Las expectativas en las historias o un porqué (sin spoilers) del cabreo con el final de Juego de tronos

Que no se preocupe quien no haya visto o acabado la serie: no va a haber el más mínimo spoiler más allá de que haya mucho indignado. Lo cual no debería sorprender a nadie teniendo en cuenta los antecedentes de grandes series de culto.

¿A qué se debe el enfado en redes? La miniencuesta en mi deshojado Twitter considera los 3 factores que yo encuentro como más frecuentes para este tipo de enfados, a los que sumo un “Para no perder la costumbre” más cínico que otra cosa.

– Malos finales.

– Que la gente se cabree porque cabrearse parezca ser siempre una buena opción.

– El no cumplimiento de expectativas.

Los resultados (pese a la baja participación, dentro de los esperados) apoyan hasta el momento que el cabreo se debe a unas expectativas de final que no se cumplen o, como bien apunta mi colega Amarga para quien no lo vea dentro de esto, a que no acabe como la persona esperaba (55%).

Analicemos pues cómo la expectativa afecta a una obra de ficción y cómo se originan.

Las expectativas generadas

Al consumir una obra, en el lector o espectador se genera, de forma voluntaria o no, una especie de predicción de acontecimientos o sensaciones sobre lo que va a pasar.

Cualquier artista de ficción argumental debe tener muy clara la importancia de la generación de expectativas en su obra. El trabajarlas y valorar su eficacia antes de lanzarlas es parte clave del éxito posterior. De ahí que, en los buenos trabajos, la mayor parte de expectativas sean creadas por el consumidor, pero generadas por la propia narración.

Por ejemplo, si antes de que el personaje doble una esquina ciega ponemos una melodía de tensión, al espectador le surge la expectativa de que algo va a aparecer al doblarla. Evidentemente, es la mente del espectador quien la crea, pero la expectativa está muy buscada.

La expectativa trabajada en guion y relato tiene dos funciones principales: enganchar y satisfacer.

La primera función se basa en atrapar al lector o espectador. Mecanismos como los cabos sueltos o los elementos o personajes sin sentido claro a primera parte de obra tienden a que nos hagamos preguntas sobre qué hacen ahí. Preguntas que, de ser las dudas de buena calidad, nos harán querer seguir en el relato para descubrir qué hay detrás.

La segunda función es la satisfacción por la resolución de estas. Este es el punto más complicado y el que suele ocasionar reacciones como las que vemos en finales históricamente odiados.

Explicar por qué es tan difícil es, paradójicamente, tan fácil de explicar como exponer dos realidades contradictorias del mundo de la ficción:

– Que las expectativas del lector o espectador se cumplan le da satisfacción.

– Lo previsible genera desencanto y sensación de argumento poco profundo.

Existe la creencia de que una trama de calidad suele tener giros imprevisibles para el consumidor del contenido. Sin embargo, que no ocurra lo que el consumidor en el fondo de su corazoncito espera que suceda le sienta muy mal. Más si cabe en producciones tan largas como la propia GOT.

¿Cómo se acomete entonces esto en producciones muy largas?

Veamos tres de las estrategias más comunes de resolución de expectativas: el inesperado desenlace predicho, el final inesperado y el desenlace obvio.

Una tendencia muy común es la de que al principio tengamos claro el desenlace, pero el asunto se enrevese tanto que al final, cuando se cumple nuestra primera idea, nos parece hasta sorprendente.

Esta estrategia hace que, al menos, una expectativa interna se cumpla. Esto hace que no nos resulte incoherente, pero a la vez da sensación de inesperado.

¿Inteligente? Parece que sí. ¿Funciona? De vez en cuando. Y es que, cuando se ha usado esta estrategia típica de grandes historias románticas o comedias que a muchos se le vendrán a la cabeza, el rechazo en redes tampoco ha faltado a la cita.

La segunda opción clara es el final para nadie esperado. Obviamente, como digo siempre, la historia siempre tiene que entrar dentro de la coherencia argumental y el realismo interno de la historia, pero los finales inesperados suelen ser un recurso habitual, por alimentar esa parte del espectador que quiere ver algo que no espera.

El problema gordo de esta estrategia se encuentra, precisamente, en el caso de producciones muy largas. Cuanto más corta es la historia, más tolerancia hay al final inesperado. En el caso de historias de amplia duración, este tipo de desenlaces también tienden al desprecio mediático. Esto se debe a que el trabajo de generación de expectativas, las charlas durante las temporadas, las tertulias, los comentarios, todo ese universo social que se genera en torno a la serie hace que el cumplimiento de la satisfacción por expectativa cumplida se vuelva más necesario e irracional. En las obras grandes, el espectador tiende a sentirse engañado, cuando en las pequeñas lo ve como un agudo y travieso juego con su mente.

La última opción es la más típica de todas: lo predecible. Cuando uno va a ver una obra ligera, en general, busca que todo acabe como se espera. Las expectativas se cumplen, la satisfacción fácil te cubre y la misión está cumplida, ya que no se esperaba más. De hecho, la gente se suele tomar bastante a mal que la cosa no sea así.

Su principal crítica es, obviamente, la falta de innovación y profundidad, así como que las tramas raramente buscan la complejidad del primero de estos tres modelos.

El espectador guionista

Tuiteaba esta semana Gómez-Jurado que GoT le ha hecho descubrir que, más allá del consabido entrenador de fútbol y político, cada espectador lleva dentro un guionista. Tengo la sensación de que es una hipérbole con respecto a Juego de Tronos y cuándo lo ha descubierto, porque —como autor— sabe de sobra y desde hace mucho que así es.

El que consume muchas horas de un tipo de espectáculo tiende a esta idea de creerse superdotado en la elección de recursos que los profesionales han tomado de forma diferente. En parte, ahí está la magia y el genio de un verdadero guionista o escritor de ficción: en el tener la capacidad de demostrar que se es capaz de ser mejor que esos intrusos a los que en realidad se debe. En la responsabilidad que se lleva encima en hacer algo grande y con lo que estar satisfecho.

Fuera de ello, el espectador siempre va a tener la última palabra, y siempre va a haber bocazas que te digan que algo no es tan bueno como se esperaba de ti. Más que nada porque opinar es gratis y vivimos en una época en que hay gente que solo vive para dañar.

El que a alguien no le guste el trabajo que para ti es bueno, por desgracia, es la única expectativa que siempre se cumple.

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Como soy muy antispoilers, no voy a invitar a poner ejemplos sobre obras cuyos desenlaces te hayan marcado por las expectativas. Sin embargo, no dudes en hacer lo que te salga de dentro en la cajita por ahí abajo, que nadie aquí muerde.

Gracias de nuevo por leerme y no dudes en compartir, dar like, seguir y demás familia. ¡Nos vemos en el próximo! 😀 😀 😀

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Motivos de una ausencia

Hace meses que no cuelgo nada. Supongo que hay motivos para ello más allá de la supuesta dejadez que por momentos me ha acompañado en el pasado: no creo que este sea el caso. Aun así, adelanto disculpas a aquellos que confiaron en mi pronto regreso, sometidos a la correspondiente decepción. A veces, uno necesita desconectar hasta de sí mismo.

Ese seguramente sea el primer motivo. Mi nueva aventura lejos del escritorio que hoy reencuentro con nostalgia me ha hecho querer verme un poco lejos de ese pasado de rutina solitaria que llevé durante meses y años. Puede parecer que un post se produce en media horita, poco más, pero la realidad es que su construcción —cuando quieres algo completo y de cierta incidencia—suma vida que, por momentos, no he visto compensada. Ya no por parte de quienes leéis mis publicaciones, con los que todas gracias son pocas, sino más allá, no sé cuánto.

Siendo una persona de poco interés por el hacerme notar socialmente, más allá de lo que obligue un camino hacia el cumplir algunos de mis sueños, no me es fácil ser constante en la escritura hacia el vacío del espacio de internet: si cada post me permitiese una tarde de café, paseo o juego con cada lector, me pensaría el dedicarme a ello a tiempo completo; lo que encuentro en cada publicación suele ser un mensaje en una botella lanzada a un mar que, siento, acaba en una montaña enorme de botellas varadas sin nada en su interior. Es en esas ocasiones cuando a uno le cuesta seguir haciendo sangrar el dedo por tener la tinta agotada ya tiempo atrás.

Tengo la esperanza de volver pronto. A ver si, poco a poco, consigo trasladar de nuevo el ánimo que inunda mi vida a estos lugares. Pero antes quiero pedir disculpas a esa gente que confía en mí y me da fuerzas para seguir adelante sin necesidad de decir nada, solo con su simple presencia casi fantasma: por mucho que esté o no esté, mi agradecimiento a cada apoyo es inabarcable con los brazos o un pabellón de baloncesto.

Espero veros pronto. Espero ser persona además de recuerdo.

A mi pen

pen drive osgonso

Tiene gracia que uno de los términos para denominar a uno de mis objetos más importantes sea el de «memoria portátil». Más que nada porque yo no tengo memoria ni para recordar cómo llegó a mí.

Sé que fue un regalo. Al menos, si se puede considerar regalo a la entrega de un producto promocional. De no tener en el lateral el símbolo de aquel máster ya olvidado, tal vez ni podría recordar de dónde vino. Pero, en fin: tampoco recuerdo de dónde vinieron más de la mitad de mis amigos.

Y es que este amigo es un amigo íntimo.

Por haberme acompañado durante más de un lustro que para mí es siglo. Por llevar de él no solo todos esos relatos que de mí son legado, sino mis sueños, mis recuerdos, quién fui y quién quise ser.

Este pen es mi amigo por ser testigo de mi mundo, mis ambiciones, mis éxitos y fracasos más simples y profundos.

Y sí, puede que lo que él lleve dentro sea guardado a buen cobijo cada cierto tiempo. Sí, puede que no sea más que un USB de plástico que cualquier día me dirá adiós en un mar de «No se reconoce el dispositivo».

Sin embargo, los amigos a veces también dejan de reconocerte. Como tú a tus relatos, a tus pasados, a tus sueños, y no por ello su recuerdo pierde todos aquellos matices, todas aquellas sonrisas, todas aquellas verdades y todos aquellos olvidos.

Aquellos que un día fueron vida.

Aquellos que, un día, fueron memoria.

Whitezone: la friendzone de la hoja en blanco

Ayer empezaba un nuevo curso de escritura creativa. Falta que hacía.

Lo cierto es que el traslado a Vigo le ha sentado a mi obra literaria como guillotina a cabeza de rey francés. Ya sea por las 6 horas y media de Word por la mañana, la agradable omnipresencia de mi mujer compañera de piso o la falta de una rutina que sí brilla en lo de no hacer nada, mi nuevo hogar ha devuelto mi producción de texto de opinión a niveles prehistóricos, mientras que la de relato o novela se ha volatilizado entre mobiliario de los 70.

¿Hoja en blanco?

Tras la primera sesión del curso, volvía a casa con dos relatos a trabajar y hacer potables, proyectos para otros dos, más el de este post. In other words, recordaba que la hoja en blanco es como echar a alguien la culpa de no querernos cuando el que tiene la incapacidad somos nosotros. Una friendzone literaria.

Casi podíamos llamarla whitezone.

whitezone osgonso

 

«¡Pobre de mí, no tengo ideas para escribir!» «¡Las musas no me quieren!» «¡Voy a tener que hacer una segunda parte mala

Pamplinas.

La persona que ha escrito de verdad, y ha sido creativa, y ha mantenido una constancia, y sufre la dulce enfermedad de la imaginación, no pierde la capacidad de crear historias. Ni mucho menos de escribir.

Puede perder nivel, hecho normal cuando uno se rasca la barriga a dos manos. Puede no tener suerte con las ideas, que las que se presenten no tengan la capacidad argumental, el género literario o ese ‘enganchar’ que le gustaría. Pero quien fue dotado de la capacidad de escribir en la medida suficiente para haber hecho algo en su vida literaria de lo que se haya sentido orgulloso en algún momento puede volver a tejerla si se pone.

Las estrategias para fomentar la creatividad son varias. Si bien meterse a un taller literario es una solución de alta efectividad, solo con escribir sin rumbo ante una pantalla ya deberían ir saliendo ideas. Leer textos que se salgan del sota-caballo-y-rey es otro método sencillo. Y, por supuesto, hay numerosas técnicas de fomento de la creatividad literaria. Aquí os dejo enlace a un post de Gabriella Literaria con unas cuantas actividades y otras tantas webs con más.

Si no te apetece escribir, lo dices. Si estás hecho un vago, asúmelo. Lo que tienes que tener claro es que quien quiere escribir puede.

Y que no hay whitezone que valga.

Despertando a sueños

Ayer recibí mi último regalo de cumpleaños de este año, de una persona muy querida cuya existencia incluso desconozco.

Principalmente, era una revista. La había visto en foto: ella me había enviado su sorpresa tiempo atrás, cuando había descubierto mi nombre firmando un relato en una de las páginas. Yo ni siquiera sabía que me lo habían publicado. Me puso muy contento.

Tengo unas cuantas publicaciones por ahí. Aparezco en remotos lugares de la web. Fui finalista en algún que otro concurso y —por lo que sé— alguno de mis relatos apareció en algún que otro libro recopilatorio de participantes.

Sin embargo, pese a llevar más de 10 años mostrando a otros lo que escribo por diferentes vías, nunca había visto nada mío en el papel de quien se juega dinero con él, aunque sea una página y su tinta. Pese a todas las letras que han estado conmigo desde que el uso de razón llegó a mi mundo, nunca había podido tener entre mis manos el testimonio de que una vez mis textos han existido fuera de pantalla para alguien más que yo.

Lo cierto es que no sabía cómo sentirme ante aquella revista. Sabía lo que ocultaba la página marcada con un imán diciendo cosas bonitas, pero no sabía qué sentir, como muchos otros creen saber perfectamente qué hacer ante una nueva situación por lo visto en pelis, leído en libros, oído en mesas. Yo nunca leí en mesas con pelis qué sentir cuando ves que uno de tus sueños desde pequeño, aunque en pequeño, te mira desde el papel.

Y quizás por ello, ante aquello que tiempo atrás escribí para estar en esas páginas, en un momento de homenaje a mi amor muriendo y naciendo a la vez, en un momento de sangre y hacerse mayor y lo que tienes que hacer, me encontré con el niño que se contaba historias antes de dormir. Con el adolescente muerto de amor roto. Con el proyecto de adulto hecho de decepciones y lucha por ser mejor. Y me emocioné mucho. Joder si me emocioné mucho.

Este es un post para los que sueñan. Sí, también es un post para Hari y su amor a un imbécil, y también para mí, y también para el propio amor en sus múltiples formas, horrores y felicidades de mil colores y paradas cardíacas. Pero este es un post para los que sueñan y a veces dudan de si seguir haciéndolo.

Soñad. Puede que los sueños no lleguen, puede que la espera sea eterna. Puede que la decepción, la injusticia y otras faenas rodeen vuestra estampa y las realidades del mundo del enchufe y el cuñadismo sean la verdad día tras días. Pero soñar, con esfuerzo, con lucha, con crecimiento, con esfuerzo otra vez, hace que —de cuando en cuando— un fruto llegue. Y, por pequeño y sin zumo que sea, aunque solo sea por el darte cuenta de lo precioso de donde has llegado, va a ser un momento muy bonito, merecedor de todo pasado en el séptimo cielo de estar con los ojos abiertos.

Lo bueno de soñar es que a veces despiertas al sueño. Y da gusto ver que los sueños, vidas son.

Por qué el amor es útil para una buena ficción

El otro día recibía el mensaje de una colega con un excelente gusto literario agradeciéndome la recomendación de La verdad sobre el caso Harry Quebert:

terminado harry quebert

Lo cierto es que la novela de Jöel Dicker es un librazo por muchas razones. Entre ellas:

terminado harry quebert 3

Conociendo su nivel como lectora, me llamó bastante la atención el que no estuviese acostumbrada a la combinación entre estos géneros. Bueno, y también porque…

terminado harry quebert 4

Ficción y realismo interno: un matrimonio forzoso

Hace nada me puse a ver Juego de Tronos. Gran serie, sin duda: me la acabé en un mes. Sin embargo, había algo, positivo o no, que me pasaba con una frecuencia pasmosa: veía lo que iba a pasar a continuación.

you know nothing edward

Al contrario que muchas personas queridas, yo soy de las que se tapan los ojos ante el autospoiler: me gusta disfrutar las historias desde dentro, meterme, que me ciegue la suspensión de incredulidad. Sin embargo, con GOT me era imposible hacerlo, porque (al contrario que lo que la opinión general presume, diciendo que acaba con personajes a lo loco) la serie, salvo escasas excepciones, tiene una gran coherencia argumental.

La coherencia tiene que ver con eso que explicamos en Realismos y fantasías: el realismo interno. Para salvarse de la quema del espectador o lector, cualquier historia tiene que respetar una serie de valores que el universo de la propia propone. Si en medio de El Retorno del Rey apareciese Darth Vader, la gente quemaría el libro o tiraría Coca-Colas a la pantalla por insultarles. Si queremos colar un elemento de fantasía en una historia realista, más vale que haya cosas que nos puedan hacer entenderlo o el ataque va a ser claro.

Una de las tendencias más queridas de la actualidad es que esa coherencia se extienda también a lo argumental. Cuando esto ocurre, la gente suele quedarse satisfecha por un par de razones principales: hace sentir listo y hace sentir satisfecho, guste o no (“Es como tiene que ser”).

El principal problema nace, por supuesto, en uno de los grandes principios de la ficción: el ofrecer algo que no existe, nueva realidad.

Leía hace poco que consumir ficción mejora los parámetros de empatía (“mentalización”, decía). Si siempre nos movemos mediante las cosas que sabemos, nuestra mente se va cerrando, mientras que si nos ponemos ante realidades que no conocemos o nos sorprenden, aprendemos y crecemos.

leer imaginar

¿Por qué el amor es útil para una buena ficción?

Pues que es el perfecto enlace entre la coherencia y lo impredecible.

El amor es un sentimiento universal, y rara es la persona que no conozca los macabros efectos que puede tener en el correcto raciocinio. De ahí que —utilizándolo con inteligencia— sea una herramienta fabulosa para generar ‘vértigo’ en el argumento sin que el realismo interno falle.

Un blog de mierda

Bueno, nunca creí que este momento llegaría. El caso es que, con todo el dolor de mi corazón, creo que ha llegado el momento de admitir que mi blog es una mierda.

Lo miro, releo y me gusta, qué queréis que os diga. Sé que hay gente a la que le he abierto los ojos un rato con respecto a alguna realidad escondida en su mundo, gente que ha querido conocerme tras leer algo de él e incluso gente que ha llorado con los capítulos más amargos de él.

Sin embargo, qué decir tiene que es una mierda.

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Principal razón para un blog de mierda

La principal razón es, sin duda, el bajo ratio entre efectividad y esfuerzo. Las siguientes palabras no van solo por mí: esto va por todos los que realizamos un trabajo sólido en nuestra página sin obtener ningún tipo de reconocimiento.

Llevar adelante un blog de este tipo, con un trabajo y unas responsabilidades que atender, no es algo sencillo. Lo es si lo que hacemos consta de poner cuatro líneas por semana con una supuesta profundidad que nadie entiende, pues no existe. Lo es si esas cuatro líneas las hacemos al día y perdemos nuestros aciertos entre una marabunta de banalidades que no dicen nada. Pero si lo que realizamos es una labor de opinión justificada, profunda, la búsqueda y análisis de una situación en apariencia general pero no percibida ni tratada por estudio alguno, hablamos de contenido que requiere de horas de trabajo, documentación y experiencias. De sangre en tinta que ya no es tinta, sino píxeles negros sobre fondo blanco.

Cuando te encuentras que pese a ese esfuerzo, esa lucha, tus visitas caen y caen; cuando varías el enfoque a algo más mundano, mainstream y digerible y caen y caen igual, entonces es cuando empiezas a pensar que quizás no estés hecho para esto. En mí, es especialmente complicado, porque es lo único que sé hacer para mí, y no para otros. Y no me vale de nada hacerlo mejor que muchos, pues muchos son los que obtienen el éxito en base a realidades ajenas a la calidad de su contenido.

Ídolos de barro y músculo

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La segunda razón seguramente sea esa: el agravio comparativo. Cada día, camino menos por las redes sociales en que la letra supera a la imagen; no me extraña. El modelo está variando hacia una polarización en torno a musculados y tetones con capacidad de escrita media o media-alta enfocada en temas de pensamiento ovejil. Que si cómo perdieron la virginidad, que si cómo todos los hombres son unos opresores, que si cómo le partieron la boca a un imbécil competidor que se aupó al poder por aprovecharse de su amistad interesada, que si cómo voy por la calle llamando Caranchoa a la gente… ¿Es este el futuro del guion, la escrita y el contenido digital?

Si bien veníamos de un momento en que la lista de generadores de contenido daba tres veces la vuelta al mundo, a día de hoy, publicar sin ofrecer carroña para las yenas cibernéticas generadoras de ídolos estereotipados es abocarse a la desaparición desde el nacimiento. Y la gente buena en esto, ya pasa. Total…

Como comentaba en un post reciente (y que, por supuesto, no ha leído nadie), la opinión divergente vive un momento de lapidación en el que no puedes abrir la boca, a riesgo de que un ídolo de barro y músculo te la cierre a pedradas con doscientos de los que llevan pins contra la Ley Mordaza aplaudiendo el que impidan que te expreses.

Las personas originales han pasado a agruparse en grupos homogéneos de pensamiento único y sectario cuando están en grupo, quedando limitado decir lo que piensas a círculos de dos o tres personas de confianza en los que pueden volver a ser libres  por un momento que —en algunos casos— ya nunca ocurre.

El Twitter abierto y original ha muerto hace rato; Facebook y las noticias cuñadas brillan con fulgor, mientras Insta —la máquina de la imagen—, comienza a follarse buena parte del mercado en base a su constante innovación y buen gusto en lo que a instantaneidad se refiere.

Imposible subsistir para un desconocido al que ni comparten ni emegean cuando sus escritos gustan, por el mero hecho de no tener más corazones y RT que demuestren que hacerlo no te convierte en un bicho raro y aislado. ¿Quién te va a apoyar, pocosfollowers? ¿Quién va a hablar de ti cuando si apoyas alguien sin popularidad eres un fracasado?

Nosediving

En una sociedad medida por los MG y los seguidores, ¿qué futuro tenemos los olvidados a un lado?

La principal opción es dejarte arrastrar por la marea social. Claro que serás uno más. Claro que no serás nadie especial. ¿Pero acaso no es lo que buscas ser? ¿Uno como el resto de gente que es “especial” y luego hace lo que todos hacen? No duele tanto: al fin y al cabo, “todos somos especiales”, ¿no?

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Una opción muy recurrida y ya nombrada es el peloteo. Sí, nene: chúpale las pelotas a algún tuitstar, famosillo o popu y juega la lotería de que te elija como escudero de su estancia en el instituto que es su vida. High School Lifetime. Con algo de suerte, te podrás abrir tu propio canal de Youtube, hablando de sus trapos sucios hasta formar tu ejército de secundones, ofreciendo entonces más calidad que un original al que siempre mirarás desde abajo.

Y spamea, joder, spamea. Jode a todos tus contactos, cuyo 85 por ciento va a pensar que tu contenido es una mierda y te van a mirar mal por no dejarles en paz ni un puto día de tu vida. Tú spamea, que eso funciona. Ser agradable y limitarlo a un enlace en tu descripción está sobrevalorado. Tú mira cómo suben las visitas forzadas por tu capacidad de incordiar. Míralas, y cree que es por tener un blog de puta madre.

¿Y entonces qué? ¿Permanecer aislado en el anonimato hasta el fin de tus días? ¿Leyendo tus post de años anteriores diciendo “¡Qué bien lo hacía!” sin poder volver a alcanzar ese nivel por falta de práctica?

El otro día entre en mi antiguo blog, Coverista. Tenía unas visitas como este. Ahora que lo dejé atrás, una de sus entradas tiene más que este en 6 meses. ¿Pero por qué iba a insistir, si estaba acabado?

Cuánto esfuerzo, joder. Cuánto esfuerzo hemos tirado, cuando podríamos estar felices y obesos viendo series mientras nos alimentamos de patatas fritas, perdidos en el espejo negro de la pantalla a punto de que el capítulo de Black Mirror empiece.

Y, sin embargo, aquí estamos. Lamentando y jugando de nuevo. Porque en el fondo —aún más abajo— se guarda la esperanza de que algún día, el mundo razone. De que esos piropos que te llegan por el oído y nunca por la pantalla dejen de sentir miedo a que los escuche alguien.

Post-data

ino¿Sabéis? Cuando empecé el post, con el título de Cerramos: gracias por todo, esperaba hacer mi clásica inocentada por este 28 de diciembre dedicado a las bromas en mi paísla del año pasado tuvo resultados geniales ;)—. En fin, parece que al final, la broma me la he gastado a mí mismo, creyéndome que podría acabar el post diciendo que era coña y que todo va bien.

Tal vez debería haberme dado cuenta de que —detrás de que la paródica idea de creer que un blog bueno está mal y uno cutre a base de peloteo, spam, carne y cuñadismo está bien— se ocultaba la realidad.

Inocente…