Manuel Bartual y el reciclaje del relato corto

La rama creativa de Twitter vive unas de sus semanas más intensas del año con la aparición de un extraordinario fenómeno de público: la inquietante historia de las vacaciones del ilustrador Manuel Bartual. Si bien pondría el hilo para que pudieseis disfrutar de la maravillosa obra antes de avanzar en el post, solo puedo remitiros a su cuenta: tal hilo no existe, solo tuits que avanzan desde el mediodía del 21 de agosto a la pretarde del 26, en la que el esperado desenlace llega.

No sin mi recomendación de disfrutar del extraordinario episodio antes de continuar, analicemos pues —sin abusar de spoilers— algunas de las cosas a trabajar para que el relato corto actual de gran público no se extinga. Y de paso, el éxito de este divertido episodio del internet de nuestros días.

bartual portada

Así empezaba todo

El relato corto de Manuel Bartual luce inmenso por varios elementos que marcan las principales características del entretenimiento de masas actual: se basa en lo hiperbreve, es fácilmente viralizable, tiene componente audiovisual, es interactivo, no de único momento y generalista.

Hiperbrevedad

Si bien no consideraría a Twitter en su mejor momento histórico, una vez que las ovejas se han comido a los lobos no vendidos al público impersonal, el modelo de texto hiperbreve es todo un emblema de la sociedad de esta década, siendo el hilo —esa serie de tuits encadenados a base de articularlos como respuesta— el principal elemento a tener en cuenta en este momento.

Como si de un buen cliffhanger se tratase, el hilo favorece la continuación. Si bien el texto de Manuel Bartual no lo es como tal y podría ocupar unos cuantos folios de Word, el hecho de que esté tan acotado en digeribles 140 caracteres hace que para quien cree imposible tragarse su duración real sea ameno hacerlo.

En otras palabras, los que ven una locura leerse un relato corto de diez, quince páginas, se lo están engullendo a dos carrillos.

Viralidad y compartibilidad

Si bien la viralidad tiene un cierto componente de lotería, lo exponencial del modelo Twitter facilita las cosas. Antiguamente, necesitabas estar en el muro en ese momento para ver el RT, pero la nueva distribución de los contenidos de este por popularidad y supuestos intereses del tuitero, sumada al que en dispositivo móvil tengas una notificación conque apenas dos o tres de tus seguidores den MG a una determinada publicación, hace que un tuit eficaz sea fácilmente viralizado.

Tema aparte sería el tipo de seguidores que tejen los mimbres. Dice el diario El Mundo en una reciente entrevista a Bartual que tenía “solo 16000 seguidores” antes de este fenómeno como si fuese nada, pero lo que está perfectamente demostrado es que a la gente le duele mucho más dar un RT a alguien con cien seguidores que a alguien con cien mil. Y si no, solo hay que pensar en el porcentaje de gente que vais a emegear o compartir este post aunque os haya gustado.

Audiovisualidad

No escribiré un ensayo acerca de lo audiovisual que está el mundo del entretenimiento, más que nada porque seguramente la interactividad ya lo haya destronado como principal característica en este momento. Sin embargo, el haber introducido vídeos e imágenes para favorecer al lector profano de la literatura el meterse en la historia es clave para la plenitud de su eficacia.

Siempre he creído que en épocas de plenitud de ocio y tiempo libre la imaginación vive sus épocas doradas. Sin embargo, Twitter, lleno de gente con horas y horas de tiempo en la nada dedicadas a ver si pueden encontrar una grieta en el discurso de alguien para hacer sangre, parece no tener suficiente imaginación como para que entre los 10 contenidos más emegeados del relato de Bartual no estén los que llevan una imagen o vídeo. El público oveja no tiene nivel para caer en la suspensión de la incredulidad sin contenido audiovisual, y Bartual lo consigue sin dificultad alguna dándoles lo que quieren. Precisamente lo que está condenando a la literatura tradicional en la actualidad.

Interactividad

En algún momento del tiempo, las personas hacíamos lo que le gustaba en cuanto a ocio. Ahora, eso queda relegado a momentos en los que no haya nadie que pueda saberlo, poniendo nuestro Spotify en sesión privada para que nadie sepa que en realidad ese tipo de música nos gusta.

Me atrevería a decir que, a día de hoy, el 80 por ciento del ocio no es por motivación personal, sino por poder comentarlo con alguien. Hace cuatro años, en mi TFM, comentaba que el entretenimiento ha pasado a tener dos partes claves y de importancia clave en general: el contenido y lo que se comenta del contenido. Que, en sí, es interacción.

Se nos ha metido en la cabeza que es casi obligación comentar lo que nos parece. La gente sigue series para poder comentarlas con los colegas. Si vemos una peli, hay que valorarla en Filmaffinity, poner un tweet o decirle a alguien en WhatsApp que la acabamos de ver casi por obligación, cuando antiguamente el ocio de este tipo solía ser bastante individual.

En el Caso Bartual, parte de su publicidad se gesta en lo comentable que era en su proceso, en esa interacción perfectamente prevista con los que lo hacían, en el que la gente apareciese por todos lados hablando de ello. Y al final, es lo de siempre, el ser humano, quiera o no, lleva dentro ese espíritu de querer estar enterado de lo que todo el mundo habla, ya sea por curiosidad, cotilleo o no querer sentirse aislado.

Alargamiento en el tiempo

El contenido puntual no tiene sentido comercial ni, parece ser, artístico a día de hoy.

El otro día tuvimos el Mayweather-McGregor. Fue una noche, unas horitas, y sin embargo nos taladraron meses, generándonos interés en gente que sabemos de boxeo lo mismo que de exportación india en la época de la guerra de los Balcanes.

La realidad del ocio de hoy se extiende, golpea muchas veces, mucho tiempo. Deja que la gente haga grande la bola, tal y como libros cortos se dividen en dos o tres partes al ser llevados a la gran pantalla.

El relato de Manuel Bartual que podría haber publicado de golpe explicando lo pasado, es espaciado durante casi una semana por su ajuste al tiempo real. Durante ese tiempo, las notificaciones, comentarios y referencias llegaban por mil lados diferentes y durante todo el día, haciendo omnipresente la historia para cualquiera relacionado con la red del pájaro azul, llevándolo al TT con gran facilidad. Seguramente, el mayor acierto del fenómeno haya sido este espaciado.

Generalidad

Le preguntaban en la citada entrevista de El Mundo sobre las referencias a la serie de culto Perdidos (Lost). Realmente, hay clichés del género por doquier: todo un homenaje a los recursos más trillados del género de misterio, capitaneados por autores de esos que o se consideran intemporales o desfasados. Sin embargo, la historia genera fascinación en el público, como si nunca hubiesen visto algo semejante.

Estoy convencido de que todos han estado ante historias de misterio en las que ocurren los diferentes episodios visto en el relato de Bartual. Sin embargo — ya por la lejanía temporal, la renuncia a seguir estando en contacto con el género o demás familia—, los acogen con una felicidad inaudita para alguien que tiene a mano miles de relatos del género con esos elementos. La clave es que el público del relato no busca este entretenimiento, sino que se une a él solo cuando —como decíamos antes— le vale para comentarlo con otra gente. Y para que eso pase, para que otra gente haga lo que ellos quieren hacer en el fondo, recibir el placer de las viejas referencias que su memoria lejana les trae, el relato tiene que ser generalista para el público al que va orientado. Fácilmente digerible para que las ovejas rumiantes que plagan la red no se indigesten con un argumento demasiado elaborado para seguirlo durante más de 5 párrafos, digo, tweets.

manuel bartual tras éxito

Reciente tweet de Bartual tras el éxito

Por último, no sin recomendar a mis lectores que disfruten de la magnífica realidad de relatos de misterio que las bibliotecas nos ofrecen, me gustaría mostrar las diferencias con el no-éxito previo de Manuel Bartual: un hilo (esta vez sí) que publicaba tan solo 15 días antes de la historia que le vuelve más famoso.

https://twitter.com/i/moments/897536022279405568

  • El humor es tan importante como el misterio
  • No busca la interacción directa con el público
  • Lo publica en versión hilo
  • Segunda persona en vez de primera
  • El humor es personal, distinto
  • Entero el mismo día
  • Llega a haber un tweet a las 6 y media de la mañana de su país (poca audiencia)
  • No lo ve ni una milésima parte de gente

La principal diferencia entre ambas historias en cuanto a importancia para lo que hemos hablado aquí es que una fue perfectamente diseñada para dar de comer a Twitter y la otra da de comer, mucho o poco, a la cultura.

Es para pensarse qué debe hacer el mundo editorial en este en el que lo gastado eclipsa a lo que aporta. En si es más importante entretener unas semanas o brillar en cuartos oscuros por los siglos de los siglos.

el mundo bartual

Gracias a Manuel Bartual por haberme entretenido a mí y a muchos colegas con su relato de vacaciones, y gracias por escribir algo tan simpático como El peso de la verdad. Y si, la foto es de la omnipresente entrevista de El Mundo

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Los atentados que no evitamos

El jueves, una furgoneta atravesaba las Ramblas de Barcelona haciendo eses, llevándose por delante a cuantos paseantes podía, matando hasta ahora a 13 inocentes y dejando heridas a 80 personas. La gente reaccionaba entonces de varias formas. Algunos huían despavoridos. Otros miraban, quietos y curiosos. Alguno intentaba actuar. Sin embargo, creo que nadie ignoró la situación.

Hace unos años, yendo por la principal calle peatonal de mi ciudad, un hombre se estrellaba a unos 30 metros a mi espalda tras tirarse desde la ventana de su ático. La gente reaccionaba entonces de varias formas. Algunos huían despavoridos. Otros miraban, quietos y curiosos. Alguno intentaba actuar. Sin embargo, creo que nadie ignoró la situación.

Ante la tragedia, la gente nos parecemos bastante. Tal vez por lo que nos acerca a nuestros instintos menos racionales, en la muerte, en el miedo, actuamos de forma parecida.

De hecho, el ciclo de atención informativa en ataques terroristas suele ser muy similar.

gráfica proceso atentados.png

  • Siempre empezamos en el periodo cero, de calma. Hemos tenido atentados anteriormente, tenemos cicatrices de ellos. Sin embargo, permanecemos tranquilos y sin más amenaza que los riesgos de alerta 4 que de vez en cuando nos recuerdan los noticiarios.
  • Es entonces, en el punto 1, cuando se produce el atentado, cuyo número de personas interesadas aumenta de forma exponencial con las horas hasta alcanzar el punto 2, en que toda la atención mediática está focalizada en el acto terrorista.
  • Tras el primer día, de máxima atención, llega el acto multitudinario (punto 3), las declaraciones de quienes coincidieron con los asesinos y qué opinaban de ellos, para posteriormente irse centrando la situación en las consecuencias políticas y la detención de los relacionados aún en libertad (4). Durante las siguientes semanas, la atención de los medios y personas irá reduciendo su presencia hasta acabar, de nuevo, en el periodo 0, donde volveremos a estar tranquilos, recordando el atentado con pena cada cierto tiempo.

La respuesta de la sociedad ante el atentado

manifestaciones contra el terrorismo

La sociedad suele tener unos comportamientos comunes ante estas situaciones.

Los más televisivos son la manifestación y los actos de repulsa. Cuando algo así pasa, la gente suele salir a la calle, encabezada ante las cámaras por representantes políticos poco menos que agarrados de la mano en primera fila. Los minutos de silencio suelen ser también un habitual recurso.

Fuera de ello, está la crítica, en casa o la calle. Tiene múltiples versiones: la crítica al grupo terrorista, la crítica a todos los que tengan origen o religión compartida con el grupo terrorista, la crítica a los que no tenían una bola de cristal para ver que ese camión podía arrollar a un centenar de personas, la crítica a los países e instituciones que atacan a las zonas del grupo terrorista.

Si algo comparten todas estas acciones es la voluntad de que no se repita el acto. Sin embargo, ¿alguno de ellos tiene eficacia?

Que se me venga a la cabeza de primeras, solo la repercusión del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA hace unos años supuso un verdadero cambio en la actitud de la sociedad. Y yo diría que ni siquiera diría fue por los excepcionales movimientos de esta, sino por lo desagradable del propio homicidio.

Pero, si toda la sociedad se une, ¿por qué las medidas sociales, las detenciones y demás no acaban con el terrorismo de este estilo?

“Los orígenes del mal”

Recordemos la gráfica.

gráfica proceso atentados

El momento de mayor impacto social es el 2, siendo el 3 y sucesivos perfectamente interesantes en cuanto a potencia social contra la lacra. Sin embargo… ¿en qué momento nace el atentado? ¿En qué momento se adoctrina a la gente para perpetrarlo, se planea, se gesta?

En el 0.

Cuando la gente pasa ampliamente del tema.

El principal problema de nuestra sociedad ante este tipo de casos es que hacemos la vista gorda ante los síntomas de terrorismo. Una vez se produce el atropello de cien personas, decimos que uno de sus culpables tenía unas ideas “algo radicales”. Que puso en su Twitter en 2015 que mataría a todos los infieles. O que nadie se lo podía esperar. Cuando en realidad lo estás viendo día sí y día también haciendo o diciendo cosas sospechosas. Viendo sin hacer nada.

Porque, si algo tenemos por costumbre, es pasar ante las pequeñas cosas. “No es nuestro problema”. Vamos por la calle, vemos a alguien tirar basura al suelo y no hacemos nada, “¿para qué?: no es mi problema”. Vemos el bullying, pero no decimos nada hasta que el chaval se deprime, se mata o mata a 12 compañeros y un profesor, “no quiero líos”. Escuchamos gritos cada noche dos pisos allí, un cadáver sale tres años después por la puerta con quince puñaladas y aún tenemos los santos cojones de decir que “se veía venir”.

Buena parte de los asesinos de Barcelona eran catalanes. Críados en Cataluña, compañeros de clase de españoles, vecinos, amigos y hermanos de barceloneses que no dudarían en participar en actos de repulsa contra estas masacres y que, sin embargo, pasan de los síntomas porque “no quieren problemas”. Que no me diga nadie que rodeados de gente intolerante con el terrorismo habrían cometido igual el atentado, porque estos monstruos son personas. Personas que conviven con otras personas que forman sus valores, sueños y deseos.

¿Puede alguien caer en una banda terrorista si todo su entorno le lava el cerebro con lo inhumano que resulta hacerlo? Sí. Pero muchos menos. Muchos muchos menos. Y muchos de esos muchos muchos menos serían detenidos antes de cometer atentados si los muchos muchos que los rodean no mirasen para otro lado ante las evidencias de que algo podría estar pasando.

Manifestémonos. Critiquemos terroristas con o sin corbata. Seamos irreverentes si eso hace que esta lacra sangre. Pero no nos lavemos las manos escurriendo la culpa ante nuestras obligaciones como ciudadanos. Un lugar que no tiene tolerancia con los indicios del terrorismo es un lugar en el que el terrorismo lo tiene crudo para nacer. Y el indicio no está en el color de piel o en la religión: el indicio está en las pequeñas cosas que cada día nos encontramos y ante las que miramos hacia otro lado.

Si queremos que ese otro lado no sean pantallas diciendo los muertos de nuestra permisividad, no consintamos que el odio violento nazca entre nosotros. Porque esta gente son personas de nuestra sociedad, y nuestra sociedad no es solo responsabilidad de políticos, profesores, cuerpos de seguridad y demás chivos expiatorios: la sociedad es nuestra madre, padre, hermano, hija y amiga. Y a ellos no les consentiríamos que matasen a otras familias.

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Comenta, comparte, opina, que es gratis. Hay mil cosas con las que ser tolerante: por los mundos rotos que podrían ser los nuestros, no dejemos pasar las pequeñas cosas que pueden acabar en vidas robadas.

Los prisioneros del mal que creamos

—¡No puedes hacer eso!

—¡¿Por qué no?! 

—¡Porque está mal!

—¿Quién lo dice?

—¡Todos! ¡Todo el mundo dice que está mal!

—Pero en **** se puede hacer, ¡todo el mundo lo hace!

—Ya, pero aquí no, ¡aquí es algo malo!

 

El mal.

Una de los grandes conceptos de la vida humana. Junto con el bien, forma una de las grandes dualidades de nuestra existencia: el blanco y el negro, el frío y el calor, la luz y la oscuridad. Es como si nuestra especie tuviésemos que discernir siempre entre lo que está bien o lo que está mal. Objetivamente. Hubo quien supo aprovecharse de ello.

La utilización de los límites de las realidades humanas (muerte, hechos inexplicables…) y su enlace con lo que interesaba hacer bueno o malo era una magnífica opción para llevar a todo un pueblo detrás. Por ejemplo, durante siglos, los egipcios creyeron a sus faraones hijos del dios Ra vueltos, tras su muerte, dioses inmortales. Practicar el buen karma (hacer el bien) te lleva a una buena reencarnación; ser un buen cristiano, musulmán y otras, al Paraíso. Y en todos los casos, lo que está bien y lo que está mal está perfectamente delimitado para favorecer al correcto devenir de la propia religión y modelo de autoridad. Así era fácil controlar a los creyentes.

La religiosidad en sociedades occidentales se vio sin embargo condenada a una debacle por las lagunas de coherencia en sus argumentos. La practicidad y la ciencia evidenciaron la falta de pruebas de los profetas y la posibilidad de la inexistencia de los dioses humanos, sufriendo los diferentes dogmas un descalabro del que muchos difícilmente se levantarán por mucho tiempo que pase.

Los fanatismos de sociedades enteras parecieron entrar en horas bajas.

 

En otro orden de cosas…

 

Entre los atributos que me caracterizan están el ser una persona con afán de crecimiento y mente abierta, para sorpresa del niño correcto y cerrado de no hace tantos años.

Si bien no me autolesiono metiéndome en escenarios que me hacen daño, en los últimos tiempos me he movido en situaciones en las que poner a prueba los conceptos más aceptados por la sociedad y los diferentes grupos de personas con pensamiento similar para tratar de encontrar dónde acaba la verdad probada en ellos, dónde están los límites de lo que soportan sus oídos y ojos sin dejar de mostrar cosas reales y sin extremismos. Nada de escandalosas situaciones improbables que de vez en cuando ocurren y algunos aprovechan como bandera para atacar a otros, no: solo con palabras y hechos corrientes que saben reales. Lo que he encontrado es fascinante.

Y terrible.

Más allá de la gente ya de por sí cerrada, la práctica totalidad de la sociedad converge en negarse a aceptar situaciones de lo más comunes consideradas como fuera de la norma. Aunque tengan una explicación perfectamente definida, probada y defendible; aunque sean inofensivas a nivel práctico.

Me he encontrado con que, en algún momento, alguien ha “blindado” ciertos temas y los ha hecho intocables. Muchos estarán pensando en situaciones del estilo regímenes autoritarios que destruyen cualquier atisbo de oposición, pero en absoluto me refiero a eso. De lo que hablo es de escenarios que estamos viendo cada día. Que cualquiera puede entender y practicar si se viese en el caso sin hacer daño. Y que todo el mundo niega taxativamente, renegando de la posibilidad de su existencia o práctica, produciendo poco menos que sarpullidos su sola mención.

Porque en ella, ven el mal.

 

Y aquí es donde las dos historias se juntan.

 

En cierto momento, creímos haber huido del mundo en el que nos imponían lo que estaba bien y lo que estaba mal. Del mundo en el que los supuestos elegidos de dioses que nunca habíamos visto nos dictaban cómo dirigir nuestras vidas y actos. Del mundo en el que cada dios hacía la cultura.

De lo que no nos dimos cuenta es que, con independencia de haber otros o no, los dioses que crearon no existieron nunca. No fueron sus dioses los que crearon la cultura: su dios era cultura enmascarada, y a día de hoy, muchos creyeron haber escapado. Creyeron que con llamarse ateos, agnósticos y demás habían huido de los dioses en el que su cultura les había encerrado, que eran libres. La realidad que ahora me golpea es mucho más perversa de lo que tanto dogma falso sugería.

Nunca hemos rezado a un dios del que podemos ser ateos. Lo que hemos hecho durante todo este tiempo es rezar a una cultura de la que no queremos serlo.

 

—¡No puedes hacer eso!

—¡¿Por qué no?! 

—¡Porque está mal!

—¿Quién lo dice?

—¡Todos! ¡Todo el mundo dice que está mal!

—¡Pero si se puede hacer! No hace daño. Ayuda. ¡Todo el mundo lo hace!

—No, no es verdad… ¡es algo malo! ¡Es algo malo!

—¡Tú lo haces!

—¡No! —dijo indignado.

Al tiempo que se recordaba haciéndolo.

La satisfacción que la comodidad del olvido ya no recuerda

Hoy cumple años una de mis personas favoritas.

A mediados del anterior agosto, descubrí que lo había olvidado. Y me sentí extraño. En realidad, no cambió nada: ella no quiere que la felicite, ni por respeto a sus deseos yo pensaba hacerlo. Pero me sentí extraño.

Hubo una época en que nunca olvidaba un cumpleaños. Ni apuntarlos me hacía falta. Era como un reloj interno que me llevaba a acordarme ya días antes. Preparaba un mensaje en condiciones, recordaba los buenos momentos, felicitaba y esperaba las sonrisas, el “Muchas gracias” y la miniconversación posterior.

De pronto, me encontré con Insta y sus +1, Facebook y sus notificaciones y empezaron a pasárseme. Todo un problema cuando la mitad de la gente de la que me importa sus aniversarios lo usa aún menos que yo o, directamente, ni siquiera nos tenemos de amigos. Empecé a ver que “el lunes fue aquel aniversario”, que “no recuerdo si era en marzo o noviembre”. Sentí que una de las partes bonitas de mí se había despedido.

Hay que ver cómo el cuerpo se acostumbra a que seas un gilipollas. Le das algo hecho y pierde funcionalidades. Tenía un amigo que, de tanto usar el reloj digital, olvidó saber qué hora era mirando a uno de agujas. Muchos, que no se saben su propio número de teléfono o de identidad, porque pueden buscarlos en la agenda del móvil o la cartera cuando quieren darlos.

No sé cómo llamar a esto. Adoro los avances, detesto las incapacidades. Al final no sé si somos mejores, más hábiles y ágiles, o simplemente unos dependientes a los que si se nos quita alguna de las ventajas que se nos han dado, nos vemos sumidos en una desorientación e inutilidad ante la que los que llamáis “paletos” nos darían un repaso. Pero qué más da. Al fin y al cabo, nunca nos van a poner al mismo nivel que aquellos que con su pasividad, apoyo u otros actos nos han dejado vivir en ese escalón que consideramos superior. Nunca nos vamos a tener que “rebajar” a ellos, ¿no?

Sea como sea, sin Facebook, ni +1, ni verla en años y años, hoy me he acordado del cumple de María y he sonreído. No sabéis cuando espero poder seguir haciéndolo con el tiempo, por muy lejos que estemos o por muy inútil que sea hacerlo.

Al fin y al cabo, son ese tipo de cosas las que hacen que, dentro de nosotros, podamos seguir notando que —en ciertos momentos— el sentir algo porque sientes, y no porque te favorece, te da una satisfacción que la comodidad del olvido ya no recuerda.

Cosas de amar incorrectamente

Si algo soy es alguien que ama. Supongo que —por la felicidad que me da, por el sueño que no me roba, por los latidos que me impulsa— querer es una de las razones de mi existencia. Quizás por ello y lo no correspondido, me hice un máster en amores fuera del cuento de hadas, en metas inalcanzables que dan de comer sin pan. Algunos dicen que tóxicos. Otros, que no es amor. Que digan lo que quieran: no saben nada.

Dicen que el amor de verdad es correspondido. Eso es que ninguno de ellos ha visto desaparecer mi estómago al verla llegar con sus pantaloncitos cortos y su sonrisa al verme. Si eso no es amor de verdad, que se mueran los científicos. Porque solo con esa imagen mis sueños brillan de mil colores.

Dicen que amor de verdad solo hay uno. Si solo hay un amor de verdad, ese amor no es alguien, sino el propio amor, eterno. El que hace que ilusiones se acaben y otras empiecen, y muertas renazcan, y odies, quieras, descubras, pierdas, recuperes y vuelvas a querer de nuevo, a la misma, a la otra, a la nueva, a la ex, a todas, a ninguna, solo a ella. Que amor de verdad solo hay uno, dicen. Doy gracias por haber amado tanto a tantas personas.

Dicen que el amor de verdad no duele. Qué sabrán ellos lo que es el dolor que te hace sentir vivo. Hay cicatrices que curan más que vacunas. Hay dolores que hacen más grande que mil hormonas de crecimiento. Ir al fisio duele, salir a hacer ejercicio cansa. Querer mata, pero querer sana.

Porque el amor de verdad no te pega. El amor de verdad no es una persona. Nunca. El amor de verdad no te maltrata, no abusa de ti, no te hace sentir una mierda. Eso no es amor: solo son monstruos disfrazados de ello, lobos a cazar, vestidos de cordero de ilusiones. El amor de verdad está dentro. El amor de verdad te baja, pero te sube. Es una montaña rusa de miedos y sensaciones. Un trampolín al mar del sentimiento que en sí es.

Y si hay que pagar un daño por las mil sonrisas que su agua salada saca, que me robe la cartera. Que me la robe cuantas veces quiera mientras me deje el carné de mi identidad amante. Aquel que hace que nunca deje de querer sentir mientras otros viven en muerte.

Dicen que el amor de verdad te entiende. ¿Cómo si no se entiende a sí mismo? ¿Cómo, si cada amor es único, si cada querer distinto, si cada sueño una realidad en un universo diferente? Claro que puede entenderte, pero si no te comprende, ¿no te ama? Matan lo bonito de querer por el mero hecho de querer que sea telepático, cuando el amor no tiene nada que entender. Por algo no hay quien lo entienda.

Dicen que el amor de verdad espera. El amor de verdad no se para. El amor de verdad, recuerda, perdona, sonríe y sigue adelante. Porque el amor que vive de sueños rotos, no es amor, sino tristeza. Y el amor nace, muere y crece sin orden ni paradas. No, el amor de verdad no aguarda, simplemente, a veces llamas a su puerta y lo encuentras en casa. Que te invite a cenar y a ver vuestras viejas fotos juntos, sentados en el sofá de aquella vez en que todo era perfecto, es tema aparte.

Dicen que el amor de verdad es perfecto. Lo único perfecto en este mundo es ella cuando estás enamorado. No, el amor no es perfecto. Son sus imperfecciones las que te tocan la fibra, las que te acarician el alma.

Dicen que el amor de verdad existe. No sé si existe. No sé si alguna vez lo he visto, lo he sentido o lo he tenido. Solo sé que una vez soñé con él. Y que desde entonces vivo soñando.

El periodismo sin verdad y el autocerrojo informativo

Hace unos post, comentaba algunas de las principales razones del mal periodismo. Hoy vamos a analizar una de las que más polémica genera, tanto por sus implicaciones éticas como por atentar directamente contra los mandamientos del periodismo: .

La parcialidad: una situación conocida y aceptada

En España vivimos un verano de lo más ardiente en cuanto a periodismo de masas. Las tensiones en torno al independentismo catalán se unen a las estivales especulaciones sobre fichajes futbolísticos para dar auténtico espectáculo polémico a las mentes de los lectores y espectadores. Comparemos, como ejemplo, los dos siguientes titulares, prácticamente lanzados a la misma hora por dos diarios de información generalista: El Punt Avui y El País.

noticias contrarias

No, no estamos ante una encuesta diferente. Y no, aunque parezcan contradictorios, ninguno de los dos diarios miente:

confidencial encuesta CEO generalitat

Como podemos ver, simplemente, cada uno ha seleccionado los datos que le convienen para adaptar el titular a los intereses propios, resultando más sorprendentes si cabe por el hecho de que el porcentaje de “Sí” es mucho más grande entre los que afirman que votarían (62,4%) con respecto al de la población general (44,3%).

En cualquier caso, visto lo visto, estamos hablando de dos noticias bastante limpias en cuanto a objetividad de la información: tanto una como otra, al igual que la de El Confidencial, da el resto de datos más abajo en la noticia.

Caso aparte es cuando la verdad es poco menos que un elemento residual.

Cuando existe “La verdad” y “La VERDAD”
la verdad

Ayer, la Guardia Civil entraba en una serie de edificios públicos catalanes para recabar información con respecto al llamado “caso del 3%”. La noticia saltaba cuando los diferentes programas informativos y diarios digitales mañaneros soltaban que, en medio de la citada tensión independentista, la Generalitat había impedido la entrada al organismo de seguridad bajo la batuta del Gobierno central, en lo que podría considerarse una clara afrenta a su autoridad.

Minutos después, corrían las voces de que la Guardia Civil había desmentido que se hubiese puesto traba alguna a su actuación. Al cabo de un poco más, la falta de respeto a la información verídica se hacía notoria, apareciendo incluso discordancias entre las propias fuentes del Govern:

guardia civil no entra generalitat

Como resultado, horas después, cada noticiario poco menos que escogía la versión de la noticia que más le apetecía, dejándonos a los interesados en la realidad de la situación en la más completa oscuridad, al albedrío de nuestro instinto o lo que nos apetezca creer. Un comportamiento penoso para quienes tienen como trabajo encontrar la verdad y hacérnosla llegar.  Un comportamiento que abre la puerta a situaciones de lo más preocupantes.

¿Cerrojo mediático?

Ayer escuchaba unas declaraciones de lo más polémicas por parte de un asistente a un programa de tertulia política. Este “fenómeno” dejaba caer su creencia de que podría estar produciéndose un cerrojo informativo en Cataluña. Cómo no, dado el nivel de libertad de ataque propio de estos programas, no provocó ni un solo alzamiento de ceja en la mesa. Yo, que solo pasaba por el cuarto, me quedé fascinado ante la soberana acusación.

Libertad-expresion-Derecho-Constitucional.jpg

Como sabréis, el cerrojo informativo o mediático es un orwelliano recurso de despampanante falta de ética, consistente en que los medios de comunicación informativos oculten a su público las noticias de interés que vayan en contra de uno de sus principales grupos de su interés. En general, para hablar de un auténtico cerrojo, el bloqueo afectaría a la posibilidad de que cualquier tipo de información contra los citados grupos —por lo habitual, gobiernos— llegase al pueblo a través de diarios, televisión y similares, siendo reprimidos aquellos intentos de que ocurra. Típico de sociedades autoritarias, el bloqueo mediático suele venir acompañado de un adoctrinamiento a través de los propios medios, al dar relevancia, precisamente, a noticias laudatorias que dejen quedar bien al propio órgano represor.

En cualquier caso, es interesante como, en el universo de internet y la individualización del contenido, el bloqueo mediático puede ser un concepto bastante interesante.

Cerrojos modernos. O no tanto

Tal y como la sociedad digital en países del primer mundo tenemos un acceso a la información objetiva y global mayor, seguramente, que en ningún momento de la Historia, las argucias para manipular el pensamiento social viven una época dorada.

Las técnicas para dar relevancia a contenidos que benefician al grupo de interés y hacer pasar de las que no hacen que se mantenga el “certificado” de ser plural y tratar distintos temas al tiempo que se manipula la opinión del lector o espectador. Por supuesto, excusarse en decir que es lo que este pide para ocultar la mala práctica, todo un mantra.

Oír algo que no nos gusta suele provocar dos resultados: abrirnos la mente y molestarnos. Por desgracia, el ser humano tenemos una clara preferencia entre ser abiertos y estar libres de molestias. Quizás por ello, aun teniendo el mejor momento de siempre para contrastar y ser poco menos que pequeños sabios con un poco de paciencia, la realidad es que nos solemos ver arrastrados por un remolino de ser más y más lo que ya somos, radicalizando nuestros gustos e intereses, pasándolo mal cuando tenemos que hacer algo diferente o, directamente, escuchar al de al lado. ¿Por qué íbamos entonces a elegir conocer opiniones distintas estando solos? ¿Por qué, con la capacidad que a día de hoy tenemos para personalizar más y más el contenido para oír justo lo que queremos escuchar? La personalización es tal que, o estás precisamente interesado en entender las diferentes corrientes políticas o sociales, o acabas por ser un loro repitiendo proclamas basadas en marketing político que tú mismo buscas sin necesidad de que ellos hagan nada.

Porque sí: puede que en realidad el periodismo que buscaba la verdad por encima de los intereses económicos o políticos haya sido solo una fantasía por la que únicamente unos pocos hayan luchado. Porque sí, puede que lo de lanzar piedras a los demás medios como método de crecimiento siempre haya sido un recurso. Pero la realidad a día de hoy, es que si el dinero y lo ideológico se han comido a la verdad en la actualidad periodística es porque nosotros mismos nos hemos encerrado en la cárcel de escuchar solo lo que queremos oír.

Y en la cárcel de nuestra autocomplacencia, aplaudimos el cerrojo informativo que nosotros mismos nos hemos forjado.

 

Must show go on?

El Mad Cool Festival de Madrid se convertía en noticia de referencia el pasado viernes cuando uno de los bailarines acróbatas de los espectáculos entre actuaciones, el experimentado Pedro Aunión fallecía tras precipitarse desde más de 30 metros realizando su performance ante una amplia muchedumbre de asistentes al potente evento. Tras la evidente conmoción, la polémica saltaba a la palestra al decidirse proseguir con el multitudinario evento y la esperada actuación de los californianos Green Day.

La pregunta, clara: ¿debería haberse cancelado el programa?

pedro aunión

El finado Pedro Aunión. Ánimo a su familia y pareja y que descanse en paz.

A favor: cancelar

“¡Por supuesto!” “¡¿Pero es que acaso no lo han hecho?! ¡¿Qué tipo de monstruos son?!”

La opinión en redes saltaba como polvorín ante llamarada. Y es que la teoría es clarísima: “la vida es lo más importante y como respeto a la víctima hay que cancelar todo, todo el mundo a casa, recogemos los altavoces y hasta el año que viene —y ya veremos— no se vuelve a tocar.”

Las cuentas defensoras de este espíritu vivieron una nueva carroñera noche de éxito en las redes, con follows y MG por doquier. Al fin y al cabo, es “lo que había que hacer”.

No: show must go on!

Cómo no, “lo que no hay que hacer” se va a llevar más líneas aquí. Su análisis es bastante más interesante que el de la posición quedabién de turno.

Por un lado, me cuesta creer que alguien con la experiencia de Pedro Aunión quisiese la cancelación del festival: si algo tienen los artistas que más valen la pena es un respeto por su público mayor que el de su propia satisfacción. Aunque tuviese todo el derecho, que para algo su vida fue dedicada al mundo del espectáculo, no pienso que alguien con su veteranía quisiese mandar a 40.000 personas a casa por su propio fin. En cualquier caso, este no es el tema, porque esto último es una decisión de otros.

pedro aunión actuando

Pedro durante una de las actuación de su dilatada carrera

Como bien dice un amigo mío, lo que la gente tiene a día de hoy es mucha teoría, y la teoría —en la época de lo políticamente correcto— está clarísima: alguien ha fallecido, cerramos el chiringuito, todos a casa. A quien no le guste, lo atacamos porque es un monstruo sin corazón, empatía, y demás complementos al parecer hoy por hoy dominantes de la sociedad.

Qué fácil hablamos. Qué fácil nos lavamos la conciencia.

Porque la realidad es que, si la gente hubiese querido irse, se hubiese ido sin necesidad de que el festival se detuviese. ¿O no?

¿Se estaba atado a permanecer en él? En absoluto. Sin embargo, el programa sigue adelante y el malestar interno se lava con la lejía de que es culpa de los organizadores.

¿Se ha ido gente? No me hacen falta los datos: por supuesto que alguna sí. ¿Sabía todo el festival lo que había ocurrido? En absoluto. Ahora bien, que la mayor parte de la asistencia que supo de la noticia se quedó en la Caja Mágica es algo fuera de duda, y a nadie le obligaron a hacerlo.

Defensores de lo políticamente correcto, llamadles inhumanos. Detractores de la presión social, decid que son unas ovejas, que se quedaron porque es lo que hizo todo el rebaño. El resto, aceptad la tercera de las realidades vistas en el Mad Cool: la empatía teórica acaba donde el interés práctico individual es mayor.

Entre rendir fuerte respeto a un desconocido o ver el espectáculo por el que han invertido horas, gastádose un pastizal y no habiendo oportunidad de volver a repetirlo “en años”, que la victoria recaiga en la satisfacción personal no debería sorprender a nadie.

Pero la teoría está ahí, claro. Al menos desde fuera.

La importancia de la presencia

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Recinto del Mad Cool al día siguiente de la tragedia (Fuente: Dod Magazine)

La opinión en este tipo de casos se distingue fácilmente por una línea perfectamente delimitada: la presencia en el acto. Si hiciésemos una encuesta ANÓNIMA Y SINCERA a asistentes y gente en internet sobre si se debería haber cancelado el espectáculo, la diferencia de resultados sería perfectamente predecible. Y es que aquí, como en gran parte de los ambientes de esta vida, la teoría la hace la gente que no interviene en la práctica.

Documentándose para hacer el post, uno se encuentra con que la mayor parte de publicaciones sobre el tema de asistentes están a favor de que el programa siguiese adelante; sin embargo, los que no son de este tipo de eventos tildan con facilidad a los otros de inhumanos y movidos por el dinero y el placer personal.

¿Quién debe decidir si se debe seguir o no? ¿Los participantes? ¿La sociedad en general? ¿Los propios artistas, en una especie de cláusula tipo cada vez que se firme participar en una actuación así?

¿Es siempre así?

El mundo de la música es muy interesante para este tipo de gestos. Los propios Green Day se suman a una buena lista de artistas que dicen que de haber sabido de la muerte del espectador o, en este caso, de su compañero no hubieran tocado. Habiendo tocado. Muchos artistas de renombre (los que solo tienen nombre no tanto) tiran de corrección política suspendiendo conciertos multitudinarios por supuesta consideración a otros, o bien tocan solo porque los fallecidos “merecen un homenaje de toda esta gente”. El público general les aplaude, emocionado. A mí, en general, me parecen gestos con motivaciones ajenas a las propias víctimas. Al menos las principales.

La comparativa entre mundos es muy interesante. Por ejemplo, cuando un compañero de trabajo muere, en la mayor parte de empresas con más de cinco trabajadores se sigue trabajando al día siguiente. El caso del deporte es llamativo.

marco simoncelli adiós

Tras muertes en el circuito, como la del motorista Marco Simoncelli en 2011, las carreras suelen cortarse por mucha asistencia y desplazamientos que haya. En el caso de paradas cardiorespiratorias en partidos de fútbol, el encuentro suele también ser suspendido. De hecho, casos como el fallecimiento del camerunés Patrick Ekeng en Rumanía han llegado a hacer suspender toda una jornada de liga, final de Copa incluida.

Llamativo que este mundo considerado por muchos de “bestias y gente con pocas luces” tenga lo que para ellos más corazón que el supuestamente mucho más culto de la música y el espectáculo. Al fin y al cabo, es en él donde el gran Freddie dijo aquello de que el show debía seguir adelante.