3 estrategias del pelota eficaz en redes sociales (y un apunte para la gente honesta)

Ayer comentaba con una amiga lo mal que se me da el tema redes sociales en lo personal, pese a ser un tío con bastante experiencia y formación en el tema. Y es que, para quien aún no lo sepa, una de las bases de las redes sociales es la cara y el hacer la pelota.

No estoy criticando a quien lo hace: es hipócrita y cuñado venir con pancartas de “Odio eterno a los lameculos” cuando nuestra sociedad se lleva moviendo en estos fueros desde tiempos de Poniente y la Tierra Media. Simplemente hay gente que sabe y gente que no. Pelotas inteligentes y halagadores retrasados, como yo mismo.

Analicemos 3 grandes diferencias entre el funcionamiento del pelota exitoso y el fracasado en redes sociales.

Diferentes Pelotas

Receptor y circunstancias del halago

El pelota retrasado halaga cuando ve algo digno de halago y critica cuando tiene confianza con la otra persona o se le pide. Ambas cosas no dependen del número de seguidores o popularidad que el otro tenga. Mal.

El pelota inteligente halaga a quien tiene seguidores y halagos, y lo hace cuando ve que hay algo que halagar o, directamente, es un buen momento. A quien no tiene poder, seguidores o más halagos, como mucho, le da like, aunque el contenido o el motivo de halago le parezca evidente.

muchos likes

Utilidad y cantidad del halago

El pelota retrasado no interviene cuando no puede aportar nada. Normalmente, participa cuando ve que su opinión tiene una utilidad, y una vez la da, suele recibir la respuesta con un MG de “Leído” sin seguir dando coba.

El pelota inteligente, por su parte, comenta por comentar en publicaciones que saben que otros ven. Realiza una labor extensiva (comenta a la mínima y a quien sea sin que le importe su interés en el contenido o su calidad), normalmente con comentarios genéricos que poco ofrecen. Además, hay quienes no dudan en introducir spam para recibir visitas. Peticiones de follow, de leer esto —“que tiene mucho que ver”—, y demás familia.

spam en comentarios

El tipo de follow

Fuera de posibles followbacks, el pelota inteligente sigue a popus y a conocidos. Fuera de posibles followbacks, el pelota retrasado sigue a gente cuyo contenido le interesa, con independencia del número de follows o relación.

En el caso del pelota inteligente, los conocidos facilitan la inclusión en conversaciones en las que participen y la obtención de MG. Comentarios, menciones y demás pasan pues a sucederse, con el considerable crecimiento y acercamiento a cuentas de más seguidores. El que se mueve con gente con muchos followers vuelve exponenciales sus apariciones en muros y tweetlines de otros —lo que en marketing digital llamamos impresiones—, multiplicando la posibilidad de nuevos follows y crecimiento de la cuenta, normalmente apoyada en una sucesión de RT o respectivo “Compartir” según la plataforma que se suceden con frecuencia cada vez menor.

El pelota retrasado, por su parte, comentará mucho menos, se llevará muchos menos MG por la tradicional costumbre de las redes de no dar likes a publicaciones que aún no tienen muchos y perderá seguidores útiles, ya que al seguir a lo que algunos llaman “pocosfollowers”, con mucha menor participación, producción de contenido e interacción que el público objetivo del pelota inteligente.

patos follow

En resumen: 3 consejos para un pelota eficaz

  • Sigue a tus conocidos y a las cuentas populares, para poder hacer comentarios cuñados sobre ellas y los trending topic y llevarte RT y “Compartir” varios.
  • No pierdas el tiempo con cosas que te interesen y tengan poca repercusión. Ya lo harás cuando seas popular y retuiteen cualquier cosa por este hecho, dejándote además como bohemio o alternativo.
  • No te mates en hacer un halago útil. Puede llegar más a la otra persona, pero en general no llegan a ella si tiene bastantes followers y el comentario cuñado público hace que muchas más lo apoyen, generándote followers en torno a esa persona que te acercarán más a que pueda llegar a leerte en algún momento.

Apunte para la gente honesta

Gracias.

Por ser honestos con vuestros sentimientos. Por creer en la calidad del contenido por encima del envoltorio de los followers. Por los comentarios que no os van a dar follows útiles pero si hacer recibir sonrisas sinceras.

Gracias por trabajar con ilusión en un mundo de trepas y deshonestos. Gracias por inspirar historias de superación desde la pureza de comportamiento. Por ser grandes desde lo pequeño. Por creer en la gente que no cree en nada.

Seguramente no tengáis, no tengamos, seguidores acordes a nuestro contenido. Nuestro nombre no sea reconocido y nuestros actos reputados.

Pero, joder, qué orgulloso me hacéis sentir.

Cambiéis, cambiemos o no; crezcáis, crezcan nuestras cuentas o no, gracias por ello.

respect

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El mundo está hecho una mierda

Odio los cuñadeos con toda mi alma, pero el mundo está hecho una mierda.

mi-was

La mitad asentiréis con la cabeza. Mala señal. Buena parte diréis que esto lleva así desde siempre. No sé yo.

Hace unos años, se invadía Iraq en la procura de unas armas nucleares que no existían, al parecer. A día de hoy, el Kim Jong Un de los cojones hace pruebas con misiles de largo alcance y bombas de hidrógeno cada dos semanas. De aquellas, Estados Unidos, la potencia más grande del mundo de boquilla, tenía como presidente a un burro. Ahora tiene a un populista hijo del ser natural y decir lo que uno piensa aunque se sea un burro. Uno de esos que en las pelis de acción de los 90 está deseando apretar el botón rojo para destrozar el país enemigo y defender las barras y estrellas. Aunque la mitad de ellas acaben rotas, recubiertas de cenizas y sangre.

En Europa, en el siglo XXI, asesinos con banderas religiosas atraviesan calles plagadas de peatones buscando acabar con el mayor número de vidas occidentales posibles, en supuesta respuesta a que compatriotas de occidentales estén acabando con suyas en Oriente medio. Luego se suicidan o los matan a tiros.

En determinado momento, quedamos en que los asesinos tenían que acabar encerrados por lustros, en el olvido, penando. Pero bueno, es que el mundo está hecho una mierda.

txapote y amaia asesinos miguel angel blanco

Amaia y Txapote, asesinos, en uno de sus tantos juicios

Pongamos que en un país democrático se programa un acto multitudinario que va contra la Ley. Cualquiera, desde el punto de vista externo pensaría “ese acto no se va a producir”. ¿Y cómo se detendría? Pues con los instrumentos del país para evitar y sancionar la ilegalidad. Como mucho, a alguno se le ocurriría decir que habría que meditar cambiar la Ley, cosa que ya se ha hecho y por mayoría desechado, en cuyo caso habría que hacerlo.

Sin embargo, estamos a cinco de septiembre y aquí, dentro de unas semanas, hay un acto ilegal según las leyes, programado desde hace meses y que se va a hacer de todos modos. No malinterpretéis mi posición como en contra o a favor —eso queda para mí y solo para mí—, pero desde la situación teórica, cabría esperar que los “instrumentos de la Ley” lo evitasen. No va a pasar.

Ayer, un conductor atropellaba sin concierto a varias personas en una terraza en Huelva. Era un gilipollas huyendo con media familia de una disputa con otra.

Hace unos años, un par, pasa esto y la gente llamaba a la Policía y se le acorralaba más o menos para que no huyese. A este casi lo linchan, dándolo por terrorista del DAESH. Ahora no pensamos, simplemente, actuamos. Nos tomamos la justicia por la mano, erigidos en acusación, jueces y verdugos, omniscientes, sabelotodo.

En otro caso teórico y archiconocido por la opinión pública de mi país, una sentencia obligaba a un progenitor a devolver al otro unos niños por habérsele otorgado la custodia. El primer progenitor huye con los chavales y se esconde durante semanas para evitar el que el otro se haga con lo que la Ley le concede. Mucha gente sabe perfectamente dónde están los niños, pero se calla. Los cuerpos del orden no consiguen encontrarlos y dárselos al progenitor legítimo. Finalmente, al borde de expirar el plazo para una sanción más grave, el primer progenitor los entrega sin mayores perjuicios y el otro se los lleva, para indignación del público general. Contra el legítimo custodio.

Y es que este hombre, el padre, tiene una condena por maltrato de su mujer, la madre, 8 años atrás, habiendo tenido su segundo hijo juntos 4 años después, con mutuo consentimiento. Quien quiera más datos del caso Juana Rivas tiene suficiente información para contrastar en la red; como en el otro, mi opinión subjetiva me la guardo para mí mismo. Lo que importa para decir que el mundo está hecho mierda es que para la Ley hay situaciones no relevantes que para el público de televisión, radio e internet tienen una importancia suma.

Ah, y por supuesto…

es que nadie piensa en los niños

Me encanta cómo todos miran al oso camuflado

Ya llegado a este punto, creo que es fácil ver que lo que está ocurriendo a día de hoy de forma exagerada es que la Justicia que hemos creado con miles de juicios, jurisprudencias y expertos en casos pasados no se parece en nada a la de la opinión pública externa y con datos sacados de internet y noticiarios, cuyo poder es cada día mayor.

Durante milenios, se reivindicó la figura de una justicia imparcial, mientras que ahora la justicia la hace el medio de comunicación. Un medio de comunicación que se mueve por la audiencia. Gente que lo ve desde fuera y que se mueve por oír lo que quiere oír. Cadena de realidades que difícilmente oscurece la de que el material de los medios y las redes ofrecen está intentando imponerse a las pruebas y declaraciones de un juicio imparcial sin condicionantes sociales.

¿Y qué ocurre entonces?

Ocurre que en vez de diálogo tenemos guerras. En vez de democracia tenemos hacer lo que nos salga. Tenemos lo de tomarse la justicia por su mano como un acto perfectamente cabal y libre de castigo. Tenemos una corrupción omnipresente. Miles de muertes en las propias casas al año por gente que luego se suicida sin penar. Linchamientos sociales por cosas que no se han hecho. Tenemos ataques indiscriminados a la justicia general sin condena, y ataques mínimos que no hacen daño a nadie castigados con cárcel o sumas económicas astronómicas para el bolsillo de quien sí cree en la justicia de balanza y venda en los ojos.

Ocurre que Estados Unidos y Corea del Norte iniciarán guerra, y que Occidente y el DAESH seguirán matándose, porque la única manera que nos han dejado para solucionar conflictos es la muerte de quienes van en contra.

Qué locura. Qué imbéciles. Pero es que— en este mundo en que ni el dinero, ni la cárcel, ni el alejamiento, ni ninguna de las medidas que se toman por la justicia parecen importar a algunos— parece que la única solución que hay es la muerte. Acabar con el pensamiento de raíz. Matar a quien se sale de la norma, porque no se encuentran recursos para parar a quienes no creen en valores como la equidad o la democracia. Cada día más.

Es por eso que el mundo está hecho una mierda. Porque, si los únicos modos para respetar estos valores son ser tolerante con las injusticias o acabar con quien las practica, en la actualidad, somos una auténtica vergüenza.

Manuel Bartual y el reciclaje del relato corto

La rama creativa de Twitter vive unas de sus semanas más intensas del año con la aparición de un extraordinario fenómeno de público: la inquietante historia de las vacaciones del ilustrador Manuel Bartual. Si bien pondría el hilo para que pudieseis disfrutar de la maravillosa obra antes de avanzar en el post, solo puedo remitiros a su cuenta: tal hilo no existe, solo tuits que avanzan desde el mediodía del 21 de agosto a la pretarde del 26, en la que el esperado desenlace llega.

No sin mi recomendación de disfrutar del extraordinario episodio antes de continuar, analicemos pues —sin abusar de spoilers— algunas de las cosas a trabajar para que el relato corto actual de gran público no se extinga. Y de paso, el éxito de este divertido episodio del internet de nuestros días.

bartual portada

Así empezaba todo

El relato corto de Manuel Bartual luce inmenso por varios elementos que marcan las principales características del entretenimiento de masas actual: se basa en lo hiperbreve, es fácilmente viralizable, tiene componente audiovisual, es interactivo, no de único momento y generalista.

Hiperbrevedad

Si bien no consideraría a Twitter en su mejor momento histórico, una vez que las ovejas se han comido a los lobos no vendidos al público impersonal, el modelo de texto hiperbreve es todo un emblema de la sociedad de esta década, siendo el hilo —esa serie de tuits encadenados a base de articularlos como respuesta— el principal elemento a tener en cuenta en este momento.

Como si de un buen cliffhanger se tratase, el hilo favorece la continuación. Si bien el texto de Manuel Bartual no lo es como tal y podría ocupar unos cuantos folios de Word, el hecho de que esté tan acotado en digeribles 140 caracteres hace que para quien cree imposible tragarse su duración real sea ameno hacerlo.

En otras palabras, los que ven una locura leerse un relato corto de diez, quince páginas, se lo están engullendo a dos carrillos.

Viralidad y compartibilidad

Si bien la viralidad tiene un cierto componente de lotería, lo exponencial del modelo Twitter facilita las cosas. Antiguamente, necesitabas estar en el muro en ese momento para ver el RT, pero la nueva distribución de los contenidos de este por popularidad y supuestos intereses del tuitero, sumada al que en dispositivo móvil tengas una notificación conque apenas dos o tres de tus seguidores den MG a una determinada publicación, hace que un tuit eficaz sea fácilmente viralizado.

Tema aparte sería el tipo de seguidores que tejen los mimbres. Dice el diario El Mundo en una reciente entrevista a Bartual que tenía “solo 16000 seguidores” antes de este fenómeno como si fuese nada, pero lo que está perfectamente demostrado es que a la gente le duele mucho más dar un RT a alguien con cien seguidores que a alguien con cien mil. Y si no, solo hay que pensar en el porcentaje de gente que vais a emegear o compartir este post aunque os haya gustado.

Audiovisualidad

No escribiré un ensayo acerca de lo audiovisual que está el mundo del entretenimiento, más que nada porque seguramente la interactividad ya lo haya destronado como principal característica en este momento. Sin embargo, el haber introducido vídeos e imágenes para favorecer al lector profano de la literatura el meterse en la historia es clave para la plenitud de su eficacia.

Siempre he creído que en épocas de plenitud de ocio y tiempo libre la imaginación vive sus épocas doradas. Sin embargo, Twitter, lleno de gente con horas y horas de tiempo en la nada dedicadas a ver si pueden encontrar una grieta en el discurso de alguien para hacer sangre, parece no tener suficiente imaginación como para que entre los 10 contenidos más emegeados del relato de Bartual no estén los que llevan una imagen o vídeo. El público oveja no tiene nivel para caer en la suspensión de la incredulidad sin contenido audiovisual, y Bartual lo consigue sin dificultad alguna dándoles lo que quieren. Precisamente lo que está condenando a la literatura tradicional en la actualidad.

Interactividad

En algún momento del tiempo, las personas hacíamos lo que le gustaba en cuanto a ocio. Ahora, eso queda relegado a momentos en los que no haya nadie que pueda saberlo, poniendo nuestro Spotify en sesión privada para que nadie sepa que en realidad ese tipo de música nos gusta.

Me atrevería a decir que, a día de hoy, el 80 por ciento del ocio no es por motivación personal, sino por poder comentarlo con alguien. Hace cuatro años, en mi TFM, comentaba que el entretenimiento ha pasado a tener dos partes claves y de importancia clave en general: el contenido y lo que se comenta del contenido. Que, en sí, es interacción.

Se nos ha metido en la cabeza que es casi obligación comentar lo que nos parece. La gente sigue series para poder comentarlas con los colegas. Si vemos una peli, hay que valorarla en Filmaffinity, poner un tweet o decirle a alguien en WhatsApp que la acabamos de ver casi por obligación, cuando antiguamente el ocio de este tipo solía ser bastante individual.

En el Caso Bartual, parte de su publicidad se gesta en lo comentable que era en su proceso, en esa interacción perfectamente prevista con los que lo hacían, en el que la gente apareciese por todos lados hablando de ello. Y al final, es lo de siempre, el ser humano, quiera o no, lleva dentro ese espíritu de querer estar enterado de lo que todo el mundo habla, ya sea por curiosidad, cotilleo o no querer sentirse aislado.

Alargamiento en el tiempo

El contenido puntual no tiene sentido comercial ni, parece ser, artístico a día de hoy.

El otro día tuvimos el Mayweather-McGregor. Fue una noche, unas horitas, y sin embargo nos taladraron meses, generándonos interés en gente que sabemos de boxeo lo mismo que de exportación india en la época de la guerra de los Balcanes.

La realidad del ocio de hoy se extiende, golpea muchas veces, mucho tiempo. Deja que la gente haga grande la bola, tal y como libros cortos se dividen en dos o tres partes al ser llevados a la gran pantalla.

El relato de Manuel Bartual que podría haber publicado de golpe explicando lo pasado, es espaciado durante casi una semana por su ajuste al tiempo real. Durante ese tiempo, las notificaciones, comentarios y referencias llegaban por mil lados diferentes y durante todo el día, haciendo omnipresente la historia para cualquiera relacionado con la red del pájaro azul, llevándolo al TT con gran facilidad. Seguramente, el mayor acierto del fenómeno haya sido este espaciado.

Generalidad

Le preguntaban en la citada entrevista de El Mundo sobre las referencias a la serie de culto Perdidos (Lost). Realmente, hay clichés del género por doquier: todo un homenaje a los recursos más trillados del género de misterio, capitaneados por autores de esos que o se consideran intemporales o desfasados. Sin embargo, la historia genera fascinación en el público, como si nunca hubiesen visto algo semejante.

Estoy convencido de que todos han estado ante historias de misterio en las que ocurren los diferentes episodios visto en el relato de Bartual. Sin embargo — ya por la lejanía temporal, la renuncia a seguir estando en contacto con el género o demás familia—, los acogen con una felicidad inaudita para alguien que tiene a mano miles de relatos del género con esos elementos. La clave es que el público del relato no busca este entretenimiento, sino que se une a él solo cuando —como decíamos antes— le vale para comentarlo con otra gente. Y para que eso pase, para que otra gente haga lo que ellos quieren hacer en el fondo, recibir el placer de las viejas referencias que su memoria lejana les trae, el relato tiene que ser generalista para el público al que va orientado. Fácilmente digerible para que las ovejas rumiantes que plagan la red no se indigesten con un argumento demasiado elaborado para seguirlo durante más de 5 párrafos, digo, tweets.

manuel bartual tras éxito

Reciente tweet de Bartual tras el éxito

Por último, no sin recomendar a mis lectores que disfruten de la magnífica realidad de relatos de misterio que las bibliotecas nos ofrecen, me gustaría mostrar las diferencias con el no-éxito previo de Manuel Bartual: un hilo (esta vez sí) que publicaba tan solo 15 días antes de la historia que le vuelve más famoso.

https://twitter.com/i/moments/897536022279405568

  • El humor es tan importante como el misterio
  • No busca la interacción directa con el público
  • Lo publica en versión hilo
  • Segunda persona en vez de primera
  • El humor es personal, distinto
  • Entero el mismo día
  • Llega a haber un tweet a las 6 y media de la mañana de su país (poca audiencia)
  • No lo ve ni una milésima parte de gente

La principal diferencia entre ambas historias en cuanto a importancia para lo que hemos hablado aquí es que una fue perfectamente diseñada para dar de comer a Twitter y la otra da de comer, mucho o poco, a la cultura.

Es para pensarse qué debe hacer el mundo editorial en este en el que lo gastado eclipsa a lo que aporta. En si es más importante entretener unas semanas o brillar en cuartos oscuros por los siglos de los siglos.

el mundo bartual

Gracias a Manuel Bartual por haberme entretenido a mí y a muchos colegas con su relato de vacaciones, y gracias por escribir algo tan simpático como El peso de la verdad. Y si, la foto es de la omnipresente entrevista de El Mundo

La satisfacción que la comodidad del olvido ya no recuerda

Hoy cumple años una de mis personas favoritas.

A mediados del anterior agosto, descubrí que lo había olvidado. Y me sentí extraño. En realidad, no cambió nada: ella no quiere que la felicite, ni por respeto a sus deseos yo pensaba hacerlo. Pero me sentí extraño.

Hubo una época en que nunca olvidaba un cumpleaños. Ni apuntarlos me hacía falta. Era como un reloj interno que me llevaba a acordarme ya días antes. Preparaba un mensaje en condiciones, recordaba los buenos momentos, felicitaba y esperaba las sonrisas, el “Muchas gracias” y la miniconversación posterior.

De pronto, me encontré con Insta y sus +1, Facebook y sus notificaciones y empezaron a pasárseme. Todo un problema cuando la mitad de la gente de la que me importa sus aniversarios lo usa aún menos que yo o, directamente, ni siquiera nos tenemos de amigos. Empecé a ver que “el lunes fue aquel aniversario”, que “no recuerdo si era en marzo o noviembre”. Sentí que una de las partes bonitas de mí se había despedido.

Hay que ver cómo el cuerpo se acostumbra a que seas un gilipollas. Le das algo hecho y pierde funcionalidades. Tenía un amigo que, de tanto usar el reloj digital, olvidó saber qué hora era mirando a uno de agujas. Muchos, que no se saben su propio número de teléfono o de identidad, porque pueden buscarlos en la agenda del móvil o la cartera cuando quieren darlos.

No sé cómo llamar a esto. Adoro los avances, detesto las incapacidades. Al final no sé si somos mejores, más hábiles y ágiles, o simplemente unos dependientes a los que si se nos quita alguna de las ventajas que se nos han dado, nos vemos sumidos en una desorientación e inutilidad ante la que los que llamáis “paletos” nos darían un repaso. Pero qué más da. Al fin y al cabo, nunca nos van a poner al mismo nivel que aquellos que con su pasividad, apoyo u otros actos nos han dejado vivir en ese escalón que consideramos superior. Nunca nos vamos a tener que “rebajar” a ellos, ¿no?

Sea como sea, sin Facebook, ni +1, ni verla en años y años, hoy me he acordado del cumple de María y he sonreído. No sabéis cuando espero poder seguir haciéndolo con el tiempo, por muy lejos que estemos o por muy inútil que sea hacerlo.

Al fin y al cabo, son ese tipo de cosas las que hacen que, dentro de nosotros, podamos seguir notando que —en ciertos momentos— el sentir algo porque sientes, y no porque te favorece, te da una satisfacción que la comodidad del olvido ya no recuerda.

El periodismo sin verdad y el autocerrojo informativo

Hace unos post, comentaba algunas de las principales razones del mal periodismo. Hoy vamos a analizar una de las que más polémica genera, tanto por sus implicaciones éticas como por atentar directamente contra los mandamientos del periodismo: .

La parcialidad: una situación conocida y aceptada

En España vivimos un verano de lo más ardiente en cuanto a periodismo de masas. Las tensiones en torno al independentismo catalán se unen a las estivales especulaciones sobre fichajes futbolísticos para dar auténtico espectáculo polémico a las mentes de los lectores y espectadores. Comparemos, como ejemplo, los dos siguientes titulares, prácticamente lanzados a la misma hora por dos diarios de información generalista: El Punt Avui y El País.

noticias contrarias

No, no estamos ante una encuesta diferente. Y no, aunque parezcan contradictorios, ninguno de los dos diarios miente:

confidencial encuesta CEO generalitat

Como podemos ver, simplemente, cada uno ha seleccionado los datos que le convienen para adaptar el titular a los intereses propios, resultando más sorprendentes si cabe por el hecho de que el porcentaje de “Sí” es mucho más grande entre los que afirman que votarían (62,4%) con respecto al de la población general (44,3%).

En cualquier caso, visto lo visto, estamos hablando de dos noticias bastante limpias en cuanto a objetividad de la información: tanto una como otra, al igual que la de El Confidencial, da el resto de datos más abajo en la noticia.

Caso aparte es cuando la verdad es poco menos que un elemento residual.

Cuando existe “La verdad” y “La VERDAD”
la verdad

Ayer, la Guardia Civil entraba en una serie de edificios públicos catalanes para recabar información con respecto al llamado “caso del 3%”. La noticia saltaba cuando los diferentes programas informativos y diarios digitales mañaneros soltaban que, en medio de la citada tensión independentista, la Generalitat había impedido la entrada al organismo de seguridad bajo la batuta del Gobierno central, en lo que podría considerarse una clara afrenta a su autoridad.

Minutos después, corrían las voces de que la Guardia Civil había desmentido que se hubiese puesto traba alguna a su actuación. Al cabo de un poco más, la falta de respeto a la información verídica se hacía notoria, apareciendo incluso discordancias entre las propias fuentes del Govern:

guardia civil no entra generalitat

Como resultado, horas después, cada noticiario poco menos que escogía la versión de la noticia que más le apetecía, dejándonos a los interesados en la realidad de la situación en la más completa oscuridad, al albedrío de nuestro instinto o lo que nos apetezca creer. Un comportamiento penoso para quienes tienen como trabajo encontrar la verdad y hacérnosla llegar.  Un comportamiento que abre la puerta a situaciones de lo más preocupantes.

¿Cerrojo mediático?

Ayer escuchaba unas declaraciones de lo más polémicas por parte de un asistente a un programa de tertulia política. Este “fenómeno” dejaba caer su creencia de que podría estar produciéndose un cerrojo informativo en Cataluña. Cómo no, dado el nivel de libertad de ataque propio de estos programas, no provocó ni un solo alzamiento de ceja en la mesa. Yo, que solo pasaba por el cuarto, me quedé fascinado ante la soberana acusación.

Libertad-expresion-Derecho-Constitucional.jpg

Como sabréis, el cerrojo informativo o mediático es un orwelliano recurso de despampanante falta de ética, consistente en que los medios de comunicación informativos oculten a su público las noticias de interés que vayan en contra de uno de sus principales grupos de su interés. En general, para hablar de un auténtico cerrojo, el bloqueo afectaría a la posibilidad de que cualquier tipo de información contra los citados grupos —por lo habitual, gobiernos— llegase al pueblo a través de diarios, televisión y similares, siendo reprimidos aquellos intentos de que ocurra. Típico de sociedades autoritarias, el bloqueo mediático suele venir acompañado de un adoctrinamiento a través de los propios medios, al dar relevancia, precisamente, a noticias laudatorias que dejen quedar bien al propio órgano represor.

En cualquier caso, es interesante como, en el universo de internet y la individualización del contenido, el bloqueo mediático puede ser un concepto bastante interesante.

Cerrojos modernos. O no tanto

Tal y como la sociedad digital en países del primer mundo tenemos un acceso a la información objetiva y global mayor, seguramente, que en ningún momento de la Historia, las argucias para manipular el pensamiento social viven una época dorada.

Las técnicas para dar relevancia a contenidos que benefician al grupo de interés y hacer pasar de las que no hacen que se mantenga el “certificado” de ser plural y tratar distintos temas al tiempo que se manipula la opinión del lector o espectador. Por supuesto, excusarse en decir que es lo que este pide para ocultar la mala práctica, todo un mantra.

Oír algo que no nos gusta suele provocar dos resultados: abrirnos la mente y molestarnos. Por desgracia, el ser humano tenemos una clara preferencia entre ser abiertos y estar libres de molestias. Quizás por ello, aun teniendo el mejor momento de siempre para contrastar y ser poco menos que pequeños sabios con un poco de paciencia, la realidad es que nos solemos ver arrastrados por un remolino de ser más y más lo que ya somos, radicalizando nuestros gustos e intereses, pasándolo mal cuando tenemos que hacer algo diferente o, directamente, escuchar al de al lado. ¿Por qué íbamos entonces a elegir conocer opiniones distintas estando solos? ¿Por qué, con la capacidad que a día de hoy tenemos para personalizar más y más el contenido para oír justo lo que queremos escuchar? La personalización es tal que, o estás precisamente interesado en entender las diferentes corrientes políticas o sociales, o acabas por ser un loro repitiendo proclamas basadas en marketing político que tú mismo buscas sin necesidad de que ellos hagan nada.

Porque sí: puede que en realidad el periodismo que buscaba la verdad por encima de los intereses económicos o políticos haya sido solo una fantasía por la que únicamente unos pocos hayan luchado. Porque sí, puede que lo de lanzar piedras a los demás medios como método de crecimiento siempre haya sido un recurso. Pero la realidad a día de hoy, es que si el dinero y lo ideológico se han comido a la verdad en la actualidad periodística es porque nosotros mismos nos hemos encerrado en la cárcel de escuchar solo lo que queremos oír.

Y en la cárcel de nuestra autocomplacencia, aplaudimos el cerrojo informativo que nosotros mismos nos hemos forjado.

 

Must show go on?

El Mad Cool Festival de Madrid se convertía en noticia de referencia el pasado viernes cuando uno de los bailarines acróbatas de los espectáculos entre actuaciones, el experimentado Pedro Aunión fallecía tras precipitarse desde más de 30 metros realizando su performance ante una amplia muchedumbre de asistentes al potente evento. Tras la evidente conmoción, la polémica saltaba a la palestra al decidirse proseguir con el multitudinario evento y la esperada actuación de los californianos Green Day.

La pregunta, clara: ¿debería haberse cancelado el programa?

pedro aunión

El finado Pedro Aunión. Ánimo a su familia y pareja y que descanse en paz.

A favor: cancelar

“¡Por supuesto!” “¡¿Pero es que acaso no lo han hecho?! ¡¿Qué tipo de monstruos son?!”

La opinión en redes saltaba como polvorín ante llamarada. Y es que la teoría es clarísima: “la vida es lo más importante y como respeto a la víctima hay que cancelar todo, todo el mundo a casa, recogemos los altavoces y hasta el año que viene —y ya veremos— no se vuelve a tocar.”

Las cuentas defensoras de este espíritu vivieron una nueva carroñera noche de éxito en las redes, con follows y MG por doquier. Al fin y al cabo, es “lo que había que hacer”.

No: show must go on!

Cómo no, “lo que no hay que hacer” se va a llevar más líneas aquí. Su análisis es bastante más interesante que el de la posición quedabién de turno.

Por un lado, me cuesta creer que alguien con la experiencia de Pedro Aunión quisiese la cancelación del festival: si algo tienen los artistas que más valen la pena es un respeto por su público mayor que el de su propia satisfacción. Aunque tuviese todo el derecho, que para algo su vida fue dedicada al mundo del espectáculo, no pienso que alguien con su veteranía quisiese mandar a 40.000 personas a casa por su propio fin. En cualquier caso, este no es el tema, porque esto último es una decisión de otros.

pedro aunión actuando

Pedro durante una de las actuación de su dilatada carrera

Como bien dice un amigo mío, lo que la gente tiene a día de hoy es mucha teoría, y la teoría —en la época de lo políticamente correcto— está clarísima: alguien ha fallecido, cerramos el chiringuito, todos a casa. A quien no le guste, lo atacamos porque es un monstruo sin corazón, empatía, y demás complementos al parecer hoy por hoy dominantes de la sociedad.

Qué fácil hablamos. Qué fácil nos lavamos la conciencia.

Porque la realidad es que, si la gente hubiese querido irse, se hubiese ido sin necesidad de que el festival se detuviese. ¿O no?

¿Se estaba atado a permanecer en él? En absoluto. Sin embargo, el programa sigue adelante y el malestar interno se lava con la lejía de que es culpa de los organizadores.

¿Se ha ido gente? No me hacen falta los datos: por supuesto que alguna sí. ¿Sabía todo el festival lo que había ocurrido? En absoluto. Ahora bien, que la mayor parte de la asistencia que supo de la noticia se quedó en la Caja Mágica es algo fuera de duda, y a nadie le obligaron a hacerlo.

Defensores de lo políticamente correcto, llamadles inhumanos. Detractores de la presión social, decid que son unas ovejas, que se quedaron porque es lo que hizo todo el rebaño. El resto, aceptad la tercera de las realidades vistas en el Mad Cool: la empatía teórica acaba donde el interés práctico individual es mayor.

Entre rendir fuerte respeto a un desconocido o ver el espectáculo por el que han invertido horas, gastádose un pastizal y no habiendo oportunidad de volver a repetirlo “en años”, que la victoria recaiga en la satisfacción personal no debería sorprender a nadie.

Pero la teoría está ahí, claro. Al menos desde fuera.

La importancia de la presencia

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Recinto del Mad Cool al día siguiente de la tragedia (Fuente: Dod Magazine)

La opinión en este tipo de casos se distingue fácilmente por una línea perfectamente delimitada: la presencia en el acto. Si hiciésemos una encuesta ANÓNIMA Y SINCERA a asistentes y gente en internet sobre si se debería haber cancelado el espectáculo, la diferencia de resultados sería perfectamente predecible. Y es que aquí, como en gran parte de los ambientes de esta vida, la teoría la hace la gente que no interviene en la práctica.

Documentándose para hacer el post, uno se encuentra con que la mayor parte de publicaciones sobre el tema de asistentes están a favor de que el programa siguiese adelante; sin embargo, los que no son de este tipo de eventos tildan con facilidad a los otros de inhumanos y movidos por el dinero y el placer personal.

¿Quién debe decidir si se debe seguir o no? ¿Los participantes? ¿La sociedad en general? ¿Los propios artistas, en una especie de cláusula tipo cada vez que se firme participar en una actuación así?

¿Es siempre así?

El mundo de la música es muy interesante para este tipo de gestos. Los propios Green Day se suman a una buena lista de artistas que dicen que de haber sabido de la muerte del espectador o, en este caso, de su compañero no hubieran tocado. Habiendo tocado. Muchos artistas de renombre (los que solo tienen nombre no tanto) tiran de corrección política suspendiendo conciertos multitudinarios por supuesta consideración a otros, o bien tocan solo porque los fallecidos “merecen un homenaje de toda esta gente”. El público general les aplaude, emocionado. A mí, en general, me parecen gestos con motivaciones ajenas a las propias víctimas. Al menos las principales.

La comparativa entre mundos es muy interesante. Por ejemplo, cuando un compañero de trabajo muere, en la mayor parte de empresas con más de cinco trabajadores se sigue trabajando al día siguiente. El caso del deporte es llamativo.

marco simoncelli adiós

Tras muertes en el circuito, como la del motorista Marco Simoncelli en 2011, las carreras suelen cortarse por mucha asistencia y desplazamientos que haya. En el caso de paradas cardiorespiratorias en partidos de fútbol, el encuentro suele también ser suspendido. De hecho, casos como el fallecimiento del camerunés Patrick Ekeng en Rumanía han llegado a hacer suspender toda una jornada de liga, final de Copa incluida.

Llamativo que este mundo considerado por muchos de “bestias y gente con pocas luces” tenga lo que para ellos más corazón que el supuestamente mucho más culto de la música y el espectáculo. Al fin y al cabo, es en él donde el gran Freddie dijo aquello de que el show debía seguir adelante.

Hipócritas del clic

Cuando de dar mi opinión se trata este año, no me queda duda de que la hipocresía de la sociedad como conjunto es uno de mis grandes blancos de crítica. Que si Hipócritas endiosados, que si lo políticamente correcto, que si todos odiamos a Trump pero luego gana las elecciones… Lo de decir lo que todos quieren escuchar para recibir el aplauso y luego no practicarlo está más extendido que una masa de pizza ultrafina.

Hoy rajaré sobre una de las hipocresías más típicas de nuestra sociedad: el apoyo incondicional que se queda en un clic.

change org

Qué fácil es todo contigo

Sin duda, una de las noticias más comentadas estos días en mi ciudad es la polémica generada recientemente por la expulsión de dos bañistas del agua de una de las piscinas más populares de la zona por llevar los pechos al descubierto. La medida copó las noticias más buscadas del mayor periódico de la ciudad fechas y fechas, y fue ampliamente seguida en redes sociales y medios locales y autonómicos. El cénit llegaba este pasado domingo, con la multitudinaria quedada de repulsa en las mismas instalaciones para reivindicar la libertad del gesto.

Según La Región, Atlántico y otra prensa digital, 9 personas hicieron acto de presencia activamente reivindicativo.

reivindicación oira topless

Fuente: La Región de Ourense

“Sí, esperábamos más gente apoyándonos. Se implican mucho en las redes pero ir más allá ya es otra historia”, cito de las declaraciones de las afectadas por la expulsión publicadas por el periódico.

Desgraciadamente, es lo que tiene la gran época de la hipocresía del clic: apoyar a una causa sentadito en el sofá con el portátil es una maravilla. Ahora bien, levantar el culo y dar la cara, eso está en desuso.

“Comparte esta iniciativa con todo ser viviente y firma la petición”. Cómo no, ahí estamos prontos si no hay formulario de por medio. Y si lo hay y no hay otra cosa que hacer, pues se rellena. ¿Meter presión a otras personas para que firmen a base de compartir y exigir? Pues claro que sí. Ahora bien, ¿movilizarse más allá del “Publicar en tu biografía”? Y qué más. ¿Hacer algo de forma activa? Lo que nos faltaba.

Vivimos en la época de la reivindicación. De la lucha por los nuevos valores sociales. Por la justicia social. Y resulta que de la mitad de la mitad de la mitad que apoya a clics, solo la mitad de la mitad va a una manifestación, y la mitad como plan de tarde con los amigos, a reírnos de ver como la autoridad hecha policías nos miran desde las jaulas de no poder hacer nada. “Y si eso, ya de paso, reclamamos algo”.

¿Qué narices nos pasa? ¿Cómo hay tan pocos que practiquen lo que tantos apoyan?

Pues obviamente porque la mayoría, la amplia mayoría, no da clic porque quiera moverse. Da clic porque le hace sentir mejor, le hace creer que contribuye o le da una imagen delante del resto, cuando lo que en realidad hace es lavarse la cara por las mañanas en lugar de meterse en la santa ducha a quitarse el tufillo a falsedad que lleva por bandera.

Si crees en algo, reivindícalo. Si sientes algo, muévete. Pero, cariño: si te crees que por darle Me Gusta a una publicación estás siendo estandarte de un tema, no solo es que estés siendo hipócrita con la gente (que sí, con todas las letras), es que encima te estás engañando.