiento. Quien quiera más datos del caso Juana Rivas tiene suficiente información para contrastar en la red; como en el otro, mi opinión subjetiva me la guardo para mí mismo. Lo que importa para decir que el mundo está hecho mierda es que para la Ley hay situaciones no relevantes que para el público de televisión, radio e internet tienen una importancia suma.

Ah, y por supuesto…

es que nadie piensa en los niños

Me encanta cómo todos miran al oso camuflado

Ya llegado a este punto, creo que es fácil ver que lo que está ocurriendo a día de hoy de forma exagerada es que la Justicia que hemos creado con miles de juicios, jurisprudencias y expertos en casos pasados no se parece en nada a la de la opinión pública externa y con datos sacados de internet y noticiarios, cuyo poder es cada día mayor.

Durante milenios, se reivindicó la figura de una justicia imparcial, mientras que ahora la justicia la hace el medio de comunicación. Un medio de comunicación que se mueve por la audiencia. Gente que lo ve desde fuera y que se mueve por oír lo que quiere oír. Cadena de realidades que difícilmente oscurece la de que el material de los medios y las redes ofrecen está intentando imponerse a las pruebas y declaraciones de un juicio imparcial sin condicionantes sociales.

¿Y qué ocurre entonces?

Ocurre que en vez de diálogo tenemos guerras. En vez de democracia tenemos hacer lo que nos salga. Tenemos lo de tomarse la justicia por su mano como un acto perfectamente cabal y libre de castigo. Tenemos una corrupción omnipresente. Miles de muertes en las propias casas al año por gente que luego se suicida sin penar. Linchamientos sociales por cosas que no se han hecho. Tenemos ataques indiscriminados a la justicia general sin condena, y ataques mínimos que no hacen daño a nadie castigados con cárcel o sumas económicas astronómicas para el bolsillo de quien sí cree en la justicia de balanza y venda en los ojos.

Ocurre que Estados Unidos y Corea del Norte iniciarán guerra, y que Occidente y el DAESH seguirán matándose, porque la única manera que nos han dejado para solucionar conflictos es la muerte de quienes van en contra.

Qué locura. Qué imbéciles. Pero es que— en este mundo en que ni el dinero, ni la cárcel, ni el alejamiento, ni ninguna de las medidas que se toman por la justicia parecen importar a algunos— parece que la única solución que hay es la muerte. Acabar con el pensamiento de raíz. Matar a quien se sale de la norma, porque no se encuentran recursos para parar a quienes no creen en valores como la equidad o la democracia. Cada día más.

Es por eso que el mundo está hecho una mierda. Porque, si los únicos modos para respetar estos valores son ser tolerante con las injusticias o acabar con quien las practica, en la actualidad, somos una auténtica vergüenza.